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Ara dedicada a Cabveniaegino

El ara a Cabveniaegino es una de las piezas epigráficas más espectaculares de la Cantabria antigua. En pleno siglo XXI, tras más de 125 años desde su descubrimiento, las incógnitas que esconde siguen siendo mayores que las certezas que conocemos. Nada se sabe al 100% ni de la deidad "cántabra" aquí representada ni del pueblo/gens o etnia a la que pertenecía quien la erigió. Diferentes teorías y argumentos (en muchos casos válidos a la par que contrapuestos) que iremos desgranando poco a poco y que hacen que el aura de misterio que rodea a esta increíble pieza la hagan aún más atractiva.

Fue encontrada en la muralla de uno de los yacimientos más importantes del territorio de los antiguos cántabros y a la par uno de los más maltratados y expoliados (no olvidemos que está dentro de la Lista Roja de Patrimonio en peligro): Monte Cildá. Concretamente en las excavaciones que Romualdo Moro realizó allí en el año 1891 a petición de Claudio Lopez Bru, II Marques de Comillas, y que también se extenderían ese mismo año al conocido Monte Bernorio. Desde su descubrimiento ha sido objeto de diferentes estudios epigráficos que tienen una amplia disparidad en su lectura, principalmente en el nombre de su dedicante, el nombre del beneficiario y del grupo humano al que pertenecía. Un año después de su descubrimiento (1892) F. Fita la incluiría en su publicación "Inscripciones cantábricas. Lapidas romanas del Monte Cildá", pasando varias décadas hasta que Adolf Schulten la incluyese en su obra "Castros prerromanos de la región cántabra" en el año 1942. Varios de los arqueólogos de mayor renombre en las investigaciones de mediados del siglo XX del antiguo territorio de los antiguos cántabros la incluirían en sus artículos. Ejemplos conjuntos como el de Miguel Ángel García Guinea y Joaquín Gonzalez Echegaray en "Excavaciones en Monte Cildá, Olleros de Pisuerga (Palencia). Campañas de 1963-1965", o de un modo individual como "Excavaciones en Iuliobriga y exploraciones en la región cántabra 1956-1961" (Antonio García y Bellido) o la archiconocida obra "Los Cántabros" (Joaquín González Echegaray, 1966) dan buena fé de la importancia del hallazgo desde el primer momento. Y con todo, decenas y decenas de publicaciones (llenaríamos hojas y hojas de bibliografía) desde la década de los 70 hasta pleno siglo XXI llenan diferentes hipótesis en cuanto a su lectura. Merece la pena leer el artículo "Cautelas sobre los nombres personales documentados una sola vez: El ara dedicada a Cabvniaegino" de José Luis Ramírez Sádaba y Raquel Campo Lastra (UC, 2010), en el cual se diserta sobre la gran mayoría de interpretaciones bibliográficas que se le ha dado en el tiempo.

No cabe duda de que el ara a Cabveniaegino es una pieza clave en la epigrafía de la Cantabria antigua en época romana. Una auténtica joya que a buen seguro, en época visigoda, fue reutilizada en la muralla del asentamiento y que paso totalmente desapercibida hasta finales del siglo XIX. Un campo epigráfico que ha sido (y es) motivo de debate entre los arqueólogos e investigadores, que no tienen claro aún el grupo humano para quien fue tallada. En la actualidad se puede contemplar en la exposición del MUPAC, siendo una de las aras más visitadas.

Bibliografía: "Cautelas sobre los nombres personales documentados una sola vez: El ara dedicada a Cabvniaegino". Jose Luis Ramírez Sádaba y Raquel Campo Lastra (UC, 2010)

 

Nos encontramos ante un ara votiva de piedra caliza cuyo campo epigráfico está compuesto por letras de muy buena factura y disposición espacial. Debido a su acondicionamiento (y retallado) para formar parte de la muralla tiene un desconchón en el lado izquierdo que, unido a diferentes rallones, hace que la lectura no haya sido todo lo clara que podría parecer. Sobre manera lo que parece la parte superior de una “P” sesgada en la 5ª línea, la cual haría que cambiase totalmente la interpretación del grupo humano / gens al que podría pertenecer el “beneficiario” del ara. El campo epigráfico sería el siguiente:

