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Estela de Zurita (Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria)

Remontándonos miles de años atrás (en la Edad del Hierro) podemos ver que la Península Ibérica estaba poblada por dos grandes grupos fundamentalmente: Los Iberos y los celtas. Los primeros dominaban por completo la zona de Andalucía y el mediterráneo. Se cree que esta civilización descendía de los pueblos norteafricanos o mediterráneos. Su nivel cultural era increíblemente avanzado para su época, y comerciaban con otras grandes culturas como los griegos y cartagineses. Eran la antítesis del otro pueblo reinante: los celtas. Estos últimos procedían del centro de Europa, y se encontraban muy integrados con las etnias ibéricas. Ocupaban la parte interior, norte y occidental de la Península Ibérica. Era evidente, por la gran cantidad de terrenos que ocuparon, que eran gente guerrera, sin poder llegar a compararse con los íberos culturalmente hablando.

Siempre se ha creído que todos los pueblos del norte de la Península descendían o formaban parte del grupo de los celtas. Obviamente galaicos y astures poseen unas raíces muy definidas con este pueblo, pero el caso cántabro es bastante diferente. Se cree, por varios motivos que la influencia celta no fue tan constante en el cantábrico oriental (Cantabria y País Vasco). Un ejemplo claro es la conservación de la lengua vasca, ya que si el dominio de los celtas hubiese sido completo muy posiblemente hubiese desaparecido o estuviese en mayor desuso. Algunas fuentes citan a los cántabros como el resultado entre los pueblos indígenas del lugar (íberos o ligures) con los celtas haya por el siglo VIII a.C. En los últimos 75 años se ha escrito mucho sobre el origen de los cántabros, ya que citar tan solo la teoría anterior nos podría llevar a error. Uno de los primeros estudios que se realizaron para determinar la lengua de los antiguos cántabros se realizo en el año 1955, más concretamente por Antonio Tovar. Las conclusiones nos dicen que su lengua era claramente del estilo indoeuropeo (celta y antiguo europeo precelta). Contemporáneos como Joaquín González Echegaray y Eduardo Perarta confirman el carácter indoeuropeo céltico del mismo.

Cabe destacar que el mismo término "cántabros" esta formado por la raíz celta "kant-" (roca, piedra, peñasco) y el sufijo "abr-", siendo los dos muy comunes dentro de las lenguas indoeuropeas. La conjunción del mismo significa algo como "pueblo/tribu que habita en las peñas" o "montañeses". Los nombres de las tribus pobladoras de la antigua "Cantabria" también posee raíces comunes del celta: Ejemplo claro es la tribu de los orgenomescos, nombre compuesto por "org-no-" y "mesk-". El sufijo significa matar, destruir, mientras que el prefijo alude a la embriaguez o borrachera. El resultado de su unión nos lleva a "los que se embriagan con la matanza". Estos argumentos son lo suficientemente claros para pensar que la parte oriental también tuvo una intensa influencia celta, aunque autores como Adolf Shulten discrepasen en cierto modo. En su libro "Cántabros y Astures y su guerra contra Roma" nos dice que el pueblo cántabro era un pueblo céltico, pero que estaba dominado por una élite social de tipo ibérico. Esta extraña afirmación se basa en datos y pruebas dudosas, como la utilización de falcatas (espada) en sus disputas contra Roma. Este arma es de claro origen ibérico, aunque eso no quiera decir que por utilizarla en el norte perteneciese a esta cultura. De hecho, el historiador Fernando Quesada Sanz nos dice que no existe NINGUNA prueba arqueológica de que el uso de este arma estuviese extendido en la zona cantábrica.

