
Muchos se preguntarán que relación tiene la actual Barcelona con el territorio de Regio Cantabrorum. Son cientos y cientos los kilómetros que separan las citadas ciudades romanas, más aún cuando no se sabe con certeza donde se encuentra la civitas cántabra (le pese a quien le pese). Independientemente de si hablamos de Retortillo o Camesa Rebolledo, existe un punto de unión que mucha gente desconoce y que poco o nada tiene que ver con pactos de hospitalidad, restos arqueológicos o arquitectura romana. De hecho todos sabemos lo difícil que es conocer con certeza nuestra milenaria historia, muchas veces más "interpretada" que por desgracia investigada y/o excavada. Todo lo contrario que Barcino (nombre resumido de la Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino), de la cual existe mucha más información obtenida tanto de las fuentes escritas como del afán del ayuntamiento por poner en valor su increíble pasado.
En este pequeño artículo intentaré mostraros las maravillas que en menos de 500 metros nos ofrece la actual Barcelona, donde no solo podemos comer paella en Las Ramblas (típico) o ir a un tablao flamenco (¿típico?). Todo basado en mi propia experiencia personal, donde la casualidad me llevo a las puertas del Templo de Augusto en una extraña carambola que muchos llamarían destino. En tan solo una mañana, y por un precio más que asequible, tuve la oportunidad de visitar varias de las sedes del MUHBA (Museu d’Historia de Barcelona) relacionadas con la antigua colonia que, por resumir, citaré a partir de ahora solo como Barcino. Llegados a este punto muchos se preguntarán: "Vale, ¿Pero dónde leches está el nexo de unión entre Iuliobriga y la antigua Barcino?". Muy fácil: En su fundador, en su fecha aproximada de fundación y (tal vez) en ser consecuencia directa del Bellum Cantabricum et Asturicum, al menos conceptualmente. No olvidemos que tanto Barcino como Iuliobriga nacen de ocupaciones previas (en el primero de los casos se cree que desde el año 218 a.C.) y que hablamos de su "romanización oficial". Respecto al primer nexo, como no, estoy hablando del emperador Augusto. Como todos sabemos fundó decenas y decenas de ciudades por todo su imperio cual hada del bosque con su varita mágica haciendo "chaaasss"..y ciudad y/o colonia que bautizaba. Vamos igualito al actual presidente del Gobierno, que inaugura pantanos funcionando desde hace meses se queda tan ancho. Porque amigos, Barcino no comenzó su andadura tras su "fundación", sino que la actual Barcelona tiene un pasado conocido que nos remonta hasta finales del neolítico. Lo que hoy conocemos como Montjiuc, alberga evidencias desde esa época en adelante, destacando la importante presencia de un poblado Íbero tal y como podemos ver otro día en el Museu d’Historia de Barcelona.
Dejando de lado las diferentes interpretaciones, más bien leyendas, que atribuían la fundación de la ciudad a Amicar Barca (año 230 a.C.), padre de Anibal (el del Equipo A no, el otro) o incluso en su versión romana a Hércules (400 años antes de la fundación de Roma), nos centraremos en Augusto y su fundación de Barcino: Entre el 15 y 10 a.C., fecha muy similar a la de la puesta de largo de Iuliobriga (entre los años 15 a 13 a.C.). Podría ser una simple casualidad, no sería complicado. Lo que sí es más que difícil es que pudiesen ser consecuencia directa del mismo conflicto bélico. Todo el mundo sabe que Iuliobriga nace tras Las Guerras Cántabras como capital administrativa de Regio Cantabrorum. Lo que mucha gente no conoce es que Barcino fue consecuencia directa de la distribución de tierras entre los soldados del ejército (de rango mayor) que participaron en las mismas guerras. ¿Sorprendidos? :) Veamos ahora ese pequeño paseo que recomiendo a todos los amantes de la historia de Roma
Como bien os comentaba, en uno de mis paseos por el centro me topé con un cartel inquietante al lado de un Pans and Company (viva la historia). En pequeñito ponía Templo de Augusto. “¡Anda!” pensé. Mi sorpresa fue mayor cuando me di cuenta que estaba ante un espacio gratuito y monumental a la par que sencillo. Se encuentra en la C/ Paradis 10, en el interior de un edificio típico del barrio. Y no, no estamos ante los restos estructurales de una construcción enorme como podríamos esperar, sino ante 3 inmensas columnas de lo que en el pasado sí fue lo que imaginamos. Se puede observar lo que se cree que fue la parte central del Foro, en la cima del monte Táber (hoy el barrio gótico). Se descubrieron a finales del siglo XIX durante la construcción de la sede del Centro Excursionista de Cataluña. Lo que se desconoce es su disposición y orientación real, sobre la cual existen diferentes teorías.