CABVNIAEGINO
DOIDE[R] [E]TRIDIA
PRO SALV
D]VRATONIS
[P]OLECENSIVM
L M

Que se podría traducir (con ciertas reservas) como:

"A Cabuniegino. Doider(a) (E)Tridia en favor de la salud de Duratón de los (P)Olecenses. Con agrado y justicia"

Respecto al nombre de la primera línea (CABVNIAEGINO) no existen grandes dudas en cuando a su identificación…epigráfica. Por el contrario, existen todas las dudas del mundo en su interpretación, si bien se tiene certeza por la disposición del ara votiva que se trata del nombre de la deidad a la que se pide salud el beneficario de la pieza. Nada se sabe de esta divinidad que solo aparece en este soporte y por lo que siempre se ha asignado a “un dios” de origen indígena que los romanos adoptaron para ellos. Todo ello con la mayor de las reservas

El nombre del dedicante, en la segunda línea, ha sido uno de los que más controversia levantó en cuando a su identificación epigráfica por la erosión y el gran rallón central. La más aceptada es que se trate del nombre ampliamente extendido de Doider[us/a]. Respecto al “TRIDIA” existen diferentes hipótesis que, o bien apuntan a ser un cognomen o bien a la mención de una entidad suprafamiliar. En este caso, no se podría formar terminado en “A” dado que estas entidades no se forman sobre el femenino. De modo que encaja mejor la primera de las opciones (cognomen).

Valle de Valdeolea con la localidad de Olea al fondo

La tercera línea es otra de las que menos dudas ofrece en cuanto a su lectura: PRO SALV. Aquí se expresa el beneficio o gracia que el dedicante le pide a la deidad, en este caso salud. En la cuarta (nombre del beneficiario) vuelven las dudas en cuanto a su lectura diferentes autores, siendo las hipótesis más aceptadas la posibilidad de leer [D]uratonis o incluso Uratonis sin más.

La quinta línea es una de las más interesantes y a la par más enigmática, intentando los diferentes autores “ubicar” toponímicamente la etnia / grupo humano al que pertenecía el beneficiario del ara. En 1892 Fita leyó Olecensium” mientras que Garcia Guinea et alii (1966) leyeron "Polecensium". Estos últimos relacionaron toponímicamente este origen a la actual población de Polientes en Valderredible sin más argumentos. Todo ellos basándose en la posible letra P que a día de hoy parece incompleta. En el caso de ser una letra perdida, el campo epigráfico quedaría ligeramente descentrado hacia la izquierda. Además, en el caso de ser así, la latinización de la etnia de “Los Polecenses” no podría derivar nunca en el romance Polientes, más bien en “Poleca”. Por el contrario, aquellos que interpretaron / interpretan “Olecensium” lo relacionan con el topónimo actual de Olea (Olea en Cantabria u Olea de Bohedo en Palencia). En este caso “Olecensium”, genitivo del plural, indicaría la etnia a la que pertenecería el beneficiario. El termino ya latinizado sería “Los Olecenses” habitantes de “Oleca”, que habría desembocado en el romance Olea. Sería al menos estructuralmente más correcto, si bien nadie puede garantizar que las actuales localidades (ni la cántabra ni la palentina) tengan algo que ver..aunque tendría sentido en ambas. Olea de Bohedo tiene en sus inmediaciones yacimientos romanos conocidos, ninguno de entidad (de momento) salvo los relacionados con Herrera de Pisuerga y villas romanas cercanas. Lo mismo ocurre con la Olea cántabra, donde podemos encontrar cerca cantidad de aras votivas, términos augustales y la que muchos consideran (consideramos) la antigua Iuliobriga.

En la última línea también hay discrepancias en su composición, si bien es cierto que todos los autores coinciden en el L(ibens) M(erito) de la parte central. Podría existir una “S” muy desgastada al final de la línea, que lo convertiría en L(ibens) M(erito) S(olvit).

VISITAS

La ubicación que se muestra es la original donde Romualdo Moro la encontró en las excavaciones del año 1891 (yacimiento de Monte Cildá). Si quieres contemplar el ara a Cabveniaegino, puedes visitar el Museo de Arqueología y Prehistoria de Cantabria donde se encuentra expuesta.

