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Panorámica del castro de La Lomba. Fotografía: José Ángel Hierro Gárate

La Lomba (Campoo de Enmedio, Cantabria), también conocido como castro de Aldueso, ocupa un magnifico espolón con fuertes defensas naturales desde el que se controla visualmente gran parte del valle de Campoo y el acceso desde la cuenca del Besaya. La superficie de su cima es bastante regular, salvo algún afloramiento rocoso disperso, dotándolo de un área habitable de consideración si suponemos que toda ella se encontrase poblada. La altura oscila entre los 850 y 865 metros con una cota máxima de 876, siendo este dato fundamental para comprender su estratégica posición.

Fue descubierto por Miguel Ángel Fraile en la década de los 80 del siglo pasado, citándose con posterioridad el descubrimiento de algunos interesantes materiales (1990: 627, nº 47) que son claves para contextualizarlo al menos en parte. Tuvimos que esperar hasta no hace mucho tiempo (entre el otoño de 2009 y verano de 2010) para que una intervención confirmase lo que todo el mundo pensaba. Tanea Arqueología, de la mano de Yolanda Diaz Casado, abordo una actuación arqueológica cuyo objetivo era certificar que tanto las informaciones respecto a los materiales hallados como la posible extensión del poblamiento no era una mera hipótesis. Las prospecciones iniciales dieron sus frutos desde el primer momento, ya que mientras se identificaban las estructuras documentadas aparecieron cuatro fragmentos cerámicos en superficie. A partir de este punto, tanto los trabajos de topografía como la posterior prospección con georradar arrojaron algo más de luz en la investigación, detectándose una serie de anomalías (todas ellas a un metro de profundidad) donde se realizaría a posteriorí una segunda intervención que transformaría la hipotética cronología en algo mucho más tangible como veremos a continuación.

Agradecimientos: José Ángel Hierro Gárate
Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

 

Croquis de las estructuras del castro de La Lomba

Es complicado hacer un análisis de las estructuras del castro de La Lomba, ya en el caso de existir son apenas inapreciables. No digo con esto que no existiesen o que no existan (aún ocultas), pero es cierto que a parte de los diferentes aterrazamientos más o menos diferenciables, poco o nada podemos ver. De todos modos, si atendemos a sus medidas máximas (600 m de largo por 130 m de ancho) y a la magnitud de sus defensas naturales, podríamos encontrarnos con un yacimiento que pudiese ocupar unas 5 hectáreas sobre la totalidad del espolón, aumentado a 8 si hiciésemos “habitable” todo el entorno del mismo.

Como bien hemos apuntado, se observan algunas terrazas al Suroeste que se prologan parcialmente por el sur. Es curioso también el escalonamiento del reborde en la cima del espolón en su extremo noroeste. Por último, se interpreta que el acceso al castro de La Lomba pudiese estar ubicado en el extremo Suroeste, orientado según se interpreta hacia el Sur.

Cronología

Su descubridor, basándose en los materiales encontrados y en la ubicación del mismo, lo adscribe cronológicamente como castro de La Edad del Hierro (1990: 129-130). A partir de los mismos datos, arqueólogos e investigadores de renombre como Eduardo Peralta Labrador o Emilio Muñoz son de la misma opinión (1993: 61, nº 16), si bien es cierto que una interpretación demasiada amplia cronológicamente hablando.

Gracias a la intervención arqueológica realizada por Tanea Arqueología, se ha conseguido cerrar un poco más el cerco sobre su cronología. Los restos cerámicos del "Sondeo 2" y el contexto donde se encontraron no dejan lugar a dudas: Apunta a finales de Edad del Bronce – principios de la Edad del Hierro. Ahora bien, la datación del cuchillo afalcatado nos lleva hasta el siglo V a.C, en pleno auge de la Edad del Hierro..a partir de aquí las dudas siguen acechando en el horizonte del yacimiento. ¿Estamos ante un poblamiento continuado del castro? ¿Es La Lomba un enclave estacional? ¿la pieza metálica esta fuera de contexto?. Todavía queda mucho por descubrir en este yacimiento, esperemos que haya tiempo para poder actuar ya que durante estos últimos años la sombra de una cantera se cierne sobre esta maravilla..viva el vino..nuevamente.

Castro de La Lomba. Fotografía: Antxoka Martínez Velasco

En primera instancia, los cuatro fragmentos citados con anterioridad, no eran lo suficientemente clarificadores como para estrechar el cerco cronológico del castro de La Lomba. De ellos se sabe casí con absoluta seguridad que correspondían a tres vasijas diferentes por el tipo de pasta, textura y su diferente grosor. Dos de ellos corresponden a la misma pieza, incluso encajan perfectamente, y llama poderosamente la atención que se hallasen por separado. Los restos cerámicos eran un buen indicio pero no eran suficientes desde un punto de vista cronológico. Es por esto, junto con a las anomalías detectadas en la pasada de georradar, por lo que se considera realizar una intervención arqueológica mucho más profunda y con unos sondeos situados en los “puntos calientes” tras el primer análisis.

