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Calzada de Peña Cutral adentrandose en el pinar. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

La calzada de Peña Cutral (Campoo de Enmedio, Cantabria) es el máximo exponente viario de tipología romana en Cantabria. Se sitúa en el paso abierto entre las cumbres de La Rasa y Cotio, punto estratégico a la hora de acceder desde el sur de Cantabria hasta la cuenca del rio Ebro. Ya no solo eso, sino que su importancia también estriba en ser la vía de comunicación que nos deja a las puertas de la ciudad de Iuliobriga, siempre y cuando la urbe esté ubicada en el yacimiento de Retortillo.

Ya en el siglo XIX, Ángel de los Ríos hizo hincapié en la posible importancia arqueológica de este paso, citando la existencia de una calzada en las inmediaciones (Ríos y Ríos, 1889). Este sería el punto de partida para que, a mediados de la década de los 50, A. García y Bellido trabajase sobre el terreno y se convirtiese en el primer investigador en describir los hallazgos romanos localizados en el entorno de la propia vía, entre los que destacaban restos cerámicos y un as de Augusto acuñado en Celsa. Tendrían que pasar más de treinta años hasta que se realizase la primera intervención arqueológica como tal, concretamente entre los años 1988 y 1989 de la mano de Juan Antonio Muñiz y José Manuel Iglesias Gil. Seria este trabajo el que sacase a la luz el potencial arqueológico de la calzada, obteniendo de sus resultados todo el conocimiento que hasta nuestros días se tienen de Peña Cutral. Llevaron a cabo una prospección y diversos sondeos (que luego veremos en detalle) del collado donde se pudo confirmar inequívocamente el carácter romano de la vía, coincidiendo el tiempo además con la localización de un milario dedicado al emperador Caro en el entorno de Celada Marlantes.

De los aproximadamente 4 kilómetros conocidos de su trazado, solo se aprecia su firme original en los sondeos practicados en la citada intervención, sin contar con el tramo que se conserva a su paso por el yacimiento de Retortillo. Desde este punto hacia el collado de Peña Cutral la calzada discurre encajada en la ladera, con suaves pendientes y un trazado más o menos rectilíneo. Todo lo contrario ocurre con su vertiente Sur, zona mucho más escalonada (con pendientes parciales del 9%) donde la infraestructura realiza varios cambios bruscos de dirección para superar estas curvas de nivel. De lo que no queda duda, a diferencia de las otras "calzadas romanas" de Cantabria, es las características técnicas y constructivas de Peña Cutral responden a la perfección a la tipología romana de época imperial en Hispania. No hablamos por lo tanto de estrechos caminos entre montes y brañas, sino de una calzada de una plataforma que oscila entre los 6/7 metros, con un firme consistente en varias capas de zahorra (suelos granulares) de guijo calizo o canto rodado según la zona y necesidad, todo ello contenido en una estructura de roca arenisca y gruesos cantos que dan forma a los margines de esta espectacular construcción.

Fuente: "Prospecciones y excavaciones arqueológicas en el collado de Peña Cutral" (Juan Antonio Muñiz - José Manuel Iglesias Gil)
"Peña Cutral (Cantabria). La vía y los campamentos romanos" (Juan José Cepeda Ocampo)
Agradecimientos: Lino Mantecón Callejo

 

Ángel de los Ríos en las inmediaciones de la calzada (Siglo XIX). Colección MUPAC

En la citada intervención arqueológica llevada a cabo por Juan Antonio Muñiz y José Manuel Iglesias Gil se realizaron un total de 9 sondeos, algunos de ellos limitados a la limpieza y examen de sectores que pudiesen contener mayor información de la calzada. Destacar, como veremos más adelante, que los más prolíferos fueron el 4, 8 y 9.

Sondeos 1, 2 y 3

Se comenzó a investigar un lugar próximo al calero que tanto A. García y Bellido como Solana habían referenciado en los diferentes documentos gráficos de sus publicaciones. El enclave presentaba una pequeña alineación de bloques calizos por uno de arenisca intercalado, conformando el margen externo. Desgraciadamente, tras la limpieza del sondeo, se comprobó que este sector estaba muy deteriorado, aportando poca información al respecto y descartándose así una excavación más en detalle en el sondeo.

