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Anillos defensivos (concéntricos) en torno a las ruinas de la torre de Acereda

A medida que te vas acercando a las ruinas de la torre de Acereda (Santiurde de Toranzo, Cantabria) te das cuenta de que estás en un lugar especial. Y no, no encontrarás ni un solo cartel explicativo que te pueda acompañar en la visita a una de las mejores fortificaciones de época medieval en Cantabria. Pero tan solo su ubicación, dominando el valle de Toranzo, la majestuosidad de las estructuras defensivas aún en pie, tras el paso de siglos y siglos, y la "épica batalla" citada por Amos de Escalante en "Costas y montañas: Diario de un caminante" te transportan ineludiblemente al apogeo del reinado de los Reyes Católicos. Incluso si tienes mucho más ojo, te transportará a la protohistoria como veremos posteriormente.

Podemos decir que la primera cita bibliográfica contemporánea de la torre de Acereda se encuentra en el Diccionario de Pascual Madoz (1845-1850) donde ya se especifica que "al Oeste del pueblo en un altito que domina parte del valle, se ven aún los vestigios de un antiguo castillo". Sería pocos años después, en el año 1871, donde el famoso literato Amos de Escalante dejase plasmado un fragmento de la posible historia que allí aconteció:

"..No está lejos Acereda, solar antiguo de los Villegas, enemigos perpetuos de los Manriques, y émulos de su dominación en el valle. Raza de audaces que ya en el siglo XIV daba adelantados a Castilla, y mantuvo siempre vástagos suyos en servicio inmediato de los reyes desde los principios de la monarquía castellana. Mas no de reales donaciones, sino de inmemorial herencia o adquiridos por mano propia, poseía en Toranzo vastos solares y tierras. Suyos eran la torre y palacio del Coterón, en Villasevil; las casas de Castil-Pedroso, encaramadas en la sierra que separa a Buelna y Toranzo, en las que persevera el apellido, y la fortaleza de Acereda, que papeles de la casa pintan rodeada de muros, fosos y barbacanas.

En Acereda mantenían soldados y monteros, con grande aparato de perros y halcones, que eran los Villegas, a ley de altos señores, aficionados a volar una garza en el llano, a acosar un jabalí en los vecinos acebales y lastreras de Rugómez; y regaba sus parques un arroyo, de nombre rico en sonoridad y colorido, Platarollera, del cual apenas queda un eco lejano en el de Mataruyera, con que hoy corren sus aguas tan limpias, tan melodiosas, tan plateadas como en tiempos de mayor poesía.

Y tan duros contrarios eran, que, para vencerlos, otro Garci Fernández, nieto del primer conde de Castañeda, heredero de sus estados y casa engrandecidos con el marquesado de Aguilar, hubo de meter por sus tierras una hueste ordenada de cinco mil hombres de a pie y de a caballo. No dicen las memorias coetáneas si fué breve o larga la campaña, más de cierto fué rigorosa; los pueblos inmediatos vieron arder la torre de Acereda, arruinarse hasta el cimiento, y quedar exterminado para no recobrarse nunca aquel temible nido de gavilanes.

Esto pasaba, años más o menos, hacia 1480: reinaban poco había los Reyes Católicos, y ocupados en asegurar su solio y prevenirse a empresas exteriores, toleraban a sus grandes ciertas justicias expeditivas y de mano propia. Todavía la fuerza mayor era decisiva autoridad en las contiendas; no habían tenido espacio ni reposo para fundar aquel ideal de equidad austera, según la cual, al decir del ingenuo cura Bernáldez, «los pobrecillos se ponían en justicia con los caballeros, e la alcanzaban».