Fisgando, tipical spanish, escuche que a unos 500 metros había una gran vivienda romana que se podía visitar por tan solo 2 €: La domus de Sant Honorat. Nuevamente un espacio cultural totalmente integrado en el barrio, ubicado esta vez en la C/ de la Fruita, 2. Aquí podemos recorrer los 680 m2 de yacimiento de un modo sencillo y bien panelizado. No olvidemos que es un centro cultural y yacimiento relativamente “joven”, descubierto en 1999 (año en el que salen a la luz ls primeros mosaicos romanos) y abierto al público en el año 2010. Destacar que tanto la gran domus romana como los locales comerciales junto a ella datan del siglo IV d.C.
¿Cómo llegar hasta ambos yacimientos? Muy fácil, están justo al lado de la Plaza Sant Jaume. Este espacio es conocido por todos por albergar el actual ayuntamiento de Barcelona y el Palacio de la Generalitat. En metro es super sencillo llegar, más aún si te encuentras en la zona de Las Ramblas. Tenemos la línea verde (L3) en Liceu y la línea amarilla (L4) que nos deja en Jaume I.
En los próximos días nueva entrega dentro de la sede principal del MUHBA y en la Vía Sepulcral Romana. No olvidéis que en los enlaces de la derecha tenéis toda la información de los yacimientos citados en este pequeño artículo, paneles explicativos incluidos (eso si es divulgar).
El campamento de Curriel.los (Concejos de Aller y Lena, Asturias) es sin duda uno de los iconos de la conquista y posterior dominio del Imperio Romano no solo en Asturias, también del norte de Hispania. Su entramado estructural, su ubicación a más de 1.600 metros de altitud, su dominio sobre la vía Carisa (también se puede ver la costa en días despejados) y su posición en un paso estratégico desde la Meseta hacen de este yacimiento un lugar especial. Se ubica en el pico de La Boya, cuya altitud máxima es de 1.727 metros. Concretamente se extiende por la plataforma que componen dos pequeños cerros redondeados (ver en el mapa) unidos por una pequeña depresión. Incluso esta altitud hacia dudar en el pasado sobre su más que posible adscripción cronológica, además de otros elementos como veremos a continuación.
A diferencia de otros enclaves cercanos que han sido hallados en estas últimas décadas (pocos años en algún caso), Curriel.los es conocido desde hace mucho más tiempo, si bien es cierto que su potencial arqueológico y el volumen e importancia de lo allí encontrado es más contemporáneo. La existencia del yacimiento fue dada a conocer en el año 1858 por el erudito y militar Elías García Tuñon, quien quedó fascinado por el hallazgo de restos de unos yelmos romanos. Es por ello por lo que, contando además con parte de las enormes estructuras defensivas que encontró, creyó que estaba antes unos restos estructurales de origen indígena relacionados con el escenario bélico del Monte Medulio. Esta hipótesis inicial fue desacreditada a principios de siglo XX, cayendo en el olvido. De todos modos, Curriel.los seguiría durante décadas siendo considerado un poblado de la Edad del Hierro con posible reutilización romana (González, 1966:268), incluso sin tener nada que ver con el Bellum Cantabricum et Asturicum. Pero el avance del conocimiento en la castrametación romana, la aparición de nuevos elementos estructurales y las diferentes evidencias llevaron a los investigadores a no tener dudas sobre su adscripción meramente romana, aun siendo un campamento con muchas peculiaridades respecto a una construcción "canónica".
