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Puerta interior del castro de La Loma. Detalle de la rampa de subida al adarve de la muralla. Fotografia: Rafael Bolado del Castillo

El castro de La Loma (Santibañez de la Peña, Palencia) es el mayor exponente en cuanto al conocimiento sobre las guerras cántabras se refiere. Hasta el momento es el castro más importante aparecido en la comarca del Alto Carrión, y se sabe que estuvo ocupado durante la IIª Edad del Hierro por una comunidad de cierta importancia. La gran cantidad de vestigios aquí encontrados además del valor arqueológico del conjunto del yacimiento, no solo del castro sino de los campamentos romanos que lo rodean, hacen de este lugar un enclave único. Fue hallado por el conocido investigador reinosano Miguel Ángel Fraile en el año 2003, siendo posteriormente excavado por una de las eminencias en el mundo de la arqueología en nuestra región: Eduardo Perarlta Labrador. En este sentido debemos destacar que muchos de los yacimientos relacionados con las guerras cántabras, como el castro de La Loma, "salen a la luz" a principios de este milenio, siendo además excepcionales escenarios en la investigación de la época prerromana y romana en el territorio de los antiguos cántabros.

Situado a unos 1.124 metros de altitud, el castro de La Loma posee una extensión aproximada de unas 10,18 hectáreas, superficie que denota su importancia como "oppidum". De hecho, muchas de las teorías existentes hasta este momento apuntan a que el castro de La Loma pudiese haber sido la capital del pueblo cántabro de los Camáricos (o Tamáricos según la fuente). El geógrafo romano Ptolomeo ya ubicó en el siglo II d.C. la capital de este pueblo, Camárica, en la zona meridional de la antigua Cantabria. Este dato, junto con la aparición de varias inscripciones romanas en localidades palentinas relativamente cercanas (Ruesga y Dehesa de Montejo) referente a la ciudad de Camárica y alimentado por la fuerte presencia militar y datos de asedio del castro, hacen pensar que La Loma pudiese ser la capital de este conocido "populus cántabro". De todos modos, hasta que no existan datos arqueológicos concluyentes, esta afirmación no deja de ser una teoría con muchos fundamentos a favor y otros en contra. No olvidemos que Ptolomeo la cita en el siglo II d.C., momento en el cual es más que probable que el castro de La Loma estuviese totalmente arrasado y extinto tras las diferentes campañas de las guerras cántabras.

Independientemente de que fuese o no Camárica, de lo que no cabe la menor duda es de la importancia de este "oppidum". Su punto más accesible se encuentra en el sector nordeste y norte, siendo el suroeste y sureste su sección mejor "protegida" por los accidentes geográficos, ya que se encuentra parcialmente acantilado hacia el estrechamiento de la Hoz donde se unen los ríos Valdivia y Las Heras y el arroyo de San Roman. Es en el primero de los sectores (nordeste/norte) donde se encuentra uno de los puntos más impresionantes de todo el yacimiento: el derrumbe la muralla. Por la cara externa de la misma alcanza más de doce metros de altura desde la cima hasta la base del terraplén, completándose la misma con un foso exterior en V de cuatro metros de anchura por otros tantos de altura tallados en el subsuelo rocoso. Hasta el momento, esta obra de gran envergadura no ha sido documentada en ningún otro castro del antiguo territorio cántabro. Ya no solo nos da a entender que el castro de la Loma fuese un gran poblamiento indígena, sobre todo por la gran cantidad de mano de obra necesaria para su construcción, sino que para arrasarlo completamente fuese necesario un contingente romano de enormes proporciones.

Fuente: "La conquista romana de la Montaña Palentina: el asedio de La Loma" (Santibáñez de la Peña). Autor: Eduardo Peralta Labrador

 

Calzado típico militar romano, apreciándose en su suela las típicas clavi caligae

Como bien explicábamos anteriormente, el castro de La Loma es uno de los que más informaciones aportan en el contexto de las guerras cántabras por los materiales allí encontrados. Los trabajos arqueológicos se han centrado básicamente en el estudio de las estructuras defensivas situadas frente al campamento romano principal (del que hablaremos posteriormente), en sondear la segunda línea de muralla interna y en excavar un corte de la pista agropecuaria moderna. Esta zona, utilizada a modo de "vertedero", ha aparecido abundantes materiales arqueológicos como abundantes restos de fauna, una fíbula geométrica zoomorfa con anillas, unas plaquitas, una aguja de bronce, una navaja de afeitar con cachas de hueso, materiales cerámicos, etc. Cabe destacar que todos los materiales encontrados son de finales de la IIª Edad del Hierro.