Si haces a pie la caminata, y eres, lector, de los que gustan trabar conversación con quien pueda ponerte en cuentos de los lugares que recorres, de algún torancés aprenderás cómo trocada la índole de los tiempos, cambian también el uso de las cosas y su valor y aprecio; cómo se mudan en ocasión de escarnio, de zumba y remoquetes las que lo fueron de temor o de respeto. De la fortaleza natural de Acereda, de su asiento roquero, se burlan los pueblos de uno a otro extremo del valle, con decir que los piamonteses ambulantes no suben a restañar las calderas, faltos de suelo blando en que hincar la bigornia.."

Sería incluida por primera vez en una publicación histórica en la revista Altamira (1959) gracias al catálogo de Torres y Solares Montañeses del conocido arquitecto torancés Javier Gonzalez de Riancho, fallecido años antes (1953). Ya en esta publicación se apuntaba a su construcción hacia el año 1228 por parte de Don Martín Ruiz, decimo maestre de Calatrava y de la familia Ceballos. Cita también a Garci Fernández Manrique (al igual que Amos de Escalante) quien recibió el valle de Toranzo por parte del rey don Juan II y que lucho con los señores de este y otros valles colindantes en el monte Caballar. Serían derrotados en la citada batalla, donde es más que probable que citada "hueste de 5.000 hombres a caballo y a pie" combatiese. Tanto la torre de Acereda como su entorno más próximo no parece enclave para tal fuerza militar a diferencia de lo que escribió Amos de Escalante.

Y desde mediados del siglo XX hasta hoy mismo..nada más relacionado con la edificación fortificada. Increíblemente nadie ha hecho hincapié a nivel documental de otras posibles estructuras (más antiguas) en su entorno más próximo. Las cuales nos transportarían desde la Edad Media hasta la Protohistoria…¿un altar en el entorno de la Torre de Acedera?. Solo el tiempo, la señalización y una investigación más a fondo de todo el yacimiento nos lo dirá.

Bibliografía: "Torres y Solares Montañeses. Revista Altamira, 1,2 y 3 (1959)" - Javier Gonzalez de Riancho.

 

Anillos defensivos desde lo alto de las ruinas de la torre de Acereda Nos encontramos ante un enclave que llama poderosamente la atención por su aparato defensivo. Toda gira en torno a una torre central de planta cuadrada que fue estratégicamente colocada sobre una peña rocosa ubicada en un balcón natural sobre el valle de Toranzo. Los cimientos de la misma (poco más queda visible) están constituidos por piedra unida por mortero de cal, y sus dimensiones en cuanto a su planta están en torno a los 8x8 metros. Justo alrededor de la torre nos encontramos con una primera estructura cuadrangular a modo de barbacana. A continuación, ya de un modo concéntrico, se localiza el primer foso y una primera línea de muralla circular de en torno a 27 metros de radio. Le sigue otro foso y otra segunda línea de muralla cuyo radio es de 37 metros respecto al punto central. En el entorno más inmediato se pueden identificar una serie de lomos que más que posiblemente formasen parte de un sistema defensivo más alejado de la torre.

¿Un posible altar protohistórico?

Cazoletas en la gran roca a los pies de la estructura defensiva de Acereda

Al Noroeste de la torre de Acereda, dominando gran parte del valle de Toranzo y sobre un enorme bloque de piedra, nos encontramos con dos cazoletas de unos 40 centímetros de diámetro cuya tipología nos recuerda ineludiblemente a otras similares distribuidas tanto en Cantabria, principalmente al Sur, como en otras estaciones rupestres. No debemos de olvidar que el valle de Toranzo posee un gran número de vestigios prerromanos (estelas, túmulos funerarios, piedras hincadas, etc) que desgraciadamente no están estudiados a fondo.

Esta gran roca, posee además inapreciables pequeños grabados y una morfología que invita además a que sea estudiada más a fondo en el futuro dado que su contexto (en el valle de Toranzo), ubicación y morfología llevan a pensar que podría ser algo más.

