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Sauna castreña del oppidum de Monte Ornedo. Fotográfia: Lino Mantecón Callejo

Es significativo que una de nuestras publicaciones esté dedicada en exclusiva a un único sondeo..pero su interés tanto arqueológico como interpretativo bien lo merecen. Tanto su contextualización en el interior del oppidum de Monte Ornedo (Valdeolea, Cantabria) como el papel que pudo jugar en la vida cotidiana de sus antiguos moradores hacen de la estructura que vamos a detallar a continuación un hallazgo único e irrepetible hasta el momento en Cantabria. Lo que llamaríamos en la "prensa amarilla" una exclusiva con letras mayúsculas: Estamos hablando de la única sauna castreña encontrada y documentada en el territorio de los antiguos cántabros, un hallazgo sin precedentes en décadas y décadas de investigación en nuestra región y el norte de Castilla y León.

Tanto su morfología, la disposición de sus estancias y sobre manera su funcionalidad la relacionan directamente con las saunas encontradas desde Portugal a Asturias, punto donde hasta el día de hoy parecía "cortarse" el flujo constructivo de las mismas. No olvidemos que todo el Noroeste hispánico posee una gran variedad de estructuras castreñas similares, pudiendo asemejarse incluso con las "burnt mounds" atlánticas o con los "fulachta fiadh" irlandeses si es que se confirma que estas últimas son estructuras de este tipo. Gracias a las dataciones radiocarbónicas de los materiales encontrados (que veremos más adelante) se puede enmarcar esta edificación en una avanzada II Edad del Hierro, concretamente entre el siglo II a.C. y el periodo de Las Guerras Cántabras, siendo este dato significativo por la importancia del oppidum de Monte Ornedo por aquel entonces ya no solo (según parece) como centro neurálgico, sino como referente respecto a las tradiciones o costumbres socioculturales de los cántabros.

La puesta en valor de este increíble hallazgo ha sido llevada a cabo por los conocidos arqueólogos e investigadores Pedro Ángel Fernández Vega (antiguo director del MUPAC y director del proyecto), Lino Mantecón Callejo, Rafael Bolado del Castillo, y Joaquín Callejo Gómez, quienes tras formar parte del equipo de excavación del oppidum de Monte Ornedo durante años han conseguido interpretar y contextualizar esta auténtica maravilla. De todos modos, su descubrimiento es aún hoy una auténtica incógnita. La primera cita sobre el edificio la realizó Adolft Shulten en los planos de Santa Marina a principios de siglo XX, sin siquiera saber el uso o cometido del complejo. Entre los años 2009 y 2010, en la primera gran campaña sobre el oppidum, Pedro Ángel Fernández Vega decide excavar en este punto citado décadas atrás. Sería posteriormente, unos dos años después y tras la intervención in situ, cuando todo el equipo comienza a vislumbrar la importancia de su trabajo y hallazgo. Gracias al sorprendente análisis y minucioso estudio en la revista Nº65 de Munibe (Antropologia-Arkeologia), podemos entender un poco más sobre su cometido y características.

Como se puede apreciar tan solo con esta pequeña introducción, estamos ante un hallazgo que por sí solo merece líneas y líneas de contenido. Algo tan revolucionario y único en nuestra región (arqueológicamente hablando) que deberá de reafirmar el trabajo continuado sobre uno de los yacimientos más prolíferos y con más potencial de toda Cantabria. ¿Será este el paso definitivo para una intervención arqueológica de grandes dimensiones tanto a nivel económico como socio-cultural?, ¿Estamos un poco más cerca de conocer el pasado indígena y romano de la zona? ¿Esta Juliobriga, que no Retortillo, cada vez más cerca?.

Fuente: Aranzadi - Munibe

 

La Sauna

Detalle del interior de la sauna. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

El edificio fue construido en la vertiente sur del oppidum, concretamente en un aterrazamiento natural que obligo a dividirlo en dos sectores a diferente nivel.Posee unas dimensiones de 24,25 metros de largo por 16,30 de ancho en el sector Oeste, reduciéndose este eje hasta 10,30 metros en el flanco Este y dotándolo así de forma trapezoidal. En total ocupa una superficie de 303,74 metros cuadrados si incluimos las estructuras anexas, un tamaño considerable para este tipo de construcciones. En base a la división anteriormente citada, podemos hacer esta pequeña interpretación:

El Sector Norte o superior posee una gran sala con pasillo (en la imagen el Sector 1) y un patio central abierto (Sector 2) con una cisterna en una de sus esquinas para la recogida del agua. Al Este del recinto nos encontramos con otra sala de menores dimensiones que posee una sauna de arcilla (Sector 4 y 5).

De la terraza inferior, en el flanco Sur, se conoce una estructura anexa que cuenta con una rampa de acceso (Sector 9), otra pequeña “habitación” (Sector 6) y un depósito de cenizas (Sector 7). Estos dos sectores (6 y 7) están en la terraza superior o Norte. El 6, situado al Oeste era una especie de estructura con remate semicircular con la base compuesta por una capa carbonosa que quizás tenga que ver con un horno o con un vertedero de cenizas. El Sector 7 no se sabe con certeza que es, parece ser una especie de horno (no llega a habitación por lo que yo no lo llamaría así) o un simple hogar. De este último sector cabe destacar que no ha sido excavado en su totalidad, es por ello por lo que se cree que existen aún más estructuras o elementos a destacar en el conjunto.

Los muros de carga del complejo se han realizado mediante lienzos de mampostería con cara vista externa, mientras que el interior de los mismos fue construido mediante tierra compactada con abundante piedra suelta y cascajo, dándole esto mayor consistencia. El ancho de los muros oscila entre los 95 y 105 centímetros. Ya en el interior, han aparecido enlucidos de manteado de barro que aparecen sueltos por el suelo de las estancias. Curiosamente, a diferencia de lo que suele ocurrir al encontrar manteado relacionado con áreas de hábitat o cabañas, ninguno de los fragmentos conserva huellas de entrelazados vegetales. Es por esto por lo que se cree podría recubrir muros de mampostería o tapiales. También llama la atención la extrema dureza de los mismos, circunstancia que se asocia claramente al efecto del fuego y que desprende que el edificio es más que probable que se incendiase.

