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Increíble panorámica del campamento de La Muela. Fotografía: Ángel Neila Majada

El campamento romano de La Muela (Villamartín de Sotoscueva, Burgos) es uno de los yacimientos más impresionantes sobre los que hemos escrito. Ya no solo por su ubicación, sobre una enorme península caliza rodeada de escarpados acantilados, sino también por su importancia historia dentro de un contexto que nos apasiona: Las Guerras Cántabras. Sale a la luz en el año 1999, concretamente en una serie de prospecciones realizadas por Eduardo Peralta Labrador, Federico Fernández y Roberto Ayllón, quienes atestiguan su tipología de enclave militar romano gracias a los materiales y estructuras halladas en superficie. Sería el primer paso antes de confirmar, como veremos más adelante, que es un yacimiento de gran relevancia para conocer más información de la antigua Regio Cantabrorum.

La peña de La Muela se encuentra a unos 1.139 metros de altitud, ocupando su cima un total de 1,12 hectáreas en un espacio prácticamente llano y muy erosionado, careciendo además de vegetación alguna. Domina por el Este (incluso por parte del sector Sur) el llamado Canal de La Dulla, un vasto páramo de altura cubierto por un espeso bosque. Por el flanco contrario, al Oeste, los acantilados dan paso a la Merindad de Valdeporres, mientras que por el Norte cae hacia la los llanos de la localidad de Villamartín de Sotoscueva. Su ubicación, como todas las de origen romano, no es fruto de la casualidad ya que se encuentra enmarcado en el paso natural del área del nacimiento del Ebro (al oeste) hacia la cuenca pasiega y el valle de Villarcayo. De hecho, el campamento de La Muela esta comunicado visualmente (muchos kilómetros al norte) con otros campamentos romanos de la zona, incluso dentro de la actual Cantabria.

Volviendo a su morfología, el "istmo" que une la península al paramo es uno de los puntos más interesantes del yacimiento, ya que es uno de los lugares donde más materiales fueron hallados en las posteriores intervenciones arqueológicas y el primer punto donde afloran los primeros restos constructivos. Concretamente se puede apreciar una estructura defensiva a base de dos "aggeres" de tierra y piedra de unos 5 metros de largo que encierran el área de la península dotándolo además del único acceso al recinto. Llama poderosamente la atención el "agger" interno, ya que dispone de una prolongación en forma de cuarto de círculo con muro hacia el interior que forma un estrechamiento o pasillo de control antes de la puerta, la cual es una clavícula interna. No hay más estructuras defensivas (¿para qué?) en el campamento, son totalmente innecesarias viendo la morfología de la península. Lo que sí aparecerían en el interior serían varias depresiones circulares que podrían corresponder a cabañas de la Edad del Bronce excavadas en el subsuelo rocoso.

De vuelta al uso militar, se cree que el campamento pudo albergar como máximo una o dos cohortes con algunos auxiliares, pudiendo incluirlo así tipológicamente como "castra aestiva". Esta aproximación no es fruto de la casualidad, sobre todo porque las reducidas dimensiones de la atalaya natural que ocupa no dan para mucho más. Este dato no es impedimento alguno para comprobar, como veremos a continuación, que es un yacimiento único por la cantidad y calidad de los restos materiales hallados.

Fuente: La revisión de las Guerras Cántabras - Novedades arqueológicas en el norte de Castilla (Autor: E. Peralta Labrador).

Agradecimientos: Ángel Neila Majada.

 

Ilustración sobre el funcionamiento de una groma romana.

Inicialmente se realizó un sondeo en el segundo "agger" de tierra que cierra el paso en el istmo de acceso, sobre manera para conocer las características del foso del mismo. En dicha intervención se constataría el alto nivel de erosión en la totalidad del campamento, ya que el fondo del foso actual tiene tan solo 70 cm de anchura por 30 de profundidad. Esta circunstancia tiene dos lecturas totalmente contrarias: La primera de ellas desde un punto arqueológico muy positiva, ya que los restos materiales aparecerían (como así fue) casi en superficie, facilitando mucho la labor. La segunda, contrapuesta, es que este afloramiento "sencillo" ha podido favorecer la labor de los furtivos en la zona. De todos modos, no podemos olvidar que las áreas excavadas en La Muela han proporcionado abundante material militar romano, lo que nos puede dar a entender que este enclave se salvó parcialmente de la actividad furtiva.