En la misma vertiente que el sondeo 1, un poco más adelante, se apreció lo que parecía un pequeño talud de un metro y medio que parecía tener como objetivo facilitar el trazado en una de las curvas de la calzada. Se realizó aquí el sondeo 2, quedando como única característica reseñable la aparición de manchas de cal que fueron atribuidas a la posible pérdida por el traqueteo de los carros que la transportaban. El estado del firme en este punto, al igual que en el anterior, era bastante precario.

Las manchas de cal y el deterioro del firme, compuesto de grijo calizo y limitado por pequeños bloques de arenisca en sus márgenes, también fueron la tónica reinante en el sondeo 3. En este sector la vía ascendía de un modo uniforme y casi rectilíneo hasta lo alto del collado, encontrándose a lo largo del recorrido pequeñas hileras de piedra.

Sondeo 4

Como bien apuntamos anteriormente, uno de los sondeos más prolíferos. A juicio de los investigadores, se trata del lugar descrito por Ángel de los Ríos a finales del siglo XIX (en la imagen), posteriormente estudiado por García Bellido. Este punto se encuentra a unos 5 metros del deslinde entre Retortillo y Celada Marlantes, pudiéndose apreciar en superficie una alineación de 6 bloques de arenisca de gran tamaño que forman una línea de 3 metros aproximadamente.

Se realizó una cata de 3x4 metros, posteriormente ampliada en superficie similar, que dejo al descubierto un sondeo de unos 24 m2. Se puso al descubierto una vía perfectamente conservada de uno 5 metros de ancho que transcurría por los 3 metros de largo de la cuadricula. El firme más superficial aparecía elevado unos 30 cm sobre un pequeño agger, estando formado por una acumulación de grijo calzo de tamaño medio. Limitando en su margen Este se encontraba la hilada arenisca que se apreciaba en superficie antes de realizar cata, quedando el sector Oeste “sin margen” por la más que probable perdida de los bloques contenedores. De todos modos, se conservaban en este sector algunos bloques de caliza de tamaño superior a los de la superficie de la vía.

Resulto más que interesante la presencia de roca arenisca en el interior de la calzada, muy similar a los molinos de mano indígenas por lo liso de sus caras. No se encontró resto alguno de cerámica en este sondeo, aunque en el cortafuegos contiguo apareció un pequeño fragmento de cerámico común romana.

Vertiente sur de la calzada de Peña Cutral. Fotografía: Lino Mantecón Callejo

Sondeos 5 y 6

Se realizó un sondeo, identificado como 5, a unos 40 metros del deslinde entre Retortillo y Celada Marlantes, ya en el flanco norte de Peña Cutral. La cuadricula de unos 3x3 metros aproximadamente sacó a la luz la característica alineación de bloques de arenisca y, justo a continuación, los restos del antiguo camino también muy deteriorados.

Del mismo modo, esta vez a unos 47 metros del deslinde citado, se abrió una pequeña cata que arrojo restos similares a los del sondeo 5 (suelo bastante deteriorado).

Sondeos 7 y 8

Inmersos ya en el área boscosa (pino) que puebla parte de Peña Cutral, se estableció un sondeo de unos 3x6 metros que posteriormente fue ampliado por el buen estado de conservación de los restos hallados, de este modo se buscaban posibles cunetas anexas. En este caso los restos encontrados, además de encontrarse perfectamente conservados, llamaban la atención por encontrarse por debajo de la altura de los márgenes, dando lugar a pensar que pudiese tratarse de un nivel inferior de la calzada. Se llegó a esta conclusión apoyándose también en la ausencia de agger donde se sustentase la base de la calzada.

Debido al potencial arqueológico que alcanzaban los restos en el interior del actual pinar, se decidió abrir otro sondeo (8) de idénticas características al anterior, llegándose a advertir en este caso la considerable mejora en la conservación de la vía. A diferencia del sondeo 7, esta cata proporciono interesantes hallazgos. En este caso la calzada si apareció alzada sobre el agger característico, aunque se observó la ausencia de varias capas de la vía. Curiosamente este sector apareció con una doble hilera de piedra arenisca en el margen de la calzada, siendo este dato totalmente contrario a lo encontrado hasta entonces en el resto de los sondeos. Entre ambas, se asentaba un “colchón” de grijo calizo, donde se hallaron dos bordes de cerámica negra, atribuida al periodo romano.