VISITAS

Todos podemos acercarnos hasta los restos de la torre de Acereda, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos acercarnos perfectamente a verlo. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • LA ESPINA DEL GALLEGO

    Definir en un solo párrafo el significado del yacimiento de la Espina del Gallego (Corvera de Toranzo, Anievas y Arenas de Iguña) se nos hace prácticamente imposible. Su descubrimiento, estudio y excavación marcaron un antes y un después a la hora de buscar respuestas a muchos aspectos desconocidos de las Guerras Cántabras. Es otro de los claros ejemplos de ocupación prerromana (castro indígena), asedio y ocupación por parte del ejercito romano. Pero decenas de matices y hallazgos hacen de la Espina del Gallego un yacimiento diferente...único en Cantabria. En nuestra sección haremos hincapié sobre todo en su vertiente “romana” como castellum, aunque no debemos de olvidar que antes de ser asediado fue probablemente uno de los castros más importantes de Regio Cantabrorum. Apuntemos tan solo un pequeño dato en base a su ubicación como castro: desde su punto más alto se pueden observar al menos otros 9 recintos castreños..imaginemos lo importante que era este dato (defensivamente hablando) para sus antiguos moradores. Como no, los romanos no quisieron pasar por alto este matiz tan importante en la conquista del norte de Hispania, haciendo suya esta majestuosa atalaya.

    Respecto a la toponimia del lugar, existen varias vertientes interpretativas. El término “gallego” tiene probablemente etimología latina a partir de un hipotético “Gallicus” relacionado con la ocupación romana del lugar. No es ni mucho menos descabellado tampoco pensar en el viento Noroeste (gallego) al que está expuesta su cima casi de continuo. Más difícil encontrar la fuente toponímica de “Espina”, aunque algunas fuentes (Castros y castras en Cantabria) citan que podría hacer alusión a la forma alargada y estrecha de la cima.

    La primera referencia histórica (arqueológicamente hablando) de la Espina del Gallego se hace en el año 1988, concretamente en una publicación monográfica de Gonzalez de Riancho en la que se menciona la posible vía romana que recorre la cima de la sierra. No fue hasta el año 1996 cuando Eduardo Peralta Labrador destapó el tarro de las esencias en sus excavaciones y prospecciones en la sierra. Fue en estas actuaciones arqueológicas cuando se reconoció la estructura castreña del lugar, además de encontrar una punta de proyectil de catapulta de hierro (pilum catapultarium) y un denario romano tardorepublicano. La punta de proyectil se convertiría por aquel entonces en la primera prueba material de la presencia del ejército romano en la parte septentrional de Cantabria. Estos hallazgos fueron inmediatamente relacionados con el episodio narrado por Floro y Orosio de la toman de Aracelium/ Aracillum, siendo esta noticia un “boom” en los medios culturales y científicos de Cantabria. Desde entonces, año 1997, hasta 2002 se sucedieron de un modo casi continuo las excavaciones y prospecciones en el yacimiento, aflorando una gran riqueza material sobre todo ligada al ejercito romano.

    Estructuralmente se definieron con claridad los recintos pertenecientes al castro indígena y los correspondientes al castellum (que veremos posteriormente). En el recinto superior o “acrópolis” se encontraron diversas estructuras, amurallamientos, un horno de hierro y un barracón de hasta 100 metros de largo (que veremos posteriormente). En la parte más baja del yacimiento se delimitaron dos recintos, los cuales correspondían a la parte “indígena” del yacimiento. Son destacables sus antiguas murallas ya que se cree que esta línea defensiva tenía una altura cercana a los 2 metros, además de una increíble anchura de 3,5 metros. No debemos de olvidar el foso que las rodeaba, el cual se cree que estaba dotado de estacas clavadas en su fondo. Por último, se identificaron al menos 20 estructuras prerromanas (establos, chozas, etc) en la ladera oeste del yacimiento.

    BIBLIOGRAFIA

    Destacaremos por último que secciones como esta no se podrían escribir sin los increíbles trabajos publicados en libros como:

    • Las Guerras Cántabras. Cántabros. Origen de un pueblo. BOLADO DEL CASTILLO, R.; GUTIÉRREZ CUENCA, E. y HIERRO GÁRATE, J.A.
    • Castros y Castra en Cantabria. Fortificaciones desde los orígenes de la Edad del hierro a las guerras con Roma.

