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  • LA ESPINA DEL GALLEGO

    Definir en un solo párrafo el significado del yacimiento de la Espina del Gallego (Corvera de Toranzo, Anievas y Arenas de Iguña) se nos hace prácticamente imposible. Su descubrimiento, estudio y excavación marcaron un antes y un después a la hora de buscar respuestas a muchos aspectos desconocidos de las Guerras Cántabras. Es otro de los claros ejemplos de ocupación prerromana (castro indígena), asedio y ocupación por parte del ejercito romano. Pero decenas de matices y hallazgos hacen de la Espina del Gallego un yacimiento diferente...único en Cantabria. En nuestra sección haremos hincapié sobre todo en su vertiente “romana” como castellum, aunque no debemos de olvidar que antes de ser asediado fue probablemente uno de los castros más importantes de Regio Cantabrorum. Apuntemos tan solo un pequeño dato en base a su ubicación como castro: desde su punto más alto se pueden observar al menos otros 9 recintos castreños..imaginemos lo importante que era este dato (defensivamente hablando) para sus antiguos moradores. Como no, los romanos no quisieron pasar por alto este matiz tan importante en la conquista del norte de Hispania, haciendo suya esta majestuosa atalaya.

    Respecto a la toponimia del lugar, existen varias vertientes interpretativas. El término “gallego” tiene probablemente etimología latina a partir de un hipotético “Gallicus” relacionado con la ocupación romana del lugar. No es ni mucho menos descabellado tampoco pensar en el viento Noroeste (gallego) al que está expuesta su cima casi de continuo. Más difícil encontrar la fuente toponímica de “Espina”, aunque algunas fuentes (Castros y castras en Cantabria) citan que podría hacer alusión a la forma alargada y estrecha de la cima.

    La primera referencia histórica (arqueológicamente hablando) de la Espina del Gallego se hace en el año 1988, concretamente en una publicación monográfica de Gonzalez de Riancho en la que se menciona la posible vía romana que recorre la cima de la sierra. No fue hasta el año 1996 cuando Eduardo Peralta Labrador destapó el tarro de las esencias en sus excavaciones y prospecciones en la sierra. Fue en estas actuaciones arqueológicas cuando se reconoció la estructura castreña del lugar, además de encontrar una punta de proyectil de catapulta de hierro (pilum catapultarium) y un denario romano tardorepublicano. La punta de proyectil se convertiría por aquel entonces en la primera prueba material de la presencia del ejército romano en la parte septentrional de Cantabria. Estos hallazgos fueron inmediatamente relacionados con el episodio narrado por Floro y Orosio de la toman de Aracelium/ Aracillum, siendo esta noticia un “boom” en los medios culturales y científicos de Cantabria. Desde entonces, año 1997, hasta 2002 se sucedieron de un modo casi continuo las excavaciones y prospecciones en el yacimiento, aflorando una gran riqueza material sobre todo ligada al ejercito romano.

    Estructuralmente se definieron con claridad los recintos pertenecientes al castro indígena y los correspondientes al castellum (que veremos posteriormente). En el recinto superior o “acrópolis” se encontraron diversas estructuras, amurallamientos, un horno de hierro y un barracón de hasta 100 metros de largo (que veremos posteriormente). En la parte más baja del yacimiento se delimitaron dos recintos, los cuales correspondían a la parte “indígena” del yacimiento. Son destacables sus antiguas murallas ya que se cree que esta línea defensiva tenía una altura cercana a los 2 metros, además de una increíble anchura de 3,5 metros. No debemos de olvidar el foso que las rodeaba, el cual se cree que estaba dotado de estacas clavadas en su fondo. Por último, se identificaron al menos 20 estructuras prerromanas (establos, chozas, etc) en la ladera oeste del yacimiento.

    BIBLIOGRAFIA

    Destacaremos por último que secciones como esta no se podrían escribir sin los increíbles trabajos publicados en libros como:

    • Las Guerras Cántabras. Cántabros. Origen de un pueblo. BOLADO DEL CASTILLO, R.; GUTIÉRREZ CUENCA, E. y HIERRO GÁRATE, J.A.
    • Castros y Castra en Cantabria. Fortificaciones desde los orígenes de la Edad del hierro a las guerras con Roma.