Info

   

DESTACADOS

  • ESTELA DE HERRAN

    En muchas ocasiones los templos religiosos como monasterios, iglesias o ermitas marcan un camino mucho más allá de la fe cristiana. En Cantabria existen decenas de ejemplos donde estas construcciones albergan en su interior (o su entorno) piezas arqueológicas de incalculable valor que nos hablan de épocas antiguas y su cristianización tras un pasado presumiblemente pagano. Y en este caso Santillana del Mar está dentro de ese selecto grupo de lugares no solo por ser "el municipio por excelencia" del arte rupestre nacional e internacional, sino por su riqueza arqueológica superada ya la prehistoria que nos asoma a la Edad de los Metales (Bronce/Hierro) y a la propia romanización del territorio. Con todo, tras la aparición de diferentes hallazgos aislados del mundo romano hace ya décadas, y la "guinda del pastel" que ha sido el descubrimiento del oppidum del Cincho de Yuso, deberíamos de plantearnos que Santillana del Mar y su entorno puedan esconder un pequeño enclave romano aún sin determinar. La cercanía con Portus Blendium (Suances) y la aparición de cerámica romana y un "tambor" de columna en la cueva de El Raposo (materiales "arrastrados" a su interior tras una gran gota fría pasado el verano de 1983) nos lleva a contextualizar la pieza que nos ocupa con otros ojos.

    Estamos hablando de la estela funeraria de San Sebastián de Herrán, a escasos dos kilómetros en línea recta de los citados hallazgos materiales. Fue encontrada en la remodelación de la ermita llevada a cabo en el año 1986, al desmontar los sotabancos del antiguo retablo y formando parte como "pie" del altar. Fue estudiada en primera instancia por Joaquín Gonzalez Echagaray y Jose Luís Casado Soto al poco de descubrirse y publicada nuevamente en el año 1999 por Jose Manuel Iglesias Gil y Alicia Ruiz en la obra "Epigrafía Romana de Cantabria".

    Y a partir de aquí…poco más que contar. Bueno si, que la cueva de La Raposa (donde se hallaron los materiales romanos y muestras de arte rupestre posteriormente) ahora es un colector de aguas residuales y que las investigaciones que podrían cercar el mundo romano en el municipio (salvo los estudios en el cercano Cincho de Yuso) están en una vía muerta. Una auténtica pena que tras un inicio esperanzador hace décadas en cuanto a hallazgos se refiere, ninguna institución apueste por darle continuidad. Cantabria Infinita lo llaman..

    Agradecimientos: Lino Mantecón Callejo.

    Bigliografía:"Estela cántabro-romana de la iglesia de La Herrán (Santillana), reutilizada como altar" (1986) – Joaquín Gonzalez Echegaray / Jose Luís Casado Soto. Altamira, 45, 305-312. Santander.


  • ARA A JUPITER

    El ara a Júpiter de Monte Cildá es otra de esas piezas epigráficas fundamentales en la historia de Cantabria. No solamente por el valor que posee como tal sino por compartir espacio en el Museo de Prehistoria y Arqueológica de Cantabria con otras piezas espectaculares como el ara a Cabueniaegino o la estela de Valerio Cuadrato. Todas ellas encontradas en el yacimiento de Monte Cildá. Si vas a visitarlas, no dejarán de ser "piedras con letras en latín" dado que en ninguna de ellas encontrarás ni su transcripción ni su traducción..eso es divulgar. Lo demás lo habrán dejado para la siguiente legislatura (texto fijo que me vale para las siguientes décadas), una pena dado que nos encontramos ante un yacimiento – Monte Cildá – que es parte fundamental para conocer el pasado romano del antiguo territorio de los cántabros.

    Fue encontrada por Romualdo Moro en la campaña de excavaciones que, a petición del II Marqués de Comillas, realizó en el año 1891 tanto en el yacimiento de Monte Cildá como en el de Monte Bernorio. Concretamente apareció en el derrumbe de muralla del primero de los enclaves, al igual que gran parte del resto de epígrafes citados en el párrafo anterior. Ese mismo año, Fidel Fita la estudiaría e incluiría en su obra "Inscripciones Cantábricas".