    Os dejamos las portadas en la sección de "Imágenes" por si queréis reconocerlos a la hora de adquirirlos.


  • ESTELA DE SAN VICENTE

    La estela de San Vicente de Toranzo es, sin lugar a duda, uno de los mejores exponentes arqueológicos de nuestra región en cuanto a estelas discoideas se refiere. Su hallazgo se produjo en el año 1988 y fue donada posteriormente al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria – MUPAC por Aníbal González de Riancho y Javier González de Riancho. La tradición popular, y al parecer diferentes fuentes que no sabemos muy bien de donde se alimentan, sitúan su hallazgo a los pies del castro de La Espina del Gallego, pero se desconoce aún hoy su ubicación real en el momento de su aparición.

    A nuestros días ha llegado el fragmento central de lo que debió ser una estela de dimensiones mucho mayores. Por una de las caras que llamaremos a modo de guía "principal" se puede observar un personaje a lomos de un caballo (con bridas, al igual que en la estela de Zurita de Piélagos) en lo que parece ser el comienzo de un salto o cabriola. El jinete en cuestión es cuanto menos llamativo, ya que está completamente desnudo, es imberbe, de cabeza redondeada sin pelo y porta en ambas manos unos objetos alargados que posteriormente analizaremos. Destacan en su fisonomía, además de los aspectos anteriores, la magnitud desproporcionada de su mano derecha y la potencia de su tren superior (los hombros en este caso). Toda la escena es rodeada por un anillo en relieve que por sus detalles o hendiduras puede recordar a los torques de tipo celtibérico o a una soga.

    La otra cara, que denominaremos "secundaria" por tener menos elementos, presenta el conocido símbolo de la rueda rallada en su variante de esvástica. Morfológicamente es similar a las de las conocidas estelas de Lombera, aunque con la diferencia destacable de que posee 6 puntas en vez de 5 como sus vecinas del valle de Buelna. Está rodeada por varios anillos concéntricos, destacando el más externo que presenta un diseño "dentellado" en forma de triángulos, tan vez queriendo emular los rallos del sol.

    Respecto a la cronología de la estela se cree que puede estar adscrita a la época romana en Cantabria, concretamente hacia el siglo I d.C. No sorprende esta afirmación ya que, como vimos en estelas como la de Zurita, se cree que los moradores de la antigua Cantabria (cántabros y romanos) mantuvieron sus costumbres y creencias religiosas incluso durante la ocupación del Imperio romano.

    Bibliografía: Cántabros, origen de un pueblo. (Edita ADIC y Los cántabros). Autores: Angel Ocejo, Rafael Bolado del Castillo, Enrique Gutiérrez Cuenca, José Angel Hierro Gárate y Juan Carlos Cabria Gutiérrez.

  • CAMPAMENTO DE CILDA

    El campamento romano de Cildá (Corvera de Toranzo / Arenas de Iguña) es sin lugar a dudas un yacimiento único en Cantabria, me atrevería a decir que incluso en toda la Península. Cierto es que no es un campamento "espectacular" en cuanto a edificaciones o estructuras defensivas que llamen la atención del visitante, ni siquiera en cuanto a los materiales hallados en el mismo. Lo que no mucha gente no sabe es que este emplazamiento corresponde al tipo IV que el tratadista latino Pseudo-Hyginio (segunda mitad del siglo II d.C) considera como campamento de montaña o castra in monte, siendo Cildá el primer campamento de este género localizado en el mundo romano. ¿Aún te quedan dudas de su importancia?. Veamos un poco más sobre este enclave.

