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Castro de Triquineja desde una elevación cercana

Cuando nos referimos a un recinto o hábitat castreño tenemos la mala costumbre de identificarlo dotado de grandes estructuras o derrumbes de muralla de consideración. Nada más alejado de la realidad, si bien es cierto que a todos nos gustan la idílica imagen de grandes oppidum como Monte Bernorio, La Loma o Las Rabas. Hoy nos centraremos en la antítesis a todos ellos: No presenta grandes defensas, su espacio habitable es reducido y su ubicación no destaca por su altitud..aun así no cabe duda de que pudo ser un asentamiento correspondiente a la Edad del Hierro, independientemente de su importancia en la sociedad prerromana. Estamos hablando del castro de Triquineja, en la localidad de Argüeso (Campoo de Suso, Cantabria).

Se sitúa en una pequeña colina al Suroeste del pueblo, perfectamente identificable desde la subida al castillo de San Vicente de Argüeso. Dicha elevación no destaca demasiado por su altitud, 80 metros sobre el valle, quedando relegada en altura por otros cerros y collados cercanos. La primera noticia sobre la existencia del yacimiento la proporcionó Miguel Ángel Fraile a principios de la década de los 90, definiéndolo inicialmente como castro (1990: 122-123, 625-626). Arqueólogos de renombre como Eduardo Peralta Labrador y Enrique Muñoz reforzarían dicha afirmación años más tarde, citándolo igualmente el enclave como castro (Peralta y Muñoz, 1993: 63, nº 21). En ese mismo trabajo observan la presencia de catas furtivas, siendo (desgraciadamente) esto una tónica reinante aún hoy en nuestros días, no solo en castro de Triquinejas, sino en muchos otros. Sin ir más lejos, al Suroeste del mismo, una pequeña cantera existente desde hace años prolifera cada vez más, siendo su avance desde 2007 hasta nuestros días algo preocupante. La declaración de Bien de Interés Cultural del citado Castillo de San Vicente en 1983 poco hace en este sentido..no todo son furtivos, una pena.

Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

 

Estructuras encontradas en el castro de la Triquineja

Fraile menciona terraplenes defensivos al norte (1990: 123), del mismo modo que Peralta y Muñoz citan una articulación mediante terraplenes y murallas (1993: 63, nº 21). La cima rocosa ocupa unas 2,2 hectáreas y apenas se observan estructuras visibles en la misma. Al sur se observa una zona llana que presenta un perfil escalonado. Entre este rellano y la zona rocosa de la cima se observan restos de cimentación de mampostería de unos 120 metros de largo por 80 centímetros de ancho. Este último dato es claro indicativo de que el enclave no tenía un cometido meramente defensivo, ya que sus estructuras no tienen la anchura suficiente.

Respecto a los materiales hallados, tan solo existe la referencia de Fraile (1990: 625-626, nº 41). Habla entre otros de cerámica a mano y a torno, una fíbula de omega, un pendiente amorcillado y algunos objetos de hierro como puntas de lanza y dardos. ¿Qué donde se encuentran?..buena pregunta. A partir de estos datos, destacando la fíbula y la cerámica a torno, se puede incluir cronológicamente el castro de Triquineja dentro de la II Edad del Hierro. De todos modos no es una afirmación concluyente, ya que es probable que se pueda ampliar su cronología hasta la I Edad del Hierro si se estudiasen los materiales y el entorno del yacimiento.

VISITAS

Todos podemos disfrutar del castro de Triquineja, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

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DESTACADOS

  • CASTRO DE LAS RABAS

    El castro de Las Rabas (Cervatos, Campoo de Enmedio) ha sido desde hace décadas un referente en el conocimiento de la antigua Cantabria prerromana. Desde las primeras excavaciones realizadas por el equipo de Miguel Ángel García Guinea en 1968-69 (incluso antes) se sabe de la gran importancia del mismo, aportando hallazgos y materiales de incalculable valor arqueológico e histórico. Situado a unos 997 metros sobre el nivel del mar, al noroeste del pueblo de Celada Marlantes, el castro de Las Rabas tiene unas características muy peculiares. A diferencia del Monte Bernorio o del Monte Ornedo, no tiene una amplitud visual que permitiese poder tener controlada una vasta llanura. Su importancia fue más bien "estratégica" que "visual", ya que son dos términos que, aun pareciendo ligado siempre, pueden tener sus matices. La importancia del castro de Las Rabas estriba en el control de una de las vías de acceso naturales entre la Meseta (a través del puerto de Pozazal) a la cuenca de Reinosa y por lo tanto a las vías de acceso a la costa. Esta última circunstancia nos lleva pensar que en sus orígenes pudo estar concebido para tener una función meramente "comercial" más que militar.

    Según se cree, el castro se extiende sobre una superficie aproximada de 10 hectáreas, aunque no se sabe a ciencia cierta debido a que no existen “delimitaciones” claramente definidas. Respecto a su cronología, hasta hace no mucho tiempo había informaciones dispares. Se realizaron dataciones aproximadas en base a los objeto encontrados en las diversas excavaciones arqueológicas, creándose un amplio espectro temporal entre los siglos IV a.C y el I d.C. Por ejemplo, García Guinea y Rincón dataron el castro en el siglo III a.C, sobre todo basándose en los resultados de sus excavaciones y cotejándolos con los objetos similares aparecidos en Numancia. En otra vertiente se situaron otros arqueólogos como Moret, que lo enmarcaba no más allá del siglo II a.C, o Bolado del Castillo y Fernández Vega que en base a sus últimas actividades en el mismo lo sitúan entre el siglo IV/III a.C y el I a.C.

