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Tésera de Monte Cildá. Fuente: Complutum - Eduardo Peralta Labrador

La tésera de Cildá (Olleros de Pisuerga) es uno de los iconos arqueológicos de los antiguos cántabros, ya no solo por su excelente estado de conservación sino por su significado y contexto histórico. Hablamos de una pieza de incalculable valor, la cual tuvo el privilegio de ser la primera de este tipo hallada en el en los límites de Regio Cantabrorum. Al igual que la recientemente descubierta sauna castreña de Monte Ornedo, marcó un antes y un después en la arqueología de Cantabria y el estudio de las costumbres prerromanas, ya que existían otras téseras similares en torno al territorio cántabro, pero ninguna en sus entrañas. Posteriormente, con la tésera del castro de Las Rabas y la de Monte Bernorio, se completó un círculo socio-cultural que nos habla de una intensa actividad entre pueblos indígenas, dejando a un lado el mito de barbarie y belicosidad extrema entre ellos como algo continuado.

Apareció en la década de los 90 del siglo pasado en el yacimiento cántabro-romano de Monte Cildá, concretamente en la denominada como "zona 5" por un particular. Este enclave ha sido uno de los baluartes arqueológicos por excelencia en el conocimiento de los antiguos pobladores en el norte peninsular. No en vano, las primeras prospecciones fueros llevadas a cabo ya en el año 1981 por mediación de Claudio López Bru, II Marqués de Comillas y conocido mecenas de otras excavaciones en Burgos, Palencia y Cantabria. Ya por aquel entonces aparecieron más de treinta estelas funerarias adscritas al siglo III d.C . Grandes investigadores y arqueólogos como Miguel Ángel García Guinea o Eduardo Peralta Labrador, quien puso en valor la tésera que nos concierne, han estudiado este yacimiento en el pasado, si bien es cierto que en la actualidad Monte Cildá está incluido en la Lista Roja de patrimonio en peligro, sobre todo debido a que su grado de conservación y protección está en constante deterioro ante la pasividad de quienes deben ponerlo en valor.

Bibliografía: La tésera de Monte Cildá (Complutum - Eduardo Peralta Labrador)

 

¿Puedes creer que la tésera de Cildá es más pequeña que esta goma?

Se trata de una pequeña pieza de bronce de unos 3 cm y medio de longitud por unos 2 cm de alto, llegando a un grosor máximo de medio centímetro en su punto central. Para que nos hagamos una idea de sus pequeñas dimensiones, una goma de "Milan" de toda la vida mide 2,85 cm de ancho y alto por 1,35 cm de grosor..estamos ante una pieza extremadamente pequeña que sorprende por su nivel de detalle y realismo. En el anverso podemos ver representadas dos manos derechas estrechadas tal y como se aprecia por la posición de los pulgares. En el reverso, prácticamente liso, se pueden apreciar perfectamente dos líneas de caracteres latinos de buen trazo y que permiten una lectura sin dificultad, pudiendo ser el mayor inconveniente a la hora de interpretarla un rayón sobre la letra R y pequeños desperfectos apenas apreciables. El texto es el siguiente:

TVRIASICA / CAR

Pese a estar en caracteres latinos, se trata de una inscripción en lengua celta. Este último aspecto probaba que los cántabros eran conocedores de esta lengua y de las fórmulas jurídicas de los celtíberos como los pactos de hospitalidad o no agresión que representaban estas piezas. De hecho, el texto céltico “CAR", comparado por muchos con el antiguo irlandés "caire" o "amistad, pacto", hace referencia a esta circunstancia, presente en muchas de las téseras coetáneas a la encontrada en el Monte Cildá. Incluso en la misma provincia de Palencia, tenemos otro ejemplar de la antigua Pallantia vaecea (Palenzuela) donde se documenta un pacto de hospitalidad con la antigua ciudad autrigona de Virovia o Virovesca (Briviesca, Burgos). En el texto de la misma nos encontramos con la inscripción VIROVIOCO CAR haciendo alusión a ese tratado.

Tésera de Paredes de Nava. Museo arqueológico de Palencia

Es por lo tanto por lo que la tésera de Cildá hace alusión a un pacto con el pueblo de Turiasica, o de Turiaso. Se cree que con toda probabilidad se hiciese referencia a la ciudad celtíbera del valle del Ebro con ese nombre, correspondiente a la actual Tarazona (Zaragoza), nada más y nada menos que a 225 kilómetros en línea recta. Diferentes hallazgos numismáticos, entre los que destaca un denario del siglo I a.C de la ceca de Tariaso, apoyan esta relación. Otra hipótesis, menos extendida, cabe plantear que nos encontrásemos ante una comunidad o pueblo desconocido: Turiasica. De todos modos, como hemos comentado previamente, todo apunta a que la primera de las hipótesis en la correcta.

Buscando símiles en cuanto a su morfología, podemos relacionarla con otros ejemplares conocidos como la encontrada en Paredes de Nava (Palencia, en la imagen) o la del Villaricos expuesta en el Museo Arqueológico Nacional. Este tipo de piezas también apoyarían la adscripción cronológica de la misma, la cual se cree que data del siglo I a.C.

