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Calzada de Peña Cutral adentrandose en el pinar. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

La calzada de Peña Cutral (Campoo de Enmedio, Cantabria) es el máximo exponente viario de tipología romana en Cantabria. Se sitúa en el paso abierto entre las cumbres de La Rasa y Cotio, punto estratégico a la hora de acceder desde el sur de Cantabria hasta la cuenca del rio Ebro. Ya no solo eso, sino que su importancia también estriba en ser la vía de comunicación que nos deja a las puertas de la ciudad de Iuliobriga, siempre y cuando la urbe esté ubicada en el yacimiento de Retortillo.

Ya en el siglo XIX, Ángel de los Ríos hizo hincapié en la posible importancia arqueológica de este paso, citando la existencia de una calzada en las inmediaciones (Ríos y Ríos, 1889). Este sería el punto de partida para que, a mediados de la década de los 50, A. García y Bellido trabajase sobre el terreno y se convirtiese en el primer investigador en describir los hallazgos romanos localizados en el entorno de la propia vía, entre los que destacaban restos cerámicos y un as de Augusto acuñado en Celsa. Tendrían que pasar más de treinta años hasta que se realizase la primera intervención arqueológica como tal, concretamente entre los años 1988 y 1989 de la mano de Juan Antonio Muñiz y José Manuel Iglesias Gil. Seria este trabajo el que sacase a la luz el potencial arqueológico de la calzada, obteniendo de sus resultados todo el conocimiento que hasta nuestros días se tienen de Peña Cutral. Llevaron a cabo una prospección y diversos sondeos (que luego veremos en detalle) del collado donde se pudo confirmar inequívocamente el carácter romano de la vía, coincidiendo el tiempo además con la localización de un milario dedicado al emperador Caro en el entorno de Celada Marlantes.

De los aproximadamente 4 kilómetros conocidos de su trazado, solo se aprecia su firme original en los sondeos practicados en la citada intervención, sin contar con el tramo que se conserva a su paso por el yacimiento de Retortillo. Desde este punto hacia el collado de Peña Cutral la calzada discurre encajada en la ladera, con suaves pendientes y un trazado más o menos rectilíneo. Todo lo contrario ocurre con su vertiente Sur, zona mucho más escalonada (con pendientes parciales del 9%) donde la infraestructura realiza varios cambios bruscos de dirección para superar estas curvas de nivel. De lo que no queda duda, a diferencia de las otras "calzadas romanas" de Cantabria, es las características técnicas y constructivas de Peña Cutral responden a la perfección a la tipología romana de época imperial en Hispania. No hablamos por lo tanto de estrechos caminos entre montes y brañas, sino de una calzada de una plataforma que oscila entre los 6/7 metros, con un firme consistente en varias capas de zahorra (suelos granulares) de guijo calizo o canto rodado según la zona y necesidad, todo ello contenido en una estructura de roca arenisca y gruesos cantos que dan forma a los margines de esta espectacular construcción.

Fuente: "Prospecciones y excavaciones arqueológicas en el collado de Peña Cutral" (Juan Antonio Muñiz - José Manuel Iglesias Gil)
"Peña Cutral (Cantabria). La vía y los campamentos romanos" (Juan José Cepeda Ocampo)
Agradecimientos: Lino Mantecón Callejo

 

Ángel de los Ríos en las inmediaciones de la calzada (Siglo XIX). Colección MUPAC

En la citada intervención arqueológica llevada a cabo por Juan Antonio Muñiz y José Manuel Iglesias Gil se realizaron un total de 9 sondeos, algunos de ellos limitados a la limpieza y examen de sectores que pudiesen contener mayor información de la calzada. Destacar, como veremos más adelante, que los más prolíferos fueron el 4, 8 y 9.

Sondeos 1, 2 y 3

Se comenzó a investigar un lugar próximo al calero que tanto A. García y Bellido como Solana habían referenciado en los diferentes documentos gráficos de sus publicaciones. El enclave presentaba una pequeña alineación de bloques calizos por uno de arenisca intercalado, conformando el margen externo. Desgraciadamente, tras la limpieza del sondeo, se comprobó que este sector estaba muy deteriorado, aportando poca información al respecto y descartándose así una excavación más en detalle en el sondeo.

