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Derrumbe de muralla en el castro de Castilnegro. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

El castro de Castilnegro (Medio Cudeyo/Lierganes) es una de los recintos castreños mejor estudiados de toda la región, muchos se atreverían a decir incluso que el mejor. Situado en pleno corazón de la sierra de Peña Cabarga, tiene una extensión aproximada de 6 hectáreas en su conjunto. Ya no solo por su tamaño debió ser un poblamiento relevante, sino que además debió ser uno de los mejor ubicados estratégicamente hablando. Su situación permitía tener un dominio visual absoluto sobre la zona costera, concretamente de la bahía de Santander y de la franja que recorre la desembocadura del Pas hasta la del Miera. Ya no solo eso, sino que incluso domina otras vertientes como la las divisorias de entre los valles del Pas/Besaya y el Saja/Besaya al suroeste y Picos de Europa y Peña Sagra al oeste. Evidentemente, hay que tener en cuenta que todos estos valles y cimas los observaban desde la lejanía, pero del mismo modo todos sabemos de la importancia visual de los poblamientos prerromanos aún en la distancia.

En yacimiento fue dado a conocer en el año 1997 por Virgilio Fernández Acebo y Esteban Velasco Agudo, quienes describieron el enclave con detalle solicitando al Servicio de Patrimonio de la Consejería de Cultura la toma de medidas destinadas a su conservación y estudio. En este caso sería la empresa GAEM Arqueólogos quienes reafirmarían mediante otro informe detallado las características castreñas de este yacimiento aportadas por los antes citados investigadores. Aun pareciendo una excepción en el mundo arqueológico, dicho y hecho: Ese mismo año comenzaría la investigación arqueológica del enclave bajo la dirección de Ángeles Valle Gomez dentro del proyecto "El poblamiento prehistórico al aire libre al Sur de la Bahía de Santander". Básicamente este proyecto, aprobado por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, pudo dividirse en 3 fases: Prospección superficial (1997), campaña de sondeos estratigráficos (1998) y por último la excavación arqueológica como tal que se extendió durante 6 años (1999-2005).

Centrándonos en el sistema defensivo del castro, está conformado por dos líneas concéntricas de muralla que en algún caso se encuentra complementada con una tercera y que cierra el flanco norte (hacia la bahía de Santander). Existen además otras dos murallas de menor envergadura que constituyen el acceso por el sur y que se adaptan a la estrechez del paso que protegen. Se cree además que estas últimas pudieron estar empalizadas. Como en otras fortificaciones, los habitantes de Castilnegro aprovecharon al máximo la orografía del terreno, construyendo este sistema defensivo exclusivamente en aquellos puntos donde la naturaleza dejaba al "descubierto" su poblado. En los puntos donde lo abrupto del terreno hacía de parapeto natural, no fue necesaria construcción alguna, de modo que no estamos ante un castro completamente cerrado en cuanto a murallas se refiere. En el flanco norte del yacimiento, además del amurallamiento, nos encontramos con un áspero lapiaz que dificultaba el acceso desde la zona costera, convirtiendo este punto en un auténtico laberinto. Esto, junto con la muralla de casi 200 metros de longitud y derrumbes de más de 12 metros de ancho en algunas secciones, hacían de este sector uno de los más seguros del recinto. Si desde aquí continuamos hacia la cumbre del castro, podemos observar otra línea de algo más de 120 metros que encierra un pequeño espacio dedicado la "acrópolis" del castro.

Como último apunte antes de centrarnos en las excavaciones arqueológicas, destacar que el topónimo "Castilnegro" se debe a dos raíces bastante claras: La primera como abreviatura de castillo, haciendo clara alusión al recinto fortificado que nos centra. En segundo lugar tenemos el color predominante en el que se encuentra situado el yacimiento, ya que es más que notable la presencia del "marrón oscuro" en la zona.

Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

 

Detalle de uno de los acceso al castro de Castilnegro. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

Como explicábamos anteriormente, la intervención arqueológica en Castilnegro es un ejemplo a seguir por todos. Esta más que claro que habrá muchos aspectos técnicos que unos verán desde un punto de vista personal mejores o peores. Ahora bien, planteemos un escenario idílico donde se identifica un asentamiento, se hace un informe preliminar detallado, se obtiene el apoyo financiero de la Consejería de Cultura y de los ayuntamientos "involucrados" y se trabaja allí durante un periodo de 6 años. No, no es el sueño de cualquier arqueólogo, sino una realidad palpable en este yacimiento. ¿Dificultades?. Seguro no, segurísimo. Pero no olvidemos que al día de hoy cualquier investigación arqueológica, además de documentación, documentación y más documentación (administrativa, no arqueológica) necesita de grandes dosis de ilusión..e igual o mayor cantidad de altruismo.

Continuando con la investigación en Castilnegro, durante la campaña de 1998 se realizó un levantamiento topográfico a escala 1:200 de TODA la superficie del castro. Fue el Departamento de Ingeniera Geográfica Técnicas de Expresión Gráfica de la Universidad de Cantabria, de la mano de Lucía Susinos Rada, quien realizó este increíble trabajo básico para abordar la posterior excavación arqueológica.


ÁREA I

Comenzamos fuerte: El sector de la "acrópolis" del castro. Se trabajó de un modo específico en la puerta ubicada al Este y en su entorno, aunque finalmente se actuó sobre un total de 128 m2. Independientemente de las estructuras que afloraron en este sector, hay que destacar sobre manera la gran concentración de materiales hallados. Principalmente se localizaron fragmentos de cerámica a mano, restos de molinos barquiformes, restos óseos de fauna doméstica y varios objetos metálicos. En este último grupo destaca un fragmento de fíbula y un fragmento de hacha de talón y anillas, el cual data del final de La Edad del Bronce y que nos da una cronología muy clara respecto temprana fundación del castro (800/700 a.c). No olvidemos que en las inmediaciones del yacimiento (Sierra de Peña Cabarga) han aparecido otros objetos del mismo marco temporal como el caldero de Cabarceno, el cual nos da a entender además la existencia de contactos comerciales y relaciones que tenían los antiguos cántabros con otras tribus atlánticas.

Otros materiales metálicos (de cobre o bronce) a destacar eneste sector son un pasador en forma de "T", dos fragmentos de brazalete o pulseray una aguja de coser de un tipo muy similar a las encontradas en castros de laII Edad del Hierro como el Castro de Las Rabas, Monte Cildá o Monte Bernorio.


ÁREA II

De la parte más central del castro nos desplazamos a la puerta más externa del mismo. Cabe destacar que aquí las investigaciones fueron mucho más costosas por la gran cantidad de vegetación y rocas que hubo que retirar de la parte central del pasillo interno, el cual parecía el más idóneo para centrar las excavaciones. Después de esta ardua tarea, se obtuvieron los resultados esperados, ya que en este sector también se obtuvo abundante material arqueológico, fundamentalmente fragmentos de cerámica a mano.

En este sector, además de los materiales citados, sorprendió la aparición de una galería minera bajo el derrumbe de una de las murallas. No olvidemos que Peña Cabarga fue el baluarte minero por excelencia en época romana en Regio Cantabrorum.


ÁREA III

Las investigaciones se concentraron en la cara sur del castro, concretamente en el doble amurallamiento que citamos con anterioridad donde se presupone un acceso al valle y uno de los puntos más "vulnerables" del castro. Los trabajos en este sector se concentraron sobre manera en la base de una de las murallas, permitiendo así sacar a la luz parte de su estructura. Tras la intervención se dejó visible un tramo de muralla original, destacando el deficiente estado de conservación de la misma.

Esta área fue bastante "pobre" en cuanto a materiales hallados, documentándose algún fragmento de cerámica a mano de tipología castreña, un fragmento de afiladera y algún que otro de molino de arenisca.


ÁREA IV

Al igual que en el área anterior, los trabajos se centraron en descubrir la estructura de la muralla, pero esta vez de la localizada en el norte del yacimiento y sobre la que se esperaba fuese más compleja por su carácter fortificado. Tras los diferentes trabajos allí realizados, se obtuvo un patrón de anchura de unos 5.50 metros, además de documentar el uso de doble lienzo que dotaría a la muralla de mayor robustez de cara a un posible ataque.