Info

   

DESTACADOS

  • PEÑA AMAYA

    Amaya es uno de los baluartes de la antigua Cantabria, elevándose esplendorosa sobre la llanura burgalesa. Esta enorme atalaya (1377 metros de altitud) ha sido habitada desde la Prehistoria, alcanzando gran auge en cuanto a presencia humana se refiere a finales del siglo X a.C. Es a partir de este punto donde Amaya comienza a tener una importancia destacable, convirtiéndose en uno de los principales castros cántabros en la Edad del Hierro. La raíz del topónimo "Amaya" quiere decir "am(ma)" o "madre", implicando que su nombre Amaya o Amaia es referido a "ciudad madre", implicando que su nombre Amaya o Amaia es referido a “ciudad madre” o como se denominaría más adelante "capital". No se sabe a ciencia cierta si Amaya fue en esencia capital de los cántabros prerromanos, ya que ninguna fuente clásica así lo recoge. Además no se han obtenido evidencias arqueológicas que así lo reflejasen, teniendo mucho más peso (por ejemplo) los hallazgos de Celada Marlantes, La Ulaña o Monte Bernorio. La misma idea de "capitalidad" no parece muy acertada para unas gentes organizadas en clanes, habitantes de poblados elevados sobre montes interconectados visualmente. De todos modos apoyados en la toponimia y ese aire místico y legendario, muchos creen que si fue la antigua capital de los cántabros.

    Este bastión estratégico que domina el acceso de la meseta a territorio cántabro fue conquistado por los romanos en el transcurso de las guerras cántabras (29-19 a.C.) quienes fundaron entonces la cuidad de Amaya Patricia. La cita más antigua de Amaya la encontramos en el Itinerario de Barro, serie de cuatro placas/tablillas con las vias romanas del noroeste peninsular que data del siglo III d.C.. En la placa número I del citado Itinerario se señala el recorrido de la Vía Legione VII Gemina ad Portum Blendium que, partiendo de Legio VII Gemina (León), tiene su final en Portus Blendium (Suances):

    [VIA] L(EGIONE) VII GEMINA AD PORTVM

    BLE(N)DIVM

    RHAMA VII MIL(L)IAS

    AMAIA XVIII

    VILLEGIA V

    LEGIO I[III] V

    O[C]TA[V]IOLCA V

    IVLIOBRIGA X

    ARACILLVM V

    PORTVS BLEN[DIVM]

    [C(aius) LEP(idus) M(arci filius)] II. VIR

    Otro de los datos que nos indican su importancia estratégica y militar es que el mismísimo Cesar Augusto tuvo instalado un campamento en las proximidades de Amaya. Poco más se supo en los III siglos posteriores hasta la llegada de los visigodos. Es a partir de aquí donde su nombre vuelve a sonar con fuerza. De todos modos ahora nos ocupa hablar de sus orígenes y su desarrollo en la época romana, habrá tiempo más delante de centrarnos en Amaya y su esplendor en la época visigodaducado de Cantabria.


  • CASTRO PICO DEL ORO

    El castro de Pico del Oro (San Felices de Buelna, Cantabria) es el típico ejemplo de estructura castreña de pequeñas dimensiones. No todos los castros cántabros cuentan con el esplendor del castro de Las Rabas o Monte Ornedo, sino que muchos de ellos eran pequeños recintos con las características básicas para su habitabilidad. Se sitúa a unos escasos 600 metros en línea recta del castro de Las Varizas y fue descubierto e identificado por R.Bohigas Roldan en el año 1977. Ha sido estudiado en diferentes épocas y contextos por arqueólogos e investigadores de renombre como Muñoz et alii (1991), González Echegaray (1997), Reigadas Velarde (1996), Pumarejo et alii (2002), Serna (2002) y Peralta Labrador en dos ocasiones (2002-2007). Se encuentra en el extremo occidental de la Sierra del Dobra, acechado por la conocida cantera de Mitosa-Solvay y situado sobre un pequeño pico de pronunciadas laderas.Es prácticamente inaccesible desde todos sus flancos excepto por el Este y el Norte, en donde la pequeña cumbre conecta con el resto de abruptas cimas de la sierra. Sus estructuras defensivas, bastante simple en cuanto a su morfología y complejidad, se encuentran situadas en cotas de entre 400 y 410 metros de alto, dominando el paso natural entre el valle de Buelna y la costa Cantábrica.