En la misma vertiente que el sondeo 1, un poco más adelante, se apreció lo que parecía un pequeño talud de un metro y medio que parecía tener como objetivo facilitar el trazado en una de las curvas de la calzada. Se realizó aquí el sondeo 2, quedando como única característica reseñable la aparición de manchas de cal que fueron atribuidas a la posible pérdida por el traqueteo de los carros que la transportaban. El estado del firme en este punto, al igual que en el anterior, era bastante precario.

Las manchas de cal y el deterioro del firme, compuesto de grijo calizo y limitado por pequeños bloques de arenisca en sus márgenes, también fueron la tónica reinante en el sondeo 3. En este sector la vía ascendía de un modo uniforme y casi rectilíneo hasta lo alto del collado, encontrándose a lo largo del recorrido pequeñas hileras de piedra.

Sondeo 4

Como bien apuntamos anteriormente, uno de los sondeos más prolíferos. A juicio de los investigadores, se trata del lugar descrito por Ángel de los Ríos a finales del siglo XIX (en la imagen), posteriormente estudiado por García Bellido. Este punto se encuentra a unos 5 metros del deslinde entre Retortillo y Celada Marlantes, pudiéndose apreciar en superficie una alineación de 6 bloques de arenisca de gran tamaño que forman una línea de 3 metros aproximadamente.

Se realizó una cata de 3x4 metros, posteriormente ampliada en superficie similar, que dejo al descubierto un sondeo de unos 24 m2. Se puso al descubierto una vía perfectamente conservada de uno 5 metros de ancho que transcurría por los 3 metros de largo de la cuadricula. El firme más superficial aparecía elevado unos 30 cm sobre un pequeño agger, estando formado por una acumulación de grijo calzo de tamaño medio. Limitando en su margen Este se encontraba la hilada arenisca que se apreciaba en superficie antes de realizar cata, quedando el sector Oeste “sin margen” por la más que probable perdida de los bloques contenedores. De todos modos, se conservaban en este sector algunos bloques de caliza de tamaño superior a los de la superficie de la vía.

Resulto más que interesante la presencia de roca arenisca en el interior de la calzada, muy similar a los molinos de mano indígenas por lo liso de sus caras. No se encontró resto alguno de cerámica en este sondeo, aunque en el cortafuegos contiguo apareció un pequeño fragmento de cerámico común romana.

Vertiente sur de la calzada de Peña Cutral. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

Sondeos 5 y 6

Se realizó un sondeo, identificado como 5, a unos 40 metros del deslinde entre Retortillo y Celada Marlantes, ya en el flanco norte de Peña Cutral. La cuadricula de unos 3x3 metros aproximadamente sacó a la luz la característica alineación de bloques de arenisca y, justo a continuación, los restos del antiguo camino también muy deteriorados.

Del mismo modo, esta vez a unos 47 metros del deslinde citado, se abrió una pequeña cata que arrojo restos similares a los del sondeo 5 (suelo bastante deteriorado).

Sondeos 7 y 8

Inmersos ya en el área boscosa (pino) que puebla parte de Peña Cutral, se estableció un sondeo de unos 3x6 metros que posteriormente fue ampliado por el buen estado de conservación de los restos hallados, de este modo se buscaban posibles cunetas anexas. En este caso los restos encontrados, además de encontrarse perfectamente conservados, llamaban la atención por encontrarse por debajo de la altura de los márgenes, dando lugar a pensar que pudiese tratarse de un nivel inferior de la calzada. Se llegó a esta conclusión apoyándose también en la ausencia de agger donde se sustentase la base de la calzada.

