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Boca de la cueva de Covalejos

La cueva de Covalejos (Velo, Piélagos) es una de las grandes desconocidas de nuestra región. Mientras otras cavidades se llevan la gloria de la inmensa mayoría de visitantes y/o personalidades tanto locales como foráneos/as, este pequeño reducto del increíble yacimiento que a buen seguro fue, sigue en las sombras..visitada tan solo por rebaños de cabras y equipos científicos que se asombran a cada paso que dan en la pequeña galería. Desgraciadamente no es una cueva con arte rupestre como conocemos hoy en día, por lo que apenas suscita interés ni turístico, ni institucional ni social. Pero no olvidemos que estamos, junto con la cueva de El Castillo y Esquilleu, ante un referente para el estudio e interpretación del Paleolítico Medio en el Cantábrico. Es más, me atrevería a aventurar que ninguna de las dos citadas anteriormente tiene un nivel estratigráfico de iguales dimensiones (cerca de 4 metros en vertical) y con tantísima calidad en el registro, donde la ausencia de carnívoros hace miles de años dejaron cada pieza, cada resto de fauna..donde sus antiguos moradores lo depositaron durante milenios. Y esto, quien conozca el registro estratigráfico de cuevas como El Castillo (Puente Viesgo) o El Pendo (a escasos kilómetros), donde sí se conoce la presencia de carnívoros como hienas, sabe que es una circunstancia excepcional.

Volviendo al yacimiento en sí, se localiza en el extremo occidental de la pequeña Sierra de Peñajorao, cerca de la desembocadura del río Pas. Llama poderosamente la atención su ubicación en el entorno, justo por encima de un pequeño arroyo que se pierde en una cueva de nombre "Covalejos-El Coterón", parte de un sumidero aún hoy activo. Esta cavidad de gran desarrollo (y prácticamente inaccesible) posee escorrentía subterránea, y a buen seguro que ha sido testigo directo, y posible causante junto al arroyo, de la pérdida de más del 80% de yacimiento por procesos erosivos que durante milenios han minado Covalejos. Si nos posicionamos a sus pies, nos encontraremos ante una inclinada pendiente que nos lleva a la galería lateral que hoy conforma el yacimiento. La morfología, y el reducido tamaño de la cavidad, poco o nada tiene que ver con lo que Covalejos pudo ser durante el Pleistoceno. Imaginemos una cueva de las dimensiones de El Pendo (por ejemplo) cuya bóveda principal se hunde y queda tan solo una pequeña galería..eso es Covalejos. Se cree que el hundimiento de la bóveda central se pudo ocasionar por un brusco descenso en el nivel freático del sistema hídrico, hoy pequeño arroyo, que la atravesaba la cueva. Esto, unido a episodios de arrastre y fuertes torrentes, han llevado a que buena parte del registro sedimentario y arqueológico se pierda hacia las profundidades de la tierra, a través del sistema de "Covalejos-El Coterón". Todo este proceso confeccionó lo que hoy conocemos y que aún hoy, en menor medida, sigue activo.

La cueva fue descubierta por Eduardo de la Pedraja hacia 1872, siendo él mismo de forma más o menos continuada quien practicase varias campañas de excavación que finalizarían en 1879. Un año después sería Sanz de Sautuola quien la citase en su célebre obra, siendo esta la primera referencia escrita sobre el yacimiento. En 1881 la gruta es mencionada en una conferencia impartida por J. Vilanova y Piera en Torrelavega, haciendo referencia a la secuencia estratigráfica puesta al descubierto por Pedraja y a la presencia de hachas de mano de cuarcita. Desde entonces seria citada por famosos autores e investigadores del siglo XX: Cartailhac y Breuil, E. Harlé, H. Obermaier y un largo etc. Ya en el año 1968, A. Moure realizó una limpieza de cortes y recogió algunos materiales, además de estudiar las escasas piezas disponibles en el por entonces Museo Regional de Prehistoria de Santander. Hacia 1997, Juan Sanguino González y Ramón Montes Barquín inicial diversas investigaciones y trabajos in-situ con el objetivo de clarificar y definir la secuencia estratigráfica de la cueva, iniciada hace más de 130 antes y que, de un modo más pormenorizado habían ido completando Butzer (1981) y González Luque, Muñoz y Serna (1995) en años anteriores.