El suelo no presenta estructura o cubierta ninguna, ya que está formado por un sencillo nivel de tierra apisonada. Respecto a la techumbre del complejo, se cree que estaba realizada por materiales orgánicos o vegetales, que ya que no se han encontrado ningún tipo de restos relacionados con tejas o similares. De lo que si se tiene constancia es que está cubierta se asentaba sobre varias rocas de gran tamaño dispuestas sobre la roca madre.

Para concluir con esta pequeña descripción, destacar que se conocen dos accesos al recinto. Uno por el lado Este, al lado del cenizal, y otro en la gran sala situada al Noroeste, del cual hablaremos más en detalle en los párrafos posteriores. A continuación, de un modo bastante resumido, veremos cada una de las salas o estancias del edificio.

La gran sala (Sector 1)

Se sitúa en el extremo Noroeste, tal y como podemos apreciar en el imagen superior. Posee una superficie útil de 61,10 m2 y una puerta de entrada desde el exterior, la mejor conservada y más prolífera en cuanto a materiales se refiere. Junto a ella se localizó una clavija de bisagra de hierro en L de sección cuadrangular, remate cónico y restos de pintura roja. En la misma base de la puerta, bajo el derrumbe de manteando, se localizó un tablón carbonizado del cual se cree que probablemente fue fruto de un incendio. La datación de esta madera arrojo una fecha entre el siglo II a.C y primera mitad del I a.C., arco cronológico que reafirma el resultado de los análisis realizados en la campaña 2010 sobre el manteado recogido en el mismo punto.

Respecto a los materiales recogidos en el resto de la sala, tan solo destacar herrajes, clavos, un objeto indeterminado de bronce y varios fragmentos cerámicos.

El patio abierto (Sector 2)

Al Sureste de la gran sala que hemos visto, se encuentra un patio rectangular de unos 5 metros y medio por 3 que ocupa una superficie de 17,22 m2. Este punto se encontraba al aire libre para recoger el agua y poder así almacenarla en una cisterna perforada al Suroeste del complejo. Del patio sabemos que estaba rodeado de columnas o pilares presumiblemente de madera, ya que tan solo se han encontrado los restos de cinco cimentaciones de piedra arenisca donde pudieron asentarse. Se cree además, que entre los pilares del lado oeste y norte pudo existir un entramado vegetal recubierto de barro a modo de pared. Los restos de este muro aparecen en forma de fragmentos de manteado en el perímetro del patio, curiosamente asociados a algunos clavos de hierro de gran tamaño y sin apenas piedra.

Es importante destacar que este patio abierto se encuentra construido en un nivel más bajo que las estancias situadas a Este y Oeste, todo ello con el objetivo de evitar el drenaje del agua que transportaba hacia la cisterna. Incluso aparece un pequeño desnivel de un 5% que favorecía el tránsito hacia la misma, algo realmente espectacular teniendo en cuenta que hablamos de una construcción de la Edad del Hierro. En este nivel fue recuperado un escoplo de hierro con mango de hueso o asta similar al ejemplar de Retortillo (Campoo de Enmedio, Cantabria) o los de la Cueva de Reyes (Matienzo).

Del mismo modo, llama la atención que las losas del patio se inclinan también levemente hacia el centro o interior, intentando actuar a modo de embudo o vierteaguas para llenar la cisterna. Las paredes internas por donde transcurre el agua están labradas en la roca madre, con cuatro paredes verticales escuadradas. Todos estos aspectos siguen acentuando la importancia de este sector, del cual pocos detalles se dejan al azar.

Respecto a los materiales hallados, además de los citados previamente, se recuperaron también dos asas con sus alcayatas correspondientes a un caldero de madera y un par de clavos en L. También se encuentran varias láminas de hierro asociadas al derrumbe de manteado, las cuales se asocian a labores de carpintería sobre las separaciones del citado “muro” o separación de entramado vegetal. Cerca de estas láminas, se encontró también una clavija de bisagra de hierro con pintura roja, de unos 7,4 centímetros de longitud.

Como último apunte, la vertiente Sur de este sector se encuentra afectada por una trinchera de la Guerra Civil, ya que como muchos saben el Monte Ornedo fue un importante enclave también en conflictos bélicos más contemporáneos.

Fíbula "omega" como las halladas en el vaso de la sauna (Sector 4)

La Cisterna (Sector 3)

Estamos ante uno de los elementos fundamentales, aun siendo de lo más sencillos, para que la sauna castreña funcionase correctamente: La cisterna. Aun localizándose inicialmente en la esquina Sureste del patio, se verifico posteriormente que se inscribía en el interior de la sala de la sauna (Sector 5). Su ubicación, fuera del patio pudo tener una doble funcionalidad: Que el agua estuviese cubierto y poder formar parte del abastecimiento del sistema de baños de vapor.

Consta de un muro semicircular abierto en su extremo occidental hacia el patio, de donde captaba el agua. Está realizado con una cara de mampuestos labrados del que apenas se conservan dos hiladas. Posee unas dimensiones interiores de 1,48 metros de diámetro. En su interior se hallaron diversos clavos, escorias, fragmentos de manteado, dos manos de molino de cuarcita y un pendiente “amorcillado” de bronce.

La Sauna (Sector 4)

Se ubica dentro de la sala de la sauna que veremos por posterioridad, levemente descentrada hacia el oeste sobre la pared norte. Aparece parcialmente excavada en la roca arenisca hasta una profundidad media de 1,46 metros. En este hueco se colocó un gran depósito artificial de arcilla compactada de forma semicircular que alcanza más de medio y medio de altura. El material utilizado funcionaria principalmente como aislante térmico, aunque también como impermeabilizante de las aguas que se verterían durante el baño de vapor.

Ocupa una superficie total de 13,3 m2, de la cual 7,66 m2 serían útiles. En el centro de la misma se ha dejado un hoyo o vaso rectangular de 1,77 x 0,70 m y 1,19 m de profundidad. Al borde de este vaso, a unos 30 centímetros, fueron localizados los restos de un madero dispuesto de Oeste a Este, así como cinco clavos de 1 cm de grosos y cabeza circular. Según se interpreta, es más que probable que estos materiales formasen parte de un asiento de madera donde colocarse para tomar un baño de vapor. En el interior del citado vaso se recuperaron también cantos de arenisca fina o cuarcitas entre los que se han constatado algunas afiladeras y manos de molino fragmentadas. Todos estos materiales se encuentran afectados por el calor, con manchas carbonosas que hacen pensar estas piedras fueron calentadas y depositadas en el fondo, igual que en las saunas contemporáneas. Gracias a diversos carbones hallados en este sector, sobre los que se realizó una datación por C14, se ha podido reafirmar nuevamente la cronología del complejo, adscribiéndose a la II Edad del Hierro entre finales del siglo III a.C y el siglo I a.C.