Tanto en superficie como hincadas aún se encontraron varias clavijas de tienda de campaña, indicador fundamental para determinar el carácter temporal del campamento. Se puede interpretar en base a este hallazgo que tuvo que estar ocupado durante un tiempo entre primavera y otoño, ya que sería prácticamente imposible pasar el invierno en este enclave en las típicas tiendas de campaña de cuero. Paralelamente, aparecieron numerosas tachuelas de caligae, fragmentos de cerámica común romana y otros materiales que llevan a pensar a la comunidad arqueológica que este campamento tuvo que ser abandonado súbitamente. Los fragmentos de dolia y dos plomos de una "groma" aparecidos en el centro del recinto plantean la siguiente pregunta: ¿Cómo han aparecido en un campamento de campaña materiales asociados a estancias largas y encima de gran valor para el ejército?. No olvidemos que la "groma" era un instrumento de topografía utilizado por los agrimensores militares que de ser abandonado debió ser por fuerza mayor. ¿Hubo un ataque imprevisto?, ¿se tuvieron que enfrentar a un asalto por sorpresa de su campamento?. Muchas preguntas que esperemos que el futuro se puedan resolver y que completen la increíble historia de La Muela. Volviendo a la intervención arqueológica, la dispersión de materiales es más densa junto al estrechamiento del istmo (acceso al recinto), pudiendo esto reforzar incluso la teoría citada en el párrafo anterior. Se encontraron restos de infantería pesada como dos "pila catapultaría", dos puntas de "pilum" (una doblada en la punta por haber sido lanzada presumiblemente), así como abrazaderas y pasadores de pilum, regatones y puntas de lanza. A los pies de la península aparecieron además, siete puntas de flecha de 3 aletas y numerosas tachuelas de caligae, indicativo una vez más de que existieron enfrentamientos con la población indígena.

Fuera del contexto bélico, aparecieron también un conjunto de fíbulas de lo más interesante, ya que abarcan un abanico cronológico bastante extenso. En primer lugar nos encontramos con una fíbula indígena de tipo geométrico con anillas evolucionada de las zoomorfas. A modo de apunte, destacar que es similar a una de las encontradas en el conocido castro de La Loma (Palencia). Respecto a las fíbulas romanas encontradas, han aparecido varias omegas y tres Auccissas, las cuales también nos sitúan cronológicamente en el contexto de las Guerras Cántabras. Este tipo (Auccissa) fueron difundidas por el ejército romano y aparecen de forma masiva en los campamentos de inicios de la "época augústea". Esta tipología se alargó hasta finales del siglo I d.C, pero los modelos aquí encontrados son prácticamente iguales a los que comenzaron a fabricarse entre el 15 a.C. y el 15 d.C .

Apoyando la contextualización en el periodo de Guerras Cántabras, no solo se encontraron las citadas fíbulas, sino que apareció un conjunto numismático de gran valor. Durante las prospecciones se encontró en superficie, bajo una piedra, un increíble as acuñado en Nemausus (Nimes) en época augústea. Se aprecia claramente las efigies de Augusto y Agripa, muy escasas en la península ibérica y que casi siempre aparecen asociadas a establecimientos militares. Su producción comenzó hacia los años 27/28 a.C y continuó hasta el 14/15 d.C. Aún asi, esta pieza parece ser única en cuanto a su acuñación, ya que varios elementos de la misma son totalmente diferentes a los ases de la misma época. Respecto al resto de ases encontrados, cabe destacar que cuatro de ellos aparecieron juntos: Un as de Clounioc (emisión pompeyana o augustea), dos ases de Celsa (44-42 a.C. a 36-35 a.C) y un as augusteo de Calagurris (29-28 a.C). En otro punto del yacimiento se encontró un as similar al último expuesto, pero esta vez partido.

Por último, en cuanto a material numismático se refiere, se encontraron también varias monedas de plata: Un denario de Cn. Domocio Ahenobarbo (110 a.C.), un denario de la familia Cipia (115-114 a.C.), un denario de R. Marcio Filipo (56 a.C.) y un quinario de Carisio (24-22 a.C), acuñado tras las primeras campañas de las Guerras Cántabras y que no hace más que reforzar la datación de este yacimiento en dicho periodo bélico.