Fuente: "Nuevos datos para el conocimiento del Paleolítico Medio en el centro de la Región Cantábrica: La Cueva de Covalejos" - Juan Sanguino Gonzalez, Ramón Montes Barquín. Museo de Altamira. MONOGRAFÍAS nº 20: 10-38. 2005. Santander
Agradecimientos: : GAEM Arqueólogos

 

Perfil de Covalejos

Los trabajos en Covalejos, dirigidos por los citados Sanguino y Montes, se integraron en el marco del proyecto de las primeras fases de la ocupación humana del Cantábrico central, denominado "Ecología y subsistencia de las primeras poblaciones humanas del centro de la Región Cantábrica". Concretamente, y al igual en El Pendo, dentro del subproyecto "Ecología y subsistencia de las poblaciones neandertales en el centro de la Región Cantábrica".

En las diferentes campañas se recuperaron los cortes antiguos, que ya contaban con cerca de 1, 5 metros de potencia, y se realizó un sondeo en la base de la trinchera más profunda con el objeto de conocer la importancia real del depósito tanto sedimentario como arqueológico. Desde este punto se consiguió profundizar otros 2,5 metros, siendo destacable los pocos registros estratigráficos estériles encontrados. Es decir, en casi todos los niveles se hallaron evidencias materiales de relevancia. El sondeo finalizó (en profundidad) al intuirse evidencias del último interglaciar. Con todo, el sondeo de cerca de 4 metros, alberga dos niveles de Paleolítico Superior (en menor medida) y hasta 7 niveles con claras evidencias Musterienses. A estos niveles habría que sumar la aparición de elementos asignables al Achelense final o Musteriense arcaico.

Respecto a los hallazgos materiales..hablaríamos de miles (si si, miles) entre piezas de industria lítica y restos de fauna: diferentes artefactos, punzones de hueso, industria ósea, agazayas de base hendida, un candil de ciervo, varillas de asta y un interminable etc. La colección de elementos de arte mueble merece mención aparte, ya que se trata de una de la más prolífica en los niveles cantábricos contemporáneos. Estamos hablando de 14 colgantes, con 1 incisivo de cierto perforado y otro ranurado en su raíz para ser colgado, hasta 12 conchas marinas perforadas, etc. Otros de los elementos que sobresalen sobre el resto son las plaquetas de arenisca grabadas, incluyéndose algún ejemplar con líneas cervico-dorsales de cuadrúpedos y dos con representaciones muy simples de vulvas. Destacar por último que se han documentado centenares de huesos con marcas, además de encontrarse restos molares humanos.

Estamos, sin lugar a duda, ante uno de los exponentes más claros de la evolución tecnológica de las industrias líticas del Paleolítico Medio. Los 7 niveles Musterienses sucesivos han sido uno de los referentes a nivel nacional para romper con la visión generalizada del poco avance en la industria lítica de la época. Del mismo modo, Covalejos también aportó información de relevancia en las primeras obras de arte mueble de los albores del Paleolítico Superior de nuestra región, destacando la manufactura de las mismas.


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DESTACADOS

  • CUEVA DE RASCAVIEJA

    La cueva de Rascavieja (Matienzo, Ruesga) es una enorme cavidad que alberga miles y miles de años de historia y misterio. Nos encontramos de este modo ante otra de las enigmáticas cavidades de este prolífero valle, que puedo albergar diversos rituales en varias épocas comprendidas entre el Calcolítico y la Edad del Hierro. Miles de años antes, en el Pleistoceno, la gran sala de entrada y otros puntos más al interior estuvieron poblados por el conocido Oso de las Cavernas (Ursus Speleaus), apareciendo en estos puntos restos óseos de los mismos, abundantes marcas de garras en las paredes e incluso las propias oseras. Y no solo eso, sino que en las zonas más profundad de Rascavieja se han llegado a encontrar también restos de la conocida como Hiena de las Cavernas (Crocuta crocuta spelaea), denotando la gran ocupación animal de la comarca en tiempos inmemoriales.