    Os dejamos las portadas en la sección de "Imágenes" por si queréis reconocerlos a la hora de adquirirlos.

  • CUEVA DE EL CASTILLO

    Con una fecha aproximada de 40.800 años, las pinturas de la cueva del Castillo de Cantabria han sido datadas como una de las primeras realizadas por los humanos modernos, aunque también pudieron haber sido realizadas por los Neandertales. Según señala A. Pike, investigador arqueólogo de la Universidad de Bristol (Reino Unido), basando estos resultados en las dataciones realizadas por su equipo, tras estudiar docenas de pinturas de un total de 11 cuevas del norte de España.

    Esta gruta es un icono de gran valor para conocer como vivían los cantabros de la prehistoria. En Europa es una de las más relevantes, no solo por la antiguedad de las pinturas que alberga, sino por cualquiera de sus elementos. Se debe destacar su nivel de estratificación, ya que posee 25 niveles diferentes, lo cual hace de esta cueva algo increíble. Su descubrimiento se produjo allá por el año 1903, por el señor Hermilio Alcalde de Río. El descubridor no quiso poner el peligro todo lo que allí acontecía, hasta que en el año 1906 comenzó ha mostrar al mundo su gran hallazgo. El patrimonio arqueológico que había en Puente Viesgo llegó a oídos del Príncipe Alberto I de Mónaco, gran amante de la prehistoria y de los yacimientos arqueológicos. Este decidió, en el año 1910, apadrinar la investigación que seria dirigida por el propio Hermilio Alcalde del Río y otros colaboradores como Herny Breuil, Paul Wernert y Hugo Obermaier. Las excavaciones iniciales durarían 4 años, descubriéndose infinidad de materiales y pinturas rupestres. La primera Guerra Mundial truncaría las investigaciones, pero hasta entonces se habían descubierto diferentes niveles estratigráficos (unos dicen que 25 y otros que 26) que demostraban la existencia de ocupación humana a lo largo de 150.000 años. Al terminar la guerra no se reanudaron los trabajos y hubo que esperar al año 1980 para que de nuevo hubiese actividad en la cueva del Castillo. En esos años Victoria Cabrera y Federico Bernardo de Quirós se pusieron manos a la obra, centrando sus investigaciones en la franja que agrupa entre los 50.000 y los 36.000 años. Sus investigaciones dieron a conocer teorías tan impresionantes como que los neandertales y los humanos modernos llegaron a coexistir, revocando así la teoría tradicional que dice que ambos no poseían interrelación. Todos estos descubrimientos se realizaron en el yacimiento encontraron en el “exterior” de la cueva, justo a la entrada que hoy en día conocemos. Las obras que se han realizado para la mejora de los accesos e instalaciones han dato lugar a una cubierta artificial sobre la cueva tal y como era en la antigüedad. Justo debajo de esta cubierta se encuentra el gran yacimiento estratigráfico, el cual posee una altura de entre 18 y 20 metros. Una vez adentrados en su interior nos encontramos una cavidad fascinante. Posee alrededor de 759 metros de profundidad, de los cuales 500 metros son de recorrido en la visita. Los restantes solo están a disposición de privilegiados investigadores. En su interior existen unas 300 pinturas rupestres, de las cuales 200 son de animales, 50 de signos y otras tantas de manos en negativo. Para realizar las manos en negativo tan solo ponían su mano y soplaban a través de pajas oxido de hierro, abundante en la zona. De ese medio centenar de manos la gran mayoría son manos izquierdas, lo que da a entender que los hombres o mujeres que lo pintaron eran diestros. En su interior cabe destacar el lugar conocido como “techo de las manos”, donde vemos una gran agrupación de las mismas junto a figuras de bisontes, caballos, ciervas, etc. Además muchas formas encontradas en su interior (una hilera de puntos de oxido o diversas formas geométricas) dejan lugar a la imaginación. Sus pinturas y grabados, con variedad de estilos y técnicas, hacen deducir a los expertos que pertenecen a varias épocas del Paleolítico Superior, entre 20000 y 13000 años de antigüedad. Esta cueva es la gran joya de todo el conjunto.