    No cabe duda que Monte Cildá es el yacimiento por excelencia para conocer la epigrafía romana (y por lo tanto a los "actores" de la vida cotidiana) de la Cantabria antigua. Todo nos llevan a pensar que estamos ante un núcleo poblacional de relevancia en una zona de paso fundamental entre el corredor de la meseta hasta Portus Blendium. Y con todo, en nuestros días, un yacimiento que se encuentra dentro de la Lista Roja de Patrimonio por su estado de abandono (y expolio).

    Bibliografía:"Excavaciones en Monte Cildá (Olleros de Pisuerga, Palencia). Campañas 1963-1965". Miguel Ángel García Guinea y Joaquín González Echegaray.

  • ARA DE SAN MIGUEL

    Sin duda, y apoyándose principalmente en el gran número de hallazgos epigráficos en toda la zona, Valdeolea es un municipio que a buen seguro que seguirá dando sorpresas a medio plazo dentro del mundo romano en Cantabria. Y no solo por lo que se conoce hoy en día, sino por la posibilidad más que factible y tal vez "secuestrada" de que Camesa Rebolledo y todo su entorno sean la verdadera Juliobriga (quien sabe). Pero hasta que ese día llegue y reviente los cimientos de la arqueología de nuestra comunidad, podemos conocer un poco más de los hallazgos relacionados con los asentamientos romanos de la zona y piezas tan maravillosas como la que nos ocupa.

    Estamos hablando del Ara de San Miguel de Olea o ara de "Flavia Gentiana", encontrada en el año 1980 por Javier Gonzalez Riancho en las obras de reconstrucción de la ermita de San Miguel, concretamente en el relleno que macizaba el altar dentro del ábside. Poco después de su descubrimiento, fue publicada por Joaquín González Echegaray y Jose Luis Casado Soto, siendo reinterpretada por Alicia Ruiz y José Manuel Iglesias posteriormente. Todo ello debido sobre manera a que las dos últimas líneas de la misma se encuentran muy desgastadas, lo que ha dado lugar a diferentes "encontronazos" respecto a su significado y contenido.

    Hasta hace no muchos años permaneció en dicho templo hasta que finalmente fue traslada al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria donde se encuentra expuesta. No cabe duda de que este ejemplo de ara votiva (que no funeraria) enclavada en el corazón de Olea, muy cerca de donde aparecieron los diferentes términos augustales correspondientes a los "prata" de la Legio IIII Macedónica y la ciudad de Camesa Rebolledo, hace pensar que, por el mero hecho estadístico de las decenas de hallazgos epigráficos en el entorno, estemos más cerca aquí de la ciudad romana de Juliobriga que no de Retortillo. Tan solo los años venideros y una mente abierta (no la que hay ahora), aclararán este último punto.


  • MILIARIO DE NERON

    Que la actual localidad de Otañes fue un punto estratégico en las comunicaciones romanas de la antigua colonia de Flaviobriga con el resto del imperio no es ningún secreto. Es más, podríamos decir que su importancia va más allá de "un cruce de caminos", ya que los hallazgos conocidos y los que no (que son muchos) nos dan a entender que como núcleo minero y habitacional tenia una cierta entidad: La Patera de Otañes, la mina de Setares, el miliario de Numerario, los miliarios de Galerio, el miliario de Tiberio, el miliario de Caro o el cercano miliario de Domiciano encontrado en el puerto de Las Muñecas (divisoria natural entre la Cantabria actual y el País Vasco) así lo atestiguan. Era el punto final (o de inicio, según que mire) de la vía romana entre Flaviobriga y Pisoraca, si bien es cierto que esta afirmación solo está basada en los milarios encontrados, nunca de las vías como tal. En los últimos años, el espectacular trabajo de Isaac Moreno Gallo sobre las vías romanas en la antigua Hispania nos lleva desde Flaviobriga hasta incluso la antigua ciudad de Vxama Barca (Osma de Álava), pasando por el Valle de Mena, La Merindad de Montija y el Valle de Losa. ¿Cómo?. Pues en este caso, y a diferencia de los estudios solo basados en los miliarios encontrados…pues recorriendo las vías romanas fosilizadas. Un espectacular y arduo trabajo de investigación insitu que nos lleva hacía el Sur y que, en algún punto intermedio (a modo de cruce de caminos), se debería desviar hacía el Suroeste. ¿Hacía Pisoraca (Herrera de Pisuerga)?. Eso parece, pero no se ha encontrado aún la vía física que nos lleve al final.

