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Sauna castreña del oppidum de Monte Ornedo. Fotográfia: Lino Mantecón Callejo

Es significativo que una de nuestras publicaciones esté dedicada en exclusiva a un único sondeo..pero su interés tanto arqueológico como interpretativo bien lo merecen. Tanto su contextualización en el interior del oppidum de Monte Ornedo (Valdeolea, Cantabria) como el papel que pudo jugar en la vida cotidiana de sus antiguos moradores hacen de la estructura que vamos a detallar a continuación un hallazgo único e irrepetible hasta el momento en Cantabria. Lo que llamaríamos en la "prensa amarilla" una exclusiva con letras mayúsculas: Estamos hablando de la única sauna castreña encontrada y documentada en el territorio de los antiguos cántabros, un hallazgo sin precedentes en décadas y décadas de investigación en nuestra región y el norte de Castilla y León.

Tanto su morfología, la disposición de sus estancias y sobre manera su funcionalidad la relacionan directamente con las saunas encontradas desde Portugal a Asturias, punto donde hasta el día de hoy parecía "cortarse" el flujo constructivo de las mismas. No olvidemos que todo el Noroeste hispánico posee una gran variedad de estructuras castreñas similares, pudiendo asemejarse incluso con las "burnt mounds" atlánticas o con los "fulachta fiadh" irlandeses si es que se confirma que estas últimas son estructuras de este tipo. Gracias a las dataciones radiocarbónicas de los materiales encontrados (que veremos más adelante) se puede enmarcar esta edificación en una avanzada II Edad del Hierro, concretamente entre el siglo II a.C. y el periodo de Las Guerras Cántabras, siendo este dato significativo por la importancia del oppidum de Monte Ornedo por aquel entonces ya no solo (según parece) como centro neurálgico, sino como referente respecto a las tradiciones o costumbres socioculturales de los cántabros.

La puesta en valor de este increíble hallazgo ha sido llevada a cabo por los conocidos arqueólogos e investigadores Pedro Ángel Fernández Vega (antiguo director del MUPAC y director del proyecto), Lino Mantecón Callejo, Rafael Bolado del Castillo, y Joaquín Callejo Gómez, quienes tras formar parte del equipo de excavación del oppidum de Monte Ornedo durante años han conseguido interpretar y contextualizar esta auténtica maravilla. De todos modos, su descubrimiento es aún hoy una auténtica incógnita. La primera cita sobre el edificio la realizó Adolft Shulten en los planos de Santa Marina a principios de siglo XX, sin siquiera saber el uso o cometido del complejo. Entre los años 2009 y 2010, en la primera gran campaña sobre el oppidum, Pedro Ángel Fernández Vega decide excavar en este punto citado décadas atrás. Sería posteriormente, unos dos años después y tras la intervención in situ, cuando todo el equipo comienza a vislumbrar la importancia de su trabajo y hallazgo. Gracias al sorprendente análisis y minucioso estudio en la revista Nº65 de Munibe (Antropologia-Arkeologia), podemos entender un poco más sobre su cometido y características.

Como se puede apreciar tan solo con esta pequeña introducción, estamos ante un hallazgo que por sí solo merece líneas y líneas de contenido. Algo tan revolucionario y único en nuestra región (arqueológicamente hablando) que deberá de reafirmar el trabajo continuado sobre uno de los yacimientos más prolíferos y con más potencial de toda Cantabria. ¿Será este el paso definitivo para una intervención arqueológica de grandes dimensiones tanto a nivel económico como socio-cultural?, ¿Estamos un poco más cerca de conocer el pasado indígena y romano de la zona? ¿Esta Juliobriga, que no Retortillo, cada vez más cerca?.

Fuente: Aranzadi - Munibe

 

La Sauna

Detalle del interior de la sauna. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

El edificio fue construido en la vertiente sur del oppidum, concretamente en un aterrazamiento natural que obligo a dividirlo en dos sectores a diferente nivel.Posee unas dimensiones de 24,25 metros de largo por 16,30 de ancho en el sector Oeste, reduciéndose este eje hasta 10,30 metros en el flanco Este y dotándolo así de forma trapezoidal. En total ocupa una superficie de 303,74 metros cuadrados si incluimos las estructuras anexas, un tamaño considerable para este tipo de construcciones. En base a la división anteriormente citada, podemos hacer esta pequeña interpretación:

El Sector Norte o superior posee una gran sala con pasillo (en la imagen el Sector 1) y un patio central abierto (Sector 2) con una cisterna en una de sus esquinas para la recogida del agua. Al Este del recinto nos encontramos con otra sala de menores dimensiones que posee una sauna de arcilla (Sector 4 y 5).

De la terraza inferior, en el flanco Sur, se conoce una estructura anexa que cuenta con una rampa de acceso (Sector 9), otra pequeña “habitación” (Sector 6) y un depósito de cenizas (Sector 7). Estos dos sectores (6 y 7) están en la terraza superior o Norte. El 6, situado al Oeste era una especie de estructura con remate semicircular con la base compuesta por una capa carbonosa que quizás tenga que ver con un horno o con un vertedero de cenizas. El Sector 7 no se sabe con certeza que es, parece ser una especie de horno (no llega a habitación por lo que yo no lo llamaría así) o un simple hogar. De este último sector cabe destacar que no ha sido excavado en su totalidad, es por ello por lo que se cree que existen aún más estructuras o elementos a destacar en el conjunto.

Los muros de carga del complejo se han realizado mediante lienzos de mampostería con cara vista externa, mientras que el interior de los mismos fue construido mediante tierra compactada con abundante piedra suelta y cascajo, dándole esto mayor consistencia. El ancho de los muros oscila entre los 95 y 105 centímetros. Ya en el interior, han aparecido enlucidos de manteado de barro que aparecen sueltos por el suelo de las estancias. Curiosamente, a diferencia de lo que suele ocurrir al encontrar manteado relacionado con áreas de hábitat o cabañas, ninguno de los fragmentos conserva huellas de entrelazados vegetales. Es por esto por lo que se cree podría recubrir muros de mampostería o tapiales. También llama la atención la extrema dureza de los mismos, circunstancia que se asocia claramente al efecto del fuego y que desprende que el edificio es más que probable que se incendiase.