Debido al potencial arqueológico que alcanzaban los restos en el interior del actual pinar, se decidió abrir otro sondeo (8) de idénticas características al anterior, llegándose a advertir en este caso la considerable mejora en la conservación de la vía. A diferencia del sondeo 7, esta cata proporciono interesantes hallazgos. En este caso la calzada si apareció alzada sobre el agger característico, aunque se observó la ausencia de varias capas de la vía. Curiosamente este sector apareció con una doble hilera de piedra arenisca en el margen de la calzada, siendo este dato totalmente contrario a lo encontrado hasta entonces en el resto de los sondeos. Entre ambas, se asentaba un “colchón” de grijo calizo, donde se hallaron dos bordes de cerámica negra, atribuida al periodo romano.

Sondeo 9

El más significativo de todos los realizados, sin duda todo un exponente a la hora de interpretar las investigaciones viarias del mundo romano en Cantabria. Se abrió una gran cuadrícula de 7,50 x 5,70 metros donde se pusieron al descubierto unos 42 m2 de calzada en un estado muy aceptable. A diferencia del resto de sondeos, en este se ejecutó un sondeo estratigráfico con el fin de aclarar la estructura completa de la vía. El orden de las capas sería este, siendo el primero de los puntos la parte más superficial del estrato:

  • Una capa de roca caliza que cubre la totalidad del firme.
  • Roca arenisca que, dispuesta de un modo irregular, da consistencia a la capa inmediatamente superior.
  • Otra capa de guijo calizo
  • Losetas planas que cuyo objetivo sería estabilizar las capas superiores.
  • Una nueva capa de guijo calizo
  • Capa de piedra caliza “hincada”, de modo que dotase a la estructura de permeabilidad
  • Suelo natural excavado y adecuado para asentar la calzada.

VISITAS

Todos podemos disfrutar de la calzada de Peña Cutral, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • PISORACA

    Pisoraca fue uno de los enclaves estratégicos más importantes dentro de la expansión del Imperio Romano por el norte de Hispania. En ella se acantonó la poderosaLegio IIII Macedónica (entre otras tantas legiones) entre los años 19 a.C al 40 d.C, antes de su salida de la península. El nombre de Pisoraca es como tal, según varias teorías, una palabra de raíz céltica, apoyándose esta teoría por el sufijo "aca" similar a "briga", muy común en esta lengua. Se cree también que el antiguo asentamiento da nombre al rio que discurre justo a su lado: el Pisuerga. Siguiendo con sus orígenes, Pisoraca no nació como un enclave meramente romano, sino que tras diversas campañas arqueológicas se ha certificado la existencia de un poblamiento indígena anterior a la llegada de los romanos. Se cree que en este asentamiento era, a nivel etnológico, la confluencia de Vacceos, Turgomos y Cántabros, aunque no se sabe a ciencia cierta a quien pertenecía realmente o de donde provenían sus pobladores. De hecho, Ptolomeo cita "Sisaraca" como cuidad túrmoga al igual que Floro, que los alude como murbogos. Otras vertientes los ligan directamente con los Vacceos, pero no existen referencias escritas que apoyen firmemente esta teoría.

    Los restos de este asentamiento se encuentran repartidos por todo el casco urbano de Herrera de Pisuerga. Los últimos descubrimientos en sus alrededores no hacen más que atestiguar que, además de ser un paso de vital importancia en las comunicaciones con la Meseta, por sus inmediaciones pasaba la calzada romana Via Legione VII Gemina ad Portum Blendium, arteria principal de comunicación del Imperio romano entre León (Legio VII Gemina) y Suances (Portus Blendium). De hecho, Pisoraca era el comienzo de la Calzada romana del valle del Besaya que la unía con la villa costera.

    El lugar se convirtió en un importante nudo de comunicaciones de salida hacia los puertos cantábricos y para el transporte de esclavos y los cereales de Tierra de Campos hacia Flaviobriga, Portus Blendium y Portus Victoriae.