    Volviendo al miliario de Nerón, fue descubierto por Antonio María de Otañes hacia el año 1770 junto a la ermita de La Trinidad. Posteriormente fue depositado en la casa Torre de Otañes, circunstancia conocida gracias al acta notarial que, con motivo de la aparición de la Pátera de Otañes, fue redactado por el Ayuntamiento de Castro Urdiales y remitido a la Real Academia de Historia en el año 1826. Años después sería colocado en el paseo de arboleda, denominado de la Barrera sobre un pedestal en el cual había una reproducción de su texto. A finales del siglo XIX, principios del siglo XX se llevaría a la plaza justo enfrente de la iglesia de Santa Maria en Castro Urdiales, donde sería objetivo de diferentes pintadas. Actualmente se encuentra ubicada en el interior del castillo de Santa Ana.

    No cabe duda de que el miliario de Nerón, y todos los hallazgos materiales anteriormente citados, nos llevan inequívocamente a pensar que la localidad de Otañes y su entorno tuvieron una importancia capital en las comunicaciones romanas del imperio en Cantabria. Bien como inicio, o bien como fin de las vías hacía la única colonia romana de la costa del Cantábrico: Flaviobriga. Desgraciadamente, esta última, víctima de la vorágine constructiva de no hace mucho tiempo y de la famosa frase de "tapa tapa, que nos paran la obra".

    Bibliografía:"Epigrafía romana de Cantabria" (1998). Jose Manuel Iglesias / Alicia Ruiz.


  • MILIARIO DE CARO

    El entorno del castro de Las Rabas como el de los campamentos romanos de La Poza han estado en las últimas décadas de actualidad en muchos sentidos. En primer lugar por lo arqueológico ya que tanto a finales del siglo XX y principios del siglo XXI han sido objeto de diferentes intervenciones y posteriores publicaciones que nos han desvelado muchísima información de su milenario pasado. Y en segundo, por lo de casi siempre: De un modo u otro se han visto inmersos en la destrucción parcial o bien de su entorno más próximo o de ellos mismos. Por todos es conocido el caso del molino experimental de Vestas V112 que fue instalado (tras muchas protestas y voces en contra de historiadores y asociaciones) en el entorno arqueológico del castro de Las Rabas. O el gaseoducto instalado en la década de los 80 que atraviesa los campamentos de La Poza, si bien es cierto que esta obra fue realizada en unos años en los que no había tanta conciencia patrimonial como en nuestros días.

    Pero al margen de los problemas (o no) arqueológicos ocasionados por la construcción del gaseoducto de enormes dimensiones, gracias a él se descubrió un lugar que destaco por la riqueza arqueológica que contenía y que fue excavado de urgencia en el verano de 1987. Se trata un paraje conocido como el "Convento de Santa Olalla" donde se encontró una necrópolis asociada más que posiblemente a un edificio religioso ligado al topónimo del lugar. Se encontraron cerca de 19 tumbas de lajas y un sarcófago (vacío) de entre los siglos IX-XIII, dos estelas funerarias medievales y la pieza que os ocupa.

    Estamos ante un fragmento de miliario romano de arenisca que fue encontrado muy deteriorado. Se cree que los diferentes "rebajes" que tiene tanto en su parte trasera como en sus laterales se deben a la reutilización como sillar en época medieval, en relación directa con el citado edificio religioso que pudo existir en el enclave. La cercanía con la calzada romana de Peña Cutral (la única romana como tal conocida en Cantabria) hace pensar que esta directamente relacionada con la misma.

    Bigliografía:"Arqueología y gas natural en Campoo". Cuadernos de Campoo, 3- José Luis Pérez Sánchez