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La Tiona - Gonzalo Gómez Casares

Hoy me gustaría compartir con todos vosotros una publicación inédita de uno de los grandes colaboradores y amigos de Regio Cantabrorum: Gonzalo Gómez Casares. Lejos de una metodología estructurada, centrada muchas veces en teorías inamovibles y miles de datos que aportan poco o nada a la difusión cultural, nos encontramos con gente de a pie con inquietudes que, porque no, son exactamente igual de válidas que otras tantas teorías basadas en la arqueología de interpretación. Y en este caso hablamos de una figura de vital importancia en el conocimiento prerromano en la comarca de Liébana, no lo olvidemos. A mí personalmente este articulo me dejó perplejo a la par que sorprendido (gratamente), llevando a pensar de primeras "¿Y porque no?". Aquí os lo dejo:

LA TIONA

En este artículo intentaré demostrar que la elaboración de ideas es una tarea bastante similar a cualquier construcción. Podemos pensar que formar ideas es algo sencillo y construir es mas complejo y especializado pero la realidad es mas bien al contrario. Lo mismo que nosotros vivimos en casa construidas por especialistas del ramo solemos utilizar, permanentemente, ideas elaboradas por otras personas.

Las ideas se construyen con materiales cuya materia prima la constituyen los conocimientos adquiridos, un cemento para unirlos amalgamado con "la lógica" y una mano de obra que es el cerebro de cada cual. Cada salto en el pensamiento humano requiere unos nuevos materiales, un nuevo cemento y un cerebro mas potente.

Ahora, también podemos construir reciclando materiales. Es decir, utilizando ideas ajenas y ensamblándolas para elaborar una propia. Esto es lo mas común. Lo que solemos hacer todos.

Dónde nos diferenciamos es en la elección de esas ideas y en los métodos para acoplarlas. La gran mayoría suele elegir aquello mas en boga y los cementos al uso. A otros les suele dar por emplear materiales heterogéneos con los que dar rienda a la fantasía y para unir emplean la técnica del injerto. Es decir ensamblar dos "entes" distintos de forma que la savia circule y los convierta en una unidad, en un ser vivo, en un árbol que de fruto.

Partiendo de dos artículos extraídos del archivo de LUZ DE LIÉBANA intentaré aplicar lo anteriormente referido y así de paso explicar el proceso mental que me ha llevado a elaborar una idea que es cuando menos peculiar y que no veo claro su recorrido pero creo que es digna de lanzar al ruedo.

Arranco de un artículo que concluye con una pregunta. Continúo con un dato de otro artículo, anterior en el tiempo, pero posterior en el razonamiento y aporto otro dato que sirve de unión entre los dos puntos anteriores, para acabar respondiendo a la pregunta en la que finaliza el primer artículo.

 

ARTÍCULO 1 LUZ DE LIÉBANA Nº 105 septiembre 1969

Para comprender a Liébana, hace falta comprender a sus mozos. También es necesario adentrarse en la rica fisonomía psicológica de sus paisanos y de esa viejecita castiza que, mañosamente, remienda sus medias, reza apagadamente sus rosarios y saluda a la antigua usanza de "Dios le guarde",,,Pero, sobre todo, los mozos. Y es porque, en Liébana, los mozos son una institución. Ser mozo, equivale a todo lo mejor: ser fuerte, gallardo, chistoso, bromista, dispuesto a todo, generoso, amable, "echau p´adelante"... En definitiva, esas virtudes que adora en silencio la mujer de todos los países, las que añora el viejecito, las que admira con envidiosa esperanza el muchacho de pelusa en el bigote y esas virtudes las vende un mozo lebaniego por arrobas.


Yo he querido fijarme en el mozo, montaraz y duro, dicharachero y genial, que pasa ocho meses trabajando en los montes, en un trabajo para el que necesita temple y audacia, que entiende de vacas y de toros, que siega cantando, que oye misa desde el coro de la iglesia y a la hora de cortejar se siente audaz, tierno y valeroso como el mismísimo gallo del corral.


Por las tardes, después de un día fatigoso de siega, sudando, pero en modo alguno rendidos, llenan el monte y las praderas de gritos y cantares.