    Las primeras evidencias de uso humano nos llevan a un momento impreciso de la Prehistoria, encontrándose en el vestíbulo de la cueva restos de la fauna consumida y carbones de sus hogares, lo que nos da a entender que estamos ante un grupo de cazadores paleolíticos (no sabemos si estacionales o nómadas). Miles de años después la cueva vuelve a tener uso, aunque esta vez a modo de tumba. Entre el II y III milenio a.C., los antiguos pobladores del valle de Matienzo eligieron un pequeño espacio en el vestíbulo (justo detrás de un gran bloque de piedra) para enterrar a un joven acompañado de un modesto ajuar consistente en un vaso cerámico, un pequeño cuenco (liso) y un vaso de mayor medida del que se cree que pudo contener algún tipo de alimento u ofrenda. Se sabe además que el lugar elegido para esta inhumación fue vaciado o limpiado previamente, ya que no aparece ningún tipo de bloque o fragmento en su interior. El espacio u hornacina donde se realizó el enterramiento posee unos 3 metros de largo por un metro de ancho, destacando incluso la presencia de una pequeña hoguera en una plataforma inmediata (no se sabe si anterior o posterior). Con todo, tanto los huesos como los fragmentos cerámicos encontrados se hallaron dispersos por el vestíbulo, debido probablemente a que la acción tanto humana como animal (incluso carroñeros) los moviesen de su lugar original. Gracias a uno de los fragmentos óseos sabemos que la datación proporcionó un resultado de 3.999 años de antigüedad (con una desviación de más/menos 59 años), reafirmando así su cronología. Se conoce también la existencia de otro depósito, probablemente coetáneo al anterior, de restos humanos en una gatera lateral, con la diferencia de que se cree que este ritual fue mucho más humilde al no conocerse la existencia de restos cerámicos.

    Inmersos ya en la Edad del Hierro, se conocen evidencias de posibles rituales en los que el fuego pudo jugar un papel fundamental (al igual que en otras cavidades como Cofresnedo y el Aspio). En el centro de la gran sala se encontraron restos de una gran hoguera de la que se sabe más bien poco, sobre todo porque no se sabe si se realizó in-situ o los propios restos carbonizados fueron movidos a este lugar. Esto, unido a la presencia de restos cerámicos de un vaso de tipo globular, de perfil en "S", acentúa la creencia de que entre el Calcolítico y La Edad del Hierro tanto Rascavieja como las citadas cuevas fueron un lugar ritual de relevancia.

    Bibliografía: La cueva de Cofresnedo en el Valle de Matienzo - Jesús Ruiz Cobo / Peter Smith (Edita: Gobierno de Cantabria)

    Documentación gráfica y agradecimientos: The Matienzo Caves Project

  • LA CUEVA DEL RUSO

    Durante un instante he cerrado los ojos y he viajado en silencio miles de años en el tiempo. Mientras retrocedía siglos y siglos me he dado cuenta de que hoy en día, para desgracia de nuestra especie, la caza está infravalorada. Y no por el mero hecho de cuestionar a quien le guste, todo lo contrario. Si realizo esta reflexión es porque en cuanto he abierto los ojos tras mi viaje imaginario hacia el Paleolítico Superior, he sido consciente del salto evolutivo realizado por el Homo Sapiens en cuanto a tácticas de caza. Una auténtica revolución que hoy en día la gente de a pie no tenemos en cuenta. La definición inicial de "cazadores-recolectores" de los albores del Paleolítico dista mucho de lo que nos encontramos a finales de este periodo. En las primeras etapas, la recogida de vegetales y frutos, el "carroñeo" de animales muertos de forma natural o la captura de animales pequeños (roedores, reptiles, etc) era la tónica predominante. Por el contrario, el desarrollo de nuevas formas de enmangue y la novedosa utilización de diferentes útiles y armas en el Solutrense, permitieron a sus pobladores la utilización de las tácticas de caza y así revolucionar su mundo. Los abrigos rocosos situados en pasos estratégicos con amplia visibilidad fueron ocupados como apostaderos de caza, convirtiéndose así en lugares frecuentados por nuestros antepasados.