Otra de las posibles alternativas a esta teoría del "doble lienzo" es que la construcción de la muralla se produjese en dos épocas cronológicas diferentes, de modo que no sería un doble lienzo, sino un refuerzo externo de una muralla previa de estructura menos compleja.


ÁREA V

Esta zona su localiza en la parte superior del castro y ha sido identificada como uno de los accesos, concretamente ubicado en la cara oeste. Los trabajos se han centrado en la puerta y los espacios contiguos, teniendo las mismas dificultades en las fases previas a la excavación. Con esto nos referimos al trabajo previo de desbroce y desescombro con el esfuerzo que esto requiere. Los resultados finales nos muestran que el acceso original tenía una anchura de 0.90 metros desde la boca de la puerta hasta el final del pasillo, el cual recorría una distancia de 6 metros paralelamente a una de las murallas del castro. Se pudo constatar además que este acceso tiene un paralelo idéntico en la puerta oriental de la acrópolis.

Uno de los objetivos en este sector era poder determinar en qué momento fueron destruidos los accesos del castro y parte de sus murallas, algo que por desgracia no pudo constatarse en base a los materiales aparecidos en este área. Lo que cada vez se tuvo más claro es que es más que probable que su construcción se ubicase cronológicamente entre los siglos V y I a.C.

Cabe destacar que en la zona interna de la muralla estudiada se encontró una estructura pétrea circular con señales de estructuras de combustión. Según se desprende de las investigaciones, se cree que existió un pequeño horno de arcilla excavado en el suelo arcilloso dotado de tiro en la cúspide y una boca de alimentación orientada al sureste. Fue más que llamativa la aparición de escorias de apariencia ferrosa en los alrededores, lo que decanto a los arqueólogos a pensar que su función principal pudo ser el "raguado" o tostado del mineral previo a su cocción definitiva. Gracias a una muestra de carbón vegetal encontrada en su interior, se pudo realizar su datación por Carbono 14, descartando el origen "castreño" del mismo y ubicando su uso desde mediados del siglo IX hasta finales del X. Por lo tanto su cronología seria altomedieval, algo que ni mucho menos desluce su descubrimiento.

Derrumbe en el sector norte del castro de Castilnegro. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

Como bien hemos dicho previamente, el castro de Castilnegro es único en nuestra región, ya no solo por ser un "ejemplo" en el estudio e investigación de la cultura castreña, sino por ser además un punto clave para el estudio de la Protohistoria en la vertiente costera de la región Cantábrica. Recordemos que, a diferencia de Asturias y Galicia, Cantabria no tiene muchos enclaves de esta tipología. No debemos de olvidar ni mucho menos el potencial arqueológico que atesora, ya que aun habiendo sido investigado de un modo meticuloso (por ejemplo la "acrópolis"), solo se ha estudiado una pequeña parte de las 6 hectáreas que lo conforman.

Respecto a su cronología y gracias sobre todo a los materiales hallados y las técnicas de datación utilizadas (termoluminiscencia y C-14), se puede decir que ocupa un arco cronológico comprendido entre la segunda mitad del siglo VI a. C. y el siglo II a. C. (Edad del Hierro), aunque no se debe de destacar incluso que pudiese ocupar parte del Bronce Final. Objetos como el hacha de talón y anillas aquí encontrado así nos lo dan a entender, pudiéndose "solapar" en el tiempo con la fabricación o importación del anteriormente citado Caldero de Cabárceno.

VISITAS

Todos podemos disfrutar del castro de Castilnegro, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

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DESTACADOS

  • EL PICO MIZMAYA

    El Pico Mizmaya (Entrambasaguas, Cantabria) es otro enclave castreño que sigue guardando con celo su milenario pasado. Se encuentra ubicado en la cima que le da nombre, en el extremo Este de la sierra de Elechino. Su emplazamiento no es ni mucho menos casual, dominando a la perfección la desembocadura de uno de los ríos más importantes de Cantabria: El Miera. Esto, unido a su posición privilegiada en el valle de Trasmiera y en el entorno de la bahía, hace del Pico Mizmaya un castro "costero" de lo más interesante..y sobre el cual apenas conocemos nada.