Está claro que la contextualización e investigación de Curriel.los ha marcado un antes y un después en el conocimiento de la conquista romana de Asturias. Gracias a la importancia de los restos materiales y estructurales, podríamos decir para entendernos (las comparaciones son odiosas) que nos encontramos con lo que supuso el hallazgo y estudio de la Espina del Gallego para Cantabria hace ya alguna década. Hoy en día, la proliferación de nuevos "campamentos de alta montaña" lleva camino de cambiar el mapa de las Guerras Astur-Cántabras como ocurrió por aquel entonces: L.laguezos, A Granda das Xarras o A Recacha en Asturias y Castro Negro, el Castellum de Vistrió o el campamento de Pando en Cantabria son ejemplos de este avance en la investigación. Eso sí, siempre y cuando las administraciones apoyen este tipo de proyectos que tanto conocimiento aportan a la cultura general.
El campamento romano de Castillejo (Pomar de Valdivia, Palencia) marcó un antes y un después en el devenir de las Guerras Cántabras. Cerremos por un instante los ojos y viajemos en el tiempo más de 2.000 años, concretamente hasta el año 26 a.C. Al abrirlos nos encontraremos en lo alto del "oppidum" del Monte Bernorio rodeados de cientos de personas, las cuales han ido llegando de los pequeños castros cercanos al abrigo de esta enorme atalaya. Apenas traen ya pertenencias, bien por la celeridad de su forzada marcha, o bien porque los romanos han arrasado ya con todo aquello a lo que llamaban hogar..no son tiempos fáciles en el norte de Hispania. Tanto cántabros como astures seguían manteniendo su independencia contra Roma, pero esta vez algo era diferente. Hace apenas dos años (28 a.C. aproximadamente) se produjo una gran batalla entre nuestros vecinos los vacceos y el ejército romano, agitando la ya convulsa situación. Todos pensaron que sería una más entre tantas ya..pero no. Sería el inicio de decenas de revueltas y escaramuzas que desembocarían en lo que estamos viendo ante nuestros ojos: A menos de una legua romana (3 kilómetros aproximadamente) se podían atisbar en el horizonte miles de soldados romanos comenzando a movilizarse..algo está a punto de cambiar en la historia de Regio Cantabrorum. Tras un pequeño instante, donde un parpadeo se nos hace eterno viendo llegar la desgracia que se cierne sobre nosotros, abrimos los ojos nuevamente y nos encontramos en una inmensa loma, donde a duras penas podemos diferenciar estructuras (muchos creerán que es un páramo, sin más) que nos hablen del glorioso pasado militar de este enclave: Estamos en el campamento romano de Castillejo.
Situado al nordeste de la localidad de Pomar de Valdivia, este campamento jugó un papel fundamental en los inicios de las Guerras Cántabras, ya que tanto su ubicación como tamaño (que detallaremos más adelante) eran cruciales para el posterior desarrollo de la contienda. Su principal cometido sería la toma y control (o destrucción como así fue) del "oppidum" del Monte Bernorio, lo cual garantizaría el control y sometimiento de la comarca. Este objetivo traería consigo el segundo e igual de importante: La apertura de una vía de comunicación hacia el norte, lo que permitiría al imperio romano controlar los pasos de la Cordillera Cantábrica y el nacimiento del Ebro. Volviendo al yacimiento, su carácter campamental fue descubierto por el investigador por Miguel Ángel Fraile en los años 90. Sería además por casualidad, ya que se encontraba en el Castillejo realizado un estudio detallado sobre los restos alto-medievales existentes en la zona. Posteriormente, a principios ya del siglo XXI, arqueólogos de la talla de Eduardo Peralta Labrador, Martin Almagro-Gorbea o Jesús Torres Martínez aportarían datos concluyentes y clarificadores sobre el campamento, convirtiéndolo en uno de los baluartes dentro de las Guerras Cántabras por su importancia arqueológica e histórica.
