
Comienzo las trazas maestras de un estudio largo y profundo que de forma esporádica llevo realizando los últimos 35 años. Sus fundamentos parten de la siguiente averiguación. Pienso que en nuestra toponímia pueden rastrearse tres capas lingüísticas y diversas influencias de otras lenguas, especialmente, en los nombres de los pueblos.
La capa más antigua se corresponde con aquellos asociados a las zonas con megalitismo, normalmente, situados a mayor altitud y en ladera sur: Bejes, Cabañes, Pendes, Argüébanes, Brez, Llaves, Pembes, Ilces, Dobarganes, Dobares, Bores, Maredes, Ledantes, Dobres, Tudes, Lerones, Torices cuyos nombres acaban en la partícula –ES o en -S. La siguiente capa la constituyen los cercanos a estos pero mas alejados del núcleo megalítico y mas en el entorno de asentamientos castreños y, a veces, en vertientes mas umbrías. Sirvan de ejemplo: Castro, Colio, Armaño, Turieno, Sebrango, Pido, Camaleño, Varó, Valmeo, Campollo, Toranzo, Vejo, Barrio, Pollayo, Valcayo, Cucayo, Bárago, Soberao, Tollo, Ubriezo, Vendejo, Avellanedo, Valdeprao, Lameo, Buyezo, Perrozo, Luriezo, Cahecho etc que acaban en –O. Finalizan los de fondo de valle representados por: Lebeña, Tama, Frama, Congarna, Bodia, Barcena, Luarna (Mogrovejo), Cosgaya, Espinama, Vada, La Vega, Naroba, Frama, Piasca, Lomeña, Basieda, Caloca, Cueva, Barreda y Bedoya. Con tema en –A.
Mi teoría es que los pueblos tienden a agruparse conforme a este patrón y cuando se componen de varios barrios lo normal es que adopten cada barrio formas distintas:(Ilces, Pido, Espinama) serían el ejemplo prototípico. Vejo con: Dobares, Valcayo, Ongayo, El Arroyo, La Vega cumple, con la particularidad de tres temas en –O. La Vega con: Señas, Valcayo y La Vega y Tudes, Tollo y Porcieda lo clavan . Lerones, Obargo y Barreda y Los Cos, Ubriezo y Piasca también serían representativos. Cuando las condiciones topográficas lo permiten, los temas en –A suelen ser el núcleo mas importante si existen. Ejemplo: Espinama, Cosgaya, Luarna, Vada, La Vega, Frama, Tama, Lebeña, Caloca etc.
Hay excepciones dependientes de otras influencias (casi siempre latinas) y de que no estamos ante un proceso matemático. Los desajustes son mayores en el fondo de los valles dónde el poblamiento es mas reciente y se salta las pautas normales.El análisis lingüístico, geográfico y económico conduce a ordenarlos del siguiente modo. Los del primer tipo (tema en –ES, S) representan un sustrato indoeuropeo de tipo ilírico. Ejemplos representativos. Bores, Dobres etc, se corresponden con el Neolítico-Calcolítico y tendría un carácter eminentemente pastoril. El segundo tipo (tema en –O) derivaría, mayormente, de un sustrato céltico llegado en el Bronce aunque hay muchos latinos. Y el tercer grupo (tema en –A, -AS) procedería de un sustrato ligur representado por Espinama (SPINA ciudad etrusca). Piasca (BIASCA en Liguria, BIDESKA en Euskera = camino) Vega ( euskera IBAI = río, valle) existe en sardo. Vada (ligur) etc. Penetrarían con la iberización (Edad del Hierro y Edad Media) y sería dominante en la Liébana agrícola. Se da la circunstancia de que este esquema viene a coincidir con los estudios antropológicos de Pedro Gómez para Picos de Europa y aledaños, dónde señala una base racial dinárica (ilirios) a la que se superpone otra alpina (ligures) y mezclados con ellas elementos mediterráneos y germánicos.Hay excepciones como los pueblos terminados en –EZO (derivado del sufijo germánico –RICUS) tal que: (Buyezo, Perrozo, Aniezo, Ubriezo, Cabariezo, Aliezo) que proceden de antropónimos, como intuyó el articulista de LA VOZ DE LIÉBANA cuando se refería al moro ALÍ-EZO en plan de cachondeo. Su concentración en el ayuntamiento de Cabezón reflejan una repoblación medieval de origen galaico.