  • CUEVA DE LAS MONEDAS

    Es increíble como la casualidad nos brinda la oportunidad de ver esta maravilla. En el año 1952 el guarda forestal de la zona, D. Isidro Blanco, se encontraba realizando una roza para plantar eucalipto. Él y el guarda de las cuevas, Don Felipe Puente (que le acompañaba) recordaron que de niños jugaban en la entrada mientras cuidaban de su rebaño de ovejas. En un primer momento se llamo Cueva de los osos, debido a la gran cantidad de restos óseos de los mismos encontrados en su interior. Su nombre cambio pronto ya que allí se encontraron monedas de la época de los Reyes Católicos, dando a si lugar a pensar que estas grutas eran conocidas desde hace muchísimos años. Posee unos 800 metros de longitud, lo que hace de ella la más extensa del yacimiento. Poco después de su entrada nos podremos encontrar una sala con un valioso conjunto de pinturas, del cual cabe destacar sus cuatro pinturas de un reno (realizadas en negro) y la imagen de un oso. Esto nos da ha entender que estas pinturas se realizaron en una época fría, ya que estos animales poblaban esta región en el Magdaneliense Superior (hace 12.000 años). Cabe destacar que, junto a la Cueva del Castillo, Las Monedas es la otra cueva visitable del yacimiento. Tanto La Pasiega como Chimeneas estuvieron abiertas en la antigüedad, pero la erosión y el desgaste que provocaban estas visitas en las pinturas hicieron que las grutas se cerrasen al público. Tan solo investigadores y visitar muy puntuales pueden acceder a su interior.

  • CUEVA DE LA PASIEGA

    La cueva de La Pasiega también se descubrió por casualidad, esta vez en una campaña de excavación en la cueva del Castillo (año 1911). Dos años más tardes se publicaron los primeros estudios sobre la misma y el Castillo. Ante todo debemos de destacar que La Pasiega es la cueva con mayor numero de representaciones de toda la Península Ibérica (dato apabullante) llegando a albergar un total aproximado de 916. Del total siempre se suelen destacar unos 300 animales y 3 antropomorfos. Uno de ellos es de gran belleza, representando (muy posiblemente) un icono de caza o al brujo de la tribu. Se trata de un cuerpo humano con cabeza de bisonte. La última campaña que sacó a la luz varias de estas pinturas se llevó a cabo entre los años 1983 y 1993. Llama la atención la gran cantidad de símbolos aquí encontrados, los cuales dan pie a la imaginación. No debemos de olvidar el gran conjunto de caballos, corzos, y como no la representación de un ave, un ciervo y un pez, siendo estos últimos extraños dentro de las pinturas rupestres. Decir que la gran mayoría son realizadas en ocre y líneas de trazo ancho, y que el trazado laberíntico de la misma es de relativa importancia.

  • LAS CHIMENEAS

    La Cueva de las Chimeneas fue descubierta por Alfredo García Lorenzo (ingeniero de Diputación) en el año 1953, cuando se abría paso hacia Las Monedas y La Pasiega. Los accesos a la misma son bastante eran bastante complicados (hoy en día existen escaleras), ya que las dos partes de la caverna se encontraban separadas por grandes conductos verticales. En su interior se pueden ver claramente tres zonas decoradas. En la primera, donde se cree que se encontraba la entrada, contiene maravillosas figuras de animales, creadas con la técnica del grabado digital. En la segunda zona (hacia el fondo) existen una serie de símbolos rectangulares creados en color negro. Y en la tercera y última zona encontramos representaciones de cabras, uros y ciervos, todos ellos representados en negro. Debemos de destacar también las maravillosas formaciones (estalactitas y estalagmitas) que alberga la planta inferior (20 metros por debajo de la primera). La antigüedad de las pinturas ha sido calculada en un período situado entre los 16.000 y 20.000 años, correspondiente al Solutrense Superior y Magdaleniense Inferior.

  • CAMPAMENTO DE CILDA

    El campamento romano de Cildá (Corvera de Toranzo / Arenas de Iguña) es sin lugar a dudas un yacimiento único en Cantabria, me atrevería a decir que incluso en toda la Península. Cierto es que no es un campamento "espectacular" en cuanto a edificaciones o estructuras defensivas que llamen la atención del visitante, ni siquiera en cuanto a los materiales hallados en el mismo. Lo que no mucha gente no sabe es que este emplazamiento corresponde al tipo IV que el tratadista latino Pseudo-Hyginio (segunda mitad del siglo II d.C) considera como campamento de montaña o castra in monte, siendo Cildá el primer campamento de este género localizado en el mundo romano. ¿Aún te quedan dudas de su importancia?. Veamos un poco más sobre este enclave.