El suelo no presenta estructura o cubierta ninguna, ya que está formado por un sencillo nivel de tierra apisonada. Respecto a la techumbre del complejo, se cree que estaba realizada por materiales orgánicos o vegetales, que ya que no se han encontrado ningún tipo de restos relacionados con tejas o similares. De lo que si se tiene constancia es que está cubierta se asentaba sobre varias rocas de gran tamaño dispuestas sobre la roca madre.

Para concluir con esta pequeña descripción, destacar que se conocen dos accesos al recinto. Uno por el lado Este, al lado del cenizal, y otro en la gran sala situada al Noroeste, del cual hablaremos más en detalle en los párrafos posteriores. A continuación, de un modo bastante resumido, veremos cada una de las salas o estancias del edificio.

La gran sala (Sector 1)

Se sitúa en el extremo Noroeste, tal y como podemos apreciar en el imagen superior. Posee una superficie útil de 61,10 m2 y una puerta de entrada desde el exterior, la mejor conservada y más prolífera en cuanto a materiales se refiere. Junto a ella se localizó una clavija de bisagra de hierro en L de sección cuadrangular, remate cónico y restos de pintura roja. En la misma base de la puerta, bajo el derrumbe de manteando, se localizó un tablón carbonizado del cual se cree que probablemente fue fruto de un incendio. La datación de esta madera arrojo una fecha entre el siglo II a.C y primera mitad del I a.C., arco cronológico que reafirma el resultado de los análisis realizados en la campaña 2010 sobre el manteado recogido en el mismo punto.

Respecto a los materiales recogidos en el resto de la sala, tan solo destacar herrajes, clavos, un objeto indeterminado de bronce y varios fragmentos cerámicos.

El patio abierto (Sector 2)

Al Sureste de la gran sala que hemos visto, se encuentra un patio rectangular de unos 5 metros y medio por 3 que ocupa una superficie de 17,22 m2. Este punto se encontraba al aire libre para recoger el agua y poder así almacenarla en una cisterna perforada al Suroeste del complejo. Del patio sabemos que estaba rodeado de columnas o pilares presumiblemente de madera, ya que tan solo se han encontrado los restos de cinco cimentaciones de piedra arenisca donde pudieron asentarse. Se cree además, que entre los pilares del lado oeste y norte pudo existir un entramado vegetal recubierto de barro a modo de pared. Los restos de este muro aparecen en forma de fragmentos de manteado en el perímetro del patio, curiosamente asociados a algunos clavos de hierro de gran tamaño y sin apenas piedra.

Es importante destacar que este patio abierto se encuentra construido en un nivel más bajo que las estancias situadas a Este y Oeste, todo ello con el objetivo de evitar el drenaje del agua que transportaba hacia la cisterna. Incluso aparece un pequeño desnivel de un 5% que favorecía el tránsito hacia la misma, algo realmente espectacular teniendo en cuenta que hablamos de una construcción de la Edad del Hierro. En este nivel fue recuperado un escoplo de hierro con mango de hueso o asta similar al ejemplar de Retortillo (Campoo de Enmedio, Cantabria) o los de la Cueva de Reyes (Matienzo).

Del mismo modo, llama la atención que las losas del patio se inclinan también levemente hacia el centro o interior, intentando actuar a modo de embudo o vierteaguas para llenar la cisterna. Las paredes internas por donde transcurre el agua están labradas en la roca madre, con cuatro paredes verticales escuadradas. Todos estos aspectos siguen acentuando la importancia de este sector, del cual pocos detalles se dejan al azar.

Respecto a los materiales hallados, además de los citados previamente, se recuperaron también dos asas con sus alcayatas correspondientes a un caldero de madera y un par de clavos en L. También se encuentran varias láminas de hierro asociadas al derrumbe de manteado, las cuales se asocian a labores de carpintería sobre las separaciones del citado “muro” o separación de entramado vegetal. Cerca de estas láminas, se encontró también una clavija de bisagra de hierro con pintura roja, de unos 7,4 centímetros de longitud.

Como último apunte, la vertiente Sur de este sector se encuentra afectada por una trinchera de la Guerra Civil, ya que como muchos saben el Monte Ornedo fue un importante enclave también en conflictos bélicos más contemporáneos.

Fíbula "omega" como las halladas en el vaso de la sauna (Sector 4)

La Cisterna (Sector 3)

Estamos ante uno de los elementos fundamentales, aun siendo de lo más sencillos, para que la sauna castreña funcionase correctamente: La cisterna. Aun localizándose inicialmente en la esquina Sureste del patio, se verifico posteriormente que se inscribía en el interior de la sala de la sauna (Sector 5). Su ubicación, fuera del patio pudo tener una doble funcionalidad: Que el agua estuviese cubierto y poder formar parte del abastecimiento del sistema de baños de vapor.

Consta de un muro semicircular abierto en su extremo occidental hacia el patio, de donde captaba el agua. Está realizado con una cara de mampuestos labrados del que apenas se conservan dos hiladas. Posee unas dimensiones interiores de 1,48 metros de diámetro. En su interior se hallaron diversos clavos, escorias, fragmentos de manteado, dos manos de molino de cuarcita y un pendiente “amorcillado” de bronce.

La Sauna (Sector 4)

Se ubica dentro de la sala de la sauna que veremos por posterioridad, levemente descentrada hacia el oeste sobre la pared norte. Aparece parcialmente excavada en la roca arenisca hasta una profundidad media de 1,46 metros. En este hueco se colocó un gran depósito artificial de arcilla compactada de forma semicircular que alcanza más de medio y medio de altura. El material utilizado funcionaria principalmente como aislante térmico, aunque también como impermeabilizante de las aguas que se verterían durante el baño de vapor.

Ocupa una superficie total de 13,3 m2, de la cual 7,66 m2 serían útiles. En el centro de la misma se ha dejado un hoyo o vaso rectangular de 1,77 x 0,70 m y 1,19 m de profundidad. Al borde de este vaso, a unos 30 centímetros, fueron localizados los restos de un madero dispuesto de Oeste a Este, así como cinco clavos de 1 cm de grosos y cabeza circular. Según se interpreta, es más que probable que estos materiales formasen parte de un asiento de madera donde colocarse para tomar un baño de vapor. En el interior del citado vaso se recuperaron también cantos de arenisca fina o cuarcitas entre los que se han constatado algunas afiladeras y manos de molino fragmentadas. Todos estos materiales se encuentran afectados por el calor, con manchas carbonosas que hacen pensar estas piedras fueron calentadas y depositadas en el fondo, igual que en las saunas contemporáneas. Gracias a diversos carbones hallados en este sector, sobre los que se realizó una datación por C14, se ha podido reafirmar nuevamente la cronología del complejo, adscribiéndose a la II Edad del Hierro entre finales del siglo III a.C y el siglo I a.C.