Por último, entre los materiales procedentes del relleno del vaso se encontraron dos galbos fabricados a mano y nada más y nada menos que cuatro fíbulas “omega. Todas ellas están alteradas por la acción del fuego y fueron encontradas en el estrato más profundo. Este hallazgo, aún sin poder hacer un datación exacta sobre el mismo, permite contextualizar nuevamente la sauna y su actividad entre los siglos II a.C. y I a.C.

Sala de la sauna (Sector 5)

Como era de esperar, esta sala era el contenedor del espacio anteriormente explicado. Ocupa una superficie aproximada de 44,41 m2 y se sitúa en la terraza superior del edificio, rematándose al Este con una cabecera trapezoidal. Los elementos más destacables de la misma, a parte de la sauna como tal, son sus muros. El situado al norte, de 8,25 metros de longitud, no sigue la misma dirección que el citado en la gran sala (Sector 1), sino que se cierra levemente hacia el Sur tal y como podemos apreciar en la imagen. A continuación nos encontramos con el muro Este, de una longitud de 10,30 metros aproximadamente. La anchura del mismo oscila entre varias medidas, alcanzando en su extremo norte un total de 1,60 metros, rematándose con grandes bloques de arenisca. Se desarrolla con estas características durante casi 3 metros, abriéndose al final del mismo una estrecha puerta de apenas 50 a 85 cm de ancho, rematada al exterior por un parámetro de piedra de apenas 25 cm de ancho y una cara en forma de clavícula. Tras acceder al interior por este acceso, encontramos un suelo enlosado de piedra arenisca que ocupa un pequeño cuadrante a modo de recibidor de 1,25 x 1,30 metros.

El muro Oeste de esta sala limita con uno de los lienzos de la gran sala (Sector 1) explicada previamente. En él se abre un pequeño espacio que curiosamente está justo enfrente de la puerta de entrada acceso. En este punto, a escasos 20 centímetros del vano, se encontró una mancha de carbón de un tablón más que posiblemente asociado a varios herrajes de hierro, lo que denota que este espacio o vano tuvo una pequeña puerta de madera que comunicaba la gran sala con el espacio que nos ocupa.

Aun existiendo la posibilidad de dos accesos a la sauna, correspondientes a los muros Este y Oeste, se cree que el principal y más utilizado fue el del Este ya que se observó durante la excavación una zona deprimida con una coloración más oscurecida fruto del tránsito al interior.

Estructura desconocida (Sector 6)

Detalle de la cisterna (Sector 3) de la Sauna de Monte Ornedo. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

Consta de dos muros realizados con la misma técnica que engloban un pequeño espacio de 3,43 m2. Entre ambos se asienta una torta de arcilla amarilla de 1,98 x 1,57 metros, destacando en su epicentro una cubierta circular de aproximadamente 100 cm de diámetro y 40 de profundidad máxima.

Aun no siendo una de las estructuras más impresionantes del complejo, en su interior se encontraron varios objetos de metal como un clavo, una grapa de hierro, varios fragmentos de bronce, además de dos afiladeras y varios cantos de cuarcita o arenisca similares a los encontrados en el “vaso” de la sauna.

El cenizal (Sector 7)

Esta área se encuentra situado al Oeste del complejo castreño, concretamente junto un pasillo-rampa elevado. Justo aquí, bajo el derrumbe, se recuperó un objeto metálico que, aun asemejándose a un pilum incendiarium, poco o nada tiene que ver según se cree. Se trata de un objeto de 35 cm con forma apuntada, una única aleta lateral, enmangue tubular, sección de astil cuadrangular. Se cree que puede tener algo que ver con algún tipo de herramienta prerromana, aunque su tipología lo acerca más a un artefacto bélico (posiblemente relacionado con las Guerras Cántabras) sin precedentes en nuestra región.

Destacan también otro tipo de materiales como fragmentos de cerámica a mano y un borde de cerámica oxidante a torno de un cuenco carenado. Este último tiene paralelos cercanos en el castro de Las Rabas.

Pasillo-rampa (Sector 8)

Este sector no es uno de los más destacados ni en estructuras ni en hallazgos materiales, aunque su contexto también es importante dentro del conjunto. La zona externa de este pasillo fue adecuada mediante un pequeño aterrazamiento para permitir el acceso y la circulación del servicio. La roca madre existente en las inmediaciones de la puerta Noroeste fue retallada para suavizar su inclinación natural y permitir así un paso más cómodo y accesible.

Estructura desconocida (Sector 9)

Estamos por último en la terraza más baja del complejo, la cual fue tan solo excavada perimetralmente. Los muros son exactamente iguales al resto del edificio, englobando un total de 82,07 m2 y realizados con mampostería al exterior y tierra y cascajo en el interior. Estructuralmente destacan los esquinales Sureste y Suroeste, siendo estos redondeados.

En el interior de esta sala/s se recuperó una hebilla de cinturón en “D” compuesta por una placa, una aguja decorada y la hebilla en sí. Se cree que su adscripción cronológica no corresponde con la época de apogeo del oppidum, perteneciendo posiblemente a una época posterior donde si encontramos paralelos en el mundo militar romano, si bien están apareciendo ejemplares de hebillas similares de adscripción prerromana como es el caso de Monte Bernorio.

Info

ARQUEOSITIO

CAMESA-REBOLLEDO

La visita es guiada y se realiza en grupos de 25 personas como máximo todo el año. Tiene una duración aproximada de 45 minutos. El Centro está adaptado para personas con movilidad reducida.

HORARIO

Cerrado el 1 y 6 de enero, el 24, 25 y 31 de diciembre.

Temporada baja: Del 15 de octubre al 15 de abril.

Cerrado de lunes a jueves y del 8 al 31 de enero.

Abierto todos los viernes de 9:30h a 15:30h (última visita 14:40h).

Sábados, domingos y festivos de 9:30h a 14:30h (última visita 13.40 h) y de 15:30h a 17:30h (última visita 16:40 h).

Abierto en Semana Santa, del 26 de marzo al 7 de abril.

Temporada alta:

Cerrado todos los lunes, excepto el 20 de mayo.