Pasamos ahora a un somero análisis de algunos irregulares:
1) CONGARNA y BODIA Solo parecen explicables por estar en el entorno del monte VIORNA y del monasterio de Santo Toribio. Caso similar es el de PORCIEDA lo que les otorga mas relevancia de la debida. Ambos topónimos son prelatinos y parecen ligures. El cercano Mieses es de origen latino.
2) Otro grupo es el de BASI-EDA, YE-BAS, PIAS-CA, que tiene mas –A de las lógicas. También hay importante monasterio, y comparten el radical BAS- que pudiera significar camino. El euskera. BASO= bosque parece mas propio para BASIEDA y YEBAS. BASUSALDE (prados en Tanarrio) se explicaría por el euskera BASO y ZALDI = caballo. PIASCA se parece mucho a BIESCA (bosque pequeño en asturiano) o VIESGA (ladera pendiente en Cantabria) pero se fundan en semánticas puntuales y carentes de significado abstracto generalizable.
3) En el entorno de los pueblos grupo –A nos encontramos con abundante toponimia de tipo ibero-vasco. Sirva de ejemplo los siguientes:
GOROSAL de euskera GOROSTI = acebo en Caloca
URIERO, ZABALIEGA y SIERRA CAIZ que resuenan a euskera en Enterrías
LUSIA en Tama y LUSEA = ventoso en euskera
OSINA y ARTEU en la Hermida de OSIN = fosa y ARTE = encina en euskera
NAVA = llanura, valle en Euskera. Ibérica y Alpina según Corominas.
4) LEBEÑA y COBEÑA comparten el radical –BEÑA que encontramos, además, en el cercano PICO SO-LI-BEÑO y quizás en VIÑÓN. Parecen relacionables con BEIN = peña en escocés y BINIA = colina. Gaelico BEINN = montaña. Serían, pues, célticos de origen ligur.
5) SALARZÓN. Está claramente relacionado con el próximo ARCEDÓN y con el mas lejanoARCEU (Cosgaya-Pembes). Según Martino es una raíz latina que significa fortaleza. Seguramente, está relacionado con Cildá y con un sistema romano de protección de los caminos y paso de puertos como indica el castillo del Molín de los Moros. Para Corminas: ARZÓN deriva del término latino ARCUS.
6) BESOY. Lo único parecido que encuentro es el asturiano AVESEU, BESEU = lugar sombrío derivado del lat. versus = opuesto. Discrepo de esto porque cuando un nombre no se repite es que su origen no depende de un elemento generalizable, si no, de uno muy concreto. Aquí debe ser la utilización de un genitivo en –I poco frecuente. BESOS = tribu de Tracia pudiera estar emparentada con el término.
7) Los pueblos tienen una toponimia interna y otra circundante. Solo señalar el topónimo que aparece en el centro de los siguientes: EL CANTU (Dobarganes), EL CANTIL (Enterrías) y EL CANTÓN (Potes). En diccionario de LÉXICO CÁNTABRO vemos CANTÓN = Reunión. Es palabra importante de origen ligur y que pudiera ser la base de la palabra CANTABRIA.
8) Existe la posibilidad de que las terminaciones analizadas: -ES, -O, -OS, -ON, -OY, -A y –AS, fueran casos de una misma lengua celtibérica pero los argumentos mostrados reflejan que, aunque fuera sí, esconden significados mas profundos.
