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Cierva de la cueva de Cualventi. Fotografía: GAEM Arqueólogos.

El abrigo/cueva de Cualventi (Oreña, Alfoz de Lloredo) es otra de las grandes desconocidas de nuestra región. Y no será por no albergar un potente yacimiento del Magdaleniense (Inferior, Medio y Superior), si bien es cierto que sus representaciones de arte rupestre como tal no son tan llamativas como espera el "gran público". A modo de curiosidad, es una cavidad no visitable que aparece en el portal de Turismo Cantabria como atractivo turístico (¿eign?), y en el portal de Cuevas de Cantabria donde deberían de aparecer todas las cuevas con arte rupestre de la región…no aparece. En fin, en Cantabria somos #asin ;)

Volviendo al enclave, se encuentra ubicado en el barrio de Perelada, y es de fácil acceso ya que a través de un camino rural se puede llegar sin problema. Al llegar a una zona despejada de eucaliptos, orientado al Oeste, nos encontraremos con un enorme abrigo donde se vislumbra una pequeña puerta que da acceso a la cueva. Desde allí, ya en el interior de la misma, nos encontramos un vestíbulo descendente (de unos 10 metros de largo por 8 de ancho) que nos adentra en un pequeño laberinto kárstico de cerca de un kilómetro.

Oficialmente fue descubierta a mediados del siglo XX, si bien es cierto que se puede corresponder con la "cueva de Oreña" que fue explorara por A. González Linares y S. Calderón hacia el año 1870. Desde su descubrimiento oficial hasta los años 70, se produjeron en su interior numerosas catas (en parte por los Camineros de la Diputación) hasta que en el año 1976 el antiguo director del MUPACMiguel Ángel García Guinea, realizó las primeras excavaciones sistemáticas de la mano de R.Rincón. Estas continuaron progresivamente salvo en momentos puntuales debido a las diferencias con los propietarios del terreno, hasta que en 1993 el Centro de Investigación del Museo de Altamira llevó a cabo una limpieza de cortes, toma de muestras y documentación del arte rupestre. Todo ello en su campaña "Los tiempos de Altamira". Diez años después, de la mano nuevamente del Museo de Altamira, se reafirmaría la importancia del yacimiento y de su arte rupestre, siendo guía fundamental para llegar a esta conclusión las antiguas investigaciones de García Guinea.

Qué duda cabe sobre su importancia si echamos la vista atrás en todas esas intervenciones. Una cueva (y abrigo) que para los entendidos es un prolífero yacimiento Magdaleniense y por desgracia para el resto de la sociedad es una auténtica desconocida.

Agradecimientos:GAEM Arqueólogos

 

Abrigo / cueva de Cualventi. Fotografía: GAEM Arqueólogos.

El abrigo alberga un yacimiento de alrededor de 4 metros de potencia estratigráfica, la cual ha ido almacenando momentos ocupacionales de diversa índole. Según las excavaciones de García Guinea, el bloque de niveles más superficiales presenta la siguiente estratigrafía:

Nivel 0 - Restos medievales, de la Edad del Bronce y del Asturiense. Está bastante revuelto. Dentro de los materiales destacan cerámicas medievales, piezas de bronce y hierro, industria lítica y restos de fauna.

Nivel 1 - Sin asignación precisa. Se encontraron restos de mamíferos y moluscos

Nivel 1a - Magdaleniense Final / Aziliense con restos de hogares datados en 11.270 ( -150) BP. Nuevamente aparecen resto de mamíferos y moluscos, además de puntas de tipo aziliense.

Nivel 2 - Magdaleniese Superior / Final. Aparece industria lítica e industria osea, donde destaca un arpón de una fila de dientes y azagayas de base en doble bisél. Del mismo modo que en los niveles previos, aparecen restos de mamíferos.

Nivel 3 - Arcillas estélires.

Nivel 4 - Arcillas casi estériles. Magdaleniense Superior. En este nivel aparece una de las joyas de la cueva de Cualventi: 1 bastón perforado con una representación de ciervo grabado. Nuevamente encontramos industria lítica y restos de fauna.

Nivel 5 - Arcillas estériles que ocupan cerca de 1 metro (al fondo del estrato).