Y, de repente. ¡"el jujeatu"! Algún día hemos de hablar del profundo significado que antaño tuvo el "jujeatu". Este saludo desde las cumbres, rejuvenece y exalta como un grito de guerra. Después de un "jujeatu" prolongado un mozo de mi pueblo lanza por los prados una consigna terrible y bravía:

-¡Hay que matar a la tiona!-


Pero ellos, por las tardes fugaces del verano, se llenan de entusiasmo y se divierten gritando que es necesario, que se hace de todo punto imprescindible quitar de en medio a la tiona.

¿Que, quién es la tiona?

¡Ah, si Vd, muy señor mío, supiera quién es a estas alturas la tiona!


(Sidro)

ARTÍCULO II. LUZ DE LIÉBANA Nº 21 septiembre 1961

“PEÑA PRIETA Y PINEDA” COMPITEN CON LOS “PICOS DE EUROPA” (Continuación)

..Ricos puertos de Pineda y Río frío, al pie de Peña Prieta, a la que parece se alcanza con la mano, que fueron antiguamente calzada romana, que por el Boquerón de Bobias o por las Hoces de Portilla y Llánaves subía en zig-zag a la cumbre de Naranco, cruzaba y descendía suavemente por Río Frío; Pineda, Vega los Cantos, Correcaballos, Santa Marina y otros, volvía a cruzar en esta el Carrión por un majestuoso puente romano llamado "Teblo", hoy desaparecido y que aún conoció en pié hace cuarenta años...

(Supongo que aunque no he visto firma sea de D. Ambrosio)

Estructura defensiva de Robadorio. Fotografía: Gonzalo Gómez Casares

Estas son las premisas que yo hasta hace poco no conocía.

Cuando en la década del 90 recorría los montes de mi entorno localicé el fortín del Robadorio lo tuve por un castro de las majadas instaladas en su flanco noroeste hacia la Hoya Cea. Aunque algo sabía de todos estos asuntos de romanos por la zona cuando en un curso del CENEAM celebrado en Diciembre de 1998 en Fuente De, expuse públicamente el siguiente párrafo: “ Para mí, en la Sierra del Brezo con su comarca de La Peña (Palencia), que defiende la penetración por el Carrión, se producirían los primeros choques de la columna central. El topónimo PEÑA, fonéticamente, puede provenir de PENDIA y VINDIA.” En ponencia que se repartió entre el personal asistente al curso en cuestión.

Después, en 2002, me volví a topar con los restos del Robadoriu herborizando esa abrupta pendiente. En mis preguntas toponímicas a mis familiares del pueblo de Ledantes me enteré que allí al Robadoriu, también, se le llamaba LA TIONA. A partir de ello había elaborado la idea de que esa construcción fuera un templo dedicado a la luna que aparece en las fuentes clásicas como LATONA. Todo ello había quedado relegado en la memoria, oculto por otras preocupaciones, hasta que saltó la chispa al leer el primer artículo de LUZ DE LIÉBANA. Entonces recordé, además, que el valle leones de Valdeón era conocido en las fuentes medievales, año 1081, como “valle territorio Tione” en el Cartulario Santo Toribio como nos refiere Eutimio Martino.

Vemos que ese TIONE funciona como sinónimo de LEÓN y quizás de las formas: Eione, Eone etc que como resulta conocido derivan de Valle de León y, mas primariamente, de Valle de Legione. Aunque hay una idea alternativa pues Eon (procedente del euskera Ibón) es el término para lago en la lengua del Valle de Arán.

Después de esta introducción, parece que ya estamos en condiciones de dar una posible respuesta a la pregunta con la que finaliza en primer artículo de LUZ DE LIÉBANA

¿Quién es la tiona?

Pues todo parece indicar que se trataba de las tropas de ocupación romanas y que tras ese grito juvenil, aún, resuena la llamada a la guerra en pos de la libertad perdida de los cántabros sometidos.

Gonzalo Gómez Casares

DESTACADOS

  • EL PICO JANO

    El yacimiento del Pico Jano (Dobarganes, Vega de Liébana) es, como muchos otros en Cantabria, otro de los enclaves donde son más las interrogantes que las respuestas. Cierto es que hasta hace no mucho tiempo, concretamente hasta 2010, tanto los materiales hallados, como la toponimia, como la cercanía de un castro con restos de incendio y como las estructuras encontradas (nos parecerá poco), hacían pensar que estuviésemos ante el primer barracón romano de la zona de Liébana. Pero nada más lejos de la realidad. En esta pequeña publicación hablaremos un poco de todo ello, clasificándolo en nuestra sección como yacimiento "Sin definir" ya que aun verificándose que finalmente nos encontramos ante un barracón minero contemporáneo, son demasiadas las incógnitas a su alrededor.

