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Guerras Cántabras

No existe mejor manera para definir a un guerrero cántabro que las palabras escritas por el poeta Horacio: "Cantabrum indoctum iuga ferre nostra", que viene a decir algo como que "El cantabro, no enseñado a llevar nuestro yugo". Antes de las Guerras Cantabras ya habían demostrado su enemistad con Roma. Participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma según nos cuenta Silo Itálico. También ayudaron a los vacceos, a los cuales solían robar ganado, en la guerra de la meseta castellana contra los romanos en el año 151 a.C. Se dice también que los romanos huyeron despavoridos de Numancia al saber que cántabros y vacceos tenían firmes intenciones de ayudar a los numantinos. Se cree, siendo motivo de estudio, que también tomaron parte en las guerras sertorianas, además de ayudar a los aquitanos en las guerras por defender la Galia. Poco antes de las Guerras Cántabras esta noble gente fue de nuevo la pesadilla de Roma en la batalla de Lleida (año 49 a.C) según testimonio directo del mismísimo Cesar. Sus armas eran muy básicas, ideales para la táctica de guerrillas. Para defenderse llevaban una coraza, casco de cuero y escudo, pudiendo ser este de dos tipos (pequeño o grande según la circunstancia). Para el ataque que mejor que dardos, lanzas, espadas pequeñas y puñales, sin obviar el misterioso hacha de doble filo, del cual se tiene muy poca información. Cabe destacar dentro de sus decenas de habilidades que eran esplendidos jinetes, llegando a incorporar la mismísima caballería romana muchas de ellas incluso con el mismo nombre. Al combatir entonaban himnos de guerra, incluso en la cruz cuando eran torturados por los romanos. Increíblemente valientes y brutales a la vez, en ningún caso querían perder lo que más amaban: su libertad, llevando a matarse entre si para no ser esclavizados.

 

Castro cántabro de Santa Marina (Valdeolea)

Una vez conquistado el territorio de Regio Cantabrorum, los romanos se comenzaron a asentar en el territorio. Como hemos dicho antes, su objetivo no fue reprimir las incursiones cántabras en sus tierras de la Meseta, sino posiblemente el hacerse con nuestras riquezas, tanto oro (astures) como hierro (cántabros). Con su llegada las tribus fueron bajadas de los montes y los castros hacia los valles, donde fueron dispersados y esclavizados. Poco a poco la civilización romana iba calando, y prueba de ellos fue la aparición de tres importantes puertos: Portus Victoriae (Santander), Portus Blendium (Suances), Postus Vereasueca (San Vicente de la Barquera) y Portus Samanum. Justo al lado de este puerto estaba uno de los iconos de la presencia romana en Cantabria: Flaviobriga, de la cual existen restos en el subsuelo de Castro Urdiales. Esta última no puede clasificarse dentro del antiguo territorio cántabro, ya que pertenecía a los Autrigones, justamente en la "frontera oriental". Los geógrafos (Plinio, Mela o Estrabón) escribieron tantos datos y características que en la actualidad nadie se plantea la ubicación de estos lugares. En cambio, si avanzamos al interior, vemos que la localización de los asentamientos romanos es más difusa. Hacia el siglo II d.C, Ptolomeo aporto datos confusos sobre la situación de ocho ciudades o poblados cántabros de relevante importancia, además de las ciudades romanas. En primer lugar hizo referencia a la ciudad de Konkana, capital de la tribu de los Concanos. Se tienes varias hipótesis: según sus indicaciones se podría ubicar cerca de Santillana del Mar. De hecho en el pueblo de Vispieres aparecieron restos de una calzada y cerámica. Otra hipótesis más actual sitúa esta ciudad en la comarca de Liébana, más concretamente en Congarna. Destacar otro asentamiento, en este caso de la tribu de los Orgenomescos: Argenomeskon.

Uno de los núcleos conocidos actualmente se encuentra cerca de Olleros de Pisuerga, más concretamente en el Monte Cildá. Icono de la belicosidad cántabra, en él se libraron crudas batallas contra los romanos. Se le atribuyen varios nombres, los cuales pudieron depender de las distintas épocas y pobladores del lugar: Vellika, Bergida o Attica. Lo que fue la población o ciudad en si se ubicaría en lo que hoy conocemos como el pueblo de Mave, mientras que el entramado defensivo se encontraba en el alto. Actualmente existen restos de una muralla defensiva construida allá por el siglo V, la cual pudo ayudar a contrarrestar los ataques germanos de aquel entonces.