Nivel 6 - El último de los estratos excavados, el cual corresponde al Magdaleniense Inferior y Solutrense. Entre los materiales hallados destacan en número la industria ósea (54 azagayas; 17 fragmentos de varillas; 4 fragmentos de espátulas; 2 agujas; punzones, etc) y de industria lítica (2 puntas de cuarcita con retoque plano; raspadores sobre lasca; raspadores nucleiformes; buriles; laminillas de dorso; truncaduras, etc)

El arte rupestre.

Interior de la cueva de Cualventi. Fotografía: GAEM Arqueólogos

Las manifestaciones rupestres se concentran principalmente en la pequeña cavidad del fondo del abrigo. El acceso a la cueva en época prehistórica se selló hace miles de años, ubicándose milenaria boca a la altura del nivel Magdaleniense Inferior (Nivel 6). No es difícil vislumbrar a que altura se encontraba y a que altura se encuentra la puerta contemporánea. En el interior de la pequeña cavidad se documentan dos grandes grupos de representaciones de diferentes épocas y tipologías. Por un lado nos encontramos con 6 grabados representando diferentes motivos animales: una cabeza de cierva, 3 cabras monteses, una línea cervico-dorsal aislada y los cuartos traseros de un cuadrúpedo. Todos ellos tienen varios paralelos en nuestra región (El Castillo, Altamira, etc) que los sitúan con toda certeza en el Magdaleniense Inferior.

Por otro lado encontramos un importante grupo de pinturas rojas con diferentes técnicas de aplicación (tamponado y de "tinta plana"). Se representan ciervas, cápridos y un gran bisonte. Nuevamente existen muchos paralelos (Covalanas, La Pasiega o El Pendo) que adscriben estas representaciones al Gravitense Final o Solutrense Antiguo.

VISITAS

El abrigo de Cualventi no es un arqueositio visitable como tal pero si podemos acercarnos a verlo, no así a la cueva que permanece cerrada. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la prehistoria de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • CUEVA DE LA MEAZA

    La Cueva de La Meaza se encuentra ubicada muy cerca del barrio de La Molina, en Ruiseñada. Allí, inmersa en un frondoso bosque, ha sido espectadora de lujo del paso de los milenios hasta que el 11 de Marzo de 1907 Hermilio Alcalde del Río (por si alguien no lo conoce, figura fundamental en el conocimiento del arte rupestre en la cornisa Cántabrica) descubre esta cavidad. Ya en ese momento descubre silex trabajado, fragmentos cerámicos, restos óseos, hogares y el conocido signo serpentiforme ya por aquel entonces bastante degradado

    Pasarían algunas décadas hasta que en 1945 Valentín Calderón de la Vara explora nuevamente la cueva, encontrando numerosos restos de moluscos, cerámica y lo más sorprendente: un sepulcro abierto y desordenado con restos del esqueleto (¿Comoor?). Un años después Calderón de la Vara invita a colaborar a Valeriano Andérez, con quien saca unas más que interesantes conclusiones sobre la estratigrafía de la cavidad que a día de hoy siguen siendo claves en el conocimiento de la misma. Ya en el año 1966 Loriente, Begines y San Miguel realizaron nuevamente excavaciones en su interior, siendo por último el C.A.E.A.P. (Colectivo para la Ampliación de los Estudios de Arqueología Prehistórica), representado principalmente por Emilio Muñoz, Ramón Montes y Jose Manuel Morlote, quienes a finales del siglo pasado encontraron nuevas figuras rupestres en su interior.

    No cabe duda de que la cueva de La Meaza es uno de los exponentes prehistóricos de Cantabria, si bien es cierto que no ocupa el lugar que merece. Referenciada en decenas de publicaciones relacionadas con el arte parietal en la cornisa cantábrica, ahí sigue, sin apenas referencias que pongan en valor su milenario pasado. Otra joya que, a diferencia de lo que muchos pensarán, tiene un encanto especial incluso para ver su boca y su interior desde la "verja". ¡Ahhhh!, es verdad. Que si no se cobra entrada no merece la pena ser ni vista ni panelizada, como la de Morín. Una pena.


  • CUEVA DE LOS MOROS

    Si por un instante cerrásemos los ojos y viajásemos miles de años a la boca de la cueva de Los Moros, al abrirlos nos encontraríamos en un lugar privilegiado para vivir. En el horizonte y a nuestros pies, por debajo de los 190 metros de altitud a los que nos encontramos, tendríamos una visual perfecta de los valles de la comarca de Trasmiera. En primera instancia la cuenca del bajo Miera, donde las condiciones de habitabilidad para los grupos de cazadores/recolectores serían idóneas. Al Norte y a pocos kilómetros la bahía de Santander, la cual también nos proporcionaría alimento. Todo ello protegido por el macizo de Peña Cabarga, que actuaría de parapeto para que los fríos vientos llegados desde el mar.