Abierto de martes a domingo de 9:30 h a 14:30h (última visita 13:40h) y de 15:30h a 19:30h (última visita 18:40h).

   

DESTACADOS

  • MONTE BERNORIO

    Cualquier definición del Monte Bernorio se queda corta para explicar lo que ha significado y significa este lugar en la historia de los antiguos cántabros. Podríamos comenzar diciendo que es una de las ciudades fortificadas de la Edad del Hierro más grande halladas en España y también en Europa. O tambien que se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la época prerromana en la península..aún así, seguiríamos quedándonos cortos, ya que sus entrañas siguen albergando secretos y misterios aún por descubrir.

    Situado junto a la localidad de Villaren de Valdivia (al norte de de Palencia), se eleva majestuosos a unos 1.170 metros de altitud, dominando una gran llanura donde en la actualidad se pueden contemplar desde su cima mas de 40 pueblos de las provincias de Burgos Palencia y Cantabria. Creo que con esto podemos entender el valor estratégico y militar de este enclave. Fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 1992 y desgraciadamente, más que por su valor arqueológico, fue noticia no hace mucho por ser incluido como ubicación de un futuro parque eólico de 24 aerogeneradores..así nos va...


  • EL PICO MIZMAYA

    El Pico Mizmaya (Entrambasaguas, Cantabria) es otro enclave castreño que sigue guardando con celo su milenario pasado. Se encuentra ubicado en la cima que le da nombre, en el extremo Este de la sierra de Elechino. Su emplazamiento no es ni mucho menos casual, dominando a la perfección la desembocadura de uno de los ríos más importantes de Cantabria: El Miera. Esto, unido a su posición privilegiada en el valle de Trasmiera y en el entorno de la bahía, hace del Pico Mizmaya un castro "costero" de lo más interesante..y sobre el cual apenas conocemos nada.

    Ya en el año 1952 el padre Jesús Carballo hace referencia al mismo, aunque se creé que pudo ser una interpretación errónea debido a que identificó la presencia de un castro en los restos medievales que también se conservan en la cima. De todos modos no iba muy mal encaminado. Tuvieron que pasar 25 años hasta que R.Bohigas reconoció in-situ el yacimiento y lo recogió nuevamente como castro, esta vez clasificando correctamente cada una de las estructuras (Bohigas, 1987: 120). En los últimos años del siglo XX arqueólogos de renombre como Eduardo Peralta o Emilio Muñoz también revisaron el recinto del Pico Mizmaya y apoyaron la hipótesis previa.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)
    Agradecimientos:: Rafael Bolado del Castillo

  • LA CORONA DE CUETO MOROSO

    El castro de La Corona de Cueto Moroso (Bostronizo, Los Corrales de Buelna) se encuentra ubicado en pleno corazón de Cantabria, dominando la vertiente Este del desfiladero de Las Hoces que durante siglos ha modelado el rio Besaya. Toponímicamente puede resultar un enclave bastante interesante, ya que ante nosotros se abre un abanico de posibilidades cuanto menos curioso. La cima del Cueto Moroso invita a pensar en la totalidad del monte y en la posible relación (toponímica) con la iglesia cercana de fabricación mozárabe: San Román del Moroso. Otra de las posibles atribuciones de su nombre puede remitirse a los "Moros" de la mitología popular, los cuales eran a menudo guardianes de ruinas que albergaban tesoros antiguos. En este caso en concreto, puede que tenga origen en el radical céltico *mor- (pedregal), de modo que puede incluso hacer referencia a los grandes derrumbes de las líneas defensivas de la muralla del recinto.

    En cualquiera de los casos, el castro de La Corona de Cueto Moroso se encuentra rodeado de elementos de "leyenda" que avivan aún más su milenario pasado. Algo más al norte, siguiendo la línea de cumbre y un poco por debajo, se encuentra una roca aflorante conocida como "La Piedra del Altar" la cual, según se cree, pudo haber tenido algún valor simbólico o religioso para los antiguos habitantes de la zona. Un poco más hacia el norte, siguiendo la misma dirección y a escasos kilómetros, nos topamos de frente con la Peña del Moro (370 metros), toponímicamente de similares características y en cuya cima se cree haber vislumbrado también algún tipo de estructura de carácter arqueológico..el tiempo lo dirá.

    El yacimiento fue descubierto en 1995 por Eduardo Peralta Labrador, quien lo identificó durante una serie de prospecciones orientadas a la detección de yacimientos de hábitat de La Edad del Hierro (Peralta Labrador, 2003:73). Durante los siguientes años, el castro ha sido citado en varias ocasiones por el mismo descubridor, aportando un material fotográfico del mismo de gran valor e interés arqueológico. Desgraciadamente, a parte de las tareas de prospección y documentación, no se ha realizado trabajo arqueológico ninguno en su interior. De momento solo queda esperar..como en decenas de yacimientos de nuestra región..una pena.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRO DE BRIZUELA

    Nos adentramos hoy en el territorio que, tanto Pomponio Melo en primera instancia como Plinio el Viejo posteriormente, atribuyeron a la tribu cántabra de los autrigones. Estamos en uno castro que, aun dando a entender su gran tamaño (ocupa unas 10 hectáreas, uno de los más grandes de Burgos) la más que posible importancia del mismo, apenas has sido estudiado. Tanto Ramón Bohigas, quien documento a finales del siglo XX cerámica a mano (decorada), como Eduardo Peralta Labrador en su obra "Los Cántabros antes de Roma" (2003) citan este maravilloso enclave que además atesora una enorme belleza paisajística.

    Todo ello unido a que el castro de Brizuela posee dos épocas de ocupación principalmente documentadas: La Edad del Hierro y La Edad Media, sin tener la certeza material (al menos publicada) de ocupaciones intermedias. Existe una hipótesis respecto al bajo o nulo nivel de destrucción de las estructuras que han llegado a nuestros días, lo que puede llevar a pensar que en época romana y visigoda pudiese tener ocupación y continuidad. Hablando de "destrucción" como asedio por incendio o confrontación bélica por ejemplo, evidentemente las estructuras están derrumbadas por el paso de los siglos. Además, se hace referencia al hallazgo fortuito de monedas romanas a los pies del cerro, en tierras de labranza. O incluso a una de las puertas de acceso que aun hoy se conserva en el cierre Oeste. Todo ello nos hace pensar en su posible ocupación en época romana, pero no existe la certeza material. Ya en el año 1011 se hace referencia a "Villa Castro", y por ejemplo en el Becerro de las Behetrías (documento del año 1352) se sitúa a Brizuela en la Merindad de Aguilar de Campoo perteneciendo a la Merindad de Castilla Vieja. En el interior del castro se han encontrado cerámicas de esta última época, lo que constata presencia humana en el medievo.