VISITAS

Todos podemos disfrutar del campamento romano de La Muela, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Burgos y Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • A GRANDA DAS XARRAS

    El campamento romano de A Granda das Xarras es un yacimiento de montaña espectacular. Al igual que otros enclaves de similar tipología relacionados con el Bellum Cantabricum et Asturicum, se encuentra ubicado en lo alto de un paso estratégico. En este caso entre los valles de Ibias (vertiente asturiana) y el valle de Valouta (vertiente leonesa), en un llano con suaves pendientes con una cota máxima de 1.371 metros. El trazado que se domina desde el recinto defensivo ha sido históricamente lugar de paso obligado, quedando documentado desde al menos el siglo XVIII. Esta metodología constructiva, emplazando campamentos en lo alto de vías de comunicación, no es ni mucho menos única en el norte de Hispania. En Asturias tenemos ejemplos como el campamento de El Picu Curriel.los situado en lo alto de la vía romana de La Carisa (Camino et al., 2007b) o en Cantabria los campamentos de la Poza, estratégicamente posicionados al lado de la vía romana de Peña Cutral.

    Toponímicamente, el nombre de A Granda das Xarras resulta cuanto menos peculiar y llamativo. El término "granda" se refiere a un espacio de monte bajo, mientras que la mención "xarras" (jarras), puede tener varias interpretaciones. Una de las más curiosas, y porque no válidas, nos habla de que este término puede referirse a posibles restos arqueológicos hallados en el pasado por gentes del lugar. No tendrían que ser necesariamente jarras o fragmentos cerámicos, tal vez sean otro tipo de restos que en base a una tradición oral y a una realidad material cotidiana (de campesinos) fuesen denominados así. No olvidemos que la presencia de jarras y restos cerámicos en abundancia no son elementos típicos de los campamentos militares de campaña (Peralta , 2002b: 51). Esta interpretación toponímica es interesante, pero ni mucho menos cerrada ya que deja demasiadas incógnitas al respecto.

    El primer estudio sobre A Granda das Xarras fué publicado en el año 2011 por los arqueólogos David González Álvarez, Andrés Menéndez Blanco, Valentín Álvarez Martínez y Jesús Ignacio Jiménez Chaparro. Serían ellos mismos los encargados de notificar el hallazgo un año antes a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias, redactando además su correspondiente ficha en el inventario arqueológico regional. Su trabajo, titulado "Nuevas evidencias de la presencia militar romana en el extremo occidental de la Cordillera Cantábrica." marcó el camino para la consecución de la primera excavación arqueológica realizada en 2013. Sería en este caso un equipo del Instituto de Historia del CSIC dirigido por Javier Sánchez-Palencia y Almudena Orejas quien realizase los trabajos de campo tales como el desbroce de toda la superficie del recinto (cubierto por vegetación y monte bajo..vamos, como todos los yacimientos de Cantabria), una prospección sistemática del terreno, un pequeño sondeo y la topografía en detalle del recinto. A diferencia de lo ocurrido en otros campamentos "compartidos" administrativamente entre Asturias y León, como en del Pico L.lagüezos (donde solo Asturias participio financiando las intervenciones), ambos ayuntamientos donde se ubica apoyaron y colaboraron en la intervención. En verano de 2014 los trabajos continuaron, realizándose además trabajos de consolidación del yacimiento, señalización del mismo y limpieza de los materiales hallados.

    No cabe duda que el estudio de A Granda das Xarras y del "castra minora" de A Recacha (que veremos en otra publicación) es una excelente noticia para el conocimiento del avance romano en el Norte de Hispania. En el caso del campamento romano que nos ocupa, del cual se cree que fue creado en pleno apogeo de las Guerras Cántabras entre los años 26-19 a.C., quedan aún muchos interrogantes que resolver. ¿Fue creado tan solo para controlar a la recién diezmada población o tuvo que ver más con el control en la extracción del oro de las minas cercanas?. ¿Qué castros pudieron ser asediados desde el mismo?. Esperemos que el tiempo y el apoyo administrativo logren despejar todas estas preguntas.

