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Vista aérea del recinto defensivo de San Isidro. Fotografía: Ángel Villa - Castros de Asturias

El recinto fortificado de San Isidro es una de las maravillas arqueológicas de Asturias. Tal vez no sea ni el más extenso ni el más prolífero en cuanto a materiales se refiere, pero su técnica constructiva y su más que posible utilización en la época del auge minero le convierten en un enclave especial. Incluso en nuestros días, las diferentes interpretaciones de su hábitat han dado un giro de 180º desde su uso meramente indígena (un castro como tal) a su más que probable utilización por parte del ejército romano. Es por esto mismo por lo que, siendo puristas, no podemos decir que estamos ante el "castro de San Isidro", dejémoslo en recinto fortificado hasta que futuras intervenciones o análisis nos puedan dar una cronología más exacta.

Se localiza a unos 700 metros de altitud sobre un cordal que separa los concejos de Pesoz y San Martín de Oscos, muy cerca de la población de Bousoño. Al igual que el cercano Pico da Mina, a escasos 200 metros, fue excavado parcialmente a finales de los años 80 bajo la dirección de Elías Carrocera. En dichas intervenciones y diferentes sondeos del "Plan arqueológico del Navia" aparecieron interesantes materiales tanto cerámicos (siglo I d.C.) como numismáticos (¿Galieno del siglo IV d.C.?) que llevaron a Carrocera a interpretar el yacimiento en un contexto vinculado a la minería de oro en la zona. Incluso se afirmaba que la "importación" de la técnica constructiva de las defensas mediante piedras rocas puntiagudas probaría el origen meseteño de sus habitantes. Pero..¿en qué consiste esta técnica?. Los campos de piedras hincadas o "caballo de Frisia" son un tipo de estructuras defensivas muy típicas de la Protohistoria en Europa que consiste en clavar numerosas piedras con punta para dificultar el acceso de caballos o tropas hacia las murallas de un recinto. De este modo, cualquier guerrero tanto a pie como a caballo podrían lastimarse al intentar rebasarlas, incluso mermaría su movilidad mientras tanto y así se les podría atacar desde lo alto de la muralla. Curiosamente es una técnica defensiva ha sido utilizada durante siglos del mismo modo e incluso evolucionando hasta nuestros días. Por ejemplo, existen obras de finales del siglo XVIII donde se hace referencia directa a "un antiguo fuerte defendido por piedras puntiagudas", incluso las conocidas "X" anticarro (erizos checos) que todos conocemos de la batalla de Normandia son una evolución moderna de este tipo de defensa.

En el caso del recinto de San Isidro, nos encontramos ante el primer y único ejemplo de estructuras defensivas con piedras hincadas de toda Asturias. En Cantabria tenemos ejemplos de esta tipología aprovechando la orografía natural, ya que podemos observar como los antiguos cántabros aprovecharon los puntiagudos lapiaces que afloraban tanto en el Cincho de Yuso o en el castro de las Lleras (por ejemplo).

Volviendo a las interpretaciones y estudios, en 2007 el arqueólogo e investigador Ángel Villa Valdés defiende que debido a la cronología de los materiales hallados (siglo I d.C) es posible que nos encontremos ante un contexto militar romano ligado al control visual y explotación de las minas de oro cercanas. No olvidemos que en el vecino pueblo de Arruñada existe un increíble conjunto minero donde se conservan el canal de abastecimiento a la explotación, el depósito y un gran corte abierto en la montaña. Otras hipótesis (Fanjul 2015) apuntan a que nos encontramos ante un enclave perteneciente a la Segunda Edad del Hierro, ya que tanto los materiales como las estructuras defensivas podrían corresponderse perfectamente con dicha cronología. Se vá un poco más allá proponiendo que posiblemente se trate de un traslado o cambio de "ubicación" desde el Pico da Mina a San Isidro a partir de la conquista romana. Unas interpretaciónes que, al igual que el resto, deberán de tenerse en cuenta en futuras intervencionesde ambos recintos.

Agradecimientos: Ángel Villa Valdés / Alfonso Fanjul. Fotografías: Castros de Asturias
Bibliografía: CARROCERA FERNÁNDEZ, E. (1989): “El castro de San Isidro. Informe de las excavaciones arqueológicas 1986”. Excavaciones Arqueológicas en Asturias, 1, 1983-1986, 1989: 157-161.
FANJUL PERAZA, A. (2015): "Social myths and landscape realities of the Asturian Iron Age Hill forts".
VILLA VALDÉS, A. (2007c): "El Chao Samartín (Grandas de Salime, Asturias) y el paisaje fortificado en la Asturias protohistórica". Paisajes fortificados de la Edad del Hierro. Las murallas protohistóricas de la Meseta y la vertiente atlántica en su contexto europeo. Biblioteca Arqueológica Hispana, 28. Madrid: 191-212.