    Su existencia como emplazamiento con importantes estructuras es conocida desde finales del siglo pasado, concretamente desde los años 80. La primera cita de Cildá en una publicación la realizó González de Riancho en el año 1988, aunque atributo el lugar a un posible poblado indígena. Sería el conocido investigador A.Arredondo quien trazase el camino, ya que sería él quien identificase inicialmente las estructuras como un campamento romano, confirmando esta teoría años más adelante Eduardo Peralta Labrador. Este último marcaría un antes y un después en el estudio e investigación de este y otros campamentos romanos como La Espina del Gallego, el Campo de Las Cercas y el Castillejo (Palencia) y su contexto en las Guerras Cántabras.

    Antes de entrar en detalle sobre sus características, queremos hacer una pequeña reflexión sobre la conservación del campamento y la problemática que ello conlleva. Los problemas que afectan al campamento de Cildá son casi tan antiguos como el conocimiento que se tiene sobre su importancia arqueológica e histórica. Ya en la década de los 80 se construye en el centro del yacimiento una estación repetidora de radio , destruyendo parcialmente (incluso totalmente) dos estructuras de edificios atribuibles a la fase campamental romana. Poco o nada se hizo para salvaguardar este enclave, incluso tras las advertencias sobre su destrucción. Años después, a principios de la década de los 90, se abre una pista forestal que sube desde Sel de la Carrera y que llega a la cima del enclave, construyéndose además un edificio para albergar instalaciones de Telefónica con grandes antenas incluidas. Estas obras destruyeron también parte de las estructuras de la cima, además de seccionar las defensas del recinto. Por último, no podemos olvidar los restos de la cimentación de una antena medidora de viento, instalada ilegalmente por una empresa promotora de parques eólicos que finalmente tuvo que retirar..aunque el daño ya estaba hecho. Sin palabras..

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)
  • LAS MATAS DEL CASTILLO

    El recinto de Las Matas del Castillo (Corvera de Toranzo / Anievas) se encuentra ubicado en el corazón de uno de los mayores frentes conocidos hasta hoy de las Guerras Cántabras: El asedio a la Espina del Gallego. Su importancia tanto histórica como arqueológica es aún un misterio, me atrevería a decir incluso que muchos lo considerarían un diamante en bruto y otros tantos siquiera pondrían sus ojos sobre él..y ambos tendrían razón al día de hoy. Existen muchas cuestiones alrededor de Las Matas del Castillo que analizaremos más adelante, sobre todo haciendo hincapié en su posible cronología y tipología “campamental”.

    El asentamiento se encuentra a 661 metros sobre el nivel del mar, concretamente en lo alto de pequeño cerro con un gran dominio visual y estratégico de la zona. Al norte del mismo, a unos 4 kilómetros en línea recta, se encuentra el campamento romano del Campo de Las Cercas. En la vertiente contraria sorprende la gran panorámica que nos ofrece de la Espina del Gallego, importante castro y posterior campamento romano que se ve perfectamente aun encontrándose a más de 5 kilómetros de distancia en línea recta. A Este y Oeste domina los valles de Toranzo y Anievas, completándose así el citado dominio estratégico que ofrece. Fue descubierto por Eduardo Peralta Labrador en los primeros años del siglo XXI, gracias sobre todo a las prospecciones y fotografías aéreas realizadas por el mismo en el entorno.;

    No se ha realizado sobre él ningún tipo de investigación arqueológica in situ, de modo habrá que ver que nos depara el futuro. Esperemos no tener que esperar a los primeros años del siglo que viene..