Por último, entre los materiales procedentes del relleno del vaso se encontraron dos galbos fabricados a mano y nada más y nada menos que cuatro fíbulas “omega. Todas ellas están alteradas por la acción del fuego y fueron encontradas en el estrato más profundo. Este hallazgo, aún sin poder hacer un datación exacta sobre el mismo, permite contextualizar nuevamente la sauna y su actividad entre los siglos II a.C. y I a.C.

Sala de la sauna (Sector 5)

Como era de esperar, esta sala era el contenedor del espacio anteriormente explicado. Ocupa una superficie aproximada de 44,41 m2 y se sitúa en la terraza superior del edificio, rematándose al Este con una cabecera trapezoidal. Los elementos más destacables de la misma, a parte de la sauna como tal, son sus muros. El situado al norte, de 8,25 metros de longitud, no sigue la misma dirección que el citado en la gran sala (Sector 1), sino que se cierra levemente hacia el Sur tal y como podemos apreciar en la imagen. A continuación nos encontramos con el muro Este, de una longitud de 10,30 metros aproximadamente. La anchura del mismo oscila entre varias medidas, alcanzando en su extremo norte un total de 1,60 metros, rematándose con grandes bloques de arenisca. Se desarrolla con estas características durante casi 3 metros, abriéndose al final del mismo una estrecha puerta de apenas 50 a 85 cm de ancho, rematada al exterior por un parámetro de piedra de apenas 25 cm de ancho y una cara en forma de clavícula. Tras acceder al interior por este acceso, encontramos un suelo enlosado de piedra arenisca que ocupa un pequeño cuadrante a modo de recibidor de 1,25 x 1,30 metros.

El muro Oeste de esta sala limita con uno de los lienzos de la gran sala (Sector 1) explicada previamente. En él se abre un pequeño espacio que curiosamente está justo enfrente de la puerta de entrada acceso. En este punto, a escasos 20 centímetros del vano, se encontró una mancha de carbón de un tablón más que posiblemente asociado a varios herrajes de hierro, lo que denota que este espacio o vano tuvo una pequeña puerta de madera que comunicaba la gran sala con el espacio que nos ocupa.

Aun existiendo la posibilidad de dos accesos a la sauna, correspondientes a los muros Este y Oeste, se cree que el principal y más utilizado fue el del Este ya que se observó durante la excavación una zona deprimida con una coloración más oscurecida fruto del tránsito al interior.

Estructura desconocida (Sector 6)

Detalle de la cisterna (Sector 3) de la Sauna de Monte Ornedo. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

Consta de dos muros realizados con la misma técnica que engloban un pequeño espacio de 3,43 m2. Entre ambos se asienta una torta de arcilla amarilla de 1,98 x 1,57 metros, destacando en su epicentro una cubierta circular de aproximadamente 100 cm de diámetro y 40 de profundidad máxima.

Aun no siendo una de las estructuras más impresionantes del complejo, en su interior se encontraron varios objetos de metal como un clavo, una grapa de hierro, varios fragmentos de bronce, además de dos afiladeras y varios cantos de cuarcita o arenisca similares a los encontrados en el “vaso” de la sauna.

El cenizal (Sector 7)

Esta área se encuentra situado al Oeste del complejo castreño, concretamente junto un pasillo-rampa elevado. Justo aquí, bajo el derrumbe, se recuperó un objeto metálico que, aun asemejándose a un pilum incendiarium, poco o nada tiene que ver según se cree. Se trata de un objeto de 35 cm con forma apuntada, una única aleta lateral, enmangue tubular, sección de astil cuadrangular. Se cree que puede tener algo que ver con algún tipo de herramienta prerromana, aunque su tipología lo acerca más a un artefacto bélico (posiblemente relacionado con las Guerras Cántabras) sin precedentes en nuestra región.

Destacan también otro tipo de materiales como fragmentos de cerámica a mano y un borde de cerámica oxidante a torno de un cuenco carenado. Este último tiene paralelos cercanos en el castro de Las Rabas.

Pasillo-rampa (Sector 8)

Este sector no es uno de los más destacados ni en estructuras ni en hallazgos materiales, aunque su contexto también es importante dentro del conjunto. La zona externa de este pasillo fue adecuada mediante un pequeño aterrazamiento para permitir el acceso y la circulación del servicio. La roca madre existente en las inmediaciones de la puerta Noroeste fue retallada para suavizar su inclinación natural y permitir así un paso más cómodo y accesible.

Estructura desconocida (Sector 9)

Estamos por último en la terraza más baja del complejo, la cual fue tan solo excavada perimetralmente. Los muros son exactamente iguales al resto del edificio, englobando un total de 82,07 m2 y realizados con mampostería al exterior y tierra y cascajo en el interior. Estructuralmente destacan los esquinales Sureste y Suroeste, siendo estos redondeados.

En el interior de esta sala/s se recuperó una hebilla de cinturón en “D” compuesta por una placa, una aguja decorada y la hebilla en sí. Se cree que su adscripción cronológica no corresponde con la época de apogeo del oppidum, perteneciendo posiblemente a una época posterior donde si encontramos paralelos en el mundo militar romano, si bien están apareciendo ejemplares de hebillas similares de adscripción prerromana como es el caso de Monte Bernorio.

Info

ARQUEOSITIO

CAMESA-REBOLLEDO

La visita es guiada y se realiza en grupos de 25 personas como máximo todo el año. Tiene una duración aproximada de 45 minutos. El Centro está adaptado para personas con movilidad reducida.

HORARIO

Cerrado el 1 y 6 de enero, el 24, 25 y 31 de diciembre.

Temporada baja: Del 15 de octubre al 15 de abril.

Cerrado de lunes a jueves y del 8 al 31 de enero.

Abierto todos los viernes de 9:30h a 15:30h (última visita 14:40h).