    Pero al abrir los ojos, nuevamente en pleno siglo XXI, el panorama es bastante diferente. Estamos ante una cavidad que, independientemente de su importancia arqueológica conocida desde hace más de un siglo, permanece en el olvido tanto administrativo como sociocultural. Se salvó "por los pelos" de la actividad minera (otras no pueden decir lo mismo) llevadas a cabo entre los últimos años del siglo XIX / principios del XX. No en vano, se encuentra a tan solo 10 metros del trazado del antiguo "ferrocarril" minero que transportaba el mineral de hierro por la falda de Peña Cabarga. Fue descubierta por Luis Salguero a principios del siglo XX, realizándose los primeros trabajos arqueológicos en el año 1915 de la mano de Orestes Cendrero. Ya en esa intervención aparecieron a unos 40/50 cms de potencia las primeras industrias líticas que atribuyo a época Musteriense. Incluso el padre Jesús Carballo practicó una serie de sondeos pocos años después, en la década de los 20, si bien es cierto que dichas investigaciones nunca fueron documentadas. No obstante, sí cita la existencia de materiales de época Musteriense / Auriñaciense en su publicación "El Paleolítico en la Costa Cantábrica" del año 1922.

    Años más tarde, a mitad de la década de los años 30, Julio Fernández Montes ahonda en la catalogación de la cavidad y publica una detallada obra de los materiales que él mismo recoge en la cueva, donde destacan abundantes restos humanos y fragmentos cerámicos. Todo apunta a que descubrió un deposito funerario de la Prehistoria Reciente (similares a los encontrados en las cuevas sepulcrales del cercano municipio de Villaescusa), si bien no se tiene constancia del lugar exacto donde los encontró. Todo ello quedó recogido en el "Catálogo de Prehistoria. Colección Francisco Fernández Montes" (1936), depositado en el por entonces Museo Regional de Arqueología y Prehistoria de Santander, hoy MUPAC. Ya en la década de los 60, se cree que el equipo de Camineros de la Diputación pudo llevar a cabo alguna actuación en su interior, pero no quedó documentada a diferencia de otras realizadas por ellos mismos en cavidades del entorno. Sí quedó constancia del levantamiento topográfico realizado por la Sección de Espeleología del Seminario Sautuola – S.E.S.S, los cuales encontrarían un cráneo humano y fragmentos de una vasija de cuello cilíndrico y asa de cinta, presumiblemente perteneciente de la Edad Media.

    Ya en los años 80 el C.A.E.A.P. - Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica – realiza una exhaustiva descripción del yacimiento del vestíbulo, descubriendo restos de un conchero Mesolítico en su interior. Documentaron también por aquél entonces la aparición de dos puntos rojos en la pared izquierda que se atribuyeron (a falta de un estudio más exhaustivo) al Paleolítico. En el año 1996, la Consejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Cantabria realizó un inventario de cavidades que tenían indicios de Arte Rupestre y que aún no tenían la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), entre las que se encontraba la Cueva de Los Moros. Durante la revisión de la cueva se confirmó la presencia de las citadas manchas rojas y además, se detectó un pequeño conjunto de grabados (de los que hablaremos posteriormente) que para nuestra desgracia, se encuentran afectados por una capa superficial de calcita.

    Y con todo, la cueva de Los Moros sigue siendo una auténtica desconocida para la sociedad en general. Tenemos la suerte de que en la citada revisión la cavidad fue cerrada, pero viendo el "seguimiento" (prácticamente nulo) que se hace desde las instituciones para comprobar que todo sigue en orden, miedo da que esta maravilla un día se pueda encontrar abierta o dañada. No sería la primera vez que una cueva en esta zona aparece con la verja de "aquella manera" meses y meses..sin que pase nada. Más de 15 años contemplan la fuente documental de esta entrada y no se ha vuelto a saber de la cueva de Los Moros, esperemos que no aparezca en ningún titular.