    El Pico Jano es un balcón natural que se muestra imponente sobre varios valles de Liébana, elevándose 1446 metros en lo más alto de su cima. Constituye el punto más alto de la Sierra de Collaín, límite natural entre los municipios de Vega de Liébana y Camaleño. Separa además las cabeceras de los ríos Deva y su afluente el Quiviesa. El nombre por el que se le conoce es de gran interés "arqueológico" ya que, como bien sabemos todos, la toponimia para el estudio e interpretación de muchos yacimientos es un punto a favor. Muchos especialistas en la materia, apoyándose en otros tantos ejemplos similares, creen que "Jano" deriva del término latino "fanum" (lugar sagrado o templo al aire libre). Otra de las posibles explicaciones derivadas de su nombre es la evocación del dios bifronte Jano, pudiendo aceptarse como válida ya que este pico se alza dividiendo dos valles diferentes. Varios de los ejemplos citados con anterioridad los tenemos en nuestra región y Asturias, uniéndoles además a todos excepto a uno que albergan estructuras o recintos defensivos de diferente cronología en su cima: El Pico Jano en el tramo alto del Besaya sobre Bárcena de Pie de Concha (tierra de Blendios), Montehano en mitad de las marismas de Santoña, Monte Jano sobre Ruenes, Jana dominando Trescares y por último y nuevamente, Jana sobre Narganes. En nuestro caso, la cima conserva además otro topónimo, el cual tiene mucho que ver con la estructura que alberga: La Casona.

    La primera noticia que hace referencia al Pico Jano se encuentra en un documento original de Arturo Arredondo escrito en el año 1982 y actualmente depositado en los fondos documentales del MUPAC. En este trabajo titulado "La Piedra mágica de La Casona del Pico Jano" Arrendondo relata como Gonzalo Gómez Casares le enseña las edificaciones del Pico Jano, de estructura más parecida a las ruinas de Cartago que a las de Julióbriga. Seria este último (Gómez Casares) quien un año después diese valor arqueológico al yacimiento, ya que recoge varias piezas metálicas durante el arreglo de una de las pistas forestales abiertas en la década de los 70. En ese mismo año, 1983, los materiales son examinados por varios estudiosos de la época (entre los que se encuentra también A. Arredondo). Todos ellos llegan a la conclusión de que dichas piezas se pueden encuadrar dentro de una cronología romana, aunque la falta de información acerca del contexto donde se encontraron les hace dudar y no afirmarlo rotundamente.

    Tendrían que pasar algunas décadas hasta encontrar materiales similares en dos yacimientos icónicos dentro de un contexto similar al citado. En el transcurso de las excavaciones realizadas por Eduardo Peralta en el castro de La Espina del Gallego (Corvera de Toranzo y Anievas) y sobre todo, en el castro de La Loma (Santibáñez de la Peña, Palencia) aparecieron estructuras y restos materiales prácticamente idénticos a los encontrados en el Pico Jano. Toponimia, barracones similares a los encontrados y la Espina del Gallego y materiales de carácter militar romano hacían indicar que este enclave seria otro punto más de interés dentro del transcurso de las Guerras Cántabras..nada más lejos de la realidad.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Rafael Bolado del Castillo

  • LLAN DE LA PEÑA

    El castro de Llan de la Peña (Dobarganes, Vega de Liébana) es sin lugar a duda uno de los mejores exponentes de la cultura castreña en la zona lebaniega, me atrevería a decir incluso que el más destacado. Pensemos por un momento en la visión tradicional que tenemos muchos de nosotros sobre un castro cántabro. Rápidamente nuestra imaginación "vuela" hasta el castro de Las Rabas, Monte Ornedo, La Ulaña o Monte Bernorio, yendo incluso mucho más allá e imaginando un escenario virtual de las Guerras Cántabras en este contexto..pues Llan de la Peña, aun siendo totalmente diferente (como veremos a continuación) cumple con esa idealidad que tenemos sobre la Edad del Hierro y la romanización. Eso sí, adaptado a un territorio mucho más hostil y abrupto e inaccesible que en los citados ejemplos.