    Y al levantarme de mi rocosa atalaya me doy cuenta de que la cantera que tengo a mis pies pudo acabar con uno de estos "puestos" de caza en Cantabria, uno de los más importantes y a la vez más desconocidos de nuestra región: La Cueva del Ruso. Descubierta a mediados del siglo pasado, ha sido objeto de diferentes actuaciones arqueológicas de las que destaca la intervención de urgencia (provocada por la actividad de la cantera) dirigida por Emilio Muñoz Fernandez en el año 1984. El riesgo de pérdida en el registro arqueológico del entorno de su boca, borrado por la cantera, más los desprendimientos y daños internos a consecuencia de la citada explotación, produjo la paralización de la actividad minera. Durante las excavaciones de finales de siglo XX, fue posible documentar las diferentes fases de ocupación de la pequeña sala central de la cueva, encontrándose 5 grandes estratos paleolíticos que aportaron una valiosísima información. El Nivel I proporcionó un depósito sepulcral de la Edad del Bronce Antiguo. El segundo de ellos era una gruesa costra calcítica donde aparecieron restos de un hogar y escasa industria lítica, atribuibles más posiblemente a la época Mesolítica. Uno de los niveles más interesantes es el III (y el IV que veremos a continuación), donde se extrajo una muestra de Carbono 14 que proporcionó una fecha de 16.120 ( 210) años antes del presente. El IV proporcionó igualmente industria lítica del Solutrense Superior, ofreciendo además restos del Auriñaciense evolucionado. Destacar que en este nivel también se realizó una datación por C14 que nos llevó a unos 27.620 ( 180) años antes del presente. El último nivel fértil, el quinto, contiene industria Musteriense. Cabe destacar que en el vestíbulo se hallaron además algunas cerámicas medievales.

    Muchos de los materiales hallados entre los niveles III y IV nos dan a entender la importancia de la Cueva de El Ruso en las labores de caza. Por los restos encontrados, se sabe que en este lugar se realizaron además trabajos de fabricación de puntas de sílex con un sistema avanzado de enmangue, muy propio del Solutrense. Destacan dos puntas de tamaño medio que presentan rotura en su parte mesial, probablemente debido a que se fragmentaron al penetrar en el cuerpo de la presa e impactar con el hueso de la misma. Una de ellas tiene la particularidad de tener la base en forma cóncava, algo exclusivo en la región cantábrica.

    No podemos olvidar el pequeño abrigo cercano denominado "Cueva del Ruso III" ni la surgencia fosil de la "Cueva del Ruso III" (ubicada junto a la cueva principal). En la primera de ellas se realizó un sondeo en el año 1984 que proporciono algunas conchas asociadas a restos de una pequeña ocupación del Mesolítico. De lo que no cabe duda respecto a todo el conjunto es que estamos ante otro gran desconocido de la arqueología regional. Un "cueto" que a finales del siglo pasado tuvo la inmensa suerte de no perecer ante la emergente actividad minera de la zona. Una puesto de caza donde, en los albores de la humanidad, se escribió otro capítulo más que engrandece la prehistoria de Cantabria..esperemos no volver a acordarnos de él cuando sea tarde.