    Fotografías: GAEM Arqueólogos.
    Bibliografía: "La cueva de Los Moros de San Vitores (Medio Cudeyo). Una nueva estación de arte rupestre paleolítico en Cantabria" (2001). Ramón Montes Barquín, Emilio Muñoz Fernández y José M. Morlote Expósito.

  • CUEVA DE LAS AGUAS

    La cueva de Las Aguas es otra de las grandes desconocidas de Cantabria. Y no será en este caso por no haber sido estudiada y citada a fondo, siendo uno de los referentes en el ámbito académico. Más aún cuando fueron publicadas en el año 2016 las conclusiones del proyecto de investigación "Los Tiempos de Altamira", monográfico de 850 páginas donde se resumía el increíble trabajo llevado a cabo por el equipo dirigido por José Antonio Lasheras Gurruchaga en el entorno de la conocida cueva (concretamente en las cavidades de Las Aguas, Altamira, Cualventi y El Linar) y publicado poco después de su fatídica muerte. Muy a tener en cuenta que Las Aguas comparte ciertas similitudes con Altamira en cuanto a los materiales hallados en su interior (cerámicas prehistóricas, huesos y lapas análogas) y sin olvidar una circunstancia de extremada relevancia: Está a menos de 6 kilómetros en línea recta de la misma, lo que nos puede dar a entender que los núcleos poblaciones existentes en época Magdaleniense tal vez fuesen los mismos o, como poco, estuviesen bien comunicados.

    Fue descubierta en Febrero del año 1909 por Herminio Alcalde del Río, quien dejó su impronta en gran panel donde aparecieron las manifestaciones rupestres en forma de graffiti en carboncillo. Por aquel entonces, quien sabe, tal vez tenia "miedo" de que alguien llegase un poco más tarde y se atribuyese el mérito de su hallazgo. Pasa hasta hoy en día, con "ciertas personalidades" (lo de atribuirse hallazgos que no son suyos), como para no tener miedo en la época dorada de los descubrimientos rupestres en Cantabria ?. Prácticamente a continuación fue estudiada por el propio Alcalde del Rio, Henri Breuil y Lorenzo Sierra, quienes publicaron los resultados en la conocidísima publicación "Les Cavernes de la Région Cantabrique" (1911). Ya se mencionaban dos bisontes rojos parcialmente grabados, que se pusieron en contexto y relación con los de Altamira (ya aceptados y confirmados como "validos" en el año 1902), además de la documentación de los diferentes signos rojos aparecidos por aquel entonces: Uno en forma de parrilla (en la imagen principal), un curioso grupo de pequeños puntos dentro de un bivalvo fósil (una almeja fosilizada) en la pared, un signo en forma de T y la existencia de algunos grabados sin mayor estudio por su parte. Documentaron también la aparición de los materiales citados previamente: Cerámicas prehistóricas encontradas en el vestíbulo, huesos y lapas.

    Pasaron cerca de 40 años hasta que los camineros de la Diputación Provincial abrieron varias pequeñas catas en diferentes puntos, encontrando materiales asignables al Magdaleniense, además de encontrar fragmentos de cerámica de la Edad del Bronce. Estos últimos fueron depositados por V. Gutiérrez Cuevas en el MUPAC hacia el año 1969, pero a día de hoy están desaparecidos. Ese mismo año, Gutierrez Cuevas hizo dos calicatas en el abrigo de la entrada (accesible hoy en día) sin encontrar ningún tipo de resto arqueológico. Pero a diferencia de estas catas, otras dos realizadas en el interior de la cueva si dieron el resultado esperado: Se encontraron casi en superficie abundante material óseo, restos de hogueras e industria lítica. Poco después, miembros del Seminario Sautuola encontraron nuevamente cerámicas prehistóricas en su interior. Ya en la década de los 80 del siglo pasado, un equipo de la Universidad de Cantabria dirigido por Cesar González Sainz y Manuel González Morales revisó el arte rupestre conocido hasta entonces, encontrando figuras inéditas y reinterpretando otras (González Morales y González Sainz, 1985). Por último, ya inmersos en el siglo XXI, miembros de CAEAP (Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica) y del Gabinete arqueológico GAEM han añadido nuevos hallazgos de arte parietal desconocidos hasta entonces (C.A.E.A.P., 2003; Montes, Muñoz y Morlote, 2005).