Campamento de las Guerras Cántabras en Los Corrales de Buelna

Es difícil describir el esfuerzo y la pasión desbordante que posee la gente de AGUECAN (Asociación Guerras Cántabras). Para mi es todo un honor hacer un pequeño hueco en el nuestra sección a estas valerosas gentes, amantes de nuestra historia y de nuestro pasado. Unas 1800 personas hacen que el municipio de Los Corrales de Buelna se transporte místicamente al pasado para convertirse en lo que, porque no, pudo ser 2000 años atrás. La fiesta "Guerras Cántabras" toma como base los hechos acontecidos en nuestra tregión allá por los años 29-19 a.C, destacando entre todos los hechos históricos los más relevantes como por ejemplo La Gran Guerra (27-25 a.C). En aquel lejano tiempo el propio emperador César Augusto se tuvo que trasladar en persona al territorio cántabro para dirigir las operaciones. El valle de Buelna fue un enclave decisivo para la guerra contra nuestro pueblo. En San Felices de Buelna se encontraba el Campamento de Tarriba, en Los Corrales de Buelna la calzada del Monte Fresneda, además de los vestigios prerromanos en el monte Dobra y en las termas de Las Caldas. Como no, mencionar al vecino valle de Iguña, que también esta plagado de iconos de relevancia sin igual: los castro de Cueto del Agua, Alto del Cueto o Espina del Gallego.

Como bien dicen, los objetivos que persiguen están orientados a mostrar al resto de la región una fiesta que sea referencia, tanto historia como icono cultural. El ensalzar el espíritu de aquellos guerreros indomables hace de esta fiesta algo especial. Debemos de decir que los actos de "Las Guerras Cántabras" se suelen prolongar a lo largo del mes de septiembre, normalmente los primeros fines de semana. No obstante en los enlaces que mostramos a continuación podremos ver con mucha más exactitud las fiestas e itinerarios. Muchas Gracias AGUECAN por vuestra labor.

www.guerrascantabras.net

Cronología de las Guerras Cántabras

Adentrándonos ya en el origen de la guerra, los romanos llegaron a la Península en el año 218 a.C, principalmente para librar una batalla contra los cartaginenses. Lo que no se sabia es que su objetivo real era hacerse con parte del mediterráneo. A lo largo del siglo II a.C Roma siguió como una apisonadora por el resto del territorio, luchando ferozmente contra los pueblos indígenas. Lo historiadores romanos justifican el inicio de las Guerras Cántabras debido a las constantes incursiones de los cántabros en sus tierras de la Meseta, posiblemente para robarles cereal. Este seguro que estas acciones fuesen ciertas, pero nada más allá de la realidad. ¿No estarían los romanos más interesados en el oro astur o en el hierro cántabro que en unos puñados de trigo?. Además, y fuese cual fuese el motivo real, estos pueblos no eran buen ejemplo para los ya conquistados, incitando sobre manera a la rebelión. En aquellos momentos (29 a.C) las tribus cántabras, aún encontrándose compartiendo territorio, no se encontraban unidas jerárquica y políticamente, motivo por el cual es probable que acabasen sucumbiendo. Se sabe que en este enfrenamiento los vacceos se sublevaron y lucharon al lado de los cántabros y astures, los cuales también habían usurpado parte de las pertenencias de los vacceos en el pasado. Aún así militarmente se unieron, aunque las diferencias anteriormente citadas fueron un lastre demasiado pesado. Siempre se suele hacer alusión a un líder, capaz de dirigir a los cántabros: Corocotta. Se cree que pertenecía a la tribu de los orgenomescos y era un guerrero sin igual. Fue capaz de presentarse delante del mismísimo Augusto y reclamar la recompensa de 200.000-250.000 sextercios (he visto los dos datos en diversas fuentes) por su propia cabeza. Ante este gesto tan valeroso el emperador le dejo marchar libre con la recompensa.