    Ya en el año 1952 el padre Jesús Carballo hace referencia al mismo, aunque se creé que pudo ser una interpretación errónea debido a que identificó la presencia de un castro en los restos medievales que también se conservan en la cima. De todos modos no iba muy mal encaminado. Tuvieron que pasar 25 años hasta que R.Bohigas reconoció in-situ el yacimiento y lo recogió nuevamente como castro, esta vez clasificando correctamente cada una de las estructuras (Bohigas, 1987: 120). En los últimos años del siglo XX arqueólogos de renombre como Eduardo Peralta o Emilio Muñoz también revisaron el recinto del Pico Mizmaya y apoyaron la hipótesis previa.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)
    Agradecimientos:: Rafael Bolado del Castillo

  • LOS CANTONES

    El castro de Los Cantones (Cahecho, Peñasagra) es uno de los iconos prerromanos de la comarca de Liébana. Durante décadas, su imponente tamaño, su ubicación y la potencia de sus estructuras han llevado a los investigadores a formular diferentes hipótesis sobre su importancia y contexto en la antigua Cantabria. Una de las más llamativas la formuló en el año 1982 el filólogo Eutimio Martino, quien apoyándose en la toponimia de la cercana localidad de Cambarco relacionó el enclave con la antigua civitas de Kamarika citada por el geógrafo Claudio Ptolomeo. A este respecto debemos destacar que, independientemente de la validez o no de la propuesta, a ojos de arqueólogos e investigadores resultó poco convincente.

    Volviendo a la fortificación, se asienta sobre una pequeña loma que separa los pueblos de Luriezo y Cahecho, circunstancia por la cual también se suele asociar a nivel toponímico como castro de una localidad u otra. Uno de los nombres más extendidos es el que tomamos como "principal" en esta publicación (Los Cantones) y está relacionado con los afloramientos rocosos redondeados de la cima, los cuales han sido utilizados durante siglos como materia prima para la construcción de cierres en las fincas colindantes. La primera cita aludiendo a la importancia arqueológica del mismo la realiza como hemos visto Eutimio Martino, si bien es cierto que el primero en hacer referencia a Los Cantones como castro de la Edad del Hierro es Ramón Bohigas (Bohigas Roldán, 1986-87). A modo de apunte, reseñar que se incluye en el INVAC (Inventario Arqueológico de Cantabria) hace apenas dos años.

    Agradecimientos: Gonzalo Gómez Casares
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • EL CERRO CASTARREÑO

    Es imposible pasar por la autovía A-231 entre León y Burgos y no fijarse en el imponente cerro ubicado al lado de la conocida localidad de Sasamón. Allí, repleto de terrazas agrícolas y quien sabe si de otra índole, el cerro Castarreño fue testigo directo del rodillo militar que se dirigía hacia la Cantabria antigua para así escribir uno de los capítulos más importantes de nuestra historia. Y no como "actor secundario" dado que se comienzan a instaurar cada vez con más fuerza los argumentos (y sobre todo los hallazgos) necesarios para establecer aquí el antiguo oppidum túrmogo de Sesigama e igual de importante: Se estrecha el círculo a sus pies para delimitar de una vez por todas el campamento romano donde se instaló el emperador Augusto en su guerra contra los cántabros en el año 26-25 a.C., tal y como queda reflejado en las fuentes clásicas de Floro y Orosio.

    Ya desde el siglo XIX, diferentes autores han estudiado en mayor y menor medida (y con mayor y menor acierto) la posible ubicación de la Sesigama prerromana. En 1832 Juan Agustín Ceán Bermúdez la incluye en su "Sumario de Antigüedades", ubicándola en el extrarradio de la actual Sasamón y confundiendo por aquel entonces los hallazgos y restos de la Sesigamo romana con la citada ciudad prerromana. Ya en el siglo XX, Adolf Schulten comete el mismo error ubicando Sesigama prerromana bajo la actual Sasamón. Durante la década los años 70 y 80, diferentes arqueólogos e investigadores como Juan Antonio Abásolo o Ignacio Ruiz Vélez ya van "alejando" el poblamiento prerromano de Sesigama de la actual localidad de Sasamón, acertando de pleno en la contextualización de diferentes enclaves de la Edad del Hierro en la zona y acercándose al cerro Castarreño. Antes del actual estudio (del que luego hablaremos), el año 1998, David Sacristán de la Lama incluye "El Alto de Solarea" (nombre con el que también es conocido el cerro) como enclave de la II Edad del Hierro en el Primer Congreso de Arqueología Burgalesa.

