
El campamento romano de Castillejo (Pomar de Valdivia, Palencia) marcó un antes y un después en el devenir de las Guerras Cántabras. Cerremos por un instante los ojos y viajemos en el tiempo más de 2.000 años, concretamente hasta el año 26 a.C. Al abrirlos nos encontraremos en lo alto del "oppidum" del Monte Bernorio rodeados de cientos de personas, las cuales han ido llegando de los pequeños castros cercanos al abrigo de esta enorme atalaya. Apenas traen ya pertenencias, bien por la celeridad de su forzada marcha, o bien porque los romanos han arrasado ya con todo aquello a lo que llamaban hogar..no son tiempos fáciles en el norte de Hispania. Tanto cántabros como astures seguían manteniendo su independencia contra Roma, pero esta vez algo era diferente. Hace apenas dos años (28 a.C. aproximadamente) se produjo una gran batalla entre nuestros vecinos los vacceos y el ejército romano, agitando la ya convulsa situación. Todos pensaron que sería una más entre tantas ya..pero no. Sería el inicio de decenas de revueltas y escaramuzas que desembocarían en lo que estamos viendo ante nuestros ojos: A menos de una legua romana (3 kilómetros aproximadamente) se podían atisbar en el horizonte miles de soldados romanos comenzando a movilizarse..algo está a punto de cambiar en la historia de Regio Cantabrorum. Tras un pequeño instante, donde un parpadeo se nos hace eterno viendo llegar la desgracia que se cierne sobre nosotros, abrimos los ojos nuevamente y nos encontramos en una inmensa loma, donde a duras penas podemos diferenciar estructuras (muchos creerán que es un páramo, sin más) que nos hablen del glorioso pasado militar de este enclave: Estamos en el campamento romano de Castillejo.
Situado al nordeste de la localidad de Pomar de Valdivia, este campamento jugó un papel fundamental en los inicios de las Guerras Cántabras, ya que tanto su ubicación como tamaño (que detallaremos más adelante) eran cruciales para el posterior desarrollo de la contienda. Su principal cometido sería la toma y control (o destrucción como así fue) del "oppidum" del Monte Bernorio, lo cual garantizaría el control y sometimiento de la comarca. Este objetivo traería consigo el segundo e igual de importante: La apertura de una vía de comunicación hacia el norte, lo que permitiría al imperio romano controlar los pasos de la Cordillera Cantábrica y el nacimiento del Ebro. Volviendo al yacimiento, su carácter campamental fue descubierto por el investigador por Miguel Ángel Fraile en los años 90. Sería además por casualidad, ya que se encontraba en el Castillejo realizado un estudio detallado sobre los restos alto-medievales existentes en la zona. Posteriormente, a principios ya del siglo XXI, arqueólogos de la talla de Eduardo Peralta Labrador, Martin Almagro-Gorbea o Jesús Torres Martínez aportarían datos concluyentes y clarificadores sobre el campamento, convirtiéndolo en uno de los baluartes dentro de las Guerras Cántabras por su importancia arqueológica e histórica.
Como hemos comentado previamente, el campamento de Castillejo se sitúa sobre un extenso páramo en las inmediaciones del Monte Bernorio. Dicha situación no es ni mucho menos casualidad, ya que tanto al norte como al noroeste (donde está el "oppidum" prerromano) posee pronunciadas pendientes que caen sobre la vega de Valdeomar, consiguiendo así una excelente defensa natural de cara al enemigo. En el sudoeste dispone de restos de un "vallum", del cual se puede apreciar ligeramente hoy en día un "agger" muy erosionado. Dicha estructura se hace mucho más visible al llegar al típico ángulo redondeado (véase La Poza, Campo de Las Cercas, El Cincho, etc) del sector sur. En este punto el "vallum" vira en dirección nordeste, siendo este tramo el mejor conservado del yacimiento, pudiendo apreciarse sobre el terreno los restos del mismo. Mide unos 300 metros de largo por unos 3 metros de ancho, destacando a la mitad una puerta en clavícula interna, típica también (al igual que las esquinas redondeadas) de los campamentos romanos. En este recinto rectangular, de unas 18,38 hectáreas, se puede apreciar también tres líneas de muralla paralelas que terminan en el "vallum" y un curioso "bracchium" de unión (en el sector oeste) del campamento con la zona de aguada o atrincheramientos exteriores. Llegados a este punto se podría interpretar que el Castillejo pose un espacio campamental de campaña ("castra aestiva"), donde una o dos legiones pudiesen acantonarse perfectamente.
Esta tipología e interpretación cambiaría por completo durante los sondeos realizados a principios del siglo XXI (2000-2001), donde se descubriría otra línea defensiva exterior de mayores dimensiones que la anterior. Al sudeste del primer recinto, cortado por la pista que sube de Pomar de Valdivia, se encontraron restos de un "vallum" con parte de cantil rocoso que se dirigía durante cientos de metros en dirección nordeste. La nueva estructura está formada por un "agger" de piedra que forma un talud con amurallamiento de bloques que alcanza el 1,80 aproximadamente. Delante del mismo se sitúa un foso con "contra-agger" marcado por alineamientos de piedra hincadas perfectamente y aún visibles sobre el terreno. Teniendo en cuenta esta nueva información, se muestra ante nosotros un campamento de unas 41 hectáreas aproximadamente, dimensiones que lo sitúan ya como un "castra" para dos o tres legiones incluso. Buscando un paralelo en nuestra región, el Campo de Las Cercas tiene 18 hectáreas aproximadamente, el campamento de Cilda entre 23 y 25 hectáreas..vemos aquí la importancia del mismo.
