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Boca de La Cuvía de la Vega. Fotografía: Matienzo Caves Project

Nos encontramos ante una pequeña cavidad situada en la ladera norte del valle de la Vega, en Matienzo. Las primeras noticias sobre la misma se producen a principios de la década de 80 del siglo pasado, cuando miembros de la Expedición Británica topografían un recorrido total de 100 metros. Ya por aquel entonces, se comprueba insitu que los vecinos de la zona conocían el enclave, ya que tanto en la pared como en el suelo de la cueva se encuentran inscripciones que así lo atestiguan. Tendrían que pasar dos décadas hasta que en el año 2001, John Corrin informase a la Consejería de Cultura y Deporte de la existencia de cerámica y carbones en su interior, solicitando el Proyecto "la Prehistoria Reciente de Matienzo" la posibilidad de realizar la recogida de los mismos en el marco de una intervención arqueológica, aprovechando que en aquel momento se encontraban inmersos en el estudio de la cercana cueva de Cofresnedo.

La cueva no destaca por sus espectaculares dimensiones ni en su acceso ni en su interior, si bien es cierto que tras sobrepasar la pequeña boca (reducida por la presencia de grandes bloques) nos encontraremos un vestíbulo más o menos amplio. Nada más llegar a este punto, a la izquierda, nos encontraremos con las paredes (destruidas eso si) de lo que parece un pequeño redil ganadero. Si avanzamos hacia el flanco contrario, llegaremos a una galería baja que entre estalactitas y estalagmitas nos conduce a una sala más amplia. Poco o nada tiene de "comoda", ya que lejos de ser una estancia llana nos encontramos ante una gran rampa formada por derrumbes de grandes bloques, entre los cuales se encontraron los restos arqueológicos que se detallan posteriormente. Desde lo alto de esta sala parten dos galerías a izquierda y derecha pero sin apenas recorrido.

Como veremos a continuación, tras el estudio e interpretación de los hallazgos, se cree que al igual que en paralelos cercanos (Cueva del Aspio, Cofiar, etc) pudiesemos encontramos ante un yacimiento ritual o de depósito de ofrendas. Esta costumbre está perfectamente documentada en nuestra región para la Edad del Bronce tanto pleno como Tardio, siendo uno de los referentes la cueva de El Pendo (Morlote y Muñoz, 2001), conocidísima en nuestros días por sus increíbles representaciones rupestres pero que no debemos de olvidar en este tipo de contextos. Independientemente de que los vasos cerámicos cambien en los rasgos básicos, nos encontramos ante una continuidad en los comportamientos rituales entre el segundo y primer milenio a.C., circunstancia que aun cambiando la tipología de los recipientes (más sencilla a comienzos del 2.000 a.C. y más elaborada hacia el 800 a.C) nos muestra de un modo inequívoco la importancia de estas cavidades y sus ofrendas para los antiguos cántabros.

Bibliografía: La cueva de Cofresnedo en el Valle de Matienzo - Jesús Ruiz Cobo / Peter Smith (Edita: Gobierno de Cantabria)

Documentación gráfica y agradecimientos: The Matienzo Caves Project

 

Fragmento cerámico encontrado en el interior de la cueva. Fotografía: Matienzo Caves Project

Curiosamente, y a diferencia de otras muchas cavidades de su entorno, en la Cubía de la Vega tan solo se encuentra restos cerámicos. Ningún otro tipo de material óseo, metálico o similar es encontrado en su interior, circunstancia por la cual se cree que estamos ante una cavidad de tipo ritual no relacionado con inhumaciones.

Los fragmentos cerámicos aparecieron en un pequeño espacio (entre y debajo de varios bloques) formando siete concentraciones, con las cuales se ha podido completar la circunferencia completa de un vaso de alrededor de 30 cm de diámetro. Posee una decoración formada por decoraciones digitales alrededor de la arista, quedando el resto del recipiente conformado por una pared lisa. La pasta en la que se realizó es de apariencia uniformemente oscura, con desgrasantes de tamaño medio no demasiado abundantes.

Llama la atención la ausencia del fondo del vaso, que no ha podido localizarse en ningún sector de la cavidad. Se llega a interpretar incluso que el vaso se abandonase en la cueva después de desfondarse, un hecho que pudo ser consecuencia directa de la precaria fabricación del mismo. Por su tipología y características únicas, nos encontramos ante un ejemplar sin paralelos exactos en Cantabria. Lo más cercano al mismo nos lo encontramos en la citada cueva del Aspio, si bien uno de los recipientes allí encontrados (coetáneo) no presenta la característica delineación en hombrera del aquí encontrado.