    No cabe duda de que el cerro Castarreño esconde un potencial arqueológico enorme que durante estos años está saliendo muy poco a poco a la luz. Si subes a lo alto del mismo te darás cuenta enseguida que es el lugar idóneo para controlar el territorio y un sitio excepcional para albergar un gran oppidum dada su cima amesetada de gran extensión. Un enclave que vivió de primera mano como la columna militar romana avanzaba a sus pies hacia la conquista del territorio de los antiguos cántabros.

    Bibliografía: "EL OPPIDUM DEL CERRO DE CASTARREÑO, OLMILLOS DE SASAMÓN. HISTORIOGRAFÍA Y ARQUEOLOGÍA DE UN HÁBITAT FORTIFICADO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO". Jesús García Sánchez / José M. Costa-García

  • LA PUNTA DEL CASTIELLO DE PODES

    Como todos sabemos, una de las grandes maravillas de la costa cantábrica reside en su quebrado litoral: Grandes plataformas, increíbles espigones y abruptos acantilados modelados por la fuerza del mar. A diferencia de lo que se pueda pensar, muchos de estos enclaves costeros eran el lugar idóneo para el hábitat, ya el bravío Cantábrico ha sido, es y será fuente inagotable de alimento. Esto, unido a las defensas naturales que muchas de las citadas plataformas proporcionaban, convirtieron a la costa de Asturias y Cantabria en un floreciente espacio de hábitat entre Prehistoria y la Edad del Hierro. En nuestra región, tenemos claros ejemplos de castros o poblados costeros en el Castillo de Prellezo (Val de San Vicente), en el malogrado recinto defensivo de Cotolino-Arcisero o en el parking de playa / yacimiento de Punta Pilota, ambos en el municipio de Castro Urdiales.

    En el caso concreto de Asturias, la monumentalidad de este tipo de enclaves siempre ha sido mayor que la de Cantabria, observándose aún en nuestros días los restos estructurales en la mayor parte de ellos. Pero en el caso que nos ocupa, acudimos atónitos a uno de los grandes problemas de conservación de este tipo de yacimientos: Los procesos de erosión natural. Esto unido a la desidia institucional, nos lleva a un escenario de destrucción y perdida con demasiados precedentes en cualquiera de las citadas regiones. En Cantabria por ejemplo tenemos claros ejemplos de este tipo de procesos erosivos: Uno de los mayores y más importantes yacimientos del Paleolítico Superior en la cornisa Cantábrica, la cueva de Covalejos, sufre procesos de escorrentía natural incrementados por el desplazamiento de tierras (y materiales prehistóricos) que las cabras que la habitan precipitan hacia un sumidero de kilómetros de profundidad. Más hacia la costa, concretamente en la zona de Rostrio – Santander - nos encontramos nuevamente con la exposición de materiales e industria lítica (en cantidades ingentes) ante la fuerza de las mareas y el mar Cantábrico, que arrastran hacia sus profundidades todo lo que encuentra a su paso.

    Esta introducción sobre los procesos de erosión natural, inevitables todo sea dicho, nos ayuda a comprender el grave problema en uno de los castros costeros más maravillosos de nuestro litoral: La Punta del Castiello de Podes (Gozón, Asturias). Este enclave, conocido en los últimos meses por los tira y afloja con la administración, no se libra desgraciadamente de la irrecuperable perdida de materiales arqueológicos en el fondo del mar. Lo más preocupante de todo es que, independientemente de la gravedad del problema, las instituciones hacen oídos sordos a los diferentes llamamientos al respecto. En Septiembre de 2015, el arqueólogo Alfonso Fanjul presentó ante la Consejería de Cultura del Principado un proyecto de prospección del castro cuyo objetivo era evaluar los restos existentes antes de que la erosión del mar pudiera arrastrarlos sin vuelta atrás. En este mismo yacimiento, los precedentes no eran halagüeños, ya que elementos de gran interés arqueológico como un conchero de la Edad del Hierro (con restos cerámicos) habían desaparecido por la fuerza del Cantábrico. Resultado del expediente: Denegado. Fue rechazado argumentado "otras prioridades en la protección del yacimiento" o que "no existía tal emergencia". Una auténtica pena atendiendo a los resultados que podrían obtenerse en un enclave de tal potencial arqueológico.