Sábados, domingos y festivos de 9:30h a 14:30h (última visita 13.40 h) y de 15:30h a 17:30h (última visita 16:40 h).

Abierto en Semana Santa, del 26 de marzo al 7 de abril.

Temporada alta:

Cerrado todos los lunes, excepto el 20 de mayo.

Abierto de martes a domingo de 9:30 h a 14:30h (última visita 13:40h) y de 15:30h a 19:30h (última visita 18:40h).

   

DESTACADOS

  • LLAN DE LA PEÑA

    El castro de Llan de la Peña (Dobarganes, Vega de Liébana) es sin lugar a duda uno de los mejores exponentes de la cultura castreña en la zona lebaniega, me atrevería a decir incluso que el más destacado. Pensemos por un momento en la visión tradicional que tenemos muchos de nosotros sobre un castro cántabro. Rápidamente nuestra imaginación "vuela" hasta el castro de Las Rabas, Monte Ornedo, La Ulaña o Monte Bernorio, yendo incluso mucho más allá e imaginando un escenario virtual de las Guerras Cántabras en este contexto..pues Llan de la Peña, aun siendo totalmente diferente (como veremos a continuación) cumple con esa idealidad que tenemos sobre la Edad del Hierro y la romanización. Eso sí, adaptado a un territorio mucho más hostil y abrupto e inaccesible que en los citados ejemplos.

    El yacimiento fue descubierto por Ángel Ocejo a finales del siglo pasado (año 1979), encontrándose acompañado en el momento del hallazgo e identificación por Gonzalo Gómez y C.Herrero. Pasarían tan solo dos años hasta que apareciese la primera noticia, en prensa local, sobre la aparición de este castro prerromano. En este artículo se incluiría además la "primera planta" del recinto, la cual sería realizada por al propio Ocejo, Ramón Bohigas y T. Brigido. Habría que esperar hasta el año 1988 hasta que el castro de Llan de La Peña apareciese nuevamente publicado, esta vez en el número V de la revista Sautuola. Sería en esta última donde se incluyesen aspectos más detallados sobre las prospecciones realizadas, incluso los resultados de algún sondeo practicado. Destacar que sería incluido como yacimiento de tipo castro en el Inventario Arqueológico Regional realizado entre los años 2008 y 2009.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Gonzalo Gómez Casares

  • CASTRO PICO DEL ORO

    El castro de Pico del Oro (San Felices de Buelna, Cantabria) es el típico ejemplo de estructura castreña de pequeñas dimensiones. No todos los castros cántabros cuentan con el esplendor del castro de Las Rabas o Monte Ornedo, sino que muchos de ellos eran pequeños recintos con las características básicas para su habitabilidad. Se sitúa a unos escasos 600 metros en línea recta del castro de Las Varizas y fue descubierto e identificado por R.Bohigas Roldan en el año 1977. Ha sido estudiado en diferentes épocas y contextos por arqueólogos e investigadores de renombre como Muñoz et alii (1991), González Echegaray (1997), Reigadas Velarde (1996), Pumarejo et alii (2002), Serna (2002) y Peralta Labrador en dos ocasiones (2002-2007). Se encuentra en el extremo occidental de la Sierra del Dobra, acechado por la conocida cantera de Mitosa-Solvay y situado sobre un pequeño pico de pronunciadas laderas.Es prácticamente inaccesible desde todos sus flancos excepto por el Este y el Norte, en donde la pequeña cumbre conecta con el resto de abruptas cimas de la sierra. Sus estructuras defensivas, bastante simple en cuanto a su morfología y complejidad, se encuentran situadas en cotas de entre 400 y 410 metros de alto, dominando el paso natural entre el valle de Buelna y la costa Cantábrica.

    Se pueden identificar diversas fases constructivas que se solapan, siendo difícil su interpretación por esta circunstancia. De todos modos, existen elementos visibles como derrumbamientos de muralla que no dan lugar a dudas. El más importante es un gran derrumbe separado en dos "brazos" que forman un algo casi recto. El más largo de ellos mide unos 37 metros de longitud, mientras que el otro tiene unos 26 metros aproximadamente. En el nexo de unión entre ambos, donde se forma el ángulo, se presupone lo que podría ser una puerta de acceso, basándose sobre todo en una pequeña depresión de la muralla en este punto. Según diversas interpretaciones aportadas por los diferentes autores, se cree que el perímetro total (basándose en las distancias obtenidas en esos dos "brazos") rondase unos 70 metros aproximadamente. De todos modos no todos piensan lo mismo, ya que por ejemplo Reigadas Velarde propone un recinto bastante mayor y de planta diferente (115 metros). Es este mismo autor quien identifica (Reigadas Velarde, 1995:37) una pequeña construcción cerca del recinto principal como un puesto de vigilancia, concretamente en el flanco Oeste y "colgada" sobre los abruptos acantilados de la sierra (ver imagen más abajo).

    Respecto al nombre o topónimo del castro de Pico del Oro, existen otras acepciones también válidas como "Peña`l Oro" o "Pico Toro". Muchos creen que el nombre de Peña del Oro viene dado por la presencia imponente de las ruinas y la "leyenda" de que en el lugar había escondido un tesoro..creible o no, ahí está la interpretación. Lo que está claro es que topónimos como "Peña Toro" están más bien ligados a una mala interpretación o mala transcripción del nombre original. Aún asi, existen otros topónimos menos utilizados como "Peña Castillo", utilizado sobre manera en la cartografía minera (siglo XX) y también ligado a las ruinas allí presentes.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • LA POBLACION DE SUSO

    El castro de La Población de Suso (Campoo de Suso, Cantabria) es otro de esos enclaves por el cual estás acostumbrado a pasar decenas y decenas de veces y en el que nunca te fijarías. Esto, desgraciadamente, se convierte en una tradición en nuestra tierra, ya que la puesta en valor de arqueo-sitios o musealización de yacimientos (con unos simples paneles informativos) queda reservada para dos o tres afortunados. Volviendo al castro, se sitúa al Sureste de la localidad que le da nombre, concretamente en una pequeña colina cuyo lado Oeste presenta un abrupto relieve. Por el contrario, tanto el Norte como el Este son mucho menos escarpados, mientras que en su lado Sur encontramos una lengua de tierra que comunica la elevación con su entorno. Es por lo tanto, tal y como veremos en la identificación de sus estructuras, el flanco más accesible y a la vez más fortificada del yacimiento.