 

Campo de piedras hincadas en el recinto de San Isidro. Fotografía: Ángel Villa - Castros de Asturias

Nos encontramos ante un recinto fortificado de medianas dimensiones, con una superficie ligeramente mayor de 1 hectárea. Se orienta en dirección Norte-Sur, y está dotado de un aparato defensivo de grandes dimensiones. Situado en un pequeño alto, dispone de un sistema de fosos con varios contrafosos intermedios, situándose el citado campo de piedras hincadas tanto en el interior como en el borde de los foso. La mayor concentración de estas se produce en el sector Sur del yacimiento flanqueando el acceso principal, uniéndose además en este punto las 6 líneas de foso en una sola y volviendo a dividirse en dos en la cabecera Norte.

En el sector septentrional del recinto nos encontramos con dos líneas de muralla claramente diferenciadas, lo que se ha interpretado como un paseo de guardia. En el resto del recinto, nos encontramos con un perímetro defensivo de unos 3 metros de anchura. Ya en el interior, podemos observar el único edificio exhumado de todo el asentamiento. Se trata de una estructura cuadrangular de considerables dimensiones en comparación con la arquitectura doméstica castreña (Villa 2007, 208).

Destacar por último la presencia en el yacimiento de una antigua capilla, fruto de los procesos de “cristianización” que sufrieron muchos de estos enclaves relacionados cronológicamente con tiempos paganos.

VISITAS

Todos podemos disfrutar del recinto fortificado de San Isidro, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Asturias.

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DESTACADOS

  • ESTRUCT. DE ROBADORIO

    La estructura defensiva de Robadorio se alza dominante a 2.219 metros de altitud entre las provincias de León (Boca de Huérgano) y Cantabria (Vega de Liébana). Ubicada al Este del puerto de San Glorio, esta construcción es una de las grandes desconocidas de la arqueología cántabra, ya que existen varias hipótesis sobre su cronología y el contexto histórico que ocupó. Su valor arqueológico fue puesto de manifiesto en el año 2004 por Manuel Valle (de forma independiente) y por el investigador lebaniego Gonzalo Gómez de Casares, quienes dieron a conocer lo que parecían las ruinas de una fortificación de montaña en el alto del Robadorio. Tras las primeras impresiones, fue visitada por el conocido arqueólogo Eduardo Peralta Labrador, quien localizó de manera casual en su interior una tachuela de sandalia romana o clavi caligae. Este hallazgo, por diminuto que pueda parecer, es de gran valor y por ello fue dado a conocer de inmediato Consejería de Cultura, Turismo y Deporte. A diferencia de otros yacimientos, donde encontrar según que materiales en superficie es complicado, el recinto defensivo de Robadorio se encuentra enmarcado en un contexto geológico y paisajístico típico de alta montaña, donde la formación de suelos y vegetación es prácticamente inexistente y donde el material predominante es el suelo rocoso.

    La circunstancia anterior es de gran importancia, ya que además de permitir encontrar materiales en superficie, propicia que sea un enclave ideal para conseguir la materia prima a la hora de construir cualquier estructura defensiva. Esto, unido al alto valor estratégico del lugar, hacen de Robadorio el lugar perfecto para controlar las vías de comunicación entre la montaña palentina y leonesa con la comarca lebaniega, sin olvidar que es el epicentro de un área de pasto de verano importante en la zona.