El yacimiento del Monte Castrelo de Pelóu (Grandas de Salime, Asturias) fue una auténtica incógnita hasta hace no muchos años. De hecho su ubicación (inmerso en una de las mayores zonas auríferas que explotó el imperio), sus técnicas constructivas (utilizando la fuerza hidráulica en la excavación de su foso), la magnitud de su aparato defensivo y los diferentes hallazgos materiales en el interior del mismo llevaron a pensar que su periodo fundacional se remontaba a la época romana, bien como pequeño núcleo administrativo sobre las explotaciones de Valabilleiro o Pedras Apañadas (por ejemplo) o bien a modo de control militar sobre las mismas. Pero nada más alejado de la realidad. Las excavaciones realizadas durante los primeros años del presente siglo nos abrieron un horizonte temporal mucho más amplio, trasladándonos directamente a épocas previas a la romanización del territorio.
El asentamiento fue catalogado por José Manuel González en 1973 como La Pica el Castro (González, 1976: 139), si bien es cierto que entre los vecinos y conocedores del territorio se han utilizado topónimos como Monte Castrelo y Prida del Castro. A partir de su primera cita pocas han sido las referencias bibliográficas sobre el yacimiento, denominándose principalmente como El Castro de Pelóu (Carrocera, 1990: 125; Sánchez-Palencia; 1995: 148). No sería hasta el año 2003 cuando se comenzasen una serie de intervenciones arqueológicas, dirigidas por Rubén Montes López, Susana Hevia González, Alfonso Menéndez Granda y Ángel Villa Valdés, que se prolongarían en el tiempo durante 4 años (en breves intervalos, cierto es). Los resultados de las mismas, que sobrepasaron las expectativas iniciales según sus directores, han sido fundamentales para realizar un mapa cronológico de ocupación del castro como veremos posteriormente.
Estamos sin duda ante uno de los yacimientos más espectaculares de Asturias, no solo por sus técnicas constructivas, sino por el increíble valor de los elementos y materiales allí encontrados. Un enclave que tal vez no destaque por su majestuosidad y tamaño como otros castros del entorno, pero que tiene un nombre con mayúsculas dentro de la arqueología en el antiguo territorio galaico.
El Campo de las Cercas es un campamento romano ubicado en lo alto de la sierra conocida como "Monte Tejas", muy próximo al lugar denominado como "La Collada". Su nombre viene dado por la abundancia de cercados de piedra utilizados por los ganaderos en sus inmediaciones, aunque de todos modos su nombre "oficial" (acordado por la corporación municipal de San Felices) es "Campamento Romano de Tarriba". Aún así, este nombre no es compartido por todos, mucho menos por las personas ligadas profesionalmente a la arqueología. El yacimiento ocupa dos municipios diferentes (San Felices y Puente Viesgo) y la decisión no es ni mucho menos una mera cuestión municipal de uno de ellos. Sin entrar en debates y siendo estrictos a nivel histórico y científico, seguiremos definiendo el yacimiento como Campo de las Cercas. El campamento fue encontrado por un vecino de la zona llamado Federico Crespo García Barcena en el año 1998, identificando este el emplazamiento como un castro cántabro. No sería hasta que Eduardo Peralta Labrador lo visitó cuando se identificó con un campamento romano de grandes dimensiones. Fue poco después, en el año 2001 y tras incorporarlo al proyecto "Arqueología de lasGuerras Cántabras", cuando se comenzó a ver la importancia arqueológica e histórica del mismo. En este sentido, debemos destacar que el Campo de las Cercas fue pionero como yacimiento en cuanto a excavaciones de puertas en clavícula se refiere, ya que fue el primero donde se excavó una puerta de clavicula en la Península Ibérica y una de las primeras en toda Europa.
