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Ara de Rasines en el Museo de Prehistoría y Arqueología de Cantabria

El ara de Rasines, al igual que otros elementos epigráficos incompletos de Cantabria, está inmersa en un aura de misterio que ha llevado a pensar a muchos investigadores el sentido de su milenario significado en diferentes direcciones. Evidentemente hay una de las interpretaciones que parece la más "clarificadora", pero no olvidemos que una pieza como esta fuera de un contexto podría tener un significado u otro. ¿Ara votiva o funeraria? Si estuviésemos en el primer escenario..¿dedicada a que deidad?. En este sentido, buscando el contexto religioso, la aparición de este ara junto a una cueva y un arroyo llamado Silencio puede dar pie a pensar que pudiese estar ligada a un culto termal o relacionado con el agua. De todos modos, no se tiene la certeza de que este enclave fuese su ubicación original. Por el contrario, otros autores consideran que nos encontramos ante un ara funeraria como veremos posteriormente, existiendo además otra corriente menos extendida que argumenta que podríamos estar ante un hito relacionado con la minería en época romana en el entorno de Rasines.

Las primeras noticias bibliográficas del ara de Rasines nos transportan a principios del siglo XX, concretamente al año 1906. Sería el padre Lorenzo Sierra quien, en una carta fechada el 31 de Agosto de 1906, le informase al también padre Fidel Fita de la aparición de una "piedra con una inscripción" a una distancia de 15 metros de la boca de la Cueva del Valle (concretamente al extraer grava de un arroyo). Se tiene constancia de que apareció rota en 2/3 fragmentos, tal y como podemos comprobar hoy en día si nos fijamos en los nexos de "unión" de la pieza. Años más tarde, en el año 1968, sería el Doctor Rivas (médico de Ampuero) quien la donase al Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander dirigido por aquel entonces por Joaquín Gonzalez Echegaray.

Sea lo que fuere, no cabe duda de que estamos ante una pieza excepcional, más "típica" de zonas como Campoo o el norte de Palencia/Burgos donde el número de las mismas supera con creces al de las encontradas en la costa.

Bibliografía: "Nivel Cero 8 Santander, 2000 Pág. 71-75 LECTURAS DEL ARA ROMANA DE RASINES". Mario Crespo López.

 

El padre Fidel Fita, primera persona que realizó una aproximación sobre el texto del ara

Estamos ante una pieza de arenisca que apareció fragmentada en dos (o tres, no se sabe con certeza). Su campo epigráfico es muy escueto, lo que ha dado pie a diversas teorias. Se lee lo siguiente:

A FLORVS | A P C S

La primera de las interpretaciones fue hecha por Fidel Fita y J.M. Fernández, quienes leyeron lo siguiente:

A[NT(HE)] FLORVS | A(ram) P(osuit) C(oniugi) S(uae).

Que querría decir "A su mujer Anthe puso Floro esta ara". Serían los primeros en apoyar la hipótesis de que estamos ante un ara funeral (no votiva). Entre otros aspectos, se apoyaron en la aparición a menos de un kilómetro de tumbas de losas con restos óseos (González Echegaray, 1970: 224). Por otro lado, y prácticamente a la vez, Joaquín Gonzalez Echegaray, lanza una interpretación totalmente diferente a este respecto. Él plantea lo siguiente:

A(ulus) FLORVS | A(taecinae) P(onendum) C(uravit) S(acrum)

Que sería leído como "Aulo Floro se preocupó de erigir este altar sagrado a Ataecina". Echegaray partía de la base de que el campo epigráfico constaba de las tres partes "principales" de las que consta un ara votiva: Oferente, divininad y motivos dedicatorios. La rotundidad con la que interpretó que la deidad de la segunda línea era Ataecina era por un mero dato estadístico, ya que esta divinidad (o en su defecto Adaegina) poseía una docena de altares votivos repartidos por toda la Península. No en vano, esta diosa del inframundo era adorada por íberos, lusitanos, carpetanos y celtíberos, siendo la deidad por excelencia del renacer, la fertilidad, la luna, la naturaleza y la curación. Apoyaba su teoría además en la aparición de la pieza a pocos metros de la boca de la cueva (inframundo).