    Respecto al final del castro de Las Rabas existen varias teorías, ya que la datación realizada en varios materiales indica que incluso antes de la llegada de los romanos pudo ser asediado o destruido en alguna ocasión. Debemos que tener en cuenta que la antigua Cantabria era un lugar donde los problemas sociopolíticos entre las tribus del norte eran más que frecuentes. Otra de las teorías (de las más aceptadas) es que, el castro de Las Rabas fue tomado y destruido en el avance de las tropas romanas lideradas por Antistio durante el año 25 a.C. en el transcurso de las Guerras Cántabras. Resulta ineludible pensar en esta secuencia lineal (Monte Bernorio, Monte Cildá, Monte Ornedo y por último castro de Las Rabas) de destrucción hacia el interior de Cantabria.

    Es en definitiva, el castro de Las Rabas es una de las joyas de nuestra región y una fuente inagotable de objetos y hallazgos relacionados con la “Cantabria” prerromana. Desde Regio Cantabrorum queremos hacer también una mención especial a las arqueólogos Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado Del Castillo, Joaquín Callejo Gomez y Lino Mantecón Callejo por su increíble trabajo de campo en los últimos años, los cuales nos ha permitido escribir esta humilde sección.


  • LA PUNTA DEL CASTIELLO DE PODES

    Como todos sabemos, una de las grandes maravillas de la costa cantábrica reside en su quebrado litoral: Grandes plataformas, increíbles espigones y abruptos acantilados modelados por la fuerza del mar. A diferencia de lo que se pueda pensar, muchos de estos enclaves costeros eran el lugar idóneo para el hábitat, ya el bravío Cantábrico ha sido, es y será fuente inagotable de alimento. Esto, unido a las defensas naturales que muchas de las citadas plataformas proporcionaban, convirtieron a la costa de Asturias y Cantabria en un floreciente espacio de hábitat entre Prehistoria y la Edad del Hierro. En nuestra región, tenemos claros ejemplos de castros o poblados costeros en el Castillo de Prellezo (Val de San Vicente), en el malogrado recinto defensivo de Cotolino-Arcisero o en el parking de playa / yacimiento de Punta Pilota, ambos en el municipio de Castro Urdiales.

    En el caso concreto de Asturias, la monumentalidad de este tipo de enclaves siempre ha sido mayor que la de Cantabria, observándose aún en nuestros días los restos estructurales en la mayor parte de ellos. Pero en el caso que nos ocupa, acudimos atónitos a uno de los grandes problemas de conservación de este tipo de yacimientos: Los procesos de erosión natural. Esto unido a la desidia institucional, nos lleva a un escenario de destrucción y perdida con demasiados precedentes en cualquiera de las citadas regiones. En Cantabria por ejemplo tenemos claros ejemplos de este tipo de procesos erosivos: Uno de los mayores y más importantes yacimientos del Paleolítico Superior en la cornisa Cantábrica, la cueva de Covalejos, sufre procesos de escorrentía natural incrementados por el desplazamiento de tierras (y materiales prehistóricos) que las cabras que la habitan precipitan hacia un sumidero de kilómetros de profundidad. Más hacia la costa, concretamente en la zona de Rostrio – Santander - nos encontramos nuevamente con la exposición de materiales e industria lítica (en cantidades ingentes) ante la fuerza de las mareas y el mar Cantábrico, que arrastran hacia sus profundidades todo lo que encuentra a su paso.

    Esta introducción sobre los procesos de erosión natural, inevitables todo sea dicho, nos ayuda a comprender el grave problema en uno de los castros costeros más maravillosos de nuestro litoral: La Punta del Castiello de Podes (Gozón, Asturias). Este enclave, conocido en los últimos meses por los tira y afloja con la administración, no se libra desgraciadamente de la irrecuperable perdida de materiales arqueológicos en el fondo del mar. Lo más preocupante de todo es que, independientemente de la gravedad del problema, las instituciones hacen oídos sordos a los diferentes llamamientos al respecto. En Septiembre de 2015, el arqueólogo Alfonso Fanjul presentó ante la Consejería de Cultura del Principado un proyecto de prospección del castro cuyo objetivo era evaluar los restos existentes antes de que la erosión del mar pudiera arrastrarlos sin vuelta atrás. En este mismo yacimiento, los precedentes no eran halagüeños, ya que elementos de gran interés arqueológico como un conchero de la Edad del Hierro (con restos cerámicos) habían desaparecido por la fuerza del Cantábrico. Resultado del expediente: Denegado. Fue rechazado argumentado "otras prioridades en la protección del yacimiento" o que "no existía tal emergencia". Una auténtica pena atendiendo a los resultados que podrían obtenerse en un enclave de tal potencial arqueológico.

    Bibliografía: ALVAREZ PEÑA, A. (2002): "El castru de `La Punta ´ L Castiello´, Podes (Gozón)”. Asturies, 13, Oviedo: 20-25.
    CAMINO MAYOR, J. (1995): "Los castros marítimos en Asturias."
    FANJUL PERAZA, A. (2005): "Los castros de Asturias. Una revisión territorial y funcional." Oviedo.
    Agradecimientos: Alfonso Fanjul Peraza.