    Su existencia como emplazamiento con importantes estructuras es conocida desde finales del siglo pasado, concretamente desde los años 80. La primera cita de Cildá en una publicación la realizó González de Riancho en el año 1988, aunque atributo el lugar a un posible poblado indígena. Sería el conocido investigador A.Arredondo quien trazase el camino, ya que sería él quien identificase inicialmente las estructuras como un campamento romano, confirmando esta teoría años más adelante Eduardo Peralta Labrador. Este último marcaría un antes y un después en el estudio e investigación de este y otros campamentos romanos como La Espina del Gallego, el Campo de Las Cercas y el Castillejo (Palencia) y su contexto en las Guerras Cántabras.

    Antes de entrar en detalle sobre sus características, queremos hacer una pequeña reflexión sobre la conservación del campamento y la problemática que ello conlleva. Los problemas que afectan al campamento de Cildá son casi tan antiguos como el conocimiento que se tiene sobre su importancia arqueológica e histórica. Ya en la década de los 80 se construye en el centro del yacimiento una estación repetidora de radio , destruyendo parcialmente (incluso totalmente) dos estructuras de edificios atribuibles a la fase campamental romana. Poco o nada se hizo para salvaguardar este enclave, incluso tras las advertencias sobre su destrucción. Años después, a principios de la década de los 90, se abre una pista forestal que sube desde Sel de la Carrera y que llega a la cima del enclave, construyéndose además un edificio para albergar instalaciones de Telefónica con grandes antenas incluidas. Estas obras destruyeron también parte de las estructuras de la cima, además de seccionar las defensas del recinto. Por último, no podemos olvidar los restos de la cimentación de una antena medidora de viento, instalada ilegalmente por una empresa promotora de parques eólicos que finalmente tuvo que retirar..aunque el daño ya estaba hecho. Sin palabras..

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CAMPAMENTO DE PANDO

    El valle de Toranzo es sinónimo de historia en Cantabria, sin ningún lugar a duda. Tan solo paseando por cualquiera de las dos orillas del río Pas te das cuenta de que estás en un lugar especial. Para quienes nos gusta la historia de las Guerras Cántabras y la romanización del territorio estamos ante uno de los mejores enclaves en los que ver de primera mano los escenarios de aquella fatídica contienda: El oppidum de la Espina del Gallego, el campamento romano de Monte Cildá, Las Matas del Castillo o El Campo de Las Cercas. Y no solo eso, sino que la presencia del conjunto tumular de Quintana de Toranzo, la aparición de la Estela de San Vicente, el hallazgo romano del Balnerario de Alceda y un largo etc de yacimientos nos transportan a una milenaria época donde los cántabros (y los romanos) habitaban este fértil valle.

    Pero el enclave que nos ocupa hoy nos recuerda que estos hallazgos no son más que la punta de un Iceberg histórico del que solo conocemos una parte. Una pequeña porción que va siendo descubierta muy poco a poco, como el campamento romano de Pando. Oculto desde hace siglos y que en el año 2012/2013 apareció gracias al auge de las nuevas tecnologías y la, como denominan algunos, "arqueología de sofá". ¿Y esto que es? Sencillo: revisión de todas aquellas imágenes por satélite habidas y por haber (no solo existe el Google Maps) para detectar la presencia de estructuras no conocidas hasta el momento. Lo bueno de estas herramientas, cada día más avanzadas, es que te permiten ver una evolución de imágenes satelitales de los últimos 30 años con una calidad espectacular y acceder a fotografías de vuelos militares de la década de los 50 (por ejemplo).

    Pero volviendo al campamento romano de Pando, su puesta en valor arqueológico fue llevada a cabo por el denominado Proyecto Agger (Jose Angél Hierro Garate, Rafael Bolado del Castillo, Enrique Gutiérrez Cuenca y Eduardo Peralta Labrador) quienes no solo sacarían a la luz este espectacular yacimiento, sino otros tantos importantes campamentos o castellum como Castro Negro, Vistrió o La Cabaña (este situado a apenas 1,5 kilómetros y que veremos en otra entrada). Al igual que los anteriores, fue presentado en "sociedad" en el I Encuentro Arqueológico Las Guerras Ástur-Cántabras (Gijón, Octubre de 2014) dentro la ponencia "Avances en la identificación de nuevos escenarios del Bellum Cantabricum". Desgraciadamente, además de la publicación en las actas del encuentro y de otras publicaciones posteriores muy puntuales en medios o en artículos científicos, nada más hemos sabido del campamento romano de Pando.