Por último debemos de apuntar otro argumento de gran peso para recalcar el origen indoeuropeo / celta de los cántabros: Siempre aparecen luchando al lado de pueblos como los vacceos (celtas) o los aquitanos (indoeuropeos), mientras que los autrigones y berones apoyaron siempre a Roma. Debemos de concluir con esto que la presencia de los cántabros en el panorama norte de la Península se decantaba de parte de los celtas, siendo además unión y frontera con la parte más oriental del norte, la cual no poseía ni mucho menos mucha influencia de los mismos, como hemos podido comprobar con los apoyos bélicos y la perseveración de la lengua vasca.

 

Representación de los antiguos cántabros

Las costumbres de las tribus cántabras iban muy relacionadas con las guerras y enfrentamientos. Como no los diferentes pobladores tenían lazos de afinidad en su manera de actuar, pero siempre manteniendo una distancia político-social que al final seria su perdición en las Guerras Cántabras. Como hemos comentando en los diferentes apartados vemos que los cántabros además de organizarse en diferentes tribus, lo hacían en clanes. Ni siquiera el dominio romano pudo acabar con esta jerarquía. Sus viviendas se agrupaban en castros, poblados situados en lo alto de los montes para defenderse de las agresiones con más seguridad. Quien no ha oído nombrar alguna vez Amaya, Monte Cildá, Monte Bernorio, Celada Marlantes, Castrillo del Haya. Se cree a ciencia cierta que muchos de ellos de eran de tamaño colosal, siendo indispensable para albergar tribus enteras en tiempo de guerra..como no. Uno de ellos no solo fue importante en tiempos de los antiguos cántabros sino en la época actual: El Castro de Las Rabas (Celada Marlantes). En este gran castro se han recuperado decenas de objetos tales como fíbulas, cerámicas, cuchillos, etc.

Era costumbre entre los antiguos cántabros vivir en la zona sur de lo que hoy conocemos como "Cantabria", ya que el clima era menos riguroso y sus montes eran menos escarpados. No obstante, y contradiciendo muchas teorías, se han encontrado diferentes asentamientos cerca del mar: Castilnegro (Peña Cabarga), Peña Samano (Castro Urdiales) o La Garma (Omoño). Se cree que muchas de las tribus cántabras poseían una estructura claramente matriarcal, aunque no todas. En las que sí, las mujeres eran las encargadas de los cultivos y de la gestión del terreno, mientras que el hombre se dedicaba a la caza y a la guerra. La descripción del cántabro modelo era de un hombre fuerte y fornido, siendo una de las definiciones más curiosas la del poeta Silo Itálico, el cual hace referencia a un grupo militar cántabro dentro de las Guerras Púnicas, como no englobados en el bando de Anibal.

El miembro más destacado de esa milicia se llamaba Laro del que decía que "El cántabro Laro, aún desprovisto de dardos seguía siendo temible por la naturaleza de sus miembros y su gran corpulencia". Se sabe que dormían en el suelo, que se bañaban con agua fría y que comían una sola vez al día de manera abundante. Además eran aficionados a los bailes a los juegos atléticos y militares..como no. Por desgracia para ellos se dice que sus conocimientos sobre medicina eran muy precarios, llevando a sus enfermos a los caminos a ver si alguien de los que por allí pasasen podría auxiliarle. Los romanos siempre achacaron sus bárbaras costumbres a varios factores: su carácter guerrero, la incomunicación de sus tierras y a la dureza del clima.

Como hemos visto en el apartado anterior, el pueblo cantabro se vio fuertemente influenciado por los celtas que por aquel entonces ocupaban gran parte de la Península. Los cántabros se asentaron en gran parte del sector oriental de la cordillera cantábrica, desde las inmediaciones del río Sella (frontera con los astures), hasta el río Asón o Agüera (territorio de los Autrigones). Que duda cabe que el territorio cantabro era bastante mayor que las fronteras actuales, ocupando la parte oriental de Asturias, Noroeste de León, el Norte de Burgos y la montaña Palentina. Lo que hoy conocemos como Castro Urdiales y el valle del Agüera eran, con toda certeza, territorio aparte de Cantabria. Pueblo indomable, se le hace referencia por primera vez en el siglo II a.C, mas concretamente en el año 195 a.C. Catón se refiere a nuestro pueblo en sus escritos de la campaña de Roma contra los celtíberos. Aún así, no se tendría referencia alguna sobre los cántabros inmersos en una guerra hasta el año 151 a.C, en la campaña de Lúculo, siempre obviando algo evidente como fue la participación de los mismos en las guerras Púnicas. Por suerte o por desgracia para este pueblo, ha sido mencionado en decenas de conflictos entre los diferentes pueblos celtas contra Roma. La siguiente afirmación de Silio Itálico en el siglo III (326-331 d.C) nos da a entender la fiereza de nuestros antepasados:

"El cántabro, invencible ante el frío, el calor y el hambre, se lleva antes que nadie la palma en toda clase de trabajos. ¡Admirable amor a su pueblo! Cuando la inútil edad senil comienza a encanecerle, pone fin a sus años, ya no aptos para la guerra, envenenándose con el tejo. Para él es imposible vivir sin la guerra, pues toda la razón de su vida la pone en sus armas, considerando un castigo vivir para la paz."

Dejando un poco de lado la cara bélica de los cantabros centrémonos en las tribus que poblaban "Cantabria" y sus inmediaciones por aquel entonces, ya que todos ellos fueron protagonistas directos o indirectos de nuestra historia.

ORGENOMESCOS

Tribu increíblemente belicosa, ocuparon gran parte del territorio entre en el río Salia o Saelia (Sella hoy en día) al Oeste y el río Nansa al Este. Su dominio también incluida las costas orientales astures y occidentales cantabras, bañadas estas por el mar Cantábrico. Al sur limitaban con los vadinienses. Como hemos explicado anteriormente, su nombre daba clara muestra de su fiereza: "los que se embriagan con la matanza", siendo esta tribu dirigida por un terrible guerrero llamado Corocotta. Es bien conocida la valentía y el coraje de este gran líder cantabro, ya que no se sabe bien si por arrogancia o por otros motivos, fue capaz de entregar el mismo su propia cabeza ante el emperador Augusto para cobrar la recompensa de 200.000 sextercios. Este acto dejo tan impresionado al emperador que le perdono la vida y le dio la recompensa.

VADINIENSES

Los vadinienses fueron la tribu cantabra más occidental del antiguo territorio (hoy Asturias). Este grupo poseía una jerarquía social muy estructurada, regida como no por un jefe, apoyado en gran parte por consejos de ancianos. Existía además un estamento menor, el clan, formado por diversas familias con antepasados comunes. En nuestro caso en concreto eran 4 los clanes: Arcaedunos, Aroniaecinos, Cantianos y Corovescos. Como es de esperar vivían en castros y su capital era Vadinia. Debemos de saber que las tribus cantabras en su mayoría eran dominadas/regidas por línea materna. Así la gentilidad se formaba por línea femenina y las mujeres casaban a sus hijos, además de ser las hijas herederas. Además eran las vadinienses las encargadas de transmitir los derechos de la propiedad. Cambiando de tercio, todos ellos visten, como norma general, de negro con túnicas con las que también se acuestan sobre las camas de paja. Los hombres vestían túnica atada con un cinturón, completando el atuendo con una especie de sombrero o gorra y abarcas de cuero. Por otro lado ellas llevaban enaguas y vestidos con bellos bordados de flores. Se cree que tanto hombres como mujeres dejan sus cabellos largos y sueltos según la costumbre femenina, aunque en el caso de los guerreros era distinto, ya que se ponían una banda en la frente para su comodidad. Como buen guerrillero, el armamento del vadiniense estaba compuesto de armas ligueras: dardos, puñales, lanzas. Un dato que pudo llevar a error al escritor Adolf Shulten fue la posible utilización de los vadinienses de la falcata. Este arma de origen ibero consta de una hoja curvada de alrededor de 45 cm. Para defenderse poseían escudos cóncavos hechos principalmente de cuero, con una parte central de madera donde se colocaba un umbo metálico. ¿Por qué?, muy sencillo: para proteger la mano en el caso de que algún arma o proyectil enemigo atravesase el escudo.