    En definitiva, todo nos lleva a pensar que el castro de Brizuela oculta aún más secretos de los que realmente sabemos. Incluso la zona, que en los últimos años está dando mucho que hablar en relación a nuevos enclaves relacionados con las "Guerras Cántabras", será uno de los lugares muy a tener en cuenta si pueden ser estudiados en el futuro.

    Fuente: "Las siete Merindades de Castilla Vieja - Tomo I", María del Carmen Arribas Magro (2016)

  • LA PUNTA DEL CASTIELLO DE PODES

    Como todos sabemos, una de las grandes maravillas de la costa cantábrica reside en su quebrado litoral: Grandes plataformas, increíbles espigones y abruptos acantilados modelados por la fuerza del mar. A diferencia de lo que se pueda pensar, muchos de estos enclaves costeros eran el lugar idóneo para el hábitat, ya el bravío Cantábrico ha sido, es y será fuente inagotable de alimento. Esto, unido a las defensas naturales que muchas de las citadas plataformas proporcionaban, convirtieron a la costa de Asturias y Cantabria en un floreciente espacio de hábitat entre Prehistoria y la Edad del Hierro. En nuestra región, tenemos claros ejemplos de castros o poblados costeros en el Castillo de Prellezo (Val de San Vicente), en el malogrado recinto defensivo de Cotolino-Arcisero o en el parking de playa / yacimiento de Punta Pilota, ambos en el municipio de Castro Urdiales.

    En el caso concreto de Asturias, la monumentalidad de este tipo de enclaves siempre ha sido mayor que la de Cantabria, observándose aún en nuestros días los restos estructurales en la mayor parte de ellos. Pero en el caso que nos ocupa, acudimos atónitos a uno de los grandes problemas de conservación de este tipo de yacimientos: Los procesos de erosión natural. Esto unido a la desidia institucional, nos lleva a un escenario de destrucción y perdida con demasiados precedentes en cualquiera de las citadas regiones. En Cantabria por ejemplo tenemos claros ejemplos de este tipo de procesos erosivos: Uno de los mayores y más importantes yacimientos del Paleolítico Superior en la cornisa Cantábrica, la cueva de Covalejos, sufre procesos de escorrentía natural incrementados por el desplazamiento de tierras (y materiales prehistóricos) que las cabras que la habitan precipitan hacia un sumidero de kilómetros de profundidad. Más hacia la costa, concretamente en la zona de Rostrio – Santander - nos encontramos nuevamente con la exposición de materiales e industria lítica (en cantidades ingentes) ante la fuerza de las mareas y el mar Cantábrico, que arrastran hacia sus profundidades todo lo que encuentra a su paso.

    Esta introducción sobre los procesos de erosión natural, inevitables todo sea dicho, nos ayuda a comprender el grave problema en uno de los castros costeros más maravillosos de nuestro litoral: La Punta del Castiello de Podes (Gozón, Asturias). Este enclave, conocido en los últimos meses por los tira y afloja con la administración, no se libra desgraciadamente de la irrecuperable perdida de materiales arqueológicos en el fondo del mar. Lo más preocupante de todo es que, independientemente de la gravedad del problema, las instituciones hacen oídos sordos a los diferentes llamamientos al respecto. En Septiembre de 2015, el arqueólogo Alfonso Fanjul presentó ante la Consejería de Cultura del Principado un proyecto de prospección del castro cuyo objetivo era evaluar los restos existentes antes de que la erosión del mar pudiera arrastrarlos sin vuelta atrás. En este mismo yacimiento, los precedentes no eran halagüeños, ya que elementos de gran interés arqueológico como un conchero de la Edad del Hierro (con restos cerámicos) habían desaparecido por la fuerza del Cantábrico. Resultado del expediente: Denegado. Fue rechazado argumentado "otras prioridades en la protección del yacimiento" o que "no existía tal emergencia". Una auténtica pena atendiendo a los resultados que podrían obtenerse en un enclave de tal potencial arqueológico.

    Bibliografía: ALVAREZ PEÑA, A. (2002): "El castru de `La Punta ´ L Castiello´, Podes (Gozón)”. Asturies, 13, Oviedo: 20-25.
    CAMINO MAYOR, J. (1995): "Los castros marítimos en Asturias."
    FANJUL PERAZA, A. (2005): "Los castros de Asturias. Una revisión territorial y funcional." Oviedo.
    Agradecimientos: Alfonso Fanjul Peraza.

  • PEÑA DE SAMANO

    Descubierto por Félix González Cuadra en 1972, el castro de la Peña de Sámano (Castro Urdiales) es uno de los poblamientos prerromanos más imponentes de la costa oriental cántabra. Esta increíble atalaya natural albergo hace siglos un recinto castreño de aproximadamente 10 hectáreas, el cual se cree que fue poblado por el pueblo de los autrigones. Esta tribu prerromana fue situada por Ptolomeo entre los ríos Asón (Cantabria) y Nervión (País Vasco), indicando que su territorio limitaba con el de los caristos por el este y los cántabros por el oeste. Otros historiadores como Plinio el viejo citaba "entre las diez ciudades de los autrigones" Tritum (Monasterio de Rodilla) y Virovesca (Briviesca), ambas en Burgos, lo que nos da a entender el amplio territorio que ocupaba esta tribu de norte a sur entre los territorios de cántabros y caristos.

    Volviendo al castro en sí, combina a la perfección la fortificación mediante grandes murallas de más de 2 metros de alto con el aprovechamiento de los accidentes naturales de la peña. En lo alto del mismo han podido distinguirse vestigios de una pequeña organización urbana, observándose resto de edificaciones de planta rectangular (con las esquinas redondeadas eso sí) y pequeñas estructuras de planta ovalada. Destacar que justo en el centro del área de hábitat del poblado se ubica la conocida como Cueva de Ziguste. En las excavaciones y posteriores investigaciones realizadas por el equipo de R. Bohigas y por M. Unzueta se menciona también la posible existencia de una organización estructural del poblado, atisbándose cierto "urbanismo" en la ejecución y construcción del mismo por parte de sus moradores. Presenta dos accesos principales. Uno denominado la "Puerta de Sangaza" (al norte) y otro denominado como "Puerta del Vallegón" (al oeste), ambas combinando ensanchamientos de muralla y pasillos estrechos para regular y controlar el paso al interior del recinto.