El sector que se ha excavado con mayor amplitud ha sido la esquina en ángulo de la muralla (situada también frente al campamento romano principal), concretamente en la cara interna de la misma. Este es el punto que mayor información ha aportado en cuanto a materiales se refiere, ya que posee once unidades estratigráficas donde se han encontrado decenas de evidencias. Los restos más "superficiales" proporcionaron restos de fauna, mangos de cuchillo de asta de ciervo, fichas de juego, objetos metálicos de bronce y hierro y

Campamento romano principal del yacimiento de La Loma. Foto: Rafael Bolado del Castillo

Como bien hemos comentado previamente, el contingente romano que arraso el castro de La Loma debió ser increíblemente grande. De ello dan fe las diferentes estructuras campamentales y auxiliares que flanquean el perímetro del castro. Al sudeste del oppidum se encuentra el campamento principal, el cual se extiende imponente sobre aproximadamente 5,9 hectareas. En la actualidad es visible gran parte de su perímetro defensivo, formado por un agger o aterrazamiento de tierra y piedra. La planta del mismo es ovalada, adecuándose perfectamente a la orografía del terreno. Se ha documentado en el mismo una puerta en clavícula interna, recurso militar muy conocido y extendido en gran parte de los campamentos romanos desde la época cesariana hasta mediados del siglo II d.C. Verdaderamente tuvo que ser impresionante ver desde el castro como el ejército romano construía esta estructura a escasos 100 metros del acceso a La Loma. Una imagen cuanto menos inquietante y perturbadora para sus moradores.

Pero esto no es todo, ya que el dispositivo de asedio romano se apoyaba en otros dos castra minora o castella (campamentos auxiliares) al oeste del poblado fortificado. Además, en los altos inmediatamente próximos de La Loma (situados al otro lado de La Hoz) se alza otro campamento de pequeñas dimensiones de planta ovalada, del cual sale un agger rectilíneo que protegía la retaguardia de las tropas aquí acampadas.

Se creé por último que en las zonas llanas situadas al pie del castro también puede haber indicios del cerco romano y el asedio, pero al ser zonas agrícolas ya explotadas no se han encontrado evidencias al respecto.

Catapulta "scorpio", más que probablemente utilizada en el asedio al castro de La Loma

Gracias a las intervenciones arqueológicas y a la interpretación de los materiales allí encontrados, se sabe que la gran mayoría de los combates se produjeron en la esquina en ángulo de las murallas del castro, situadas justo en frente del campamento romano principal. Independientemente de las decenas de "clavi caligae" allí encontradas, se han encontrado numerosísimas puntas de fecha de hierro en la cara exterior del derrumbe de la muralla en ese punto. Ese es el punto de mayor concentración, pero debemos de comentar que en todo el yacimiento se han encontrado más de 400 puntas de fecha, lo que hace que la colección de La Loma sea la más completa conocida hasta hoy. En el interior del castro, en esa misma vertiente pero esta vez al interior de la muralla, se ha documentado un gran incendio y un nivel de destrucción importante en la muralla. Se cree que el ejército romano focalizó gran parte de su esfuerzo en inutilizar la estructura defensiva en este punto, ya que se puede constatar que la muralla fue destruida hasta los mismísimos cimientos.

No obstante también existen evidencias de que los antiguos pobladores de La Loma se defendieron férreamente. Son varias las puntas de flecha encontradas en el interior del campamento romano, así como tres proyectiles de catapulta con la punta doblada (uno de ellos todavía hincado en el suelo). El ángulo de este proyectil, proveniente del castro, y la "rareza" del hallazgo hacen pensar que los pobladores de La Loma se hiciesen en algún momento con una catapulta tipo"scorpio" capturada al enemigo y que la utilizasen contra el ejército romano.