    El yacimiento fue descubierto por Ángel Ocejo a finales del siglo pasado (año 1979), encontrándose acompañado en el momento del hallazgo e identificación por Gonzalo Gómez y C.Herrero. Pasarían tan solo dos años hasta que apareciese la primera noticia, en prensa local, sobre la aparición de este castro prerromano. En este artículo se incluiría además la "primera planta" del recinto, la cual sería realizada por al propio Ocejo, Ramón Bohigas y T. Brigido. Habría que esperar hasta el año 1988 hasta que el castro de Llan de La Peña apareciese nuevamente publicado, esta vez en el número V de la revista Sautuola. Sería en esta última donde se incluyesen aspectos más detallados sobre las prospecciones realizadas, incluso los resultados de algún sondeo practicado. Destacar que sería incluido como yacimiento de tipo castro en el Inventario Arqueológico Regional realizado entre los años 2008 y 2009.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Gonzalo Gómez Casares

  • CASTRO DE LERONES

    Entre los arboles de una inmensa plantación forestal, a cerca de 1.000 metros de altitud, se encuentra otro de los ejemplos del abandono que sufren muchos de nuestros yacimientos por los que tanto nos gusta rasgarnos las vestiduras y así hablar de los antiguos cántabros y nuestra heredada valentía: El castro de Lerones (Cabezón de Liébana, Cantabria). Se encuentra situado sobre la localidad que le da nombre, concretamente sobre una elevación del cordal que desciende de la Sierra de Peña Porrera. Esta atalaya natural domina gran parte del valle de Pesaguero, por lo que se creé que pudo tener un papel clave a la hora de controlar la entrada en Liébana desde el valle de Polaciones o incluso desde la meseta a través de Piedrasluengas.

    El recinto fue descubierto a finales del siglo pasado, concretamente en el año 1991, por Gonzalo Gómez de Casares, quien acompañado por Angel Ocejo, Raúl Molleda y Manuel Bahillo identificó las estructuras correspondientes. Posteriormente sería citado como castro por arqueólogos de renombre como Eduardo Peralta Labrador y Enrique Muñoz, aunque siempre de un modo simplificado debido a que no existen investigaciones ni estudios sobre el mismo. En los últimos años, el castro de Lerones ha pasado a formar parte del INVAC (Inventario Arqueológico de Cantabria).

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • CASTRO DE SEBRANGO

    El castro de Sebrango (Camaleño, Cantabria) se ubica sobre una plataforma que forma parte del cordal situado entre los pueblos de Mogrovejo y Sebrango, localidad que le da nombre. La cumbre más alta de la sierra en la que se encuentra pertenece a la vertiente lebaniega del Macizo Central, y se prolonga por los puertos de Áliva. Se cree que el recinto fortificado pudo actuar como punto de control en dicho paso. Muy próximo a él existe un rellano conocido bajo el topónimo "Llan de La Peña", que hace referencia a una superficie aterrazada cercana que nada tiene que ver con el yacimiento que nos ocupa ni con el vecino castro de mismo nombre.

    Fue descubierto y puesto en valor por Gonzalo Gomez de Casares a principios de la década de los 90, citándose muy brevemente en publicaciones anteriores bajo el nombre de Llan de la Peña y más recientemente en el libro "Castros y Castra en Cantabria" editado por ACANTO, en el cual ya aparece bajo el nombre actual). Cabe destacar una cita de Eutimio Martino relativa a un "Castillo de Vuodo" en uso en el siglo XIII d.C., tal vez atribuible al entorno cercano del castro, si bien es cierto que no hay ningún tipo de información arqueología que así lo atestigüe. Se cree más bien que hace referencia a algún tipo de estructura en la "vecina" Peña Oviedo.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