SALAENOS

Esta tribu surgió como una división de los cantabros orgenomescos. Tenían como capital la desaparecida población de Octaviolca y extendían sus dominios hasta Colunga, Arriendas y Llanes. Al igual que sus vecinos los orgenomescos eran guerreros temibles y aferrados como nadie a su libertad. Tal era ese sentimiento que preferían la peor de las muertes antes que perder esa libertad. De hecho comían hojas de tejo, o se arrojaban vivos al fuego o incluso se hacían matar por sus propios hijos. Todo por no caer en manos de los romanos, los cuales los esclavizarían y humillarían. Este afán de libertad era tal que no existió ningún otro pueblo prerromano capaz de humillar de tal manera a las gloriosas Aguilar imperiales de tal manera durante 10 años (29-19 a.C.). Es realmente impresionante el castigo que infringieron a las legiones romanas, llegando a obligar a retirarse a la conocida legión de "Augusta" debido al miedo que estos les tenían. Esto hizo que el propio emperador de Roma tuviese que venir al territorio cantabro para dirigir personalmente las operaciones.

CONCANOS

Según los historiadores, los concanos eran una población con una identidad muy definida y, aún siendo fieros aliados de las tribus guerreras, eran muy distintos a sus vecinos. Formaron parte de las ocho tribus más importantes de la época y opusieron tremenda resistencia contra los romanos. La ciudad de Concana (su "capital") aparece en el siglo I a.C. como una de las escasas "civitatis" identificadas. Siempre han existido diferentes teorías sobre la ubicación de esta ciudad. Ptolomeo la ubica en el mismo meridiano de Juliobriga, y por el contrario, Joaquín González Echegaray la sitúa en la zona de Liébana, cerca del pueblo que aún hoy se sigue llamando "Congarna". En las Odas de Horacio publicadas en Roma en el año 23 a.C se describen las costumbres de los mismos como "bárbaras". Además se destaca su afición de beber sangre de caballo como rito al dios de la guerra. Su valentía y ferocidad fue reflejada de nuevo por Silio Itálico les llevaría a combatir junto a Anibal en la segunda Guerra Púnica. En las Guerras Cántabras la única manera de conseguir la paz con ellos fue destruirlos por completo, consiguiéndolo solamente 10 años después de comenzar la lucha. Al igual que las demás tribus tenían un fuerte sentimiento de libertad, unido esto a su inconmensurable fortaleza física y su bravura, hicieron de los concanos una tribu con gran peso en la antigua Cantabria.

AVARIGINIOS

Tribu mercenaria (como no) con unas tremendas cualidades para la lucha. Se situaban a las orillas del río Namnansa (Nansa), y destacaban por sus increíbles cualidades físicas: altos, corpulentos, tez morena, largos cabellos y cráneo ancho. A diferencia de las grandes tribus como los concanos o los vadinienses, los avariginios vivían en pequeños poblados sobre las colinas, circunstancia que les daba ventaja a la hora de vigilar los valles. En esta tribu la autoridad residía en los hombres, tanto a nivel bélico como a nivel familiar, aunque se tiene constancia de que las mujeres también participaban en la guerra. Cabe destacar una costumbre avarigina, la cual recibe el nombre de la "covada", donde el hombre después de dar a luz la mujer, este se mete en la cama y la mujer se encarga de atenderle. Toda una curiosidad. En su vida cotidiana comían según su orden jerárquico y edad, en bancos corridos junto a los muros de sus viviendas, y pasándose los alimentos unos a otros. Sus recipientes o vasijas eran de madera, calentado su contenido con piedras o cantos sacados de la hoguera que introducían en los mismos. Esta práctica se sigue utilizando hoy en día por los pastores de la montaña en Cantabria. Dormían sobre camas de paja, se lavaban con agua fría y utilizaban su propia orina para limpiarse la boca. Sus adornos eran de gran belleza, destacando hebillas de bronce, alfileres y arracadas de oro en forma de luna.