Por último, José Manuel Iglesias realizaría dos lecturas que también apuntan a un ara votiva, pero sin tanto detalle. La primera sería:

A(uhls) FLORVS | A(ram) P(onendum) C(uravit) S(acram)

Que significaría "Aulo Floro se preocupó de erigir este altar sagrado". Texto mucho menos atrevido (y más realista, quien sabe) ya que no se hace referencia a una deidad concreta con la poca información del campo epigráfico. Incluso él mismo y Alicia Ruiz Gutierrez interpretaron posteriormente que la "primera" A podría tratarse de una M y con una variante en la segunda línea, quedando la lectura del siguiente modo:

M(..) FLORVS | A(ram) P(osuit) C(um) S(uis)

Y cuya interpretación podría ser la siguiente: "M. Floro puso este ara, con los suyos". (Iglesias y Ruiz, 1998: 64). Además, basándose en la teoría de que la "A" de la primera línea pueda corresponderse con una "M", Alicia Ruiz fue un paso más allá, convirtiendo en otra posible interpretación:

MA(rti) FLORVS | A(ram) P(onendum) C(uravit) S(acram)

Que se leería como lo siguiente: "Floro se preocupó de poner este altar sagrado a Marte".

Sea cual fuere su cometido y su contenido, el ara de Rasines seguirá siendo un referente epigráfico de la Cantabria romana, sin poder determinar cual es su cronología exacta y teniendo solo una única certeza: Guardará por siempre el secreto de su existencia.

VISITAS

La ubicación que se muestra es el punto donde apareció, cerca de la Cueva del Valle (Rasines). Todos podemos contemplar el ara de Rasines en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • ESTELA DE AELIO ALBINO

    Sin duda, toda la comarca de Liébana sigue siendo una auténtica incógnita en relación al mundo romano y sus antecedentes. Y no será porque las diferentes "pistas" nos llevan a pensar que tanto en épocas anteriores (Edad del Bronce/Hierro), como en la propia romanización del territorio y siglos posteriores, "Roma" estuvo presente en tierras que históricamente han cobrado importancia de la Reconquista en adelante. Y curiosamente, la gran mayoría de las citadas pistas, más que de vida..nos hablan de muerte.

    La conocidísima estela de Luriezo, el fragmento de la estela de Bores, la monumental estela de Villaverde y la pieza que hoy nos ocupa son testigos inertes de un pasado donde más que una diferenciación entre cántabros y romanos podemos hablar a buen seguro de cántabros romanizados (en lo cultural, un poco como nosotros). Hoy hablamos de la poco conocida estela funeraria de Lebeña, pieza eclipsada en esta localidad por la archiconocida iglesia de Santa María de Lebeña (icono del prerrománico en Cantabria). Mucha gente desconoce este fragmento de piedra silícea que aglutina a la perfección pasado (por su significado) junto a presente (por donde se encuentra ubicada, al lado de un "contador de la luz") y donde su futuro parece ligado a seguir siendo una "piedra más" en una sociedad (administraciones incluidas) totalmente focalizada en el magnífico templo de la localidad de Lebeña. Si al menos estuviese señalizada..

    Fue encontrada entre los escombros de la antigua ermita de San Román, cuya existencia se remonta al siglo X. A mediados del siglo XIX el templo fue reconstruido en el mismo pueblo (en una ubicación diferente a la original) y el fragmento rectangular de la estela funeraria fue incrustado en la pared (justo a la derecha del acceso) del edificio, que fue utilizado posteriormente como escuela y como Casa Concejo. No cabe duda de que el epitafio de Aelio Albino nos habla indirectamente de un pasado "romano" aún por descubrir, ya no solo en el municipio de Cillorigo sino en toda Liébana. La pena es que aun potenciándose esta comarca en diferentes etapas de la legislatura (Año Jubilar principalmente), no haya ni una cita reseñable de este campo epigráfico en ningún sitio..una pena.

    Agradecimientos: Ángel Polo Escalona.

    Bigliografía: "Epigrafía Romana de Cantabria" – José Manuel Iglesias / Alicia Ruiz.

  • MILIARIO DE PEDREDO

    Las vías de comunicación romanas en Cantabria como tal siguen siendo una auténtica incógnita, si bien es cierto que se presuponen muchos trazados hipotéticos. Olvidemos la imagen idílica de la calzada "romana" (que no lo es) de Bárcena de Pié de Concha o similares. Los únicos trazados verdaderamente romanos se encuentran prácticamente abandonados u olvidados, como el caso de Peña Cutral o las vías praetoria y principalis del campamento romano de Cildá, invisibles (están tapadas) y custodiadas por varias antenas de telefonía y alguna que otra estructura ilegal.

    Y otras tantas, como citábamos previamente, se presuponen gracias a hallazgos como el que nos ocupa. Hablamos del Miliario de Pedredo, una de las joyas de nuestra región. Y no es debido a su monumentalidad, de hecho es una pieza "tosca" y de la cual se conserva solo un fragmento, sino a que su descubrimiento en la localidad de Pedredo reafirmaba en cierto modo el paso de una vía de comunicación romana por las inmediaciones. Además, estos "hitos" están relacionados con comunicaciones de tipo civil (cierto es que en muchas ocasiones construidas por legionarios), ya que en el caso de Cantabria las vías de comunicación de uso militar más cercanas transcurrían por el cordal de El Escudo (Campo de Las Cercas, Espina del Gallego, Campamento de Cildá, Cotero Marojo) y a buen seguro su trazado no iba más allá del acondicionamiento y desbrozado para el paso de las tropas. Lo importante era llegar a la batalla, fuese cómodo o no.