    Bibliografía: ALVAREZ PEÑA, A. (2002): "El castru de `La Punta ´ L Castiello´, Podes (Gozón)”. Asturies, 13, Oviedo: 20-25.
    CAMINO MAYOR, J. (1995): "Los castros marítimos en Asturias."
    FANJUL PERAZA, A. (2005): "Los castros de Asturias. Una revisión territorial y funcional." Oviedo.
    Agradecimientos: Alfonso Fanjul Peraza.

  • ALTO DE LA GARMA

    El castro del Alto de La Garma (Omoño, Ribamontan al Monte) es un yacimiento único en Cantabria por diversos motivos. En primer lugar, es uno de los mejores ejemplos para conocer la progresión en el inicio de la construcción de poblados fortificados en el centro de la región Cantábrica. Sus orígenes se remontan en torno a los siglos VII-VI a.C, de ahí que hablemos de algo muy especial. Por otro lado, es de los pocos castros costeros que presentan características similares a los lugares fortificados de la I Edad del Hierro situados más al Sur (Campoo, Palencia y Burgos y León): Buen dominio visual, situación en altura, empleo preferente del barro y probablemente madera como materiales de construcción tanto en vivienda como en la fortificación, etc. Otro de los motivos por los que el Alto de La Garma es icónico dentro de nuestra región es por alguno de los hallazgos encontrados en su interior. Muchos pensarán que los castros prerromanos solo son importantes si se encuentra gran cantidad de materiales metálicos, grandes fragmentos de cerámica, adornos, joyas..pues en este caso lo más sencillo es de lo más importante: Se localizó (luego entraremos más en detalle) una pequeña concentración de semillas y gran cantidad de restos óseos de mamíferos, lo que denota que la tendencia a pensar (mitificada por las fuentes clásicas) que los cántabros eran unos bárbaros o que no cultivaban/comerciaban queda cada vez más alejada. Por último, y no menos importante, se encuentra en el entorno de la Cueva de La Garma, uno de los iconos del Paleolítico de la cordillera Cantábrica.

    Ya en la década de los setenta fue visitado por Arturo Arrendo, quien lo calificó como castro cántabro y lo denominó "Pico Garma". De todos modos esta referencia nunca fue muy popular, pasando desapercibida durante muchos años. Habría que esperar hasta el año 1996 cuando Emilio Muñoz y la empresa GAEM, dentro de un marco de prospecciones intensivas en el monte de La Garma, reconocieron el lugar. Constataron la existencia de fortificaciones y localizaron algunos materiales cerámicos, signos inequívocos para su identificación. Al poco tiempo, ese mismo año, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte compra las fincas de interés arqueológico, frenando así el avance forestal que ya había invadido gran parte del yacimiento en el momento de su descubrimiento (en la imagen de abajo se pueden apreciar los eucaliptos justo al lado de las excavaciones). Desde el año 1998 es Bien de Interés Cultural como integrante de la Zona Arqueológica de La Garma. En la actualidad no existe memoria definitiva sobre las actuaciones arqueológicas allí realizadas, aunque bien es cierto que existen relevantes artículos monográficos (Pereda 1999) y algunos trabajos generales en prensa que (Arias et al., 1999, 2000, 2003, en prensa; Arias y Ontañón 2008) merecen especial atención.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Tanea Arqueología

  • CASTRO DE NESTARES

    En este desconocido enclave se cumple la paradoja de que, aun conociéndose como castro de Nestares en el ámbito académico, no se ubica ni en la citada localidad ni en el municipio que la contiene. Más bien se encuentra ubicado en el vecino (por muy poco) municipio de la Hermandad de Campoo de Suso, si bien es cierto que esta cercanía geográfica hizo que fuese nombrado así en sus orígenes.