  • A GRANDA DAS XARRAS

    El campamento romano de A Granda das Xarras es un yacimiento de montaña espectacular. Al igual que otros enclaves de similar tipología relacionados con el Bellum Cantabricum et Asturicum, se encuentra ubicado en lo alto de un paso estratégico. En este caso entre los valles de Ibias (vertiente asturiana) y el valle de Valouta (vertiente leonesa), en un llano con suaves pendientes con una cota máxima de 1.371 metros. El trazado que se domina desde el recinto defensivo ha sido históricamente lugar de paso obligado, quedando documentado desde al menos el siglo XVIII. Esta metodología constructiva, emplazando campamentos en lo alto de vías de comunicación, no es ni mucho menos única en el norte de Hispania. En Asturias tenemos ejemplos como el campamento de El Picu Curriel.los situado en lo alto de la vía romana de La Carisa (Camino et al., 2007b) o en Cantabria los campamentos de la Poza, estratégicamente posicionados al lado de la vía romana de Peña Cutral.

    Toponímicamente, el nombre de A Granda das Xarras resulta cuanto menos peculiar y llamativo. El término "granda" se refiere a un espacio de monte bajo, mientras que la mención "xarras" (jarras), puede tener varias interpretaciones. Una de las más curiosas, y porque no válidas, nos habla de que este término puede referirse a posibles restos arqueológicos hallados en el pasado por gentes del lugar. No tendrían que ser necesariamente jarras o fragmentos cerámicos, tal vez sean otro tipo de restos que en base a una tradición oral y a una realidad material cotidiana (de campesinos) fuesen denominados así. No olvidemos que la presencia de jarras y restos cerámicos en abundancia no son elementos típicos de los campamentos militares de campaña (Peralta , 2002b: 51). Esta interpretación toponímica es interesante, pero ni mucho menos cerrada ya que deja demasiadas incógnitas al respecto.

    El primer estudio sobre A Granda das Xarras fué publicado en el año 2011 por los arqueólogos David González Álvarez, Andrés Menéndez Blanco, Valentín Álvarez Martínez y Jesús Ignacio Jiménez Chaparro. Serían ellos mismos los encargados de notificar el hallazgo un año antes a la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias, redactando además su correspondiente ficha en el inventario arqueológico regional. Su trabajo, titulado "Nuevas evidencias de la presencia militar romana en el extremo occidental de la Cordillera Cantábrica." marcó el camino para la consecución de la primera excavación arqueológica realizada en 2013. Sería en este caso un equipo del Instituto de Historia del CSIC dirigido por Javier Sánchez-Palencia y Almudena Orejas quien realizase los trabajos de campo tales como el desbroce de toda la superficie del recinto (cubierto por vegetación y monte bajo..vamos, como todos los yacimientos de Cantabria), una prospección sistemática del terreno, un pequeño sondeo y la topografía en detalle del recinto. A diferencia de lo ocurrido en otros campamentos "compartidos" administrativamente entre Asturias y León, como en del Pico L.lagüezos (donde solo Asturias participio financiando las intervenciones), ambos ayuntamientos donde se ubica apoyaron y colaboraron en la intervención. En verano de 2014 los trabajos continuaron, realizándose además trabajos de consolidación del yacimiento, señalización del mismo y limpieza de los materiales hallados.

    No cabe duda que el estudio de A Granda das Xarras y del "castra minora" de A Recacha (que veremos en otra publicación) es una excelente noticia para el conocimiento del avance romano en el Norte de Hispania. En el caso del campamento romano que nos ocupa, del cual se cree que fue creado en pleno apogeo de las Guerras Cántabras entre los años 26-19 a.C., quedan aún muchos interrogantes que resolver. ¿Fue creado tan solo para controlar a la recién diezmada población o tuvo que ver más con el control en la extracción del oro de las minas cercanas?. ¿Qué castros pudieron ser asediados desde el mismo?. Esperemos que el tiempo y el apoyo administrativo logren despejar todas estas preguntas.