La nueva actuación se desarrolla en el verano de 2010, abriéndose varios sondeos que finalmente serian prolíferos en cuanto a materiales de toda índole. De los tres sondeos realizados, destacaría por su abundancia y calidad el denominado “Sondeo 2”: 32 fragmentos cerámicos a mano (de color oscuro y rojizo en su mayoría), 203 restos identificables de fauna y un número más que importante de manteado de barro (de las estructuras habitables). De la cerámica destacan bordes de variedad redondeada, tres de ellos con decoración a base de incisiones lineales, incluso de tipo ajedrazado. Respecto al material metálico encontrado cabe destacar un puñal de hierro de hoja afalcatada. Esta increíble pieza aparece en dos partes, roto insitu puesto que los restos estaban en conexión. Su estado de conservación era delicado, ya que además de la rotura citada, se desintegraba con facilidad. Es por esto por lo que se depositó de inmediato en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria para realizar labores de consolidación y restauración del mismo.

Todos estos hallazgos serían VITALES para delimitar un arco cronológico mucho más exacto, el origen y poblamiento del castro de La Lomba. No se puedo encontrar ningún tipo de estructura estable como tal (cabañas, pozos, etc), pero la presencia de manteado de barro no deja ningún lugar a dudas. En el denominado "Sondeo 2" los materiales se encontraron sobre lechos de piedra de pequeño tamaño y abundantes manchas de carbón cuya cronología apunta a finales de Edad del Bronce – principios de la Edad del Hierro. La datación absoluta del cuchillo afaltacado proporciona una fecha del siglo V a.C, en el apogeo de la Edad del Hierro.

VISITAS

Todos podemos disfrutar del castro de La Lomba, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

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DESTACADOS

  • CASTRO DE ABIADA

    El castro de Abiada (Campoo de Suso, Cantabria) es otra de las joyas arqueológicas del valle de Campoo. Su peculiar ubicación y morfología, en un cerro alargado de grandes pendientes entre el río Guares y el barranco de La Señoruca y con una superficie plana ligeramente inclinada hacia el este, hacen de este enclave un yacimiento único en nuestra región. Este tipo de formaciones rocosas a modo de atalaya natural son más típicas de la zona norte de Palencia (Monte Cildá o Bernorio) o Burgos (Amaya, La Ulaña), aunque ni mucho menos es comparable ni en tamaño ni arqueológicamente hablando a estos "monstruos" de la historia de Regio Cantabrorum. De todos modos, esta última afirmación tal vez venga dada por el desconocimiento del castro (y posible campamento romano) de Abiada, básicamente porque estamos comparando yacimientos estudiados y excavados hasta la saciedad con un enclave que solo ha sido reconocido visualmente por investigadores y arqueólogos..ahhh, y visitado en más ocasiones por furtivos..en fin.

    Fue descubierto a finales de la década de los 80 por Miguel Ángel Fraile, quien haría hincapié en los derrumbes de terrazas labradas en la piedra, además encontrar restos de cerámica a mano en su interior (1989: 625, nº 40). Posteriormente Eduardo Peralta y Emilio Muñoz (1993: 63-64, nº 24), citarían el hallazgo de monedas romanas del siglo III d.C., aunque la "mayor" constancia de evidencias materiales es relativa al hallazgo, búsqueda en este caso, por parte de los clandestinos: Monedas (antonianos), puntas de fecha y otro tipo de materiales de tipo militar romano.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)
    Fotográfia: «Castro la lomba abiada» de PinoEfe - Trabajo propio.

  • LOS CANTONES

    El castro de Los Cantones (Cahecho, Peñasagra) es uno de los iconos prerromanos de la comarca de Liébana. Durante décadas, su imponente tamaño, su ubicación y la potencia de sus estructuras han llevado a los investigadores a formular diferentes hipótesis sobre su importancia y contexto en la antigua Cantabria. Una de las más llamativas la formuló en el año 1982 el filólogo Eutimio Martino, quien apoyándose en la toponimia de la cercana localidad de Cambarco relacionó el enclave con la antigua civitas de Kamarika citada por el geógrafo Claudio Ptolomeo. A este respecto debemos destacar que, independientemente de la validez o no de la propuesta, a ojos de arqueólogos e investigadores resultó poco convincente.

    Volviendo a la fortificación, se asienta sobre una pequeña loma que separa los pueblos de Luriezo y Cahecho, circunstancia por la cual también se suele asociar a nivel toponímico como castro de una localidad u otra. Uno de los nombres más extendidos es el que tomamos como "principal" en esta publicación (Los Cantones) y está relacionado con los afloramientos rocosos redondeados de la cima, los cuales han sido utilizados durante siglos como materia prima para la construcción de cierres en las fincas colindantes. La primera cita aludiendo a la importancia arqueológica del mismo la realiza como hemos visto Eutimio Martino, si bien es cierto que el primero en hacer referencia a Los Cantones como castro de la Edad del Hierro es Ramón Bohigas (Bohigas Roldán, 1986-87). A modo de apunte, reseñar que se incluye en el INVAC (Inventario Arqueológico de Cantabria) hace apenas dos años.

    Agradecimientos: Gonzalo Gómez Casares
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)