    Nos encontramos ante un yacimiento que, probablemente por el desconocimiento del mismo, fue prácticamente arrasado para construir el edificio de abastecimiento de aguas con su correspondiente gran depósito a finales del siglo pasado. Verdaderamente en los tiempos que corrían ni había los medios (como el Inventario Arqueológico de Cantabria) ni una ley de Patrimonio que velase por este tipo de enclaves…no como en Suances (Parking) o en el castro del Cincho de Yuso (2019) que con todas las Leyes vigentes, hicieron lo mismo que hace 30 años sin ellas…Cantabria Infinita lo llaman.

    Volviendo al enclave, fue identificado en el año 1980 por Miguel Ángel Fraile López, siendo incluido y documentado por primera vez en "Historia social y económica de Cantabria hasta el siglo X" (1990) y en el "Catálogo de Castros Cántabros" editado por el mismo autor en el año 2004. En este último, y suponiendo que se quiso plasmar como era previa construcción del edificio, este no aparece en la ilustración.

    Y a partir de este momento..olvido tanto académico como institucional. Un enclave cuyo interés arqueológico sigue intacto en según que sectores (en otros se arrasó por completo), no parece suscitar expectativa alguna. Además, en una zona cuyo potencial sigue aún latente en yacimientos como la estructura campamental de Salces, el castro de La Guariza, el castro de Fontible/Argüeso y otros tantos enclaves aun sin estudiar o incluso sin identificar. Habrá que esperar, nuevamente..


  • LOS BARAONES

    El castro de Los Baraones (Valdegama, Palencia) es otra de las joyas de la Edad del Hierro del norte de Palencia junto con el conocido Monte Bernorio. Están situados estratégicamente uno frente al otro, separados por el valle del rio Lucio y a unos 6 kilómetros de distancia en línea recta. Increíblemente, aun habiendo avances en la investigación e interpretación del norte de Palencia en esta época, son pocos los yacimientos sobre los que se han hecho estudios concluyentes exceptuando estos dos castros (sobre manera en Monte Bernorio). Este dato es más que llamativo, ya que ambos han arrojado infinidad de evidencias arqueológicas que nos muestran la importancia de este territorio desde la Edad de Bronce hasta pasadas las Guerras Cántabras.

    Centrándonos en el castro de Los Baraones, fue dado a conocer en el año 1979 como poblado de la Edad del Bronce dentro de la obra "La montaña palentina, Tomo I - La Lora", cuyo autor es Gonzalo Alcalde Crespo (erróneamente citado como G. Alcalde del Rio en las publicaciones sobre el castro). No sería hasta el año 1986 cuando comenzasen las excavaciones en el mismo de la mano de Magdalena Barril Vicente y su equipo, los cuales realizarían cinco campañas (hasta el año 1990) que aportarían increíble valor histórico al yacimiento. El nombre del castro viene dado por una serie de terrazas donde se asienta gran parte del mismo, conocidas como "los cintos de Los Baraones". La extensión y morfología actual de los Baraones dista bastante de muchas de las estructuras fortificadas cercanas que hoy conocemos, bien definidas por derrumbes de muralla o por la orografía de las cimas donde se asientan (véase el Monte Cildá, Monte Bernorio, Peña Amaya, La Ulaña, etc). El asentamiento se sitúa sobre tres grandes áreas:

    • La ladera este-sudeste, ocupada por las citadas terrazas longitudinales.
    • Un espolón al noreste de menor altura denominado "Los Peñones"
    • Y por último la ladera oeste, menos escarpada, denominada Valseca.

    El asentamiento como tal se ha estudiado principalmente en los dos primeros "sectores", ocupando estos una extensión aproximada de 10 hectáreas. Aunque no debemos ni mucho menos olvidar el tercero de ellos (Valseca), donde se han documentado en prospección otras 2 Ha que no fueron excavadas pero de las que se tiene conocimiento sobre su gran valor arqueológico como veremos más adelante.