    Bibliografía:
    • Menéndez Blanco, Andrés; González Álvarez, David; Álvarez Martínez, Valentín y Jiménez Chaparro, Jesús Ignacio (2011): "Nuevas evidencias de la presencia militar romana en el extremo occidental de la Cordillera Cantábrica". *Gallaecia, 30: 145-165.
    • Menéndez Blanco, Andrés; González Álvarez, David; Álvarez Martínez, Valentín y Jiménez Chaparro, Jesús Ignacio (2013): "Campamentos romanos de campaña en el Occidente de Asturias". Excavaciones Arqueológicas en Asturias 2007-2012. En el centenario del descubrimiento de la caverna de La Peña de Candamo*. Oviedo: Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Principado de Asturias. Dirección General de Patrimonio Cultural, 245-251.
    Agradecimientos: David González Alvarez

  • SIERRACASTRO

    El campamento o castra aestiva de Sierracastro (Santiurde de Reinosa/Pesquera) es otro claro ejemplo del abandono de muchos yacimientos en Cantabria. Su excelente ubicación estratégica, sobre la cabecera de la calzada romana entre Pisoraca y Portus Blendium, lleva a pensar que pudo tener un papel importante en la romanización del territorio y el posterior control de las comunicaciones de la Meseta con la costa. Desgraciadamente ni su tipología ni su hipotético contexto histórico han llevado a su protección, apareciendo lo que parecen algunas remociones en su interior con la finalidad de extraer materiales arqueológicos de los cuales nada hay documentado.

    Se sitúa a medio kilómetro al Sur de la localidad de Pesquera, a un kilómetro escaso de Rioseco y a 1,5 de Santiurde de Reinosa, quedando ubicado entre ambos municipios. Es curioso como la toponimia del enclave varía dependiendo si nos encontramos en uno u otro, ya que la alargada colina donde se asienta recibe el nombre de "El Coto" en Santiurde y "Las Suertes" en Pesquera. El hallazgo del campamento fue llevado a cabo por Miguel Ángel Fraile en la década de los 90 del siglo pasado, siendo visitado posteriormente por varios arqueólogos de renombre aún sin llevarse ningún tipo de intervención arqueológica hasta el momento.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)
    Agradecimientos: Antxoka Martínez Velasco

  • CAMPO DE LAS CERCAS

    El Campo de las Cercas es un campamento romano ubicado en lo alto de la sierra conocida como "Monte Tejas", muy próximo al lugar denominado como "La Collada". Su nombre viene dado por la abundancia de cercados de piedra utilizados por los ganaderos en sus inmediaciones, aunque de todos modos su nombre "oficial" (acordado por la corporación municipal de San Felices) es "Campamento Romano de Tarriba". Aún así, este nombre no es compartido por todos, mucho menos por las personas ligadas profesionalmente a la arqueología. El yacimiento ocupa dos municipios diferentes (San Felices y Puente Viesgo) y la decisión no es ni mucho menos una mera cuestión municipal de uno de ellos. Sin entrar en debates y siendo estrictos a nivel histórico y científico, seguiremos definiendo el yacimiento como Campo de las Cercas. El campamento fue encontrado por un vecino de la zona llamado Federico Crespo García Barcena en el año 1998, identificando este el emplazamiento como un castro cántabro. No sería hasta que Eduardo Peralta Labrador lo visitó cuando se identificó con un campamento romano de grandes dimensiones. Fue poco después, en el año 2001 y tras incorporarlo al proyecto "Arqueología de lasGuerras Cántabras", cuando se comenzó a ver la importancia arqueológica e histórica del mismo. En este sentido, debemos destacar que el Campo de las Cercas fue pionero como yacimiento en cuanto a excavaciones de puertas en clavícula se refiere, ya que fue el primero donde se excavó una puerta de clavicula en la Península Ibérica y una de las primeras en toda Europa.