  • ALTO DE LA GARMA

    El castro del Alto de La Garma (Omoño, Ribamontan al Monte) es un yacimiento único en Cantabria por diversos motivos. En primer lugar, es uno de los mejores ejemplos para conocer la progresión en el inicio de la construcción de poblados fortificados en el centro de la región Cantábrica. Sus orígenes se remontan en torno a los siglos VII-VI a.C, de ahí que hablemos de algo muy especial. Por otro lado, es de los pocos castros costeros que presentan características similares a los lugares fortificados de la I Edad del Hierro situados más al Sur (Campoo, Palencia y Burgos y León): Buen dominio visual, situación en altura, empleo preferente del barro y probablemente madera como materiales de construcción tanto en vivienda como en la fortificación, etc. Otro de los motivos por los que el Alto de La Garma es icónico dentro de nuestra región es por alguno de los hallazgos encontrados en su interior. Muchos pensarán que los castros prerromanos solo son importantes si se encuentra gran cantidad de materiales metálicos, grandes fragmentos de cerámica, adornos, joyas..pues en este caso lo más sencillo es de lo más importante: Se localizó (luego entraremos más en detalle) una pequeña concentración de semillas y gran cantidad de restos óseos de mamíferos, lo que denota que la tendencia a pensar (mitificada por las fuentes clásicas) que los cántabros eran unos bárbaros o que no cultivaban/comerciaban queda cada vez más alejada. Por último, y no menos importante, se encuentra en el entorno de la Cueva de La Garma, uno de los iconos del Paleolítico de la cordillera Cantábrica.

    Ya en la década de los setenta fue visitado por Arturo Arrendo, quien lo calificó como castro cántabro y lo denominó "Pico Garma". De todos modos esta referencia nunca fue muy popular, pasando desapercibida durante muchos años. Habría que esperar hasta el año 1996 cuando Emilio Muñoz y la empresa GAEM, dentro de un marco de prospecciones intensivas en el monte de La Garma, reconocieron el lugar. Constataron la existencia de fortificaciones y localizaron algunos materiales cerámicos, signos inequívocos para su identificación. Al poco tiempo, ese mismo año, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte compra las fincas de interés arqueológico, frenando así el avance forestal que ya había invadido gran parte del yacimiento en el momento de su descubrimiento (en la imagen de abajo se pueden apreciar los eucaliptos justo al lado de las excavaciones). Desde el año 1998 es Bien de Interés Cultural como integrante de la Zona Arqueológica de La Garma. En la actualidad no existe memoria definitiva sobre las actuaciones arqueológicas allí realizadas, aunque bien es cierto que existen relevantes artículos monográficos (Pereda 1999) y algunos trabajos generales en prensa que (Arias et al., 1999, 2000, 2003, en prensa; Arias y Ontañón 2008) merecen especial atención.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Tanea Arqueología

  • CASTRO DE SAN CHUIS

    El castro de San Chuis (San Martín de Beduledo, Allende) es sin lugar a dudas uno de los castros más importantes de Asturias. Décadas de intervenciones arqueológicas han sacado a la luz un increíble poblado fortificado con siglos y siglos de ocupación. Un enclave cuyo origen puede remontarse probablemente al Bronce Final (siglo VIII a.C.), que vivió una época de crecimiento constante durante la Edad del Hierro y que pudo consolidarse como centro administrativo tras la conquista romana (I-II d.C), quien sabe si como civitas. Se eleva sobre una colina que domina los valles formados en torno al rio Arganza, afluente del Narcea. Su ubicación no es ni mucho menos casual, ya que se alza por encima de zonas y enclaves estratégicamente importantes en diferentes momentos de su historia. Como hábitat indígena, tanto su tamaño como su línea visual sobre los otros recintos castreños de las inmediaciones nos hablan de su relevancia, esto sin mencionar aún de su tipología constructiva. Del mismo modo, ya en época romana, nos encontramos ante un asentamiento que controla alguno de los principales itinerarios de la época, principalmente las denominadas como "rutas del oro". Por un lado, las vías que llegaban desde Astorga (capital del convento jurídico) hasta territorio trasmontano. Y por el otro, todos los ramales que recorrían las sierras del Valledor, Los Lagos y Río del Oro relacionadas con explotaciones auríferas y que llegaban hasta la costa. Llama poderosamente la atención que en un radio no superior a 10 kilómetros nos encontremos con varias explotaciones, algunas de ellas de las más ricas y extensas del Noroeste Peninsular.

    Fue descubierto por un vecino de Allende, D. José Lombardía Zardaín, a mediados de la década de los 90. Curiosamente, su fijación durante años por aquel pico de morfología escalonada y perfil cuanto menos llamativo le llevó a intentar atraer a diferentes investigadores hasta que finalmente, fruto del tesón de su descubridor, Francisco Jordá Cerdá y Elías Domínguez codirigieron las primeras excavaciones en el año 1962. Inicialmente se prolongaron durante el verano del citado año pero no sería hasta 1979, ya tan solo con el Dr. Jordá como director, cuando se sucediesen de un modo continuado en pequeñas campañas estivales hasta 1986. Durante todo este periodo, las excavaciones de San Chuis tomaban una dimensión arqueológica de lo más interesante por diversos motivos. El principal, el descubrimiento de más de una veintena de construcciones que, si bien es cierto que no fueron excavadas completamente, arrojaron un amplio abanico de materiales de origen muy variado. Desgraciadamente, aun adquiriendo esta relevancia científica, la difusión y apoyo de las instituciones no fue acorde con la importancia de los resultados. Siendo este castro por aquel entonces un referente en la investigación de la arquitectura castreña y su paso hacia la contextualización romana en todos los sentidos (destacando el ámbito doméstico), no tuvo mucha repercusión a nivel nacional.

    No cabe duda de que San Chuis es un yacimiento especial. Sus diferentes etapas de hábitat, sus estructuras defensivas, los materiales encontrados y las diferentes teorías sobre la militarización (no masificado, sino de flujo constante) del enclave tras la conquista romana, hacen de este castro un destino de lo más atractivo desde la vertiente arqueológica e incluso turística. Esto, unido a la belleza natural que lo rodea y a su estado de conservación, nos invita a revivir la historia de la romanización del Norte de Hispania de un modo sin igual. En Cantabria, tendremos que seguir esperando...