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)
  • EL CUETO DE VILLAFUFRE

    El Cueto de Villafufre o Pico Cantar es un auténtico desconocido arqueológicamente hablando. Ya no solo por las dudas que suscita el yacimiento en sí, sino por la precariedad de elementos protohistóricos de todo el valle de Pisueña. Este último linda con el valle de Toranzo, siendo la antítesis total por la gran cantidad de enclaves y hallazgos que alberga: Campamentos romanos, castros , estelas, cuevas con arte rupestre y un largo etc. Ni siquiera existen grandes elevaciones que pudiesen aislar un valle del otro..sencillamente parece un valle olvidado para los investigadores e historiadores de la Cantabria prerromana y romana. No olvidemos que, geológicamente y geográficamente es un valle igual de idóneo que los que le rodean.

    Volviendo al Pico Cantar, se encuentra situado junto al desfiladero por el que se abre camino el río Pisueña en su descenso hacia el valle de Cayón, concretamente en una pequeña elevación situada a las afueras de la localidad de Vega de Villafufre. Se conocían algunas referencias sobre las ruinas existentes y su carácter arqueológico (Sojo y Lomba,1947; Arredondo,1976-77), aunque no sería hasta el año 1995 cuando volviese al panorama regional. Serian J. Marcos Martínez y M. Tazón Díaz quienes lo identificasen entonces con una importante fortaleza de la Edad Antigua o Media, siendo tan amplio el "arco cronológico" debido a la imposibilidad de hacer un estudio más a fondo por la densa masa arbórea de roble y monte bajo que lo pueblan. Posteriormente Lino Mantecón Callejo y el propio Javier Marcos serían los encargados de elaborar la ficha correspondiente para el INVAC (Inventario Arqueológico Regional).

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)
    Agradecimientos: Lino Mantecón Callejo.
  • COTERO MAROJO

    El posible castellum de Cotero Marojo y, por extensión, cercanía y más que posible relación, el vallum dúplex de Cotero del Medio forman un conjunto que aún en nuestros días siguen generando dudas en base a su cronología. Trazando un hipotético mapa del avance de las tropas romanas desde el campamento de El Cincho hasta La Espina del Gallego en el conflicto de Las Guerras Cántabras, es lugar de paso bastante probable (accediendo desde Mediajo Frío) no solo por ser un enclave estratégicamente importante, sino porque la propia morfología de la Sierra del Escudo nos "lleva" por el estrechamiento donde se ubican ambos. Otras hipótesis, nada alejadas de la realidad y con símiles en el norte peninsular, también apuntan a que podamos estar ante estructuras defensivas adscritas cronológicamente a la Tardoantigüedad o la Alta Edad Media. Recordemos que el paso por la Sierra del Escudo no solo fue importante en época prerromana y romana, sino muchos siglos más adelante. De lo que no cabe duda es que nos encontramos ante unas estructuras defensivas que están lejos de ser accidentes geográficos capricho de la naturaleza.

    Curiosamente la toponimia del enclave y sus inmediaciones también ayuda a la hora de hacer esta afirmación. Y no hablamos en este caso del nombre "Cotero del Medio", sin relación alguna con estructuras antiguas, sino de topónimos como "Cotero de Los Vallados" (un poco hacia el oeste) y al inmediato "Los Callejones", claramente más relacionados con posibles estructuras defensivas. Yendo un poco más allá, y a modo de apunte, existe un arroyo que desciende desde el Cotero Marojo hacia el rio Besaya de nombre "León", hidrónimo que en castellano se ha ligado tradicionalmente con el término latino "Legio". Tanto el posible castellum (a 1.163 metros de altitud) como el vallum dúplex (a 1.200 metros) fueron descubiertos en las prospecciones realizadas por Eduardo Peralta Labrador, Federico Fernández y Roberto Ayllón en el año 1996. Años más tarde, en 2004, se realizó un estudio por parte de su descubridor para poder determinar su uso y época de levantamiento. Además de la correspondiente fotografía aérea, se realizaron prospecciones geomagnéticas (sin resultados realmente concluyentes ni conocidos en profundidad) y una excavación en sendas secciones de los foso del Cotero del Medio. El objetivo principal de esta intervención era poder enmarcar cronológicamente el conjunto de estructuras dentro de las Guerras Cántabras, aunque desgraciadamente no se encontraron evidencias para realizar una afirmación tan rotunda como en otros casos del cordal del Escudo (véase campamento de Cildá, castellum de El Cantón, etc).