    Su ubicación, como la gran mayoría de los campamentos romanos de Cantabria, no es casual. Se encuentra a unos 7 kilómetros al norte de La Espina del Gallego, dominando un paso (La Collada) de gran valor estratégico entre los valles del Besaya y El Pas. Además desde sus 700 metros de altitud se obtiene una amplia panorámica hacia la costa con la bahía de Santander al fondo. Respecto a su extensión, posee un total de 18 hectáreas, siendo sus ejes mayores de 1 kilómetro de distancia de largo por 300 metros de ancho (aproximadamente). Se cree, que gracias a tu tamaño, pudo ser uno de los lugares escogidos por el ejército romano para unir a dos de las columnas que penetrasen en Cantabria. La primera que avanzó desde el sur y se asentó en estructuras campamentales como El Cincho, Cilda, La Espina del Gallego o El Cantón. Por otro lado estaría otra columna militar llegada desde el mar, siendo el Campo de las Cercas su lugar de unión. Se plantea además que pudiese albergar miles y miles de hombres, hay fuentes que citan entre 30 y 32.000 hombres (varias legiones), pero es más lógico que el interior del mismo congregase una legión más algunas tropas auxiliares (5.000 o 6.000 la legión, 2.000 o 3.000 auxiliares y/o aliados), aunque al día de hoy no hay una cifra exacta que se pueda barajar. Siguiente con su morfología, se adapta a la perfección a la topografía de la sierra, siendo una estructura campamental larga y alargada. Posee además cuatro puertas en clavícula construidas con muretes de bloques de arenisca, una en el flanco norte y tres en el flanco oeste. Una de estas últimas, como hemos comentado previamente, ha sido la mejor estudiada. Presenta un suelo empedrado recubierto con una capa de graba, además de disponer de una única fossa fastigata de 5 y 6 pies a ambos lados de la puerta. En la parte interior de la misma existen dos zócalos de bloques de piedra con pequeños agujeros de poste en su base, lo que lleva a pensar que podría tratarse de la base de dos torres de madera que custodiaban esta entrada.

    BIBLIOGRAFIA


  • RECINTOS DEL MOURO Y VALBONA

    Es curioso observar, a medida que sigues los pasos del ejército romano en su conquista por el Norte de Hispania, que sus pautas seguían un esquema básico a la par que efectivo. Ya nos lo encontramos en Cantabria hace décadas, incluso en nuestros días la aparición de nuevas estructuras campamentales no hacen más que reafirmar el paso ordenado de las legiones tanto en la conquista como en la posterior apertura de vías de comunicación: En Cantabria, los campamentos de El Cincho, Cildá, La Espina del Gallego y el Campo de Las Cercas en la conocida vía del Escudo o los campamentos de La Poza y Sierracastro en la aún por determinar vía del Besaya hacia Portus Blendium. En Asturias, las diferentes vías de acceso desde la Meseta que se aproximan a la costa cumplen un patrón similar: Los campamentos de L.lagüezos y Curriel.los en la famosa vía Carisa o, más al Noroeste y en otro frente, A Granda das Xarras o A Recacha. Nos encontramos ante estructuras militares "custodiando" el paso de importantes y atípicos viales (de montaña) con un incalculable valor para el control del territorio.

    Hoy abrimos un nuevo frente de comunicación junto a la (desconocida para muchos) vía de La Mesa, uno de los principales accesos al territorio astur trasmontano en época romana. Discurre desde la "Asturia cismontana" hasta la desembocadura del río Nalón, ubicación de la antigua Flavionavia citada en las fuentes clásicas. Tanto la vía de La Mesa como La Carisa responden en teoría a un mismo patrón direccional Sur-Norte en el avance de las tropas romanas, algo muy similar a lo que hemos expuesto anteriormente con el acceso por la cuenca del Besaya o por la Sierra del Escudo hacia la costa.

    Siguiendo el trazado de estas vías, se produjo el hallazgo del recinto del Mouro en el año 2010. Se realizó gracias a los vuelos de prospección llevados a cabo por el Instituto Ausonius de Burdeos, dirigidos por F. Didierjean, cuyo objetivo era definir los principales corredores de entrada del conflicto del Bellum Cantabricum et Asturicum. Un año después el mismo equipo, gracias a la prospección insitu y a las diferentes ortofotos, identificaron el recinto de Valbona, completando así un nuevo hallazgo que no hacía más que reafirmar la importancia del enclave. Tras la correspondiente notificación a la Consejería de Cultura del Principado de Asturias (Exp. 605/10), se han llevado a cabo diferentes intervenciones para definir con exactitud el alcance del yacimiento, si bien es cierto que no se ha realizado ningún trabajo exhaustivo como los que conocemos en los campamentos de la "vecina" Carisa. No obstante, todo apunta a que nos encontramos ante un conjunto arqueológico que dará que hablar a corto plazo. Un enclave que a buen seguro irá ganando importancia dentro del mapa militar romano en la conquista del territorio astur.