    Agradecimientos: Ángel Villa Valdés. Fotografías: Castros de Asturias
    Bibliografía: "El Pico San Chuis: reseña de un yacimiento pionero en la investigación castreña en Asturias". Ángel Villa Valdés, Sautuola / XII. Instituto de Prehistoria y Arqueología Sautuola - Santander (2006).

  • CASTRO DE LAS RABAS

    El castro de Las Rabas (Celada Marlantes, Campoo de Enmedio) ha sido desde hace décadas un referente en el conocimiento de la antigua Cantabria prerromana. Desde las primeras excavaciones realizadas por el equipo de Miguel Ángel García Guinea en 1968-69 (incluso antes) se sabe de la gran importancia del mismo, aportando hallazgos y materiales de incalculable valor arqueológico e histórico. Situado a unos 997 metros sobre el nivel del mar, al noroeste del pueblo de Celada Marlantes, el castro de Las Rabas tiene unas características muy peculiares. A diferencia del Monte Bernorio o del Monte Ornedo, no tiene una amplitud visual que permitiese poder tener controlada una vasta llanura. Su importancia fue más bien "estratégica" que "visual", ya que son dos términos que, aun pareciendo ligado siempre, pueden tener sus matices. La importancia del castro de Las Rabas estriba en el control de una de las vías de acceso naturales entre la Meseta (a través del puerto de Pozazal) a la cuenca de Reinosa y por lo tanto a las vías de acceso a la costa. Esta última circunstancia nos lleva pensar que en sus orígenes pudo estar concebido para tener una función meramente "comercial" más que militar.

    Según se cree, el castro se extiende sobre una superficie aproximada de 10 hectáreas, aunque no se sabe a ciencia cierta debido a que no existen “delimitaciones” claramente definidas. Respecto a su cronología, hasta hace no mucho tiempo había informaciones dispares. Se realizaron dataciones aproximadas en base a los objeto encontrados en las diversas excavaciones arqueológicas, creándose un amplio espectro temporal entre los siglos IV a.C y el I d.C. Por ejemplo, García Guinea y Rincón dataron el castro en el siglo III a.C, sobre todo basándose en los resultados de sus excavaciones y cotejándolos con los objetos similares aparecidos en Numancia. En otra vertiente se situaron otros arqueólogos como Moret, que lo enmarcaba no más allá del siglo II a.C, o Bolado del Castillo y Fernández Vega que en base a sus últimas actividades en el mismo lo sitúan entre el siglo IV/III a.C y el I a.C.

    Respecto al final del castro de Las Rabas existen varias teorías, ya que la datación realizada en varios materiales indica que incluso antes de la llegada de los romanos pudo ser asediado o destruido en alguna ocasión. Debemos que tener en cuenta que la antigua Cantabria era un lugar donde los problemas sociopolíticos entre las tribus del norte eran más que frecuentes. Otra de las teorías (de las más aceptadas) es que, el castro de Las Rabas fue tomado y destruido en el avance de las tropas romanas lideradas por Antistio durante el año 25 a.C. en el transcurso de las Guerras Cántabras. Resulta ineludible pensar en esta secuencia lineal (Monte Bernorio, Monte Cildá, Monte Ornedo y por último castro de Las Rabas) de destrucción hacia el interior de Cantabria.

    Es en definitiva, el castro de Las Rabas es una de las joyas de nuestra región y una fuente inagotable de objetos y hallazgos relacionados con la “Cantabria” prerromana. Desde Regio Cantabrorum queremos hacer también una mención especial a las arqueólogos Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado Del Castillo, Joaquín Callejo Gomez y Lino Mantecón Callejo por su increíble trabajo de campo en los últimos años, los cuales nos ha permitido escribir esta humilde sección.


  • CASTRO DE EL PEÑUCO

    Situado sobre el pueblo de Colio (Cillorigo de Liébana), el castro de El Peñuco es otro claro ejemplo del abandono que sufren muchos yacimientos en Cantabria. Relegado a un segundo o tercer plano, este abrupto enclave en el cual se ha llegado a citar la presencia de puntas de flecha de hierro, se encuentra en nuestros días plagado de matojos. Y ni tan mal, ya que en el pasado en vez de esto se observaron varias catas furtivas que nos han robado a buen seguro gran parte de su milenario legado. Se sitúa sobre un resalte formado por bandas de areniscas y conglomerados cuarcítificos, con planta rectangular y laderas bastante pronunciadas en casi todas sus vertientes salvo en el orientado hacia el Noroeste. Aquí encontramos un pequeño istmo que conecta este sector con la prolongación de la sierra donde se ubica. Podemos identificar esta formación a pocos metros de la salida del conocido desfiladero de La Hermida en dirección a Potes. Si alzamos la vista a la derecha, en un pequeño cordal estrecho y alargado por debajo de los Picos de Europa, podremos observarlo en la lejanía.

    Las primeras reseñas sobre el interés arqueológico de El Peñuco fueron dadas por José María de La Lama en los años 70, si bien en un primer momento lo identificó como una estructura defensiva altomedieval. No le faltaría razón, ya que a este periodo se pueden atribuir las estructuras situadas en el flanco Oeste de la cima, sobre todo una pequeña muralla de pequeñas dimensiones claramente adscrita a la época citada. Esta datación se vería apoyada por los abundantes fragmentos de cerámica a torno que son encontrados en las laderas del monte, principalmente en la sur. De todos modos, poco o nada comparte este "sector"” con un gran terraplén que cierra toda la ladera Sur y Oeste, del cual se llega a pensar que es mucho más característico de emplazamientos protohistóricos que no medievales como veremos a continuación.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • CASTRO DE LA GUARIZA

    El castro de La Guariza (Fontibre, Campoo de Suso) es otro claro ejemplo, uno más, del abandono al que se encuentran expuestos muchos yacimientos de nuestra región. Evidentemente no es un Monte Ornedo o Castro de Las Rabas, los cuales son referentes arqueológicos en nuestra región, pero esto no quita para que puedan albergar innumerables secretos dignos de ser admirados. De hecho, mucha gente se sorprende de que este enclave haya sido incluso un castro prerromano, sobre manera porque apenas existe información sobre él.