En mi opinión hay una toponímia de origen clásico que pudiera tener su origen, tanto en la cultura ibérica como en la presencia de la LEGIO IV MACEDÓNICA por estas tierras después de la conquista de Augusto. Uno de ellos es el topónimo LIÉBANA que en base a lo dicho debería ser ligur. He localizado un monte LEVANNA en los Alpes Graios en ese territorio. No obstante esto se parece mas a LEBEÑA. Y un LIBENICE (región de Bohemia) pero la mejor pista es la ciudad etrusca de LAVINUM = ALBA LONGA para los latinos, lo que la relaciona con los abundantes ALBA-O de la Cordillera y con el significado de blanco. LAVINIA es en la mitología la madre de LATINO.
Voy a examinar una serie de pistas procedentes del habla dialectal: JÉBENE = Hierba de los cantores (Sisymbrium officinale) en Cantabria. XÉBANA en asturiano debe ser la misma planta. El nombre le puede provenir de su uso para limpiar la voz.
LLÁBANA, TSÁNABA = Laja, piedra para lavar, pizarras de tejados en astur-leonés, LLÁNEBA, roca lisa en Cantabria. CIÉBANA sierra de peñas (seguramente LLÁBANAS) en Asturias. Vemos que estas palabras sugieren una semántica común de lavar, limpio, blanco. Con ellas podemos explicar LIÉDENA (pueblo de Navarra bajo rocas calizas) y LOS YÉBENES (pueblo de Toledo en yesares) y entroncar LIÉBANA con el blanco LÍBANO, país con el que tanto se la ha relacionado.
Europa era una mujer legendaria, hija de Agenor rey de Tiro (Líbano) y Telefassa. Además, pariente de Libia; destacando por su blancura refulgente. Herodoto dice que fue raptada por los minoicos y llevada a Creta y de allí pasó al continente a través de los Licios. Eso es un resumen sumarísimo de la leyenda, que de forma extrañísima parece relacionar LIBANO, LIÉBANA y LOS PICOS DE EUROPA. Lo cierto es que en el idioma macedonio ROPA = montaña y eso nos vuelve hacia la influencia de la mencionada legión.
El topónimo parece ser renacentista pues ni la Crónica de Alfonso III ni la mas antigua referencia que conozco de la zona comentan algo al respecto. Documento de la Catedral de Oviedo: TESTAMENTO VELASQUITAE REGINE UXORIS BEREMUNDI REGIS. ANNO 1006:
“Ego Velasquita Regina hoc testamentum Ovetense Ecclesiae Sancti Salvatoris, y Domino Pontio ejusdem Sedis Archiiepiscopo pro remedio animae meae ….. In Salas etiam damus Monasterium Sancti Martini per suos terminos, per terminum de Silva Lutosa, y per terminum de Santa Maria de Sameo, y per penam de Andaro, y per Castrum de Cellorico, y per illas collatas de Cermonio, y per terminum de Barava, y adfiget se ubi prius diximus, cum deganies, y omnibus bonis, y adjacentius suis.”
Parece que la cita de Ándara depende de que abarcaban todo el oriente del reino asturiano hasta el Deva, límite que, asimismo, refleja un documento de Cervatos de la misma época.
Otro nombre ampliamente discutido que Ias (LUZ DE LIÉBANA Nº 363) derivó en base a los estudios de Eutimio Martino, y partiendo del medieval Pautes, de un radical indoeuropeo para agua. Seguramente es correcto pero, visto lo visto, pienso que proviene directamente de POTAMIOS = río en griego.
Con esto finalizo esta primera aportación al estudio toponímico de la comarca.