Sondeo 9

El más significativo de todos los realizados, sin duda todo un exponente a la hora de interpretar las investigaciones viarias del mundo romano en Cantabria. Se abrió una gran cuadrícula de 7,50 x 5,70 metros donde se pusieron al descubierto unos 42 m2 de calzada en un estado muy aceptable. A diferencia del resto de sondeos, en este se ejecutó un sondeo estratigráfico con el fin de aclarar la estructura completa de la vía. El orden de las capas sería este, siendo el primero de los puntos la parte más superficial del estrato:

  • Una capa de roca caliza que cubre la totalidad del firme.
  • Roca arenisca que, dispuesta de un modo irregular, da consistencia a la capa inmediatamente superior.
  • Otra capa de guijo calizo
  • Losetas planas que cuyo objetivo sería estabilizar las capas superiores.
  • Una nueva capa de guijo calizo
  • Capa de piedra caliza “hincada”, de modo que dotase a la estructura de permeabilidad
  • Suelo natural excavado y adecuado para asentar la calzada.

VISITAS

Todos podemos disfrutar de la calzada de Peña Cutral, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • CAMPAMENTO DE CILDA

    El campamento romano de Cildá (Corvera de Toranzo / Arenas de Iguña) es sin lugar a dudas un yacimiento único en Cantabria, me atrevería a decir que incluso en toda la Península. Cierto es que no es un campamento "espectacular" en cuanto a edificaciones o estructuras defensivas que llamen la atención del visitante, ni siquiera en cuanto a los materiales hallados en el mismo. Lo que no mucha gente no sabe es que este emplazamiento corresponde al tipo IV que el tratadista latino Pseudo-Hyginio (segunda mitad del siglo II d.C) considera como campamento de montaña o castra in monte, siendo Cildá el primer campamento de este género localizado en el mundo romano. ¿Aún te quedan dudas de su importancia?. Veamos un poco más sobre este enclave.

    Su existencia como emplazamiento con importantes estructuras es conocida desde finales del siglo pasado, concretamente desde los años 80. La primera cita de Cildá en una publicación la realizó González de Riancho en el año 1988, aunque atributo el lugar a un posible poblado indígena. Sería el conocido investigador A.Arredondo quien trazase el camino, ya que sería él quien identificase inicialmente las estructuras como un campamento romano, confirmando esta teoría años más adelante Eduardo Peralta Labrador. Este último marcaría un antes y un después en el estudio e investigación de este y otros campamentos romanos como La Espina del Gallego, el Campo de Las Cercas y el Castillejo (Palencia) y su contexto en las Guerras Cántabras.

    Antes de entrar en detalle sobre sus características, queremos hacer una pequeña reflexión sobre la conservación del campamento y la problemática que ello conlleva. Los problemas que afectan al campamento de Cildá son casi tan antiguos como el conocimiento que se tiene sobre su importancia arqueológica e histórica. Ya en la década de los 80 se construye en el centro del yacimiento una estación repetidora de radio , destruyendo parcialmente (incluso totalmente) dos estructuras de edificios atribuibles a la fase campamental romana. Poco o nada se hizo para salvaguardar este enclave, incluso tras las advertencias sobre su destrucción. Años después, a principios de la década de los 90, se abre una pista forestal que sube desde Sel de la Carrera y que llega a la cima del enclave, construyéndose además un edificio para albergar instalaciones de Telefónica con grandes antenas incluidas. Estas obras destruyeron también parte de las estructuras de la cima, además de seccionar las defensas del recinto. Por último, no podemos olvidar los restos de la cimentación de una antena medidora de viento, instalada ilegalmente por una empresa promotora de parques eólicos que finalmente tuvo que retirar..aunque el daño ya estaba hecho. Sin palabras..

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRELO DE PELOU

    El yacimiento del Monte Castrelo de Pelóu (Grandas de Salime, Asturias) fue una auténtica incógnita hasta hace no muchos años. De hecho su ubicación (inmerso en una de las mayores zonas auríferas que explotó el imperio), sus técnicas constructivas (utilizando la fuerza hidráulica en la excavación de su foso), la magnitud de su aparato defensivo y los diferentes hallazgos materiales en el interior del mismo llevaron a pensar que su periodo fundacional se remontaba a la época romana, bien como pequeño núcleo administrativo sobre las explotaciones de Valabilleiro o Pedras Apañadas (por ejemplo) o bien a modo de control militar sobre las mismas. Pero nada más alejado de la realidad. Las excavaciones realizadas durante los primeros años del presente siglo nos abrieron un horizonte temporal mucho más amplio, trasladándonos directamente a épocas previas a la romanización del territorio.