    Se pueden identificar diversas fases constructivas que se solapan, siendo difícil su interpretación por esta circunstancia. De todos modos, existen elementos visibles como derrumbamientos de muralla que no dan lugar a dudas. El más importante es un gran derrumbe separado en dos "brazos" que forman un algo casi recto. El más largo de ellos mide unos 37 metros de longitud, mientras que el otro tiene unos 26 metros aproximadamente. En el nexo de unión entre ambos, donde se forma el ángulo, se presupone lo que podría ser una puerta de acceso, basándose sobre todo en una pequeña depresión de la muralla en este punto. Según diversas interpretaciones aportadas por los diferentes autores, se cree que el perímetro total (basándose en las distancias obtenidas en esos dos "brazos") rondase unos 70 metros aproximadamente. De todos modos no todos piensan lo mismo, ya que por ejemplo Reigadas Velarde propone un recinto bastante mayor y de planta diferente (115 metros). Es este mismo autor quien identifica (Reigadas Velarde, 1995:37) una pequeña construcción cerca del recinto principal como un puesto de vigilancia, concretamente en el flanco Oeste y "colgada" sobre los abruptos acantilados de la sierra (ver imagen más abajo).

    Respecto al nombre o topónimo del castro de Pico del Oro, existen otras acepciones también válidas como "Peña`l Oro" o "Pico Toro". Muchos creen que el nombre de Peña del Oro viene dado por la presencia imponente de las ruinas y la "leyenda" de que en el lugar había escondido un tesoro..creible o no, ahí está la interpretación. Lo que está claro es que topónimos como "Peña Toro" están más bien ligados a una mala interpretación o mala transcripción del nombre original. Aún asi, existen otros topónimos menos utilizados como "Peña Castillo", utilizado sobre manera en la cartografía minera (siglo XX) y también ligado a las ruinas allí presentes.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • PEÑA DE SAMANO

    Descubierto por Félix González Cuadra en 1972, el castro de la Peña de Sámano (Castro Urdiales) es uno de los poblamientos prerromanos más imponentes de la costa oriental cántabra. Esta increíble atalaya natural albergo hace siglos un recinto castreño de aproximadamente 10 hectáreas, el cual se cree que fue poblado por el pueblo de los autrigones. Esta tribu prerromana fue situada por Ptolomeo entre los ríos Asón (Cantabria) y Nervión (País Vasco), indicando que su territorio limitaba con el de los caristos por el este y los cántabros por el oeste. Otros historiadores como Plinio el viejo citaba "entre las diez ciudades de los autrigones" Tritum (Monasterio de Rodilla) y Virovesca (Briviesca), ambas en Burgos, lo que nos da a entender el amplio territorio que ocupaba esta tribu de norte a sur entre los territorios de cántabros y caristos.

    Volviendo al castro en sí, combina a la perfección la fortificación mediante grandes murallas de más de 2 metros de alto con el aprovechamiento de los accidentes naturales de la peña. En lo alto del mismo han podido distinguirse vestigios de una pequeña organización urbana, observándose resto de edificaciones de planta rectangular (con las esquinas redondeadas eso sí) y pequeñas estructuras de planta ovalada. Destacar que justo en el centro del área de hábitat del poblado se ubica la conocida como Cueva de Ziguste. En las excavaciones y posteriores investigaciones realizadas por el equipo de R. Bohigas y por M. Unzueta se menciona también la posible existencia de una organización estructural del poblado, atisbándose cierto "urbanismo" en la ejecución y construcción del mismo por parte de sus moradores. Presenta dos accesos principales. Uno denominado la "Puerta de Sangaza" (al norte) y otro denominado como "Puerta del Vallegón" (al oeste), ambas combinando ensanchamientos de muralla y pasillos estrechos para regular y controlar el paso al interior del recinto.


  • LLAN DE LA PEÑA

    El castro de Llan de la Peña (Dobarganes, Vega de Liébana) es sin lugar a duda uno de los mejores exponentes de la cultura castreña en la zona lebaniega, me atrevería a decir incluso que el más destacado. Pensemos por un momento en la visión tradicional que tenemos muchos de nosotros sobre un castro cántabro. Rápidamente nuestra imaginación "vuela" hasta el castro de Las Rabas, Monte Ornedo, La Ulaña o Monte Bernorio, yendo incluso mucho más allá e imaginando un escenario virtual de las Guerras Cántabras en este contexto..pues Llan de la Peña, aun siendo totalmente diferente (como veremos a continuación) cumple con esa idealidad que tenemos sobre la Edad del Hierro y la romanización. Eso sí, adaptado a un territorio mucho más hostil y abrupto e inaccesible que en los citados ejemplos.

    El yacimiento fue descubierto por Ángel Ocejo a finales del siglo pasado (año 1979), encontrándose acompañado en el momento del hallazgo e identificación por Gonzalo Gómez y C.Herrero. Pasarían tan solo dos años hasta que apareciese la primera noticia, en prensa local, sobre la aparición de este castro prerromano. En este artículo se incluiría además la "primera planta" del recinto, la cual sería realizada por al propio Ocejo, Ramón Bohigas y T. Brigido. Habría que esperar hasta el año 1988 hasta que el castro de Llan de La Peña apareciese nuevamente publicado, esta vez en el número V de la revista Sautuola. Sería en esta última donde se incluyesen aspectos más detallados sobre las prospecciones realizadas, incluso los resultados de algún sondeo practicado. Destacar que sería incluido como yacimiento de tipo castro en el Inventario Arqueológico Regional realizado entre los años 2008 y 2009.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Gonzalo Gómez Casares