    Fue descubierto por Ignacio Núñez Cabanzón en el año 1971 o 1972 durante la apertura de una zanja para la traída de aguas en el Barrio de Cullarriba, curiosamente a unos metros de su casa. Prácticamente de inmediato fue comunicado a Arturo Arredondo, quien a su vez lo traslado a J. R. Vega de la Torre, investigadores con renombre en la época y que publicaron un estudio cada uno por su lado. Vega de la Torre, quien un año antes (1970) publicó el hallazgo de una moneda de Augusto en Suances (villa relacionada históricamente con Portus Blendium), afirmó que el miliario fue encontrado al borde lo que parecía un camino con trazas de ser antiguo y que apareció enterrado en posición vertical, quedando su parte superior a unos 30 centímetros de la superficie. Muy cerca de Pedredo, en Fraguas, el mismo autor haría referencia años después a la aparición de monedas de los emperadores Augusto y Constantino (Vega de la Torre 1982). Años después, Miguel Ángel García Guinea realizó un sondeo para intentar localizar el "trozo perdido" del miliario..no hubo suerte.

    Actualmente el fragmento del miliario de Pedrero se encuentra expuesto en el Museo de Prehistória y Arqueología de Cantabria. De todos modos, aún siendo una pieza única (como veremos más adelante), tiene muchas incógnitas a su alrededor. No existen evidencias claras en el entorno de Pedredo y alrededores (salvo el topónimo del collado de "Piedrahita") de la supuesta vía de comunicación a la que pudiese estar asociado, supuestamente el ramal que partía de Sesigamo (Sasamón, Burgos) hasta Portus Blendium (¿Suances?).


  • EPIGRAFE DE LA LOMA

    El caso de la aparición y posterior olvido del epígrafe romano de la Loma refleja perfectamente todo lo que ha sido el despropósito continuado en la gestión arqueológica de la antigua colonia romana de Flaviobriga y su entorno. Casi igual que la gestión urbanística que ha llevado en estos días al banquillo a decenas y decenas de personas en un caso más que mediático en el entorno del hallazgo: La Loma. Además, la aparición de esta pieza está englobada en la época del auge constructivo en la zona, que tantas evidencias arqueológicas se llevó por delante. Si, si, así de claro (e incómodo): Tramos de la vía romana de Pisoraca / Flaviobriga, estructuras romanas del entorno de la conocida colonia y un sinfín de despropósitos cuando ya estaba instaurada la Ley de Patrimonio de Cantabria 11/1998 (y el posterior Real Decreto 36/2001 que la endurecía). Y hablando de leyes y Castro Urdiales. La misma Ley que por aquel entonces le quisieron aplicar al conocido Félix González Cuadra y que dejo a Cantabria sin recuperar una colección ÚNICA que ni siquiera el MUPAC alberga. Eso sí, para el seguimiento y construcción de urbanizaciones en Castro Urdiales mucha gente se pasó la misma ley por allí debajo. No voy a negar tampoco la banalidad de que algunos de los que tacharon al sr. González Cuadra (ya fallecido) de todo lo peor, hayan justificado no hace mucho tiempo en comisión de Patrimonio que se siguiese adelante con la destrucción del entramado romano del Parking de Suances sin que pase nada. ¡Y ojo!, no justifico que un particular de Castro Urdiales o su familia puedan tener una colección mejor que el propio Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria obtenida como fuere, que nadie se equivoque. Lo que si cuestiono es que aquellos que lo demonizaron por aquel entonces, apoyen en nuestros días la destrucción de patrimonio (o la obvien como en La Loma)para pagar, presuntamente, favores prestados. Si fuese así, yo tengo claro que preferiría que los restos arqueológicos de Parking Blendium estuviesen en cualquier lugar…menos en un punto limpio donde en parte están

    Pero esto nada tiene que ver con la pieza que nos ocupa. En el año 2001, en la excavación dirigida por Pedro Rasines de un camino de época moderna que aprovechaba el antiguo trazado de la vía denominada "Pisoraca / Flaviobriga", Juan Tomás Molinero encontró en las inmediaciones de la misma una piedra con la inscripción que luego detallaremos. Concretamente en un tramo donde el actual camino (como bien comentamos medieval y que históricamente ha sido atribuido como romano) ya desdibujado en dirección a Santullán. Un epígrafe que no hace más que refrendar que estamos ante un entorno claramente relacionado con el núcleo de Flaviobriga y que a buen seguro habrá sido dañado (con o sin conocimiento de causa, el resultado es el mismo) hace no muchos años. Desde su hallazgo fue publicado por Fernando Fernández Palacios y el propio descubridor en "La Colonia romana de Flaviobriga y su territorium (primera parte)" del año 2005 y más recientemente en la publicación Sautuola XX, dentro del análisis de Alicia Ruiz: "Epigrafía romana de Cantabria: balance de la investigación (2003-2016)"