    Bibliografía: "El Mouro. Castrametacíon en la vía de La Mesa" Autora: Esperanza Martín Hernández (Las Guerras Astur-Cántabras - KRK Ediciones)
    Agradecimientos: Dolabra Arqueología y Patrimonio / Jorge Camino Mayor

  • LA MUELA

    El campamento romano de La Muela (Villamartín de Sotoscueva, Burgos) es uno de los yacimientos más impresionantes sobre los que hemos escrito. Ya no solo por su ubicación, sobre una enorme península caliza rodeada de escarpados acantilados, sino también por su importancia historia dentro de un contexto que nos apasiona: Las Guerras Cántabras. Sale a la luz en el año 1999, concretamente en una serie de prospecciones realizadas por Eduardo Peralta Labrador, Federico Fernández y Roberto Ayllón, quienes atestiguan su tipología de enclave militar romano gracias a los materiales y estructuras halladas en superficie. Sería el primer paso antes de confirmar, como veremos más adelante, que es un yacimiento de gran relevancia para conocer más información de la antigua Regio Cantabrorum.

    La peña de La Muela se encuentra a unos 1.139 metros de altitud, ocupando su cima un total de 1,12 hectáreas en un espacio prácticamente llano y muy erosionado, careciendo además de vegetación alguna. Domina por el Este (incluso por parte del sector Sur) el llamado Canal de La Dulla, un vasto páramo de altura cubierto por un espeso bosque. Por el flanco contrario, al Oeste, los acantilados dan paso a la Merindad de Valdeporres, mientras que por el Norte cae hacia la los llanos de la localidad de Villamartín de Sotoscueva. Su ubicación, como todas las de origen romano, no es fruto de la casualidad ya que se encuentra enmarcado en el paso natural del área del nacimiento del Ebro (al oeste) hacia la cuenca pasiega y el valle de Villarcayo. De hecho, el campamento de La Muela esta comunicado visualmente (muchos kilómetros al norte) con otros campamentos romanos de la zona, incluso dentro de la actual Cantabria.

    Volviendo a su morfología, el "istmo" que une la península al paramo es uno de los puntos más interesantes del yacimiento, ya que es uno de los lugares donde más materiales fueron hallados en las posteriores intervenciones arqueológicas y el primer punto donde afloran los primeros restos constructivos. Concretamente se puede apreciar una estructura defensiva a base de dos "aggeres" de tierra y piedra de unos 5 metros de largo que encierran el área de la península dotándolo además del único acceso al recinto. Llama poderosamente la atención el "agger" interno, ya que dispone de una prolongación en forma de cuarto de círculo con muro hacia el interior que forma un estrechamiento o pasillo de control antes de la puerta, la cual es una clavícula interna. No hay más estructuras defensivas (¿para qué?) en el campamento, son totalmente innecesarias viendo la morfología de la península. Lo que sí aparecerían en el interior serían varias depresiones circulares que podrían corresponder a cabañas de la Edad del Bronce excavadas en el subsuelo rocoso.

    De vuelta al uso militar, se cree que el campamento pudo albergar como máximo una o dos cohortes con algunos auxiliares, pudiendo incluirlo así tipológicamente como "castra aestiva". Esta aproximación no es fruto de la casualidad, sobre todo porque las reducidas dimensiones de la atalaya natural que ocupa no dan para mucho más. Este dato no es impedimento alguno para comprobar, como veremos a continuación, que es un yacimiento único por la cantidad y calidad de los restos materiales hallados.

    Fuente: La revisión de las Guerras Cántabras - Novedades arqueológicas en el norte de Castilla (Autor: E. Peralta Labrador).

    Agradecimientos: Ángel Neila Majada.