El primer objetivo de los romanos era recuperar el territorio de los sublevados vacceos, librándose una gran batalla en la Meseta Castellana, donde cántabros y astures tuvieron que refugiarse en sus montañas ante el asedio. Entre los años 29-26 a.C no hubo más escaramuzas al sur de la cordillera Cantábrica. En la primavera de este año (26 a.C) el propio emperador, Octavio Augusto, se dirige en persona a Hispania para supervisar todas las operaciones en la Península, haciendo hincapié en el territorio cántabro. Se dirige a Segisama (Sasamón, Burgos) donde establece su base de operaciones. La preocupante situación comenzaba a sonar en todo el imperio, y Augusto estaba deseoso de machacar a los cántabros. El imperio se vio obligado a traer 7 legiones debido a la ferocidad de los cántabros, sumando un total de 70.000 hombres: I Augusta, II Augusta, IV Macedónica, VI Victrix, IX Hispaniensis, V Alaude, X Gemina XX Valeria Victrix. Por desgracia para el emperador su animo fue decayendo debido a muchos factores en su contra: la táctica de guerrillas no era el fuerte del ejercito romano, la dureza del clima y el terreno, el cansancio, la enfermedad … incluso el mal augurio de un rayo que le cayo a uno de sus esclavos y que estuvo a punto de matarle. Todo esto le obligo a retirarse a Tarragona, desesperado por la situación y derrotado física y moralmente. Mientras tanto su ejército fue posicionando de manera que ningún punto del territorio cántabro quedase impasible ante la carga romana. Las tres columnas desplegadas no dejaron lugar a escapatoria: La central fue la más "previsible" y en ella se tomaron bastiones cántabros como Peña Amaya y Monte Bernorio. Se sabe que hubo una increíble batalla a los pies de la ciudad cántabra de Bergida o Vellica (Attica según Orosio), que actualmente se cree coincide con la cima del Monte Cildá (Olleros de Pisuerga, Palencia). La columna más occidental avanzaría por el río Riaño hasta lo que hoy conocemos como Liébana, mientras que la oriental avanzo por la calzada desde Pisoraca hasta Flaviobriga (Castro Urdiales). Esta ofensiva fue increíble, y los cántabros no pudieron resistirla. El general romano al cargo (Marco Vipsanio Agripa), después de que Octavio Augusto partiese, quiso exterminar cualquier vestigio de estas rudas gentes. Los cántabros se replegaron después de la derrota hasta el Monte Vindio, el cual se identifica hoy (según muchas fuentes) con los Picos de Europa. Los cántabros pensaron entonces pensaron que "habían de subir las olas del mar antes que las armas de Roma". Efectivamente las armas de los romanos no subieron, pero cercaron toda la zona y los allí refugiados perecieron de hambre o de frío con la llegada del otoño/invierno. Los restantes, con sus efectivos muy mermados, resistieron hasta última instancia en el castro de Aracillum (Campoo), ultimo estandarte cántabro que pudo oponer resistencia antes tal ofensiva. Para mayor desgracia la flota de Aquitania desembarco tropas por toda la costa, sorprendiendo a los guerreros por la espalda. Los descubrimientos hasta hoy realizados nos enseñan la gran cantidad de batallas en el castro de Espina del Gallego (Valle de Toranzo) o en el campamento romano de La Collada (San Felices de Buelna). En el año 25 a.C los romanos lanzaban otra gran ofensiva, esta vez contra los astures, los cuales no resistieron y cayeron el la ciudad de Lancia (Villasabariego, León).

¿QUE PASO DESPUES?

La guerra no acabo allí, ya que los feroces cántabros reanudaron su actividad bélica en el año 24 a.C, tendiendo una emboscada a un batallón romano. Esto, claro esta, fue duramente castigado y, posteriormente, fueron dispersados por los llanos donde se encontraban indefensos. Su abrigo en forma de brañas y montañas había desaparecido. Muchos de ellos, tal vez por dar todo por perdido, se suicidaron, pero otros tantos se unieron a los romanos como mercenarios. Era morir o servir al imperio. Además su valentía y dotes para la guerra impresionaron a los romanos y a otras culturas, existiendo vestigios de guerreros romanos en lugares tan lejanos como Palestina, Britania o el Danubio. Más adelante, durante el reinado de Nerón (54-68 d.C) existió un conato de revuelta, aún estando siempre fuertemente vigilados por las legiones. Para concluir destacar que un territorio tan importante como la Galia fue totalmente dominado por los romanos en 7 años. Para hacerse con el control de las tierras cántabras (mucho más pequeño) utilizaron 10, sin ni siquiera poder decir que el control sobre los cántabros/astures fue completo.