Realmente no se sabe cuánto tiempo duró el asedio como tal, pero se cree gracias a las investigaciones que los antiguos cántabros no fueron reducidos por hambre (como los numantinos), sino que el ejército romano tuvo que expugnar el castro a través de una fuerza militar descomunal.

VISITAS

Todos podemos disfrutar del castro de La Loma, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento, los campamentos romanos y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria y Palencia.

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DESTACADOS

  • PEÑA DE SAMANO

    Descubierto por Félix González Cuadra en 1972, el castro de la Peña de Sámano (Castro Urdiales) es uno de los poblamientos prerromanos más imponentes de la costa oriental cántabra. Esta increíble atalaya natural albergo hace siglos un recinto castreño de aproximadamente 10 hectáreas, el cual se cree que fue poblado por el pueblo de los autrigones. Esta tribu prerromana fue situada por Ptolomeo entre los ríos Asón (Cantabria) y Nervión (País Vasco), indicando que su territorio limitaba con el de los caristos por el este y los cántabros por el oeste. Otros historiadores como Plinio el viejo citaba "entre las diez ciudades de los autrigones" Tritum (Monasterio de Rodilla) y Virovesca (Briviesca), ambas en Burgos, lo que nos da a entender el amplio territorio que ocupaba esta tribu de norte a sur entre los territorios de cántabros y caristos.

    Volviendo al castro en sí, combina a la perfección la fortificación mediante grandes murallas de más de 2 metros de alto con el aprovechamiento de los accidentes naturales de la peña. En lo alto del mismo han podido distinguirse vestigios de una pequeña organización urbana, observándose resto de edificaciones de planta rectangular (con las esquinas redondeadas eso sí) y pequeñas estructuras de planta ovalada. Destacar que justo en el centro del área de hábitat del poblado se ubica la conocida como Cueva de Ziguste. En las excavaciones y posteriores investigaciones realizadas por el equipo de R. Bohigas y por M. Unzueta se menciona también la posible existencia de una organización estructural del poblado, atisbándose cierto "urbanismo" en la ejecución y construcción del mismo por parte de sus moradores. Presenta dos accesos principales. Uno denominado la "Puerta de Sangaza" (al norte) y otro denominado como "Puerta del Vallegón" (al oeste), ambas combinando ensanchamientos de muralla y pasillos estrechos para regular y controlar el paso al interior del recinto.


  • CASTRO DE LOS PEÑOS

    El castro de Los Peños se sitúa entre las localidades de Fontecha y Fresno del Río (Campoo de Enmedio), concretamente en una elevación que domina un amplio territorio hacia el sur. Sus características tipológicas (fortificación amurallada) y su emplazamiento en altura (entre los parajes de "Arvejales" y "El Castro"), unido a su posición estratégica citada en el párrafo anterior, hacen de él un enclave castreño por antonomasia. Como veremos más adelante, no es un yacimiento que impresione ni por su tamaño ni por la grandiosidad de sus estructuras, pero esto no quiere decir que no tenga relevancia histórica. Fue descubierto por el arqueólogo e investigador Ramón Bohigas Roldán en la década de los años 70 del siglo pasado, aunque la primera referencia escrita sobre el mismo se produce 20 años después por tanto por su descubridor (1990: 120) como por Miguel Ángel Fraile (1990: 128-129, 627), quien lleva a cabo una recogida de materiales en superficie en la década de los 80. En este sentido destacaría la presencia de cerámicas a mano y algún fragmento de molino de arenisca, aunque no existe documentación alguna sobre los mismos a parte de la cita.

    Respecto a su cronología, Fraile y Bohigas lo atribuyen a la Edad del Hierro sin más detalles, si bien es cierto que poco se puede hacer a este respecto sin intervención alguna o sin la presencia de materiales que puedan reducir este arco temporal. En este planteamiento tanto Eduardo Peralta Labrador como Emilio Muñoz (1993: 61-62, nº 17) son de la misma opinión.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Antxoka Martínez Velasco