    Bibliografía:
    • Menéndez Blanco, Andrés; González Álvarez, David; Álvarez Martínez, Valentín y Jiménez Chaparro, Jesús Ignacio (2011): "Nuevas evidencias de la presencia militar romana en el extremo occidental de la Cordillera Cantábrica". *Gallaecia, 30: 145-165.
    • Menéndez Blanco, Andrés; González Álvarez, David; Álvarez Martínez, Valentín y Jiménez Chaparro, Jesús Ignacio (2013): "Campamentos romanos de campaña en el Occidente de Asturias". Excavaciones Arqueológicas en Asturias 2007-2012. En el centenario del descubrimiento de la caverna de La Peña de Candamo*. Oviedo: Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias. Dirección General de Patrimonio Cultural, 245-251.
    Agradecimientos: David González Alvarez

  • CASTRELO DE PELOU

    El yacimiento del Monte Castrelo de Pelóu (Grandas de Salime, Asturias) fue una auténtica incógnita hasta hace no muchos años. De hecho su ubicación (inmerso en una de las mayores zonas auríferas que explotó el imperio), sus técnicas constructivas (utilizando la fuerza hidráulica en la excavación de su foso), la magnitud de su aparato defensivo y los diferentes hallazgos materiales en el interior del mismo llevaron a pensar que su periodo fundacional se remontaba a la época romana, bien como pequeño núcleo administrativo sobre las explotaciones de Valabilleiro o Pedras Apañadas (por ejemplo) o bien a modo de control militar sobre las mismas. Pero nada más alejado de la realidad. Las excavaciones realizadas durante los primeros años del presente siglo nos abrieron un horizonte temporal mucho más amplio, trasladándonos directamente a épocas previas a la romanización del territorio.

    El asentamiento fue catalogado por José Manuel González en 1973 como La Pica el Castro (González, 1976: 139), si bien es cierto que entre los vecinos y conocedores del territorio se han utilizado topónimos como Monte Castrelo y Prida del Castro. A partir de su primera cita pocas han sido las referencias bibliográficas sobre el yacimiento, denominándose principalmente como El Castro de Pelóu (Carrocera, 1990: 125; Sánchez-Palencia; 1995: 148). No sería hasta el año 2003 cuando se comenzasen una serie de intervenciones arqueológicas, dirigidas por Rubén Montes López, Susana Hevia González, Alfonso Menéndez Granda y Ángel Villa Valdés, que se prolongarían en el tiempo durante 4 años (en breves intervalos, cierto es). Los resultados de las mismas, que sobrepasaron las expectativas iniciales según sus directores, han sido fundamentales para realizar un mapa cronológico de ocupación del castro como veremos posteriormente.

    Estamos sin duda ante uno de los yacimientos más espectaculares de Asturias, no solo por sus técnicas constructivas, sino por el increíble valor de los elementos y materiales allí encontrados. Un enclave que tal vez no destaque por su majestuosidad y tamaño como otros castros del entorno, pero que tiene un nombre con mayúsculas dentro de la arqueología en el antiguo territorio galaico.

    Agradecimientos: Ángel Villa Valdés. Fotografías: Castros de Asturias
    Bibliografía: "MONTE CASTRELO DE PELÓU (GRANDAS DE SALIME). AVANCE SOBRE SU SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA E INTERPRETACIÓN HISTÓRICA". Rubén Montes López, Susana Hevia González, Ángel Villa Valdés y Alfonso Menéndez Granda, EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ASTURIAS 2003-2006.

  • EL CANTON

    El campamento o castellum de El Cantón (Molledo / Arenas de Iguña) es otro claro ejemplo de que un yacimiento relacionado con las Guerras Cántabras es mucho más que los materiales allí encontrados, incluso mucho más que la superficie que ocupa. Si la arqueología se basara tan solo en parámetros como estos..este recinto fortificado tendría poco o ningún interés. Nada más allá de la realidad, ya que tanto la situación de El Cantón como su morfología hacen de este yacimiento algo único en nuestra región, veamos porqué.

    Fue localizado en el año 1996 por un equipo dirigido por el conocidísimo Eduardo Peralta Labrador, aunque cierto es que ya había sido citado por A.Arredondo como "poblado cántabro" años antes. Su ubicación no es ni mucho menos casualidad, ya que tiene un buen dominio visual sobre la sierra donde se encuentra el yacimiento de la Espina del Gallego (al oeste) y el campamento romano de Cilda, ambos lugares claves en el desarrollo de las Guerras Cántabras.