    Agradecimientos: GAEM Arqueólogos

  • CUEVA DEL ASPIO

    La Cueva del Aspio ha sido hasta no hace muchos años otro de los grandes tesoros escondidos de Cantabria. Gracias al "Proyecto arqueológico Cueva del Aspio", liderado por Rafael Bolado del Castillo y Miriam Cubas, hoy en día se conoce el potencial arqueológico e histórico de la misma. Potencial porque, independientemente de las pruebas que sitúan su "vida útil" entre el Paleolítico y la Edad Media, todavía queda mucho por descubrir en esta cavidad. Se sitúa en las proximidades de los pueblos del Valle y Vegacorredor (Ruesga), concretamente por encima de "Los Pandillos".

    Las primeras noticias sobre su existencia se producen hacia el año 1961 aproximadamente, cuando el Grupo de Exploraciones Subterraneas del Club Montañes de Barcelona (G.E.S.) explora alrededor de 400 metros de la cavidad. No sería hasta el año 1964 cuando se realizase la exploración completa de la parte hoy conocida, concretamente realizada por la Asociación Espeleológica Ramaliega (A.E.R.) y el grupo anteriormente citado G.E.S. Poco después (1970) aparecen las primeras evidencias arqueológicas de la mano de J.M. del Moral de la Campa, quien revela más adelante la existencia de cerámica prehistórica.

    Tenemos que esperar a finales del siglo XX para conocer más en detalle el potencial arqueológico de la Cueva del Aspio. Tras una visita de los miembros del C.A.E.A.P. y del A.E.R. (Asociación Espeleológica Ramaliega) se descubren diversos materiales arqueológicos y unos paneles de arte esquemático abstracto que fueron publicados por Serna et alii en el año 1994. Del mismo modo, Serna et alii hace referencia a la posible dispersión y fragmentación de un número mayor de materiales arqueológicos años atrás, sobre todo debido a actividades espeleológicas realizadas en el pasado. En sus publicaciones, subdivide la Cueva del Aspio en 5 zonas de interés:

    • El vestíbulo: Una de las zonas más interesantes arqueológicamente hablando, ya que la erosión del agua ha dejado más accesibles los materiales de relevancia. Concretamente en la zona derecha se cita “un nivel arcilloso, de color terroso, que a veces llega a alcanzar los 25 cm de potencia, muy rico en evidencias, con abundantísimo sílex, restos paleontológicos y cantos de arenisca”. (Serna et alii 1994: 371). Es aquí donde se documentan un total de 63 piezas en sílex (lascas, buriles, raspadores, etc), un disco calizo, dos esquirlas óseas, dos percutores de arenisca, 4 galbos de cerámica a mano, 3 galbos de cerámica a torno y los restos de una jarra oxidante con asa de cinta..un sector soñado por cualquier arqueólogo que se precie. Es en este punto donde parece localizarse la ocupación más antigua, aunque se puede comprobar gracias a la jarra, que este sector fue ocupado desde el Paleolítico hasta la Edad Media.
    • Primer depósito: Se ubica en la parte final del vestíbulo, concretamente a unos 60 metros de la boca y en su parte centro-izquierda. Destacan los restos de una orza con decoración plástica y digitaciones típicas de la Edad de Bronce en Cantabria.
    • Segundo depósito: Situado a 80 metros de la boca, ha aportado restos cerámicos y óseos que todavía no han sido ubicados cronológicamente.
    • Tercer depósito: 120 metros separan este sector de la boca de la cueva. Los materiales aquí encontrados fueron hallados en un área de 40 metros cuadrados, destacando la presencia de varias vasijas de cerámica casi completas, una vasija "celtibérica" pintada y un conjunto de 8 peines de telar de madera. Todas estas evidencias sitúan la cronología de este sector muy próxima a la Edad del Hierro en Cantabria.
    • Las pinturas: Se localizan a unos 175 metros de la boca. Realizadas con pintura negra carbonosa, tienen formas esquemático-abstractas.Este tipo de interpretaciones han sido fechadas tradicionalmente entre la Edad del Hierro y la Edad Media, aunque todas las dataciones obtenidas hasta ahora nos llevan a esta segunda etapa.