El campamento romano o castellum de Vistrió (Pesaguero, Cantabria) es, sin lugar a dudas, uno de los hallazgos arqueológicos más relevantes de los últimos años en nuestra región. En cualquier otro contexto geográfico, incluso cronológico, estaríamos hablando igualmente de un enclave con un inmenso potencial para el conocimiento de las estructuras campamentales romanas. Pero teniendo en cuenta tanto su ubicación y características, como su posible adscripción cronológica podemos decir que estamos ante uno de los campamentos romanos de campaña situados a mayor altitud de Cantabria (el establecimiento militar romano más alto de la Península sería la turris del Robadorio, no muy lejos de allí), en un escenario de alta montaña y controlando uno de los accesos naturales al valle de Liébana desde el Sur (y a una de las zonas más elevadas del extremo oriental de la Cordillera Cantábrica).
Es en este punto donde, más que sugestionados y absorbidos por los ecos guerrero-legendarios de la resistencia cántabra frente a las legiones, llegamos a plantearnos…¿Y si estuviésemos más cerca del Monte Vindio, uno de los últimos baluartes de los antiguos cántabros en la guerra de 26-25 a. C.?. Cierto es que esta pregunta no tiene aún demasiado apoyo científico basado en hallazgos reales, pero la interpretación de las fuentes clásicas (más acertada o no), cierta toponimia y otros posibles restos aún por estudiar aunque ya localizados apuntan a que este antiguo lugar de refugio indígena, sobre el cual se dice que los cántabros allí retirados se jactaban de que antes subirían las aguas del Oceano que las legiones romanas, pudo estar en el entorno montañoso que nos ocupa. Resulta tentador sumarnos a esa hipótesis y asumir que quizá este campamento pudo tener algo que ver con el asedio al legendario monte, aunque en ese sentido casi todo esté aún por demostrar.
En cuanto a Liébana, desde principios del presente siglo algunos investigadores, entre los que destaca Gonzalo Gómez Casares, han hallados varios yacimientos fortificados relacionados con la Edad del Bronce-Hierro en la comarca. Curiosamente, y a diferencia de otros grandes oppida al Sur de Cantabria, Burgos y Palencia, estos no presentaban signos de asedio evidente, como si la comunidad indígena del gran valle hubiese vivido en relativa tranquilidad. Esto, unido a la casi nula presencia de campamentos o estructuras defensivas de tipología romana (Robadorio) en el entorno, desligaba el nexo entre estos asentamientos y las Guerras Cántabras. Pero ahora, ante este hallazgo, surgen las preguntas: ¿Por qué tenemos una estructura campamental romana justo en el Collado del Vistrió? ¿Qué se pretendía controlar o asediar? ¿Cuántos legionarios albergaría y para qué? ¿Estamos más cerca de…?. Demasiadas cuestiones que esperan respuesta.
Volviendo al yacimiento en sí, fue descubierto por José Ángel Hierro Gárate en el año 2012 gracias a la fotografía aérea e imágenes satélite de la zona. Tras dar parte al Servicio de Patrimonio, en Septiembre de ese mismo año visitó el lugar con Gustavo Sanz Palomera, arqueólogo del Gobierno de Cantabria, y Pepe Diego Estébanez, comprobando in situ la existencia de una estructura defensiva de cronología indeterminada aunque sin duda antigua. Tras plantear por primera vez su posible carácter campamental romano en una nota del artículo "Las Guerras Cántabras" del libro editado por ADIC Cántabros. Origen de un pueblo, su definitiva identificación como tal llegó el año pasado, cuando el propio José Ángel Hierro Gárate, Enrique Gutiérrez Cuenca y Rafael Bolado del Castillo descubrieron, gracias a la revisión de fotografías aéreas antiguas, la existencia de una puerta en clavícula en la zona superior. Fue presentado en "sociedad" dentro del I Encuentro Arqueológico Las Guerras-Ástur-Cántabras celebrado en Gijón (Octubre de 2014), donde esos tres autores dieron a