    Respecto a su hallazgo poco se sabe. Se cree que se produjo a mediados del siglo XX, pero nadie ha determinado la autoría real de su descubrimiento. Es por aquel entonces cuando comienza a ser referenciado por diversos autores como por ejemplo Joaquín González Echegaray (1966:108). El único estudio del yacimiento que ha llegado hasta nuestros días es obra de Miguel Ángel Fraile (1990: 121-122). El castro de La Población de Suso es, sin lugar a dudas, otro enclave castreño que permanecerá en el olvido otras tantas décadas más por parte de la administración, haciéndose tan solo eco de él cuando algún investigador o arqueólogo se arriesgue y consiga sacar de sus entrañas el milenario pasado que atesora. Mientras tanto, seguirá expuesto a la acción del hombre, pudiendo acabar a modo de cantera como otros tantos de su alrededor..una auténtica pena..

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Antxoka Martínez Velasco

  • CASTRO DE EL PEÑUCO

    Situado sobre el pueblo de Colio (Cillorigo de Liébana), el castro de El Peñuco es otro claro ejemplo del abandono que sufren muchos yacimientos en Cantabria. Relegado a un segundo o tercer plano, este abrupto enclave en el cual se ha llegado a citar la presencia de puntas de flecha de hierro, se encuentra en nuestros días plagado de matojos. Y ni tan mal, ya que en el pasado en vez de esto se observaron varias catas furtivas que nos han robado a buen seguro gran parte de su milenario legado. Se sitúa sobre un resalte formado por bandas de areniscas y conglomerados cuarcítificos, con planta rectangular y laderas bastante pronunciadas en casi todas sus vertientes salvo en el orientado hacia el Noroeste. Aquí encontramos un pequeño istmo que conecta este sector con la prolongación de la sierra donde se ubica. Podemos identificar esta formación a pocos metros de la salida del conocido desfiladero de La Hermida en dirección a Potes. Si alzamos la vista a la derecha, en un pequeño cordal estrecho y alargado por debajo de los Picos de Europa, podremos observarlo en la lejanía.

    Las primeras reseñas sobre el interés arqueológico de El Peñuco fueron dadas por José María de La Lama en los años 70, si bien en un primer momento lo identificó como una estructura defensiva altomedieval. No le faltaría razón, ya que a este periodo se pueden atribuir las estructuras situadas en el flanco Oeste de la cima, sobre todo una pequeña muralla de pequeñas dimensiones claramente adscrita a la época citada. Esta datación se vería apoyada por los abundantes fragmentos de cerámica a torno que son encontrados en las laderas del monte, principalmente en la sur. De todos modos, poco o nada comparte este "sector"” con un gran terraplén que cierra toda la ladera Sur y Oeste, del cual se llega a pensar que es mucho más característico de emplazamientos protohistóricos que no medievales como veremos a continuación.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • EL COTERON

    El castro de El Coterón se ubica en lo alto de un monte cónico de roca caliza en la cabecera del valle de Entrambasaguas. Si cerramos los ojos e imaginamos la idílica forma de un asentamiento prerromano siempre se nos vendrá a la cabeza la imponente figura de yacimientos como el oppidum de Monte Bernorio o La Espina del Gallego..son demasiados años de mitos y leyendas ficticias que nos han forjado una imagen demasiado subrrealista y global de algo que no lo es. Y no quiere decir que muchos de los asentamientos de los antiguos cántabros estuviesen fuertemente fortificados, como los citados previamente, o incluso que sus antiguos moradores fuesen todo lo belicosos que el Imperio Romano quiso vender para justificar lo caro de su victoria. Ahora bien, existen yacimientos que aun perteneciendo a una cronología similar (Edad del Hierro) poco o nada tienen que ver con los castros que imaginamos. El Coterón es uno de los exponentes castreños "atípicos" de nuestra región, de hecho hasta su propia latitud es una excepción en el entorno.

    Nos encontramos en un territorio yermo en cuanto a asentamientos protohistóricos de envergadura se refiere, al menos conocidos hasta nuestros días. Paralelamente nos encontramos con un cierto nivel de estaciones hipogeas (cavidades o bóvedas con restos de enterramientos) que puede indicar que el potencial arqueológico en superficie este aún por descubrir. Uno de los ejemplos de mayor interés se ubica en la cercana localidad de Solorzano, concretamente en la cueva de Ruchano. Conocida desde antaño, alcanzó interés arqueológico a raíz del hallazgo en su interior de una espada de la Edad del Bronce (Almagro Gorbea, M. 1976). Este descubrimiento fue llevado a cabo por un miembro del colectivo espeleológico "Expedición Británica a Matienzo", concretamente en una represa natural situada en la zona profunda del rio que surge por la boca de la cavidad. Cabe la posibilidad, según se ha documentado, de que esa espada pueda formar parte de un rito de propiciación a las divinidades acuáticas, circunstancia bastante extendida en el ámbito religioso protohistórico en toda Europa.

    Volviendo al yacimiento de El Coterón, fue mencionado por primera vez como enclave de interés arqueológico por A.Arrendondo en su conocido artículo "Índice preliminar de poblados cántabros (riaños, cuetos y castros) en los que existen apariencias de restos de civilizaciones prerromanas, precélticas y anteriores, en la provincia de Santander y otras" de la publicación Altamira, identificandolo con el topónimo de Riaño de Hornedo. Detallaba "...terrazas y restos de los poblados cántabros de Cabargo y Rondillo" (Arredondo, 1976-77: 547), siendo esta afirmación una mera hipótesis sin ninguna base científica ni documental. Décadas más tarde el enclave seria visitado por Fernando V. Pablos quien identifica al Sur del cerro una terraza artificial que posteriormente, esta vez acompañado por Eduardo Peralta Labrador (2004), se reafirmaría como una construcción probablemente atribuible a la Edad del Hierro. Muchos pensarán equivocadamente, ¿Y ya está? ¿Dónde están las murallas? ¿Y las cabañas circulares?. Olvidemos los estereotipos y la mitología y volvamos a la realidad..¿Para qué murallas si no hay de qué defenderse? ¿Por qué han de existir cabañas si pudo ser un asentamiento estacional?. Tan solo el tiempo y una posible intervención arqueológica desvelarán las incognitas del castro de El Coterón.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Antxoka Martínez Velasco