    Lejos quedan ya los años donde la arqueología de las Guerras Cántabras copaba titulares de prensa y donde había cierto interés por parte de las administraciones correspondientes. Para nuestro pesar la arqueología relacionada con este tipo de enclaves, como si de una "vendetta" se tratase, queda relegada a las últimas posiciones si es que ocupa alguna en el muestrario del Gobierno de turno. La desmemoria histórica a la que nos han llevado en los últimos años unos y otros nos obligan a disfrutar tan solo de las espectaculares vistas que hay desde el campamento romano de Pando, desde donde podemos contemplar entre 4 y 5 yacimientos de una contienda histórica que quedará reducida a más escombros si el Gobierno finalmente lleva a cabo el parque eólico en el cordal de la Espina del Gallego. Cantabria Infinita lo llaman..

    Bibliografía: "Las Guerras Ástur-Cántabras" KRK ediciones (2015). Coordinadores: Jorge Camino Mayor, Eduardo Peralta Labrador y Jesús Francisco Torres.


  • CONJUNTO TUMULAR DE QUINTANA

    El entorno del Monte Tejas engloba infinidad de exponentes arqueológicos desconocidos para la gran mayoría de la gente de a pie. Si bien es cierto que a sus pies, en el municipio de San Felices de Buelna, se encuentra una de las cuevas prehistóricas más icónicas de Cantabria (Hornos de la Peña y sus increíbles grabados, algunos dañados no hace tanto), el resto de yacimientos del mismo permanecen en el olvido. Uno de los más importantes es el campamento romano del Campo de Las Cercas, el primero en Europa donde se excavó una puerta en clavícula y que a día de hoy no tiene ni una triste señalización (cierto es que se ha indicado su dirección en las pistas colindantes). Y otro, que pasa mucho más desapercibido por el que decenas de senderistas, bikers de montaña y motoristas pasan cada fin de semana.

    Estamos hablando del Conjunto Tumular de Quintana de Toranzo, ubicado a los pies del citado Monte Tejas ya inmersos en el valle de Pas. Un espectacular conjunto que se extiende a través de varias hectáreas de monte bajo en un increíble paraje que, además de los túmulos (que veremos más adelante), posee un aura que nos transporta a tiempos pasados. Tiempos donde, los antiguos moradores de entre el Calcolítico y el Neolítico enterraban a sus difuntos en enormes estructuras que poseen en algunos de los casos más de 25 metros de diámetro.

    El citado conjunto fue descubierto en el año 1986 por miembros del Dpto. de Ciencias Históricas de la Universidad de Cantabria, incluyéndose un año después en la publicación "Dos nuevas agrupaciones megalíticas en Cantabria, Trabajos de Prehistoria, 44 (Madrid)" por Luis Cesar Teira y Jesús Ruiz Cobo. A finales del siglo pasado, Luis Cesar Teira lo incluiría en su libro "El megalitismo en Cantabria, UC (Santander)", obra fundamental en el conocimiento del megalitismo de nuestra región.