conocer una serie de nuevos hallazgos posiblemente relacionados con las Guerras Cántabras en las ponencia "Avances en la identificación de nuevos escenarios del Bellum Cantabricum (1): hacia el corazón de Cantabria" y "Avances en la identificación de nuevos escenarios del Bellum Cantabricum (2): ¿Más cerca del Mons Vindius?". Como podemos comprobar, estamos ante un hallazgo "recién salido del horno" y todo lo que venga a partir de este 2015 responderá muchas de las cuestiones planteadas anteriormente. Esperemos que no sea otro de los yacimientos que queden en el olvido administrativo, ya que tal vez estemos a las puertas de aclarar un poco más sobre una época apasionante en Regio Cantabrorum
Si por un instante cerrásemos los ojos y viajásemos miles de años en el tiempo, concretamente a una época entre el Neolítico y el Calcolítico, visualizaríamos un lugar sagrado donde la sociedad de aquel tiempo enterraba a sus muertos. Un lugar donde la muerte "convivía" cerca del ganado, señal inequívoca de una cultura trashumante que ya había adoptado ese modo de vida como propio. Si volviésemos a abrir los ojos y nos encontrásemos con la imagen principal de la necrópolis de Palmedián, poco habría cambiado desde entonces: Ganado, espectaculares panorámicas de montaña y los túmulos de los ancestros de la comarca de Liébana. Cierto es que estas últimas estructuras las encontraríamos más desgastadas por el paso del tiempo y otros "factores" más humanos. No podemos obviar la cercanía de la necrópolis megalítica de Combranda, ambas dos testigos inhertes de lo que parece fue una sociedad de montaña de relevancia en la comarca lebaniega.
Al igual que la citada Combranda, la necrópolis de Palmedián saltó a la palestra a finales de la década de los 80 del siglo pasado cuando la prensa de Cantabria se hizo eco de una noticia referente a nuevas estructuras megalíticas en el entorno del Pico Jano. Gonzalo Gómez Casares, quien las puso en valor desde su descubrimiento, ayudó en las prospecciones dirigidas y coordinadas por Agustín Díez Castillo que recorrieron ambos enclaves. Años más tarde (2.000) miembros del departamento de Historia de la UC encontraron nuevas estructuras en el entorno.
Sin duda, Vega de Liébana (diría que toda la comarca) es uno de los epicentros del megalitismo en Cantabria. Testigos de piedra que nos hablan de una sociedad emergente tras la prehistoria y que hicieron de estos montes y brañas parte de su vida y seña inequívoca de su muerte. Curiosamente, bien por su destrucción o bien por su desconocimiento (mucho más seguro lo segundo), quedan decenas de enclaves en este territorio que nos ayudarán a descubrir más del milenario pasado.;
Los Puertos de Áliva, en pleno epicentro de los Picos de Europa, son uno de los destinos por excelencia para todos aquellos que disfrutan de las rutas de senderismo en Cantabria. No en vano, el teleférico de Fuente Dé es uno de los atractivos turísticos de nuestra comunidad y es utilizado por miles y miles de usuarios para contemplar una panorámica única de Liébana. Quienes posean un todo terreno (o en su defecto un vehículo alto en según qué épocas del año) pueden acceder también a través de la localidad de Espinama, por una pista forestal que nos deja en las zonas de pasto a las que nos dirigimos hoy. Allí, entre altitudes que estriban entre los 1.400 y 1.600 metros, nos encontramos con los vestigios de una sociedad milenaria que pasan desapercibidos entre el espectacular paisaje. Estamos hablando de los túmulos de Áliva, los cuales nos dan a entender que en una época entre el Mesolítico y la Edad del Bronce estos paisajes fueron mucho más que un mero atractivo turístico. Y es curioso como tanto para los lugareños de hoy en día como para los de hace miles de años, esta zona de pasto era de vital importancia en aquellas épocas del año en las que la climatología no era adversa.