Las intervenciones arqueológicas realizadas en el foso del "vallum" y en el interior del recinto entre los años 2000-2002, arrojaron a la luz gran cantidad de materiales de tipo militar. Destacan numerosas tachuelas de caligae de las misma tipología que las encontradas en La Loma, seis puntas de flecha (cuatro de tres aletas, una plana de dos aletas y una estrecha de tipo sirio), una podadera y un azadillo (encontrado en el "agger" interior), una punta de jabalina, una punta de "pilum" ligero, dos anillos, piezas de bronce de sujeción de correaje, una pequeña fíbula de bronce, dos grandes regatones de hierro y dos monedas de bronce. Estas últimas son un as celtibérico del siglo I a.C (partido y de ceca ilegible) y un semis de Cartagonova alusivo al título de "Augur" obtenido por Octavio en el año 37 a.C.
Destacar por último que el foso del "vallum" exterior proporcionó restos de fauna domestica (bovino y equino) y abundante cerámica torno muy fragmentada.
Todos podemos disfrutar del campamento romano de Castillejo, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Palencia y Cantabria.
El campamento romano de "El Cincho" se sitúa en la cima de un cerro cercano al núcleo de La Población de Yuso (Campoo de Yuso), aproximadamente a unos 924 metros de altitud en su cota máxima. Su situación, dominando visualmente la gran llanada de La Vilga (hoy inundada por el Embalse del Ebro), era de gran importancia estratégica para el ejército romano, siendo un asentamiento de gran importancia en las campañas inmediatamente posteriores al año 27 a.C. Su nombre proviene de la evolución del latino "cingulum", con sentido aquí de cinturón amurallado en torno la cima. Hasta no hace muchos años, el lugar se había destinado a pastos y a la explotación ganadera, sin siquiera saberse el tesoro que albergaba.
En el último siglo, parte del yacimiento fue destruido debido al emplazamiento atrincherado del ejército y las milicias republicanas en la guerra Civil Española. Concretamente, existen tres líneas de trincheras en zig-zag al este del cerro, ya que en este punto era donde se controlaba el paso de la carretera de Reinosa a Corconte. Los sondeos arqueológicos realizados han permitido constatar el tipo de estructura defensiva del campamento de El Cincho. De dentro afuera existe un pasillo de ronda-“verna” con suelo de tierra pisada que formaría parte del “intervallum”, el cual se situaba entra la empalizada y las primeras tiendas del campamento. Se ha detectado también el “vallum” o base de piedra donde se colocaba la empalizada. Esta base, conformada por piedra seca irregular y sin trabajar, se sitúa sobre el “agger” levantado con la tierra extraída de los fosos o “fossa”.
El yacimiento del Monte Castrelo de Pelóu (Grandas de Salime, Asturias) fue una auténtica incógnita hasta hace no muchos años. De hecho su ubicación (inmerso en una de las mayores zonas auríferas que explotó el imperio), sus técnicas constructivas (utilizando la fuerza hidráulica en la excavación de su foso), la magnitud de su aparato defensivo y los diferentes hallazgos materiales en el interior del mismo llevaron a pensar que su periodo fundacional se remontaba a la época romana, bien como pequeño núcleo administrativo sobre las explotaciones de Valabilleiro o Pedras Apañadas (por ejemplo) o bien a modo de control militar sobre las mismas. Pero nada más alejado de la realidad. Las excavaciones realizadas durante los primeros años del presente siglo nos abrieron un horizonte temporal mucho más amplio, trasladándonos directamente a épocas previas a la romanización del territorio.
El asentamiento fue catalogado por José Manuel González en 1973 como La Pica el Castro (González, 1976: 139), si bien es cierto que entre los vecinos y conocedores del territorio se han utilizado topónimos como Monte Castrelo y Prida del Castro. A partir de su primera cita pocas han sido las referencias bibliográficas sobre el yacimiento, denominándose principalmente como El Castro de Pelóu (Carrocera, 1990: 125; Sánchez-Palencia; 1995: 148). No sería hasta el año 2003 cuando se comenzasen una serie de intervenciones arqueológicas, dirigidas por Rubén Montes López, Susana Hevia González, Alfonso Menéndez Granda y Ángel Villa Valdés, que se prolongarían en el tiempo durante 4 años (en breves intervalos, cierto es). Los resultados de las mismas, que sobrepasaron las expectativas iniciales según sus directores, han sido fundamentales para realizar un mapa cronológico de ocupación del castro como veremos posteriormente.
Estamos sin duda ante uno de los yacimientos más espectaculares de Asturias, no solo por sus técnicas constructivas, sino por el increíble valor de los elementos y materiales allí encontrados. Un enclave que tal vez no destaque por su majestuosidad y tamaño como otros castros del entorno, pero que tiene un nombre con mayúsculas dentro de la arqueología en el antiguo territorio galaico.
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