    El asentamiento fue catalogado por José Manuel González en 1973 como La Pica el Castro (González, 1976: 139), si bien es cierto que entre los vecinos y conocedores del territorio se han utilizado topónimos como Monte Castrelo y Prida del Castro. A partir de su primera cita pocas han sido las referencias bibliográficas sobre el yacimiento, denominándose principalmente como El Castro de Pelóu (Carrocera, 1990: 125; Sánchez-Palencia; 1995: 148). No sería hasta el año 2003 cuando se comenzasen una serie de intervenciones arqueológicas, dirigidas por Rubén Montes López, Susana Hevia González, Alfonso Menéndez Granda y Ángel Villa Valdés, que se prolongarían en el tiempo durante 4 años (en breves intervalos, cierto es). Los resultados de las mismas, que sobrepasaron las expectativas iniciales según sus directores, han sido fundamentales para realizar un mapa cronológico de ocupación del castro como veremos posteriormente.

    Estamos sin duda ante uno de los yacimientos más espectaculares de Asturias, no solo por sus técnicas constructivas, sino por el increíble valor de los elementos y materiales allí encontrados. Un enclave que tal vez no destaque por su majestuosidad y tamaño como otros castros del entorno, pero que tiene un nombre con mayúsculas dentro de la arqueología en el antiguo territorio galaico.

    Agradecimientos: Ángel Villa Valdés. Fotografías: Castros de Asturias
    Bibliografía: "MONTE CASTRELO DE PELÓU (GRANDAS DE SALIME). AVANCE SOBRE SU SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA E INTERPRETACIÓN HISTÓRICA". Rubén Montes López, Susana Hevia González, Ángel Villa Valdés y Alfonso Menéndez Granda, EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ASTURIAS 2003-2006.

  • LA POZA

    Los campamentos de La Poza se encuentran en el municipio de Campoo de Enmedio, concretamente cerca de la localidad de Cervatos. Los dos asentamientos de campaña o castra aestiva fueron descubiertos por Ángel García Aguayo aunque fueron realmente identificados como campamentos militares por Jose Manuel Iglesias Gil y Juan Antonio Muñiz Castro. Fueron ellos quienes propusieron la posibilidad de que pudiesen acoger temporalmente un contingente que participase en las Guerras Cántabras, un destacamento (vexillatio) de la Legio IIII Macedonica, o que incluso fuese el campamento de la famosa cohors I Celtiberorum. Para quien no lo sepa, la cohors I Celtiberum fue una unidad auxiliar de infantería, con caballería de apoyo, del ejército imperial. No sería hasta el año 2001 cuando Eduardo Peralta detectase que no se trataba tan solo de un campamento, sino que existían dos superpuestos, posiblemente utilizados en diferentes campañas. Las únicas campañas arqueológicas realizadas hasta el momento fueron realizadas por el arqueólogo Juan José Cepeda y su equipo, quienes realizaron un total de cinco sondeos (tres en el campamento I y dos campamento II).

    El primero de los campamentos tiene una superficie total de 7,7 hectáreas, mientras que el segundo se extiende por un total de 4,6. Destacamentos sobre ellos que, a nivel estructural y de planta, son el "típico" campamento romano: de tipo rectangular con las esquinas redondeadas. Las defensas principales o aggeri del primero de ellos tiene una anchura en su base de 2,70 metros aproximadamente, realizándose mediante terraplenes de tierra y piedras extraidas del foso que circundaba todo el recinto campamental. Posee puertas en clavícula interna en el norte (porta praetoria), en el oeste (porta principalis sinistra) y en el este (porta principalis dextra). En este punto, permítanme dejar de ser objetivo: La puerta sur del recinto fue destruida por el gaseoducto de Enagas…¡viva el vino!..y luego nos preocupamos por la conservación del patrimonio.