  • CUETO DE MOGRO

    El castro del Cueto de Mogro (Miengo, Cantabria) se encuentra situado en un lugar privilegiado, concretamente frente a la desembocadura del río Pas. Fácilmente identificable por su forma cónica, domina un amplio territorio que abarca desde el vecino municipio de Piélagos hasta la conocida Sierra de la Picota, pudiéndose identificar desde aquí sin problema los altos de El Cuco, El Doblo, Tolio y Picota (que le da nombre a la sierra). Se cree, con argumentos muy válidos, que su descubridor fue el padre Jesus Carballo, ya que el año 1943 hace referencia a un castro en el Valle de Pielagos que poseía "triple parapeto" y situado "cerca de Renedo" (Carballo, 1943:187). No existe una referencia directa al castro que nos ocupa, de hecho el señor Carballo nunca se caracterizó por realizar localizaciones geográficas de gran exactitud en sus hallazgos, pero hay apenas dudas de que hablaba de él por varios motivos:

    • Su ubicación: El Cueto de Mogro se encuentra bastante cerca de la localidad que citó en su investigación (Renedo). Si bien es cierto que no pertenece al valle de Piélagos, se encuentra situado "muy en el límite", concretamente en el municipio de Miengo.

    • El aparato defensivo: Curiosamente el Cueto de Mogro posee un sistema defensivo muy poco común dentro de los castros costeros conocidos en Cantabria. Al día de hoy es muy complicado encontrar recintos similares en la zona, ya que la actividad forestal ha podido "ocultar" muchos yacimientos de tipología similar del mismo modo que lo ha hecho en este.

    Pasarían más de 30 años hasta que volviese a ser citado en alguna fuente, ya que Arredondo volvió a hacer referencia al mismo en su clásico artículo de 1976-77 (Arredondo, 1976-77:541). Metidos de lleno en pleno siglo XXI, un yacimiento como este carece de protección alguna (BIC), quedando a expensas de que la parte menos dañada del castro lleve el mismo camino que la ya destruida.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRO DE EL OTERO

    El castro de El Otero (Rueda de Pisuerga, Palencia) es otro de los grandes desconocidos de la arqueología relacionada con enclaves habitados por los antiguos cántabros. Este yacimiento, dado a conocer por Miguel Ángel Fraile López en el año 1990 (Historia Social y Económica de Cantabria. Autoedición, Reinosa) y que ha sido citado en varias ocasiones por diferentes autores, sigue siendo hoy una auténtica incógnita, si bien es cierto que el hallazgo fortuito de una pieza excepcional (de la que hablaremos más adelante) lo ha vuelto a poner en escena.

    Inicialmente fue dado a conocer como castro de Rueda de Pisuerga, si bien es cierto que a día de hoy está más extendido el topónimo de El Otero. Se situado al sureste del pueblo que en el pasado le dio nombre, en una pequeña loma utilizada durante las últimas décadas para labores de labranza. Fruto de esta actividad, se han ido creando diferentes terrazas que hacen muy difícil la identificación de área total del yacimiento, si bien se puede atisbar un amplio tramo de muralla que se ha conservado como reborde de una de las citadas plataformas. Las diferentes hipótesis, basándose en la posible extensión de ese muro y la morfología del alto, dan a entender que estaríamos ante un recinto de unas 4 o 5 hectáreas de extensión. De todos modos los hallazgos en superficie encontrados a día de hoy (restos cerámicos principalmente) indican que el área de ocupación pudo ser mayor, extendiéndose hacia las tierras de cultivo situadas en la ribera del cercano río Pisuerga.

    Aún siendo un enclave identificado y citado desde hace décadas, nunca se ha llevado a cabo ninguna intervención arqueológica en El Otero. No obstante, Ángeles Valle Gómez realizó una campaña de prospección en el área de Cervera de Pisuerga y alrededores, aportando más información a la catalogación del castro. De todos modos, durante una visita al yacimiento, se encontró en superficie un interesante objeto (del que hablaremos en detalle más abajo) que ha dado más motivos si cabe para que el enclave sea estudiado en profundidad: un signum equitum de Bronce.

    Está claro que nos encontramos ante un castro, otro más, de gran potencial arqueológico que aún no ha sido estudiado. Es posible que la actividad agrícola haya podido disgregar (o tal vez destruir) parte de su pasado. Pero no olvidemos que algunos casos, esta actividad de un modo superficial, enmascara y a la vez protege este tipo de yacimientos. Esperemos que en los años venideros tengamos noticias positivas sobre la investigación en El Otero.

    Agradecimientos: Antxoka Martínez Velasco
    Bibliografía: "El signum equitum de El Otero (Rueda de Pisuerga, Palencia) y los signa equitum de la Cantabria Histórica"

  • CHAO SAMARTIN

    Fuera de los límites de Regio Cantabrorum se encuentra el yacimiento de Chao Samartín (Grandas de Salime, Asturias), una de las joyas castreñas por excelencia del norte de la Península. A diferencia de muchos de los castros situados en Cantabria, Chao Martín posee una extraordinaria secuencia estratigráfica que ha permitido su estudio y catalogación del mismo hasta niveles que aquí desgraciadamente tan solo podemos soñar. Es, en definitiva, un icono que queremos resaltar ya no solo por sus características e historia, sino por su musealización y puesta en valor.

    Su existencia como antigua fortificación fue ya reflejada en diccionarios geográficos elaborados durante los siglos XVIII y XIX, aunque no fue reconocido como castro hasta el año 1967 por José Manuel González, quien lo visitó por indicación (y en compañía) de José Lombardia Zarzaín. Habría que esperar hasta el año 1990 para conocer las primeras excavaciones “oficiales” del mismo, concretamente durante la elaboración del inventario arqueológico del concejo. Desde este momento hasta el año 2009 se sucedieron con regularidad diversas campañas de excavación como parte del Plan Arqueológico Director de la Cuenca del Navia. Hasta el año 1994 las excavaciones fueron dirigidas por Elías Carrocera Fernández (Profesor de la Universidad de Oviedo), tomando el mando un año después Ángel Villa Valdés y su equipo de técnicos. Estos últimos serian (y son) los grandes impulsores del yacimiento y de su divulgación.