  • ESTRUCT. DE ROBADORIO

    La estructura defensiva de Robadorio se alza dominante a 2.219 metros de altitud entre las provincias de León (Boca de Huérgano) y Cantabria (Vega de Liébana). Ubicada al Este del puerto de San Glorio, esta construcción es una de las grandes desconocidas de la arqueología cántabra, ya que existen varias hipótesis sobre su cronología y el contexto histórico que ocupó. Su valor arqueológico fue puesto de manifiesto en el año 2004 por Manuel Valle (de forma independiente) y por el investigador lebaniego Gonzalo Gómez de Casares, quienes dieron a conocer lo que parecían las ruinas de una fortificación de montaña en el alto del Robadorio. Tras las primeras impresiones, fue visitada por el conocido arqueólogo Eduardo Peralta Labrador, quien localizó de manera casual en su interior una tachuela de sandalia romana o clavi caligae. Este hallazgo, por diminuto que pueda parecer, es de gran valor y por ello fue dado a conocer de inmediato Consejería de Cultura, Turismo y Deporte. A diferencia de otros yacimientos, donde encontrar según que materiales en superficie es complicado, el recinto defensivo de Robadorio se encuentra enmarcado en un contexto geológico y paisajístico típico de alta montaña, donde la formación de suelos y vegetación es prácticamente inexistente y donde el material predominante es el suelo rocoso.

    La circunstancia anterior es de gran importancia, ya que además de permitir encontrar materiales en superficie, propicia que sea un enclave ideal para conseguir la materia prima a la hora de construir cualquier estructura defensiva. Esto, unido al alto valor estratégico del lugar, hacen de Robadorio el lugar perfecto para controlar las vías de comunicación entre la montaña palentina y leonesa con la comarca lebaniega, sin olvidar que es el epicentro de un área de pasto de verano importante en la zona.

    No puedo terminar esta pequeña introducción sin citar que el proyecto de estación de esquí de San Glorio (paralizado) incluía este lugar entre las infraestructuras de remonte que iban a ser construidas…¡viva el vino!.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRO DE LA CORONA

    El castro de La Corona es uno de los últimos recintos prerromanos descubiertos y publicados en la comarca lebaniega. Su ubicación no parece una mera casualidad, ya que se encuentra situado en un cueto de cima bastante uniforme y llana que domina el estratégico paso entre Sierras Albas y Collau Aruz, vía principal de acceso desde la Meseta. Respeto a su nombre cabe destacar que varía dependiendo del municipio donde nos encontremos, teniendo en cuenta que se encuentra en la divisoria de Vega de Liébana y Pesaguero donde se conoce como "Cueto Moro". Se encuentra a unos 1.300 metros de altitud, entre los collado del Salce por el Norte y la Varga por el Sur. Un poco más alejado (sobre el castro) se encuentra el conocido paso de Cabriles, lugar en el que se hallaron restos prehistóricos y que nos da a entender que estamos ante una localización que tuvo presencia humana desde tiempos inmemoriales.

    Fue descubierto por Gonzalo Gómez Casares hace muy pocos años, en 2010, publicándose por primera vez en "Castros y Castra en Cantabria. Fortificaciones desde los orígenes de la Edad del hierro a las guerras con Roma (ACANTO)". Curiosamente su hallazgo se produjo siguiendo la hipótesis de que por cada necrópolis megalítica de los cordales lebaniegos y su correspondiente "área de pasto" debería existir un poblamiento o castro. En otros casos conocidos como el de la Cueva de El Puyo (Miera, Cantabria), una de las necrópolis de la II Edad del Hierro más importantes del norte Peninsular, se intentó encontrar un recinto castreño sin éxito..pero aquí hubo suerte. En base la existencia de túmulos megalíticos en Campunuera (dentro del cordal del Pico Jaru) y la gran extensión de pastos en la zona, se pudo encontrar este yacimiento.

    Este es otro claro ejemplo de que, lejos de la creencia (avalada por los muchos hallazgos y yacimientos de la zona, eso sí) que sitúa casi en exclusiva la actividad de los antiguos cántabros en zonas más próximas a Campoo y la cuenca del Besaya, existen otros territorios como el lebaniego que sorprende cada vez más por ser un foco de nuevos hallazgos. Estamos ante una comunidad protohistórica que poco a poco va saliendo a la luz y de la que no solamente somos conscientes en nuestros días, ya que el descubrimiento de nuevos campamentos romanos en la zona hace pensar que el Imperio también era consciente de esta prolífera actividad.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)
    Agradecimientos: Gonzalo Gómez Casares