    No puedo terminar esta pequeña introducción sin citar que el proyecto de estación de esquí de San Glorio (paralizado) incluía este lugar entre las infraestructuras de remonte que iban a ser construidas…¡viva el vino!.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRO BARRIO

    El conocido como Castro Barrio (Alfoz de Bricia, Burgos) sigue siendo una auténtica incógnita hoy en día. Su espectacular contorno y morfología en el horizonte de las Merindades hacen pensar que pudo tener un pasado cuanto menos relevante en la protohistoria del antiguo territorio de Regio Cantabrorum. Incluso la cercanía con el conocido yacimiento (asentamiento indígena y castellum romano) de El Castro ya en Cantabria, nos lleva a imaginar que pudo jugar un papel estratégico de relevancia. Existen fuentes que dejan entrever que puedo existir un pequeño asentamiento de la II Edad del Hierro en sus terrazas, pero nadie puede afirmarlo con rotundidad. Por hacer una pequeña comparación con el recinto defensivo situado a menos de 2 km, la extensión del yacimiento de El Castro (la parte indígena) encierra unas 8 hectáreas en donde además se pueden apreciar sobre el terreno estructuras defensivas e incluso una puerta de acceso. En el caso del Castro Barrio, apenas tenemos unas 2 hectáreas de extensión y ninguna estructura asociada, quien sabe si arrasadas hace milenios o destruidas en época de la Guerra Civil.

    Y con todo, alguno de los hallazgos materiales realizados hace décadas, pueden acércanos más a una época que pueda contextualizar esta atalaya natural. El hallazgo casual en el año 1950 de una fíbula de bronce, hoy expuesta en el Museo de Burgos, hizo que el lugar ganase relevancia como lugar "potencial". Schüle la incluiría en el año 1969 en el resumen tipológico de materiales castreños de la meseta, con lo que fue difundida tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Incluso las labores agrícolas en las terrazas han sacado a la luz diferentes fragmentos cerámicos y teja de cronología moderna, si bien es cierto que no se debe descartar que puedan aparecer restos más antiguos. Cierto es que a menos de 1 kilómetro apareció una espectacular pieza (una estela funeraria) que merece la pena ser analizada, pero que no implica una relación directa con cerro que nos ocupa.

    No cabe duda de que el denominado Castro Barrio (también se le conoce como Mata del Cueto, Castro de Bricia o Monte Las Riscas) puede formar parte de ese selecto grupo de enclaves que alberga más incógnitas que certezas. Ni siquiera la toponimia "castro" ayuda en este sentido, ya que a diferencia de lo que la gente piensa no tiene porque implicar un asentamiento antiguo, más bien una elevación rocosa como en este caso.

    Agradecimientos: Lino Mantecón Callejo.

    Bigliografía: "La Cantabria Burgalesa" /"Tres lápidas burgalesas en la colección Fontaneda" – M.L. Albertos / J.A. Abasolo.


  • EL CASTRO

    Si hubiese que definir con una sola palabra el recinto fortificado de El Castro (Escalada, Burgos) sería bastante sencillo: Inexpugnable. En esta rápida y sencilla definición poco o nada tendrían que ver, al menos en nuestros días, con los restos de la increíble muralla que nos encontramos al acceder a él, sino con el frondoso bosque de encinas que prácticamente engulle el posible oppidum y sus alrededores. Siendo objetivos, el que un enclave relacionado con lo que pudo ser un recinto de la Edad del Hierro se encuentre así da mucho que pensar. Sobre todo porque el citado bosque - al día de hoy - es fundamental para la conservación de los posibles restos arqueológicos allí almacenados, evitando que de un modo u otro desaparezcan importantes evidencias para futuras intervenciones. No obstante este mismo mecanismo de autodefensa natural hace que parte de las murallas y/o estructuras que se aprecian en su interior se destruyan sin remedio, quedando como en otros tantos casos en el olvido administrativo y por lo tanto..cultural y social.

    Este emplazamiento fue descubierto a finales de la década de los 90 del siglo pasado en las campañas de prospección autorizadas por la Consejería de Cultural de Castilla y León. Sería Eduardo Peralta Labrador quien diese a conocer el asentamiento en su obra "Los Cántabros antes de Roma", siendo citado posteriormente en diversos títulos como "El Cantábrico en la Edad del Hierro" (Jesús Francisco Torres-Martínez, 2011).

    De todos modos, El Castro no ha sido nunca objeto de un estudio detallado, quedando por desgracia relegado casi siempre a un segundo plano. Al parecer, no solo en Cantabria tenemos prácticamente abandonados algunos de los enclaves que cronológicamente nos acercan a los admirados y en muchas ocasiones mal interpretados antiguos cántabros. Al igual que otros grandes yacimientos El Castro albergará en silencio su pasado milenario de un modo u otro, protegido por ese gran bosque que, sin quererlo, ha hecho que esta gran península siga siendo un lugar inexpugnable tras siglos y siglos de historia.

    Bibliografía: "Los Cántabros antes de Roma" - Real Academia de Historia. Autor: Eduardo Peralta Labrador