Su ubicación, como la gran mayoría de los campamentos romanos de Cantabria, no es casual. Se encuentra a unos 7 kilómetros al norte de La Espina del Gallego, dominando un paso (La Collada) de gran valor estratégico entre los valles del Besaya y El Pas. Además desde sus 700 metros de altitud se obtiene una amplia panorámica hacia la costa con la bahía de Santander al fondo. Respecto a su extensión, posee un total de 18 hectáreas, siendo sus ejes mayores de 1 kilómetro de distancia de largo por 300 metros de ancho (aproximadamente). Se cree, que gracias a tu tamaño, pudo ser uno de los lugares escogidos por el ejército romano para unir a dos de las columnas que penetrasen en Cantabria. La primera que avanzó desde el sur y se asentó en estructuras campamentales como El Cincho, Cilda, La Espina del Gallego o El Cantón. Por otro lado estaría otra columna militar llegada desde el mar, siendo el Campo de las Cercas su lugar de unión. Se plantea además que pudiese albergar miles y miles de hombres, hay fuentes que citan entre 30 y 32.000 hombres (varias legiones), pero es más lógico que el interior del mismo congregase una legión más algunas tropas auxiliares (5.000 o 6.000 la legión, 2.000 o 3.000 auxiliares y/o aliados), aunque al día de hoy no hay una cifra exacta que se pueda barajar. Siguiente con su morfología, se adapta a la perfección a la topografía de la sierra, siendo una estructura campamental larga y alargada. Posee además cuatro puertas en clavícula construidas con muretes de bloques de arenisca, una en el flanco norte y tres en el flanco oeste. Una de estas últimas, como hemos comentado previamente, ha sido la mejor estudiada. Presenta un suelo empedrado recubierto con una capa de graba, además de disponer de una única fossa fastigata de 5 y 6 pies a ambos lados de la puerta. En la parte interior de la misma existen dos zócalos de bloques de piedra con pequeños agujeros de poste en su base, lo que lleva a pensar que podría tratarse de la base de dos torres de madera que custodiaban esta entrada.
Los campamentos de La Poza se encuentran en el municipio de Campoo de Enmedio, concretamente cerca de la localidad de Cervatos. Los dos asentamientos de campaña o castra aestiva fueron descubiertos por Ángel García Aguayo aunque fueron realmente identificados como campamentos militares por Jose Manuel Iglesias Gil y Juan Antonio Muñiz Castro. Fueron ellos quienes propusieron la posibilidad de que pudiesen acoger temporalmente un contingente que participase en las Guerras Cántabras, un destacamento (vexillatio) de la Legio IIII Macedonica, o que incluso fuese el campamento de la famosa cohors I Celtiberorum. Para quien no lo sepa, la cohors I Celtiberum fue una unidad auxiliar de infantería, con caballería de apoyo, del ejército imperial. No sería hasta el año 2001 cuando Eduardo Peralta detectase que no se trataba tan solo de un campamento, sino que existían dos superpuestos, posiblemente utilizados en diferentes campañas. Las únicas campañas arqueológicas realizadas hasta el momento fueron realizadas por el arqueólogo Juan José Cepeda y su equipo, quienes realizaron un total de cinco sondeos (tres en el campamento I y dos campamento II).
El primero de los campamentos tiene una superficie total de 7,7 hectáreas, mientras que el segundo se extiende por un total de 4,6. Destacamentos sobre ellos que, a nivel estructural y de planta, son el "típico" campamento romano: de tipo rectangular con las esquinas redondeadas. Las defensas principales o aggeri del primero de ellos tiene una anchura en su base de 2,70 metros aproximadamente, realizándose mediante terraplenes de tierra y piedras extraidas del foso que circundaba todo el recinto campamental. Posee puertas en clavícula interna en el norte (porta praetoria), en el oeste (porta principalis sinistra) y en el este (porta principalis dextra). En este punto, permítanme dejar de ser objetivo: La puerta sur del recinto fue destruida por el gaseoducto de Enagas…¡viva el vino!..y luego nos preocupamos por la conservación del patrimonio.
El segundo de los campamentos aprovecha el mismo eje de orientación (noroeste-suroeste) que el primero. Estructuralmente, respecto a sus accesos, tan solo podemos hacer referencia a la aparición de parte de una de las puertas laterales en forma de clavícula interna.
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