    Respecto al vallum dúplex del Cotero del Medio, a tan solo 500 metros de las estructuras defensivas de Cotero Marojo , hay cierta incertidumbre por su uso y datación, si bien estos últimos años se ha arrojado algo de luz por las intervenciones arqueológicas realizadas en su paralelo en tierras asturianas: El sistema defensivo de Homón de Faro. Situado en un estrechamiento del cordal de la Carisa, posee una increíble similitud morfológica con las estructuras del Cotero del Medio y ha sido estudiado en profundidad hace no mucho tiempo. Estos trabajos en tierras vecinas han arrojado a la luz que posiblemente estemos ante un sistema de defensas lineales de montaña construidos a principios de la Edad Media (mediados del siglo VII-VIII d.C.), coincidiendo con el declive visigodo de la zona. Curiosamente existe un entramado defensivo que, situándose más o menos en la misma latitud, se encarga de controlar y cortar vías de comunicación en altura dentro de la cordillera Cantábrica. Increíblemente, son muchas las similitudes entre las estructuras de Cotero del Medio y las del Homón de Faro, pudiendo adscribirse al mismo periodo constructivo y dejando atrás la teoría de adscripción romana o incluso indígena, la cual también era aceptada debido a la orientación Sur del sistema defensivo que pudo ser alzado para para impedir o dificultar el avance del ejercito romano hacia el Norte.

    Hipótesis aparte, tanto el posible castellum de Cotero Marojo como el vallum dúplex de Cotero del Medio poseen un potencial arqueológico innegable. Independientemente de su adscripción cronológica, estamos ante un sistema defensivo que pudo tener sus orígenes en época de las Guerras Cántabras y la defensa del territorio por parte de sus antiguos moradores y que más tarde pudo ser aprovechado…o no :) ¡Por eso nos gusta la arqueología!

    Agradecimientos: José Ángel Hierro Gárate
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)
  • CUEVA DE SOPEÑA

    Hasta Miera, donde "cielo y tierra se juntan", llegaron nuestros más remotos antepasados. Hombres y mujeres cazadores-recolectores ascendían hasta las escarpadas cimas del Valle del Miera entre hace 30.000 y 10.000 años. Las condiciones climáticas limitaban sus visitas al verano, donde la caza de cabras monteses y la pesca de salmones y truchas en el Río Miera, atrajeron a numerosos ancestros hasta nuestras incontables cuevas. Fruto de estas visitas son los importantes vestigios documentados en las Grutas de El Rascaño, El Puyo y especialmente El Salitre. Ésta última, además de servir de refugio, fue empleada como santuario rupestre en al menos, dos momentos, en el Solutrense (18.000 años) y en el Magdaleniense (15.000 años de antigüedad).

    La Cueva de Sopeña (Salitre II), una auténtica recreación de la Cueva de El Salitre durante el Paleolítico Superior, permite descubrir cómo era la vida en las cuevas del Alto Miera y cómo se pintaron las representaciones rupestres conservadas especialmente en Salitre. Sopeña es una cueva de gran belleza y naturalidad. Realizaremos un viaje al pasado más remoto y conoceremos cuáles son las labores cotidianas realizadas en el campamento. En este punto se abordan temas del día a día... las dificultades con las que habitualmente se encuentran y cómo se enfrentan a ellas, desde la preparación del fuego a la recolección de alimentos, la caza, la pesca, el trabajo del sílex o el trabajo de hueso y asta.

    No lejos del campamento, encontramos los fácsímiles de los paneles de las pinturas rojas de El Salitre. ¿Por qué pintan? ¿cuál es el sentido de las figuras? ¿cómo y con qué realizan sus dibujos? Son incógnitas que a día de hoy se desconocen en su mayoría, pero haremos un esfuerzo por ponernos en su piel y tratar de entender su mundo en una doble vertiente... “nosotros estamos mirando sus pinturas... pero sus pinturas nos observan también a nosotros”. En el interior de la cueva, donde la oscuridad es total, descubrimos el panel de las pinturas negras con las mismas incógnitas... ¿por qué entrar a lo desconocido a realizar estas representaciones artísticas?