    El segundo de los campamentos aprovecha el mismo eje de orientación (noroeste-suroeste) que el primero. Estructuralmente, respecto a sus accesos, tan solo podemos hacer referencia a la aparición de parte de una de las puertas laterales en forma de clavícula interna.


  • EL PICO L.LAGÜEZOS

    El campamento romano del Pico L.lagüezos (Concejo de Lena, Asturias - Villamanín, León) es uno de los yacimientos clave para conocer el avance de las tropas romanas a través de la vía de montaña de La Carisa desde la milenaria Legio (León) hasta Noega (Gijón). Su morfología, altitud - en una colina a más de 1.670 metros -, los materiales proporcionados y su belleza natural, hacen de este enclave una de las maravillas relacionadas con el conocido conflicto Bellum Cantabricum et Asturicum. Incluso se cree que estamos ante uno de los primeros (por no decir el primero) campamentos romanos levantados en Asturias. Su hallazgo se produjo hace unos años en la campaña de prospecciones y vuelos aéreos realizados por el instituto Ausonius de Burdeos, cuyo objetivo era la prepación de un atlas de la conquista Romana de Hispania junto con la Universidad Autónoma de Madrid. La búsqueda de restos estructurales de la conocida contienda bélica en el pasillo natural entre el citado campamento de la Legio VI Victrix y el oppidum costero fue la culpable de este gran hallazgo. Como veremos posteriormente fue excavado en 2013 y 2014, obteniéndose unos resultados que confirmarían su carácter militar además de ubicarlo en el mapa arqueológico con letras en mayúscula.

    El campamento se asienta sobre una loma de pendientes no muy pronunciadas, en el eje de cumbres de la cordillera. Esta inmejorable situación hacen que su dominio visual sea excelente, característica común en la gran mayoría de los asentamientos campamentales romanos. Posee en a su alrededor al menos dos manantiales (conocidos), de modo que su ubicación no es ni mucho menos casual en ninguno de los sentidos. En su interior, se combinan zonas muy cómodas para el hábitat con otras de fuerte pendiente, lo que indica que estas últimas tenían un claro objetivo defensivo. Se cree que el acceso al mismo se realizaba a través de la vertiente occidental de la loma, ya que allí las pendientes son mucho menos acusadas y facilitarían el transporte de materiales y/o tropas.

    No cabe duda de que el campamento del Pico L.lagüezos es otra de las joyas de la arqueología si hablamos del citado conflicto en el Norte de Hispania. Su relieve, el cercano acceso a los recursos hídricos, la facilidad de aproximación al mismo y la aparición de restos materiales en la collada que da nombre al pico, dan a entender que estamos ante un lugar de obligado paso hacia el Norte, llegando a plantearse incluso que pudiese ser una parada de convoyes de abastecimiento. Un yacimiento que, si la financiación lo permite (tanto en Asturias como en Castilla y León la cosa no pinta mejor que en Cantabria), seguirá dando muchas sorpresas.

    Bibliografía: "El campamento romano de L.lagüezos Un nuevo yacimiento en la zona arqueológica de La Carisa." Autores: Esperanza Martín Hernandez y Jorge Camino Mayor (Revista Cultural del Concejo de Aller)
    Agradecimientos: Dolabra Arqueología y Patrimonio

  • EL CASTILLEJO

    El campamento romano de Castillejo (Pomar de Valdivia, Palencia) marcó un antes y un después en el devenir de las Guerras Cántabras. Cerremos por un instante los ojos y viajemos en el tiempo más de 2.000 años, concretamente hasta el año 26 a.C. Al abrirlos nos encontraremos en lo alto del "oppidum" del Monte Bernorio rodeados de cientos de personas, las cuales han ido llegando de los pequeños castros cercanos al abrigo de esta enorme atalaya. Apenas traen ya pertenencias, bien por la celeridad de su forzada marcha, o bien porque los romanos han arrasado ya con todo aquello a lo que llamaban hogar..no son tiempos fáciles en el norte de Hispania. Tanto cántabros como astures seguían manteniendo su independencia contra Roma, pero esta vez algo era diferente. Hace apenas dos años (28 a.C. aproximadamente) se produjo una gran batalla entre nuestros vecinos los vacceos y el ejército romano, agitando la ya convulsa situación. Todos pensaron que sería una más entre tantas ya..pero no. Sería el inicio de decenas de revueltas y escaramuzas que desembocarían en lo que estamos viendo ante nuestros ojos: A menos de una legua romana (3 kilómetros aproximadamente) se podían atisbar en el horizonte miles de soldados romanos comenzando a movilizarse..algo está a punto de cambiar en la historia de Regio Cantabrorum. Tras un pequeño instante, donde un parpadeo se nos hace eterno viendo llegar la desgracia que se cierne sobre nosotros, abrimos los ojos nuevamente y nos encontramos en una inmensa loma, donde a duras penas podemos diferenciar estructuras (muchos creerán que es un páramo, sin más) que nos hablen del glorioso pasado militar de este enclave: Estamos en el campamento romano de Castillejo.