    Fue descubierto por Miguel Ángel Fraile en la década de los 80 del siglo pasado. De hecho, el único estudio (que no excavación) realizado sobre este enclave fué publicado por él mismo en el año 1990, donde llegaba a indicar que se trataba de un asentamiento de la Edad del Hierro. La siguiente cita sobre La Guariza se publica en el año 1997, donde Eduardo Peralta y Emilio Muñoz comparten la cronología argumentada años antes por Fraile en la publicación "La problemática de la conservación de los castros prerromanos de Cantabria: inventario y propuestas de actuación". La última vez que el yacimiento toma cierto "protagonismo" es gracias a la actualización del Inventario Arqueológico de Cantabria (2007) de la mano de José Ángel Hierro Garate, quien se encarga de documentar y estudiar el estado del yacimiento. Las imágenes de esta publicación corresponden a esa toma de contacto.

    Su localización, muy cerca de la posible estructura campamental de Salces, hace pensar que esta última fuese un castellum romano que sirviese para asediar el castro prerromano de La Guariza.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Jose Angel Hierro Gárate

  • PICO DEL HACHA

    El posible castro de Pico del Hacha (Laredo-Limpias, Cantabria) es un yacimiento sobre el que sobrevuelan aún varias incógnitas. Y eso teniendo en cuenta que sobre él se han realizado varias intervenciones y prospecciones que, si bien han aclarado gran parte de su pasado, dejan en el aire su atribución cronología exacta. ¿Un castro de la Edad del Hierro?, ¿Una estructura defensiva medieval? ¿Una elevación para una antena de telefonía móvil?. Con certeza estamos ante todas ellas, sobre todo de la última. Para situarnos, el Pico del Hacha se ubica en las inmediaciones de la desembocadura del río Asón, concretamente entre los municipios de Laredo (en su vertiente norte) y Limpias (fachada sur). La primera referencia al enclave la encontramos en un documento del siglo XVII, donde se cita la presencia de una fortificación en dicho lugar: "media legua de Trincheras Reales en la eminencia de la Cruz del Hacha", reiterándose en varias ocasiones (Hierro Gárate, 2007: 87).

    El yacimiento como tal fue descubierto por I. Castanedo y B. Malpelo en el año 2000, en el transcurso del seguimiento de Impacto Arqueológico motivado por la instalación de antenas de telefonía en el lugar. No obstante, se tiene constancia de varias intervenciones arqueológicas en los años 90 sin que su resultado trascendiese o tenga documentación alguna. En el año 2006 vuelve a ser noticia al ser incluido por José Ángel Hierro Gárate en su estudio de impacto agresivo "Reflexiones tras la destrucción de un yacimiento: el caso del Pico del Hacha y la necesidad de un Inventario General del Patrimonio Arqueológico", tras el cual pasa a ser incluido en el INVAC por el mismo autor con la categorización de "Asentamiento al aire libre" y con una propuesta de adscripción cronológica en la Edad del Hierro (Hierro, 2007: 85). En 2007, en el marco de un programa de vigilancia arqueológica fruto de las obras de urbanización del Plan Parcial Peñaflor, se lleva a cabo la primera intervención arqueológica sobre sus estructuras defensivas. Consiste en el desbroce y posterior cata de desescombro de un tramo de muralla para intentar aclarar su origen como veremos a continuación.

    Independientemente de las posibles dudas respecto a las etapas o épocas del asentamiento, el yacimiento del Pico del Hacha es un claro exponente de que en muchas ocasiones (por no decir en todas), los intereses económicos pasan por encima de cualquier informe o seguimiento de impacto arqueológico. En nuestra región tenemos casos donde, una vez conocido el valor histórico de un enclave y su entorno, se instalan elementos como canteras, antenas de telefonía móvil, parques eólicos (véase el molino de Vestas en el entorno de Las Rabas) y un sinfín de despropósitos similares..otro más a la lista.

    Agradecimientos: José Ángel Hierro Gárate
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • CHAO SAMARTIN

    Fuera de los límites de Regio Cantabrorum se encuentra el yacimiento de Chao Samartín (Grandas de Salime, Asturias), una de las joyas castreñas por excelencia del norte de la Península. A diferencia de muchos de los castros situados en Cantabria, Chao Martín posee una extraordinaria secuencia estratigráfica que ha permitido su estudio y catalogación del mismo hasta niveles que aquí desgraciadamente tan solo podemos soñar. Es, en definitiva, un icono que queremos resaltar ya no solo por sus características e historia, sino por su musealización y puesta en valor.

    Su existencia como antigua fortificación fue ya reflejada en diccionarios geográficos elaborados durante los siglos XVIII y XIX, aunque no fue reconocido como castro hasta el año 1967 por José Manuel González, quien lo visitó por indicación (y en compañía) de José Lombardia Zarzaín. Habría que esperar hasta el año 1990 para conocer las primeras excavaciones “oficiales” del mismo, concretamente durante la elaboración del inventario arqueológico del concejo. Desde este momento hasta el año 2009 se sucedieron con regularidad diversas campañas de excavación como parte del Plan Arqueológico Director de la Cuenca del Navia. Hasta el año 1994 las excavaciones fueron dirigidas por Elías Carrocera Fernández (Profesor de la Universidad de Oviedo), tomando el mando un año después Ángel Villa Valdés y su equipo de técnicos. Estos últimos serian (y son) los grandes impulsores del yacimiento y de su divulgación.

    El origen del castro de Chao Samartín se remonta a la Edad del Bronce, concretamente en torno al año 800 a.C. Se cree que en este periodo se establecieron sobre la explanada superior sus primeros pobladores, creando un recinto fortificado donde poder asentarse. Ya en la Edad del Hierro el castro sufre una fuerte "remodelación", adoptando las típicas características estructurales de aquella época: fosos, murallas de módulos, cabañas de grandes dimensiones para servicio comunitario, una sauna castreña..incluso talleres metalúrgicos para la transformación de oro, plata y bronce. Son estos aspectos los que denotan la importancia del castro.

    Tras las Guerras Astur-Cántabras, Chao Samartín fue romanizado y convertido en una prospera capital administrativa bajo el control del ejército imperial. Su final fue tan inverosímil como inesperado, ya que fue completamente destruida por un terremoto en el siglo II d.C, quedando totalmente despoblada como civitae hasta tiempos altomedievales, cuando sus ruinas serían reutilizadas como necrópolis en tiempos de la monarquía asturiana.