BLENDIOS

Los blendios ocuparon una franja bastante amplia en la parte centro de la antigua Cantabria, mas concretamente lo que hoy conocemos como el valle del Besaya, desde Reinosa hasta Suances. En toda esta zona encontramos infinidad de iconos elementales de la antigua Cantabria: Juliobriga, la calzada Romana, Portus Blendium, las estelas…Al igual que las tribus restantes, intentaron por todos los medios parar el avance romano, liderados como no por el temible Caudillo Numa.

CONISCOS

Los coniscos fueron la tribu más oriental de la antigua Cantabria, limitando con los Autrigones, tribu no considerada cantabra. Estos últimos siempre estuvieron aliados con las tropas romanas, no solo en las Guerras Cantabras, sino en otras guerras contra los celtas. Hace miles de años ya eran nombrados por los historiadores Pinto o Estrabón, incluso Plinio los situaba en el rio Sanga o Sauga (Se cree que el Asón), dentro del territorio conisco (valle de Ruesga). Se sabe que esta tribu fue la pobladora de estos valles mucho antes de la llegada de los romanos, ya que el primer vestigio de los mismos esta datado del año 1650-1400 a.C. En la cueva de Liusa se encontraron tres espadas de bronces con remaches de plata, creyéndose que este conjunto se trataba de un ajuar funerario. Se sabe que las armas que portaban los Coniscos son la falcata, hacha de doble filo, maza de madera, lanza y escudo.

Posición del caldero de Cabárceno en la mina "Crespa" al ser descubierto en 1912.

Se sabe a ciencia cierta que los cántabros, inmersos siempre en algún conflicto bélico, tenían unas costumbres bastante simplificadas. Sus recursos no eran ilimitados, consecuencia de varios factores como el clima, el terreno, etc. Debido a esto, por ejemplo, su nivel agrícola era bastante precario, y por esto su productividad era escasa. Su aportación agrícola o vegetal más importante venia de la recolección. Bayas, frutos, avellanas, castañas, nueces el territorio que ellos poblaban eran rico y abundante en este tipo de alimentos. Además, su aporte energético más importante era la carne. La ganadería de las diferentes tribus, en muchas ocasiones, era de cabras. Este animal se adaptaba por completo a las duras condiciones que reinaban. Les proporcionaba leche, carne y una excelente piel con la que cubrirse. No obstante existen evidencias claras de que los cantabros se dedicaban a la pesca, marisqueo y caza de jabalís y corzos. Una de las prácticas que les proporcionaba beneficio era el pillaje. Las incursiones para robar ganado, pieles, alimento, eran constantes. Entre ellos solía haber cierta tendencia a respetarse, mientras que los autrigones, vacceos y turgomos eran sus victimas habituales. Todo por la supervivencia., y por que no por fastidiar a las tribus vecinas. Se sabe que también en aquella época tuvieron relaciones comerciales con otros pueblos de diversos orígenes: celtas, iberos, e incluso culturas extranjeras como por ejemplo pueblos de las islas británicas. Claro ejemplo de este comercio es el conocido "Caldero de Cabarceno". Expertos coinciden que esta maravilla de bronce puede proceder de irlanda o territorios cercanos.