    No cabe duda de que estamos ante un epígrafe que no destaca ni por su monumentalidad ni por su campo epigráfico. Pero no debemos de olvidar que esta entrada, además de proporcionarnos una información muy valiosa de una pieza desconocida para el público, nos habla de un despropósito aun mayor: De la total dejadez por parte de las administraciones ya no solo del patrimonio conocido de Flaviobriga sino también del que el gran público desconocemos. ¿De verdad que no os gustaría conocer alguno de los áureos (monedas de oro romanas) del Norte de la antigua Hispania? A mi verdaderamente si, pero…Cantabria Infinita lo llaman.

    Bibliografía: "La colonia romana de Flaviobriga y su territorium (primera parte)". Fernando Fernández Palacios / Juan Tomás Molinero (2005)

  • ARA A CABVENIAEGINO

    El ara a Cabveniaegino es una de las piezas epigráficas más espectaculares de la Cantabria antigua. En pleno siglo XXI, tras más de 125 años desde su descubrimiento, las incógnitas que esconde siguen siendo mayores que las certezas que conocemos. Nada se sabe al 100% ni de la deidad "cántabra" aquí representada ni del pueblo/gens o etnia a la que pertenecía quien la erigió. Diferentes teorías y argumentos (en muchos casos válidos a la par que contrapuestos) que iremos desgranando poco a poco y que hacen que el aura de misterio que rodea a esta increíble pieza la hagan aún más atractiva.

    Fue encontrada en la muralla de uno de los yacimientos más importantes del territorio de los antiguos cántabros y a la par uno de los más maltratados y expoliados (no olvidemos que está dentro de la Lista Roja de Patrimonio en peligro): Monte Cildá. Concretamente en las excavaciones que Romualdo Moro realizó allí en el año 1891 a petición de Claudio Lopez Bru, II Marques de Comillas, y que también se extenderían ese mismo año al conocido Monte Bernorio. Desde su descubrimiento ha sido objeto de diferentes estudios epigráficos que tienen una amplia disparidad en su lectura, principalmente en el nombre de su dedicante, el nombre del beneficiario y del grupo humano al que pertenecía. Un año después de su descubrimiento (1892) F. Fita la incluiría en su publicación "Inscripciones cantábricas. Lapidas romanas del Monte Cildá", pasando varias décadas hasta que Adolf Schulten la incluyese en su obra "Castros prerromanos de la región cántabra" en el año 1942. Varios de los arqueólogos de mayor renombre en las investigaciones de mediados del siglo XX del antiguo territorio de los antiguos cántabros la incluirían en sus artículos. Ejemplos conjuntos como el de Miguel Ángel García Guinea y Joaquín Gonzalez Echegaray en "Excavaciones en Monte Cildá, Olleros de Pisuerga (Palencia). Campañas de 1963-1965", o de un modo individual como "Excavaciones en Iuliobriga y exploraciones en la región cántabra 1956-1961" (Antonio García y Bellido) o la archiconocida obra "Los Cántabros" (Joaquín González Echegaray, 1966) dan buena fé de la importancia del hallazgo desde el primer momento. Y con todo, decenas y decenas de publicaciones (llenaríamos hojas y hojas de bibliografía) desde la década de los 70 hasta pleno siglo XXI llenan diferentes hipótesis en cuanto a su lectura. Merece la pena leer el artículo "Cautelas sobre los nombres personales documentados una sola vez: El ara dedicada a Cabvniaegino" de José Luis Ramírez Sádaba y Raquel Campo Lastra (UC, 2010), en el cual se diserta sobre la gran mayoría de interpretaciones bibliográficas que se le ha dado en el tiempo.

    No cabe duda de que el ara a Cabveniaegino es una pieza clave en la epigrafía de la Cantabria antigua en época romana. Una auténtica joya que a buen seguro, en época visigoda, fue reutilizada en la muralla del asentamiento y que paso totalmente desapercibida hasta finales del siglo XIX. Un campo epigráfico que ha sido (y es) motivo de debate entre los arqueólogos e investigadores, que no tienen claro aún el grupo humano para quien fue tallada. En la actualidad se puede contemplar en la exposición del MUPAC, siendo una de las aras más visitadas.

    Bibliografía: "Cautelas sobre los nombres personales documentados una sola vez: El ara dedicada a Cabvniaegino". Jose Luis Ramírez Sádaba y Raquel Campo Lastra (UC, 2010)