VISITAS

La Cubía de la Vega no es un yacimiento visitable, incluso puede ser peligroso acercarse a su entorno. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

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DESTACADOS

  • LA CASTAÑERA

    El abrigo de La Castañera (Obregón de Villaescusa) es uno de los ejemplos más claros de toda Cantabria de la falta de compromiso con nuestro patrimonio. El resumen podría ser el siguiente: El yacimiento con una de las estratigrafías más importante y amplia del Calcolítico/Edad del Bronce de toda Cantabria ha sido utilizado hasta no hace muchos años como vertedero y aliviadero de una piscina. Así de duro, así de simple..y no se hace absolutamente nada. Fue reconocida en los años 50 del siglo pasado por el equipo de Camineros de la Diputación, quienes realizarían una excavación en la cavidad. De la mano de R. Rincón Vila, en el año 1975, fue excavado por el equipo del Museo Regional de Cantabria quienes diez años después (1985) publicarían la síntesis y resultados de los trabajos allí realizados. Poco después, en la misma década de los 80 y tal y como recoge el libro "Las Cuevas de Villaescusa", muchos vecinos realizaron intervenciones sin permiso con el fin de recolectar fragmentos cerámicos y otras piezas que en algunos casos (en otros no) fueron entregados al museo. Tuvo la grandísima suerte de que, entre el año 2011 y 2013, un equipo multidisciplinar dirigido por Cristina Vega Maeso aborda nuevamente el estudio del yacimiento y hoy en día vuelve a parecer un abrigo en vez de un vertedero. Se limpia y se estudia nuevamente su estratigrafía además de ampliarla. Entre los nuevos materiales encontrados destacan niveles de abono y más restos animales, algo que junto con el resto de restos óseos (principalmente de cabras y cerdos) abrió la hipótesis bastante acertada de que nos podemos encontrarnos ante un corral (con otros usos posteriores) de época calcolítica. Poco después (2016), el mismo equipo, realiza un análisis geofísico del área de la Castañera para poder encontrar restos de un posible asentamiento al aire libre ligado a dicho "corral". En la denominada como zona M1 (en la vega justo por debajo) el equipo conformado por Eduardo Carmona Ballestero, Cristina Vega Maeso, Oscar López Jiménez y Victoria Martínez Calvo, encuentran a través del georadar diferentes anomalías con formas geométricas con el georadar. Una de ellas es redondeada y con una pequeña anomalia en su centro..¿nos encontramos ante una vivienda y el agujero de su poste central?

    No cabe duda de que el abrigo de La Castañera es otro de esos lugares especiales de Cantabria que se ha "salvado" in-extremis por pura casualidad (más bien interés de un equipo arqueológico), no por la protección del mismo por parte de nuestras instituciones. Os dejo el artículo 133 apartado d) de la Ley de Patrimonio de Cantabria 11/1998, donde dice "Serán responsables de las infracciones previstas en la presente Ley: d) Los funcionarios o responsables de las Administraciones públicas que, por acción u omisión, permitan o encubran las infracciones". Está claro que todos tenemos la responsabilidad de cuidar y respetar nuestro patrimonio (ese mismo artículo recoge la responsabilidad de todos los ciudadanos en los apartados a, b y c), pero es curioso que a quienes pagamos por hacerlo (Consejería de Cultura y Servicio Cántabro de Patrimonio) no lo hagan..Cantabria Infinita lo llaman algunos.

    Bigliografía:"Las Cuevas del Valle de Villaescusa" - Mariano Luis Serna, Ángeles Valle y Fernando Obregón.
    - Geophysical survey on El Mazo de la Castañera (Cantabria, Spain): looking for open-air domestic remains" - Eduardo Carmona Ballestero, Cristina Vega Maeso, Oscar López Jiménez y Victoria Martínez Calvo.

  • LOS MURCIELAGOS

    La cueva de Los Murciélagos es una de esas cavidades que no destaca ni por su monumentalidad ni por contener arte rupestre como tal. Que le vamos a hacer, nunca tenga un hueco entre las ilustres. Pero esto no quita para que los materiales encontrados en su interior tengan una información vital para saber que durante milenios (si si, milenios), tuvo actividad humana tanto en la vida…como en la muerte.

    Conocida desde hace décadas por los vecinos tanto de Mercadal como de entorno más próximo, su valor arqueológico fue descubierto por el C.A.E.A.P - Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica a principios de los años 80 del pasado siglo. Realizaron una prospección en superficie donde aparecieron gran parte de los materiales que citaremos más adelante. En el año 1996 se incluye en la Carta Arqueológica de Torrelavega y su comarca, revisándose años más tarde (a principios del siglo XXI) e incluyéndose directamente en la Carta Arqueológica del municipio de Cartes.

    No cabe duda de que en las inmediaciones del Gurugú (curioso topónimo que se repite por toda la geografía nacional, incluso en la propia Cantabria donde existe además un yacimiento) existió muchísima actividad en la antigüedad. La proximidad de los yacimientos de La Cuevona y la cueva del Gurugú III, ambas a menos de 100 metros de distancia, nos dan a entender que el municipio de Cartes es aún un gran desconocido hasta que se pueda (o se quiera, que será lo más improbable) abordar un estudio más exhaustivo. Hasta entonces, la maleza, zarzas y monte bajo no se sabe muy bien si "protegen" o si son el resultado de las que desidia absoluta. Cantabria Infinita lo llaman..

    Bibliografía: "Carta Arqueológica de Torrelavega y su comarca". Emilio Muñoz Fernández y Belén Malpelo García, 1996. Ediciones Tantín
    Fotografías: Javier Marcos Martínez / Lino Mantecón Callejo.