    Situado al nordeste de la localidad de Pomar de Valdivia, este campamento jugó un papel fundamental en los inicios de las Guerras Cántabras, ya que tanto su ubicación como tamaño (que detallaremos más adelante) eran cruciales para el posterior desarrollo de la contienda. Su principal cometido sería la toma y control (o destrucción como así fue) del "oppidum" del Monte Bernorio, lo cual garantizaría el control y sometimiento de la comarca. Este objetivo traería consigo el segundo e igual de importante: La apertura de una vía de comunicación hacia el norte, lo que permitiría al imperio romano controlar los pasos de la Cordillera Cantábrica y el nacimiento del Ebro. Volviendo al yacimiento, su carácter campamental fue descubierto por el investigador por Miguel Ángel Fraile en los años 90. Sería además por casualidad, ya que se encontraba en el Castillejo realizado un estudio detallado sobre los restos alto-medievales existentes en la zona. Posteriormente, a principios ya del siglo XXI, arqueólogos de la talla de Eduardo Peralta Labrador, Martin Almagro-Gorbea o Jesús Torres Martínez aportarían datos concluyentes y clarificadores sobre el campamento, convirtiéndolo en uno de los baluartes dentro de las Guerras Cántabras por su importancia arqueológica e histórica.

    Fuente: La revisión de las Guerras Cántabras - Novedades arqueológicas en el norte de Castilla (Autor: E. Peralta Labrador)
    Agradecimientos: Lino Mantecón Callejo / Rafael Bolado del Castillo

  • EL CANTON

    El campamento o castellum de El Cantón (Molledo / Arenas de Iguña) es otro claro ejemplo de que un yacimiento relacionado con las Guerras Cántabras es mucho más que los materiales allí encontrados, incluso mucho más que la superficie que ocupa. Si la arqueología se basara tan solo en parámetros como estos..este recinto fortificado tendría poco o ningún interés. Nada más allá de la realidad, ya que tanto la situación de El Cantón como su morfología hacen de este yacimiento algo único en nuestra región, veamos porqué.

    Fue localizado en el año 1996 por un equipo dirigido por el conocidísimo Eduardo Peralta Labrador, aunque cierto es que ya había sido citado por A.Arredondo como "poblado cántabro" años antes. Su ubicación no es ni mucho menos casualidad, ya que tiene un buen dominio visual sobre la sierra donde se encuentra el yacimiento de la Espina del Gallego (al oeste) y el campamento romano de Cilda, ambos lugares claves en el desarrollo de las Guerras Cántabras.

    El "castellum" de El Cantón tiene una superficie aproximada de 7.200 m2, quedando este área delimitada por un talud redondeado o agger de forma circular (ligeramente ovalada). Este tipo de estructuras defensivas se corresponde a un tipo denominado como "castra lunata" o "castra rotunda", muy poco comunes en nuestra región (me atrevería a decir que único). El perímetro se compone de una línea de vallum (agger de tierra y foso) de 1,82 metros de altura, creyéndose además que pudo estar reforzado exteriormente por un parapeto de madera. Las características del citado foso se corresponden con las de una fossa fastigata (en V), además de tener unos 2,66 metros de ancho por casi medio metro de profundidad. Otros de los aspectos destacables de este yacimiento son sus dos puertas en clavícula (orientadas al este y noroeste), elementos característicos de los campamentos militares de la época Augustea. Curiosamente una de las puertas se encuentra orientada hacia el yacimiento de la Espina del Gallego.

    Agradecimientos: Ivan Añivarro Anguren
    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)