    El "castellum" de El Cantón tiene una superficie aproximada de 7.200 m2, quedando este área delimitada por un talud redondeado o agger de forma circular (ligeramente ovalada). Este tipo de estructuras defensivas se corresponde a un tipo denominado como "castra lunata" o "castra rotunda", muy poco comunes en nuestra región (me atrevería a decir que único). El perímetro se compone de una línea de vallum (agger de tierra y foso) de 1,82 metros de altura, creyéndose además que pudo estar reforzado exteriormente por un parapeto de madera. Las características del citado foso se corresponden con las de una fossa fastigata (en V), además de tener unos 2,66 metros de ancho por casi medio metro de profundidad. Otros de los aspectos destacables de este yacimiento son sus dos puertas en clavícula (orientadas al este y noroeste), elementos característicos de los campamentos militares de la época Augustea. Curiosamente una de las puertas se encuentra orientada hacia el yacimiento de la Espina del Gallego.

    Agradecimientos: Ivan Añivarro Anguren
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • EL CINCHO

    El campamento romano de "El Cincho" se sitúa en la cima de un cerro cercano al núcleo de La Población de Yuso (Campoo de Yuso), aproximadamente a unos 924 metros de altitud en su cota máxima. Su situación, dominando visualmente la gran llanada de La Vilga (hoy inundada por el Embalse del Ebro), era de gran importancia estratégica para el ejército romano, siendo un asentamiento de gran importancia en las campañas inmediatamente posteriores al año 27 a.C. Su nombre proviene de la evolución del latino "cingulum", con sentido aquí de cinturón amurallado en torno la cima. Hasta no hace muchos años, el lugar se había destinado a pastos y a la explotación ganadera, sin siquiera saberse el tesoro que albergaba.

    En el último siglo, parte del yacimiento fue destruido debido al emplazamiento atrincherado del ejército y las milicias republicanas en la guerra Civil Española. Concretamente, existen tres líneas de trincheras en zig-zag al este del cerro, ya que en este punto era donde se controlaba el paso de la carretera de Reinosa a Corconte. Los sondeos arqueológicos realizados han permitido constatar el tipo de estructura defensiva del campamento de El Cincho. De dentro afuera existe un pasillo de ronda-“verna” con suelo de tierra pisada que formaría parte del “intervallum”, el cual se situaba entra la empalizada y las primeras tiendas del campamento. Se ha detectado también el “vallum” o base de piedra donde se colocaba la empalizada. Esta base, conformada por piedra seca irregular y sin trabajar, se sitúa sobre el “agger” levantado con la tierra extraída de los fosos o “fossa”.


  • EL ALAMBRE

    El castra aestiva de El Alambre (Fuencaliente de Lucio, Burgos) forma parte de la élite campamental romana relacionada con el conflicto bélico de las Guerras Cántabras. No olvidemos que nos encontramos cerca uno de los "puntos calientes" de la contienda, concretamente en las inmediaciones del campamento romano de El Castillejo y el oppidum de Monte Bernorio. Se encuentra ubicado en un cerro situado al Suroeste de la citada localidad, en un paraje denominado "El Alambre", topónimo que le da nombre. Fue descubierto en 2003 por el equipo conformado por Eduardo Peralta Labrador, Federico Fernández y Roberto Ayllón, dentro de su conocida campaña de prospecciones arqueológicas de la zona que saco a la luz varios yacimientos romanos. Cabe destacar que el hallazgo vino dado por una referencia dada Miguel Ángel Fraile López, quien les puso sobre la pista de un posible castro indígena en las inmediaciones del lugar. Con posterioridad, aun teniendo casi la certeza de que nos encontramos ante un campamento romano, Fraile ha preferido interpretarlo como un asentamiento castreño de la Edad del Hierro (Fraile, 2006, 19 y 86).

    De lo que no cabe duda es que nos encontramos ante un recinto defensivo de grandes dimensiones, en una cima elevada rodeada por pendientes pronunciadas a modo defensa natural y con varias "fuentes" de agua adyacentes (el arroyo El Alambre por el Este y el río Lucio por el Norte), circunstancias todas idóneas para su construcción. Desgraciadamente, la actividad agrícola en alguno de los sectores y la falta de protección del yacimiento, pueden llevar a pensar que se ha perdido parte de la historia del mismo por el camino. Esperemos que futuras intervenciones arqueológicas nos muestren un poco más de lo que parece un enclave vital para el asedio y control del territorio de los antiguos cántabros.

    Bibliografía: Lvcentvm XXX - "Las monedas de los campamentos romanos de campaña de las Guerras Cántabras del asedio de La Loma, Castillejo y El Alambre" — Peralta Labrador, Eduardo; Hierro Gárate, José Ángel; Gutiérrez Cuenca, Enrique