    Y desde entonces hasta ahora…nada de nada. Ya a finales de siglo XX, se citaba el deficiente estado de conservación de alguno de ellos dado que la piedra que lo componen se había retirado para hacer alguna pared cercana. En Cantabria, por desconocimiento, no son más que "elevaciones en el terreno" que no llaman la atención ni a las administraciones ni a quienes podrían verdaderamente explotar todo su potencial tanto arqueológico como turístico. Solo a aquellos que necesitan piedra. Si estos yacimientos los cogieran en el centro / norte de Europa…

    Bibliografía:"El Megalitismo en Cantabria". Luis Cesar Teira, UC (1994)


  • HALLAZGO DE ALCEDA

    El hallazgo numismático del Balneario de Alceda/Ontaneda es una historia realmente interesante a la par que desconocida, algo más que habitual en según que aspectos del milenario pasado de Cantabria (no es una cueva con arte rupestre, es decir, no vende). Un descubrimiento realizado en la construcción del balneario que no pasó desapercibida en la época y que hoy en día, con el inmenso conocimiento en relación a los establecimientos termales y los cultos romanos, hubiese sido motivo más que fundado para haberse estudiado con detenimiento. Además en un valle que ambas vertientes va dibujando un mapa de presencia romana de los más completos de Cantabria, militar en primer término y quien sabe si habitacional (y desconocido) en segundo: Monte Cildá, la Espina del Gallego, el campamento de Pandos, diferentes hallazgos numismáticos de época romana en el entorno del monasterio de Soto Irúz…pistas y más pistas de la Cantabria de la postguerra (post-Bellum Cantabricum et Asturicum).

    El edificio termal del Hotel Balneario de Alceda fue inaugurado en el año 1880, causando un gran impacto entre las clases pudientes de la época prácticamente de inmediato. A los pocos años de su inauguración, en 1892, la Guia del Bañista de Alceda escrita por don Jose Salvador rezaba que "Tales son los resultados positivos adquiridos con las aguas de Alceda que su fama justamente adquirida es ya universal". Se calcula que por aquel entonces acudían cerca de 6.000 bañistas por temporada a precio de algo más de una peseta por baño. No olvidemos que el auge termal a finales del siglo XIX / principios del XX hizo que la línea ferroviaria que comunicaba la capital con las localidades de Puente Viesgo y Ontaneda fuese una de las más frecuentadas. Lo que no mucha gente sabe es que, como consecuencia de los trabajos de excavación del manantial para la construcción de la instalación de hidroterapia, aparecieron entre el grijo y la arena "a una profundidad de bastantes pies muchas monedas y medallas romanas, unas destruidas y gastadas y otras en buen estado de conservación". Así rezaba en la publicación "Monografía de los baños y aguas mineromedicinales nitrógeno-acídulo-sulfuradas de Ontaneda y Alceda" publicada en el año 1876 por M. Ruiz de Salazar. ¡Una pasada!. Un hallazgo no valorado en la época dado el auge por aquel entonces (y en las décadas sucesivas) de la prehistoria y de conocerse poco después algo que dejaría en estado de shock a toda la comunidad científica: el descubrimiento de Altamira. No sería hasta el año 1982 cuando en la Revista Sautuola III, J.R. Vega de la Torre las incluyese en su publicación "Numismática antigua de la provincia de Santander". En los últimos años, se han realizado diferentes estudios de algunas de las monedas existentes (otras desaparecieron) que se conservan en el MAS de Santander, pero sin mayor trascendencia.

    Un hallazgo que, quien sabe, nos hable de la época romana que parece no importarnos. Todos esperamos algún hallazgo campamental espectacular, o que por fin nos digan que Juliobriga es Camesa y no Retortillo. Pero olvidamos el día a día, la vida tras las guerras cántabras fuera de los grandes núcleos urbanos, las pequeñas poblaciones, las villas rústicas (fundus) menos monumentales y que nos hablan de la vida en el campo..una Cantabria romana, pero de verdad. No se a encontrado ninguna evidencia más de época romana en la localidad de Alceda/Ontaneda..tal vez porque miramos demasiado hacia las montañas cuando a lo mejor, los secretos se encuentran en el valle.

    Bibliografía: Termalismo y Religión, la sacralización del agua termal en la Península Ibérica y el norte de África en el mundo antiguo”. Universidad Complutense, Madrid, 1998, Francisco Díez de Velasco