Este tipo de estructuras tumulares son conocidas desde hace décadas (siglos más bien), dado que antaño se tenia la creencia que en su interior existía un tesoro asociado al enterramiento. Es por esto por lo que la gran mayoría de ellos, no solo en Áliva sino en gran parte de las necrópolis conocidas, poseen lo que se denomina "pozo de violación". Básicamente hablamos de un agujero hecho en su parte superior para acceder a la cámara funeraria en búsqueda de riquezas. En nuestro caso incluso existe un topónimo asociado más que probablemente a las estructuras que nos ocupan: El Tesoro (uno de los conjuntos).
La primera cita documental de alguno de ellos se produjo en el año 1984, concretamente en un artículo de "El Diario Vasco" (no confundir con el actual Diario Montañes). Sería documentados posteriormente por Agustín Díez Castillo – doctor en Prehistoria de la UC - en el año 1991, incluyéndose en "El megalitismo en los valles interior del occidente de Cantabria" del XX Congreso Nacional de Arqueología celebrado ese mismo año en Zaragoza. En el año 1994 fueron incluidos en el libro "El Megalitismo en Cantabria" de Luis Cesar Teira, la obra por excelencia en la catalogación de estructuras tumulares de nuestra región. Ese mismo año, el citado Díez Castillo y Jesús Ruiz Cobo los presentaron en el Seminario "O Megalitismo no centro de Portugal", dentro del acta "El Megalitismo en Cantabria, una aproximación espacial". Por último, en el año 1995 se incluye en la publicación "Nuevas evidencias acerca del Megalitismo de la región de los Picos de Europa" de Luis Cesar Teira, Carlos Pérez y Pablo Arías. Eso sí, desde su catalogación y documentación en el año 1991, no se ha realizado ningún tipo de intervención que merezca la pena destacar..mucho papel diría yo.
No cabe duda de que toda la comarca de Liébana es uno de los máximos exponentes en el conocimiento de la Prehistoria Reciente a través de sus monumentos megalíticos. Un patrón que se repite: Zonas altas de pastos de montaña (tanto hace milenios como hoy en día) y necrópolis tumulares donde enterrar a sus muertos: Palmedían, Combranda, Peña Oviedo, Áliva y un largo etc que no mucha gente conoce. Un recurso turístico, ligado al senderismo del que hablábamos al comienzo, totalmente desaprovechado por el desconocimiento de los mismos...Cantabria Infinita lo llaman.
Entre los arboles de una inmensa plantación forestal, a cerca de 1.000 metros de altitud, se encuentra otro de los ejemplos del abandono que sufren muchos de nuestros yacimientos por los que tanto nos gusta rasgarnos las vestiduras y así hablar de los antiguos cántabros y nuestra heredada valentía: El castro de Lerones (Cabezón de Liébana, Cantabria). Se encuentra situado sobre la localidad que le da nombre, concretamente sobre una elevación del cordal que desciende de la Sierra de Peña Porrera. Esta atalaya natural domina gran parte del valle de Pesaguero, por lo que se creé que pudo tener un papel clave a la hora de controlar la entrada en Liébana desde el valle de Polaciones o incluso desde la meseta a través de Piedrasluengas.
El recinto fue descubierto a finales del siglo pasado, concretamente en el año 1991, por Gonzalo Gómez de Casares, quien acompañado por Angel Ocejo, Raúl Molleda y Manuel Bahillo identificó las estructuras correspondientes. Posteriormente sería citado como castro por arqueólogos de renombre como Eduardo Peralta Labrador y Enrique Muñoz, aunque siempre de un modo simplificado debido a que no existen investigaciones ni estudios sobre el mismo. En los últimos años, el castro de Lerones ha pasado a formar parte del INVAC (Inventario Arqueológico de Cantabria).