Era común que todas las tribus del territorio venerasen a todo tipo de elemento natural: el sol, los montes, los lagos, los bosques… Uno de sus dioses más representativos, por los descubrimientos realizados hasta ahora, es un posible dios solar. Las estelas encontradas en Barros, Lombera y Zurita hacen entender que el astro rey era blanco de sus plegarias. Se cree que estos monumentos fueron creados antes del dominio romano en Cantabria, aunque también existe constancia de elementos religiosos de este tipo bajo el yugo de Roma. Por ejemplo, trasladándonos al municipio de Cabezón de Liébana podemos ver que existe una estela discoidea con inscripciones latinas. En la actual Cantabria y provincias limítrofes (Palencia, Burgos) se han encontrado infinidad de elementos que nos descubren la variedad de dioses que los antiguos cantabros adoraban: Existía un dios todopoderoso que con el paso del tiempo fue asimilado con el Júpiter romano. Cabe destacar que de este último se encontró una escultura de bronce en Herrera de Camargo, la cual le rendía culto. También nos encontramos con el dios "Erudinus" a quien se veneraba en el monte Dobra (Torrelavega). Se cree que uno de los iconos religiosos de la Edad de Hierro se llamaba "Cantabria", y no era un dios, sino una diosa tal vez relacionada con el culto a la Luna. Se encontró un ara en el Danubio dedicada a Cantabria. ¿Por qué tan lejos?, recordemos que los cantabros estuvieron enrollados en infinidad de guerras fuera de nuestras fronteras. Hablando de guerra, no debemos de olvidar a un dios de la guerra, que más tarde seria asimilado como Marte, al cual se le ofrecían en sacrificio cabras, prisioneros y caballos. Se encuentra reconocido el hecho de que los cantabros ofrecían prisioneros en gran número a sus dioses para ganarse su beneplácito.

Siguiendo con los numerosos objetos relacionados con la religión en Cantabria nos desplazamos hasta el Monte Cildá. Allí se encontró un ara dedicada a la diosa Mater Deva, diosa conocida en el entorno celta y relacionada con el elemento del agua. Gracias al nombre, podemos establecer un nexo entre el río Deva y el poder de sus aguas. Este afán de veneración al agua no solo se practicaba en el interior, sino también el la costa. En la zona de Castro Urdiales fue encontrado una pequeña escultura de bronce de la cual se cree que esta dedicada al dios del mar. Nuestro "neptuno" (asimilación posterior) cantabro es un joven imberbe con un collar en forma de media luna. Además aparecen otros elementos clásicos como pueden ser el delfín en la mano y el tridente en la otra. Con esta figura dejamos atrás una breve introducción sobre los diferentes dioses y su asociación, pero ¿Qué se sabe de los rituales funerarios en Cantabria?. Existe la tendencia a pensar que las cuevas que recorren nuestro territorio eran tomadas como parte fundamental en ritos funerarios, aunque de la forma o conjunto de los enterramientos tampoco hay gran información. Se presupone que los difuntos que no yacían en el campo de batalla eran incinerados. Los que allí morían era dejados, al aire libre, para que los buitres abriesen sus entrañas y transportase su alma al cielo (Estela de Zurita). Por otro lado, en varias lápidas encontradas por todo el territorio, aparecen animales como ciervos o caballos, interpretando que las antiguas tribus pensaban que estos animales también transportarían el alma a un lugar mejor. Bárbaros o no, se sabe a ciencia cierta que los cantabros tenían un lado espiritual bastante fuerte, que unido a su ansia de libertad e independencia hacían de cualquiera de ellos el guerrero perfecto, consciente de que el morir por su tierra era su destino.

ARA DEL MONTE DOBRA

Ara funeraria del Monte Dobra

En este pico Hermilio Alcalde del Río encontró en 1925 un ara, un altar dedicado al dios indígena Erudino (contiene una inscripción a deo Erudino) y datado originalmente en el año 399 d.C y en el 161 d.C a partir de la década de 1990. La fórmula interpretada es la siguiente:

CORNE(lius) VICANVS

AVNIGAINV(m),

CESTI (i) F(ilius) ARA(m)

POSSUIT DEO

ERUDINO, X K(alend)is

AVGVS(sti) MA(nlio) EV(tropio) CO(n)S(ulibus)

Así mismo, la inscripción está ligada al grupo parietal Aunigainum, del cual se ha especulado que demuestra la pervivencia de rasgos culturales cántabros en la Cantabria romanizada.