    Como hemos podido observar, estamos ante una cavidad estudiada desde hace prácticamente un siglo con muchos parones. Sin ser unas investigaciones de envergadura, las diferentes revisiones siempre han arrojado nuevos hallazgos de arte rupestre y materiales, apreciándose una clara línea evolutiva desde la "fijación" inicial por encontrar figuras monumentales hasta revisar el detalle de las paredes en busca de pigmentos y pinturas desdibujadas por el paso de los milenios. No cabe duda de que una revisión global de todo lo conocido hasta hoy daría sorpresas más que agradables en toda Cantabria, como ha ocurrido recientemente en El Pendo o el Monte Castillo. Cavidades mucho más estudiadas y que, aun así, siguen sorprendiéndonos.

    Agradecimientos: GAEM Arqueólogos

    Bibliografía: "Proyecto de Investigación Los tiempos de Altamira. Actuaciones arqueológicas en las cuevas de Cualventi, El Linar y Las Aguas". Monografías del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, 2016.

  • CUEVA DE LA LASTRILLA

    La cueva de La Lastrilla es uno de los iconos de la prehistoria, ya no solo del municipio de Castro Urdiales, sino de toda Cantabria. Esta majestuosa cavidad, conocida (como veremos a continuación) desde hace milenios por los pobladores de Samano e inmediaciones, es una maravilla tanto geológica como arqueológicamente. No en vano, hasta los antiguos moradores de la colonia de Flaviobriga (en el actual núcleo urbano de Castro Urdiales) eran sabedores de su existencia, constatándose restos de cerámica romana en el vestíbulo de la misma.

    No obstante, su valor arqueológico fue puesto en valor a mediados del siglo pasado. Concretamente en la década de los 50 y 60, donde La Lastrilla se prospectó por el equipo de Camineros de la Diputación. Años más tarde sería prospectada y excavada por Felix Gonzalez Cuadra, quien localizaría el primer panel de grabados (además de excavar los enterramientos que citaremos más adelante). No debemos olvidar que, gracias al ego y la titulitis universitaria y administrativa del sector más "académico" de Cantabria, nos hemos visto privados de recuperar para la ciudadanía la colección Gonzalez Cuadra (ya fallecido). Esta colección estuvo a punto de ser recuperada y expuesta en Castro Urdiales y finalmente no se pudo llevar a cabo. No olvidemos que esta colección privada alberga increíbles piezas que ni siquiera alberga el propio Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria posee. Además, se perderá y diluirá por completo (en subastas y ventas privadas) dada la ineptitud e ineficacia de aquellos que quisieron (y quieren) demonizar todo aquello que hizo Gonzalez Cuadra hace ya más de 50 años. Volviendo a las investigaciones, a partir del año 1975 se encarga de su exploración el Grupo Espeleológico La Lastrilla (G.E.L.L.), quienes han realizado diferentes hallazgos tanto de manifestaciones de arte rupestre como de materiales arqueológicos de gran interés. A finales del siglo pasado, gracias al trabajo de divulgación y documentación realizado por Juan Tomás Molinero Arroyabe y Jose Francisco Arozamena Vizcaya, se publican diferentes documentos donde se indaga aún más en las investigaciones de la cavidad. Por último, ya en este siglo XXI, se ha llevado a cabo un gran proyecto de documentación y estudio global de las manifestaciones artísticas de la cavidad (Molinero y Arozamena 1993; Molinero 2000; Molinero et ali 2002; Montes et ali 2007; Garcia Diez et ali 2007), además de alguna que otra pequeña intervención arqueológica en el vestíbulo de la misma (Rasines, P.; Morlote, J.M. 2006).

    No cabe duda de que nos encontramos en una cueva espectacular prácticamente desconocida fuera del ámbito académico. Una cueva que, incluso (dada su ubicación), podría ofrecernos algo más en relación a poder mostrar al público algo más que una "verja". No obstante, en Cantabria nos gusta mucho más presumir de trenes que nunca llegan, de minas de zinc que no existen…y en definitiva, de mucho humo y poca inversión cultural más allá de los proyectos de cabecera "afines" (que tapan mucho, por cierto). Cantabria Infinita lo llaman…

    Bibliografía: "Carta Arqueológica de Castro Urdiales (Cantabria). Paleolítico-Edad del Hierro. Ayuntamiento de Castro Urdiales". Juan Tomas Molinero Arroyabe, 2000.
    Fotografías y agradecimientos: GAEM Arqueólogos.