    El origen del castro de Chao Samartín se remonta a la Edad del Bronce, concretamente en torno al año 800 a.C. Se cree que en este periodo se establecieron sobre la explanada superior sus primeros pobladores, creando un recinto fortificado donde poder asentarse. Ya en la Edad del Hierro el castro sufre una fuerte "remodelación", adoptando las típicas características estructurales de aquella época: fosos, murallas de módulos, cabañas de grandes dimensiones para servicio comunitario, una sauna castreña..incluso talleres metalúrgicos para la transformación de oro, plata y bronce. Son estos aspectos los que denotan la importancia del castro.

    Tras las Guerras Astur-Cántabras, Chao Samartín fue romanizado y convertido en una prospera capital administrativa bajo el control del ejército imperial. Su final fue tan inverosímil como inesperado, ya que fue completamente destruida por un terremoto en el siglo II d.C, quedando totalmente despoblada como civitae hasta tiempos altomedievales, cuando sus ruinas serían reutilizadas como necrópolis en tiempos de la monarquía asturiana.


  • PEÑA DEL CASTRO

    El recinto prerromano de Peña del Castro (La Ercina, León) fue uno de los bastiones vadinienses de la antigua “Regio Cantabrorum”. Se encuentra en la parte más occidental de la antigua Cantabria y en la actualidad las actuaciones arqueológicas allí realizadas han hecho que este yacimiento haya vuelto a la primera línea de las noticias culturales y arqueológicas.

    El castro como tal presenta dos cinturones de muralla bien definidos y a la vista como se puede apreciar en la imagen principal. Entre dichas murallas existen tres espacios claramente separados. El primero de ellos, en la parte inferior del castro, tiene una extensión de 1,22 hectáreas aproximadamente, pudiéndose observar un gran derrumbe hacia el oeste. Desgraciadamente se pueden observar también en este espacio grandes huecos realizados por expoliadores ocasionales..una auténtica pena. Es en este sector donde se puede apreciar indicios de reutilización en época Alto Medieval, exactamente igual que en otros castros situados en el entorno del Macizo de Peñacorada. En el segundo de los recintos, situado a unos 50 metros por encima del primero, tiene unos 4.500 metros cuadrados aproximadamente. Por último, justo a continuación de este recinto, se encuentra el tercero y último. Ocupa una extensión aproximada de 6.085 metros cuadrados y al ser la parte más alta del castro hace las labores de acrópolis.

    Las murallas que lo protegen por la vertiente “más débil” tienen un grosor que oscila entre los 2,30 y los 2,70, siendo estas estructuras similares a las que se puede observar cualquiera de las estructuras defensivas observadas en el área cántabra de la Montaña Oriental. En el lado Norte y Sur del castro no fue necesaria la construcción de grandes muros, ya que las grandes estructuras calizas (farallones) existentes actual de protección natural. No se observan restos de fosos, a no ser que hayan sido colmatados por el derrumbe de la enorme muralla. Eso sí, esta última aparece completamente arrasada (“Castrum Tamen captum deruit est”).

    Por último, cabe destacar que existe un camino próximo al castro con un paso en peña que llama verdaderamente la atención denominado como paso de “La Gobia”. Posiblemente este corte y otro que existe en las cercanías en dirección a la Devesa, son los que dieron el nombre a la Acisa, término que toponímicamente hablando es bastante común en otros lugares del imperio romano: castra intercisa, intorcisa que deriva del verbo latino "intercido" separar por corte.


  • FONTIBRE-ARGÜESO

    El castro de Fontibre-Argüeso (Campoo de Suso, Cantabria) se sitúa en un cerro entre las localidades que le dan nombre. De hecho, por este motivo y por su ubicación entre el Alto de La Campana y el Alto del Hornero, el yacimiento ha recibido y recibe diferentes nombres derivados de todos estos componentes toponímicos: "Castro de Fontibre", "Castro de Argüeso", "Pico de La Hoz", "Pico del Castro", "Pico La Campaña", "Peña Campana" etc. Varios de ellos fueron descartados o reasignados hace años, ya que por ejemplo en las cercanías tanto de Fontibre como de Argüeso fueron encontrados otros poblamientos prerromanos, "adoptando" ambos el nombre de la localidad a la que estaban ligados.

    Su posición estratégica, dominando el valle del Hijar y las vías de comunicación, junto con lo abrupto de sus accesos, hicieron de este lugar un paraje de lo más atractivo para sus antiguos pobladores. No olvidemos tampoco la cercanía de amplias extensiones de terrenos llanos y de suave pendiente, aspectos vitales en la vida cotidiana de aquel tiempo ya que eran ideales para la agricultura y pastoreo. El cerro donde se ubica tiene una altitud máxima de 1059 metros, aunque la zona más propensa para un hábitat confortable (es decir, más llano) se encuentra unos 100 metros por debajo de la cumbre. De forma alargada, el recinto posee en su eje mayor una distancia de 350 metros entre "pared y pared", reduciéndose a tan solo 50-75 en su punto más estrecho.

    El castro fue descubierto por A. Arredondo en la década delos 70. Los estudios iniciales sobre el mismo fueron realizados por Bohigas y Marcos en el año 1985, pero no sería hasta el año 1990 cuando se comenzase ainvestigar a fondo y citar en diferentes publicaciones. Serían Miguel ÁngelGarcía Guinea y E. Van den Eynde, en colaboración con R.Rincón y dirigiendo lostrabajos desde el Instituto Sautuola, quienes iniciasen las excavacionesarqueológicas. Pero antes de nada, veamos un poquito más de su estructura defensiva.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRO DE RETORIN

    El castro de Retorín (Seña-Tarrueza, Cantabria) es otro gran candidato a ser estudiado en el futuro, ya que en nuestros días y al igual que yacimientos como el castro de El Cincho, se encuentra entre un frondoso encinar cantábrico que hace impracticable actividad alguna. La gran diferencia respecto al castro citado es que Retorín, aún sin ser un enclave donde se haya practicado intervención arqueológica alguna, ha sido prolífero en cuanto a materiales hallados en superficie. Y todo partiendo de la base de que, en efecto, si se ha realizado algún tipo de "excavación" para sacarlos a la luz, pero por unos arqueólogos algo diferentes: Los topos. Y no, no estoy bromeando, ya que aun siendo una circunstancia peculiar puede ocurrir como bien experimenté de primera mano en el oppidum de Monte Bernorio, donde aparecían materiales en las pequeñas montoneras de tierra tan típicas de su actividad.