    Nos adentramos en Sopeña bajo tierra... tras un estrecho pasillo, la gruta se convierte en una fantasía geológica donde caben todas las formaciones posibles. Comprenderemos y entenderemos los caprichos que forma el agua en conjunción con el tiempo. En lo más profundo de la cavidad encontramos a los primeros moradores de Sopeña... el gran oso de las cavernas. Varias oseras albergaron en su día durante los duros inviernos glaciares a esos grandes e imponentes animales. Adultos, y sobre todo crías que allí nacieron, nos han dejado sus huellas en la arcilla para que hoy las podamos disfrutar.

    Texto, documentación gráfica y agradecimientos: Paula Ríos Diaz
  • HALLAZGO DE ALCEDA

    El hallazgo numismático del Balneario de Alceda/Ontaneda es una historia realmente interesante a la par que desconocida, algo más que habitual en según que aspectos del milenario pasado de Cantabria (no es una cueva con arte rupestre, es decir, no vende). Un descubrimiento realizado en la construcción del balneario que no pasó desapercibida en la época y que hoy en día, con el inmenso conocimiento en relación a los establecimientos termales y los cultos romanos, hubiese sido motivo más que fundado para haberse estudiado con detenimiento. Además en un valle que ambas vertientes va dibujando un mapa de presencia romana de los más completos de Cantabria, militar en primer término y quien sabe si habitacional (y desconocido) en segundo: Monte Cildá, la Espina del Gallego, el campamento de Pandos, diferentes hallazgos numismáticos de época romana en el entorno del monasterio de Soto Irúz…pistas y más pistas de la Cantabria de la postguerra (post-Bellum Cantabricum et Asturicum).

    El edificio termal del Hotel Balneario de Alceda fue inaugurado en el año 1880, causando un gran impacto entre las clases pudientes de la época prácticamente de inmediato. A los pocos años de su inauguración, en 1892, la Guia del Bañista de Alceda escrita por don Jose Salvador rezaba que "Tales son los resultados positivos adquiridos con las aguas de Alceda que su fama justamente adquirida es ya universal". Se calcula que por aquel entonces acudían cerca de 6.000 bañistas por temporada a precio de algo más de una peseta por baño. No olvidemos que el auge termal a finales del siglo XIX / principios del XX hizo que la línea ferroviaria que comunicaba la capital con las localidades de Puente Viesgo y Ontaneda fuese una de las más frecuentadas. Lo que no mucha gente sabe es que, como consecuencia de los trabajos de excavación del manantial para la construcción de la instalación de hidroterapia, aparecieron entre el grijo y la arena "a una profundidad de bastantes pies muchas monedas y medallas romanas, unas destruidas y gastadas y otras en buen estado de conservación". Así rezaba en la publicación "Monografía de los baños y aguas mineromedicinales nitrógeno-acídulo-sulfuradas de Ontaneda y Alceda" publicada en el año 1876 por M. Ruiz de Salazar. ¡Una pasada!. Un hallazgo no valorado en la época dado el auge por aquel entonces (y en las décadas sucesivas) de la prehistoria y de conocerse poco después algo que dejaría en estado de shock a toda la comunidad científica: el descubrimiento de Altamira. No sería hasta el año 1982 cuando en la Revista Sautuola III, J.R. Vega de la Torre las incluyese en su publicación "Numismática antigua de la provincia de Santander". En los últimos años, se han realizado diferentes estudios de algunas de las monedas existentes (otras desaparecieron) que se conservan en el MAS de Santander, pero sin mayor trascendencia.

    Un hallazgo que, quien sabe, nos hable de la época romana que parece no importarnos. Todos esperamos algún hallazgo campamental espectacular, o que por fin nos digan que Juliobriga es Camesa y no Retortillo. Pero olvidamos el día a día, la vida tras las guerras cántabras fuera de los grandes núcleos urbanos, las pequeñas poblaciones, las villas rústicas (fundus) menos monumentales y que nos hablan de la vida en el campo..una Cantabria romana, pero de verdad. No se a encontrado ninguna evidencia más de época romana en la localidad de Alceda/Ontaneda..tal vez porque miramos demasiado hacia las montañas cuando a lo mejor, los secretos se encuentran en el valle.

    Bibliografía: Termalismo y Religión, la sacralización del agua termal en la Península Ibérica y el norte de África en el mundo antiguo”. Universidad Complutense, Madrid, 1998, Francisco Díez de Velasco




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