  • LA CUEVA DEL MOLINO

    La cueva del Molino es otra de las grandes incógnitas de valle de Matienzo. Las pequeñas estructuras encontradas en su interior, la curiosa disposición de las mismas (como veremos más adelante), los hallazgos materiales como restos cerámicos y óseos (fauna) y, en definitiva, una lista considerable de evidencias, llevan a pensar que estamos ante un yacimiento prácticamente desconocido. Eso sí, los procesos erosivos naturales y que nos encontremos ante una "cueva de agua" no han permitido que el estudio y conocimiento de la misma fuese mucho más exhaustivo, perdiéndose a buen seguro por el camino muchas evidencias arqueológicas arrastradas por el agua o enterradas por miles y miles de años de sedimentos. No olvidemos que hoy en día muchas de las cuevas poco atractivas (aunque en estos términos no hay cueva poco atractiva) pudieron contener un hábitat óptimo en la prehistoria/protohistoria, pudiendo albergar hogares y espacios secos donde hoy conocemos ríos y lagunas.

    En la actualidad, posee una impresionante boca que durante gran parte del año se encuentra completamente inundada por el río que se adentra en sus entrañas. En ese punto, prácticamente en la entrada y a la derecha del cauce, se encontraron a finales de siglo XX una pequeña placa de cobre decorada y pequeños fragmentos de cerámica. En esta misma cámara, por debajo del suelo de calcita que se ha ido formando durante miles y miles de años, se ha encontrado un nivel con piedras que invita a pensar que podríamos estar ante un zona fértil arqueológicamente hablando, aunque está sin estudiar. A medida que el curso fluvial avanza, va dejando pequeñas lagunas de increíble factura.

    Ya en el interior de la cueva, a unos 200 metros de la entrada y a la izquierda de un pequeño lago, se han conseguido identificar unos 600 metros de galería que combina partes húmedas principalmente con pequeños sectores secos. Curiosamente se ha conseguido posicionar la cueva de Rascavieja justo por encima de este punto en la ladera. Si por el contrario en la primera cámara avanzamos hacia la derecha, nos encontraremos con una pequeña galería donde se han identificado varios huesos (tanto calcificados como no) de una posible hiena, de modo que siguen aumentando las evidencias de que nos encontramos ante un entorno seco y confortable en la prehistoria. Si a esto le sumamos que en este mismo sector se encontraron en 2007 restos de cerámica (ver en la imagen), no queda ya ninguna duda.

    Tras pasar por diferentes lagos, coladas estalagmíticas y otras formaciones, llegamos al final de la cueva. Es en este punto donde se realizó uno de los hallazgos más desconcertantes para la comunidad arqueológica: Se encontró un pequeño muro de piedra, semicircular, de unos 2.5 metros de diámetro. Hasta aquí todo podría parecer normal..si no hubiese crecido una estalagmita justo por encima de él. Está más que claro que la pequeña estructura fue construida en algún momento de la Prehistoria, incluso se han llegado a realizar estimaciones sobre su datación, situándola entre los 10.900 y 35.000 años antes de nuestra era (Jesús Ruiz Cobo y Peter Smith, 2003).

    Para concluir, destacar que existe otro pequeño acceso al Este, mucho más pequeño que el principal pero a diferencia de este, seco todo el año. No cabe duda de que la cueva del Molino (o cueva del Agua como la conocen algunos) es un yacimiento con más incógnitas que respuestas. ¿Qué sentido tienen la estructura semicircular de su interior? ¿Cuántas evidencias se almacenan en el fondo de sus lagos? ¿Qué se esconde bajo su suelo calcificado?. En este caso, desgraciadamente, el tiempo no nos dará la respuesta..todo lo contrario, seguirá sepultándola a modo de infinito protector..

    Documentación gráfica y agradecimientos: The Matienzo Caves Project