    Volviendo al yacimiento, se encuentra ubicado junto a la localidad de Seña, entre los municipios de Limpias y Laredo. Su privilegiada situación, en la margen oriental de la desembocadura del Rio Asón-Gándara, y su morfología cónica hicieron de este alto un punto ideal para un posible asentamiento. Fue descubierto por Fernando Valentín Pablos Martínez en 2004 en el transcurso de una ruta de senderismo. Ya entonces se atisbo el potencial arqueológico de Retorín, sobre manera por la citada concentración de materiales en superficie, por lo que fue comunicado a la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria. Tras la entrega y posterior catalogación de las piezas en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, en Febrero de 2005 se contrasta la noticia por el arqueólogo Pedro Rasines del Río, incluyéndose dos meses más tarde en el INVAC (Inventario Arqueológico de Cantabria) con categorización de asentamiento al aire libre. En 2006, gracias sobre manera a la iniciativa del arqueólogo Jesús Ruiz Cobo, se publica el primer artículo relacionado con el castro de Retorín en la conocida Revista Sautuola número XII, dando esto lugar a pensar en la potencia arqueológica del enclave aún sin haber sido excavado. Desgraciadamente desde entonces poco o nada más se sabe de este increíble y misterioso lugar a nivel científico, del que seguiremos esperando expectantes alguna novedosa noticia.

    Agradecimientos: Pedro Rasines del Río - Jesús Ruiz Cobo
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • CASTRO DE EL PERUL

    El castro de El Perul (Villadiego, Burgos) es otro de los grandes recintos defensivos prácticamente desconocido. Se ha citado en muchas ocasiones como "castro cántabro" cuando se encuentra inmerso en territorio Turmogo, de modo que la primera afirmación no sería fehaciente. Teniendo en cuenta que nos encontramos territorialmente en una "zona fronteriza", y sin tener la certeza del área exacta que ocupaba cada una de las tribus que compartían espacio divisorio en estas tierras, no se podría afirmar de tal modo. Pero volviendo al yacimiento como tal, y una vez visitado, nos encontramos ante un recinto castreño espectacular. Eso si, nuevamente ocupado por un parque eólico tal y como ocurre en el castro del Pico Nava y como se pretende en La Espina del Gallego, el campamento romano de Cildá o el oppidum de Monte Ornedo, Bienes de Interés Cultural en Cantabria.

    Es citado por Eduardo Peralta Labrador en su obra "Los Cántabros antes de Roma" (2000), circunstancia por la cual puede que haya sido confundido como cántabro por los lectores. Peralta Labrador lo deja claro, ya que lo incluye en el capítulo "El Territorio Cántabro: Frontera Meridional" e inequívocamente lo ubica en territorio Turmogo. Además en una zona (junto al río Odra) donde "conviven" fronterizamente hablando los cántabros, los vacceos y el citado pueblo de los turmogos. Habla también de la diferenciación existente entre los castros ubicados al Sureste de Amaya, en dirección a la zona de Ubierna, que nos trasladan de una sociedad más dedicada a la economía pastoril y que a medida que vamos "bajando" hacia los castros de llanura, a la una sociedad y economía basada principalmente en la agricultura y el cereal. No olvidemos que una de las ciudades turmoga por excelencia citada por Ptolomeo, Bravum, se ha ubicado históricamente a unos 25 kilómetros en línea recta desde El Perul, en la Nuez de Abajo. Afirmación refrendada por las ultimas investigaciones realizadas en el conocido como "Páramo Ciudad" de la citada localidad.

    De lo que no cabe duda es de que estamos ante un yacimiento espectacular, totalmente abandonado a su suerte. Un pequeño panel "indicativo" (realmente dice poco o nada del enclave, pero al menos está) al final de la atalaya rocosa nos indica que estamos en un castro prerromano..y poco más. Cierto es que, dentro de lo malo, el parque eólico ha hecho que podamos acceder en coche hasta el mismo..pero nada al respecto de sus potentes murallas ni de investigaciones futuras (ni pasadas, ya que no existen). Curioso que nuestro futuro energético pase por destrozar o abandonar nuestro milenario pasado..una ventana abierta a lo que pasará en Cantabria si nadie (que no parece que haya mucho interés) lo pare a tiempo.


  • CASTRO DE PEÑARRUBIA

    El castro de Peñarrubia (Tarriba, Liérganes) se encuentra situado en el flanco sur de Peña Cabarga, muy cerca del conocido castro de Castilnegro desde el que es perfectamente visible. Se ubica en una pequeña elevación que aún sin ser especialmente alta, a 222 metros sobre el nivel del mar, destaca sobre las que le rodean por encontrarse ligeramente separada del resto. Fue descubierto por Eduardo Peralta Labrador y Federico Fernández en el año 1999, durante el desarrollo de la primera campaña de excavación en Castilnegro y su entorno inmediato. Un año después se realizó la única intervención arqueológica realizada hasta nuestros días, siendo dirigida y llevada a cabo por sus descubridores. Los trabajos realizados en la misma, que detallaremos más adelante, consistieron en la apertura de dos sondeos que, si bien fueron prolíferos en cuanto a materiales y dieron pistas vitales sobre su posible origen, no sirvieron para adscribirlo cronológicamente de un modo definitivo. En los años posteriores se solicitó permiso a la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte para continuar con la intervención de este enclave englobándolo dentro del proyecto de estudio del entorno del castro de Castilnegro , pero fue denegado por considerarse un nuevo proyecto que nada tenía que ver con el anterior..viva el vino.

    La morfología del castro y sus estructuras son muy sencillas, con un solo derrumbe de muralla que se inicia en el sector Suroeste y describe un arco que transcurre hacia el Noreste del castro. La construcción de estructuras en el resto del recinto fue totalmente innecesaria, ya que posee defensas naturales, como se aprecia en la imagen, que encierran junto a las murallas una fortificación de alrededor de 1 hectárea. A simple vista se puede apreciar aún en nuestros días algún tramo de mampostería caliza de aparejo irregular, pudiendo además contar con una posible rampa de acceso en el sector Noroeste que deberá estudiarse en el futuro.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)