En lo alto del municipio de Vega de Liébana, a media ladera del alto de Los Corros (como también se conoce el yacimiento), se encuentra la necrópolis megalítica de Combranda. Un enclave que tanto en su entorno más inmediato - con la necrópolis de Palmedián - como a escasos dos kilómetros con el castro de Llan de la Peña, se encuentra rodeado por milenios de historia. A media que nos vamos acercando a la pequeña vaguada donde se ubican las estructuras tumulares, entre reses y algún que otro rebaño de cabras, no podemos dejar de imaginar la vida en época del Neolítico/Calcolítico. Sobre manera porque, si obviamos el tintineo de las decenas de cascabeles y campanos que nos rodean, poco a cambiado ante nuestros ojos exceptuando la pista forestal que guía nuestros pasos: Ganado de montaña, panorámicas de ensueño, aire puro..y un cierto aura de misticismo e historia.
El yacimiento se dio a conocer en el año 1989 tras su aparición en prensa, destacando "la existencia de estructuras megalíticas en el Pico Jano". Ese mismo año, en colaboración con Gonzalo Gómez Casares (descubridor de decenas de yacimientos en la comarca de Liébana), se realizó una prospección e inventariado de las estructuras dirigida por Agustín Díez Castillo. A partir de entonces, la presencia de investigaciones ha sido prácticamente nula limitándose a ser incluido en diferentes publicaciones como las Actas del Seminario "O Megalitismo no centro de Portugal" con el título "El Megalitismo en Cantabria: una aproximación espacial" (Jesús Ruiz Cobo/A. Díez Castillo, 1994) o en "Evolución del poblamiento prehistórico en los valles del Deva y del Nansa" (UC, Santander 1996. A. Díez Castillo).
Y desde entonces, nada de nada. Desde hace décadas se ha propuesto un proyecto arqueológico para la estudio, preservación y puesta en valor del conjunto y..seguimos igual. Un enclave espectacular donde tanto la vida como la muerte en época del Neolítico/Calcolítico permanecen totalmente olvidadas. Cantabria Infinita lo llaman..
Sin duda, toda la comarca de Liébana sigue siendo una auténtica incógnita en relación al mundo romano y sus antecedentes. Y no será porque las diferentes "pistas" nos llevan a pensar que tanto en épocas anteriores (Edad del Bronce/Hierro), como en la propia romanización del territorio y siglos posteriores, "Roma" estuvo presente en tierras que históricamente han cobrado importancia de la Reconquista en adelante. Y curiosamente, la gran mayoría de las citadas pistas, más que de vida..nos hablan de muerte.
La conocidísima estela de Luriezo, el fragmento de la estela de Bores, la monumental estela de Villaverde y la pieza que hoy nos ocupa son testigos inertes de un pasado donde más que una diferenciación entre cántabros y romanos podemos hablar a buen seguro de cántabros romanizados (en lo cultural, un poco como nosotros). Hoy hablamos de la poco conocida estela funeraria de Lebeña, pieza eclipsada en esta localidad por la archiconocida iglesia de Santa María de Lebeña (icono del prerrománico en Cantabria). Mucha gente desconoce este fragmento de piedra silícea que aglutina a la perfección pasado (por su significado) junto a presente (por donde se encuentra ubicada, al lado de un "contador de la luz") y donde su futuro parece ligado a seguir siendo una "piedra más" en una sociedad (administraciones incluidas) totalmente focalizada en el magnífico templo de la localidad de Lebeña. Si al menos estuviese señalizada..
Fue encontrada entre los escombros de la antigua ermita de San Román, cuya existencia se remonta al siglo X. A mediados del siglo XIX el templo fue reconstruido en el mismo pueblo (en una ubicación diferente a la original) y el fragmento rectangular de la estela funeraria fue incrustado en la pared (justo a la derecha del acceso) del edificio, que fue utilizado posteriormente como escuela y como Casa Concejo. No cabe duda de que el epitafio de Aelio Albino nos habla indirectamente de un pasado "romano" aún por descubrir, ya no solo en el municipio de Cillorigo sino en toda Liébana. La pena es que aun potenciándose esta comarca en diferentes etapas de la legislatura (Año Jubilar principalmente), no haya ni una cita reseñable de este campo epigráfico en ningún sitio..una pena.
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