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Boca de la cueva de La Peñona

La cueva de La Peñona (Maoño, Santa Cruz de Bezana) se encuentra situada en un valle con condiciones idóneas para su habitabilidad. Hacia el Norte (a tan solo 6 km en línea) el mar Cantábrico, fuente inagotable de alimento. Paradójicamente, su enclave se encuentra protegido de los vientos del norte por cotas no muy altas (no superan por mucho el centenar de metros sobre el nivel del mar). Hacia el Sur, a través de una salida natural y a unos 3 kilómetros en línea recta, conexión directa con uno de los mayores exponentes en cuanto a necrópolis de la Prehistoria Reciente del Norte Peninsular: Las cuevas del Peñajorao. Incluso a tan solo 9 kilómetros en dirección Noreste tenemos otro de los exponentes mas amplios y desconocidos en nuestra comunidad de época Calcolítica: El "mazo" de la Castañera y sus cavidades. Y en este caso no solo relacionado con cavidades sepulcrales como Peñajorao, sino con un posible hábitat al aire libre de época calcolítica en las inmediaciones de la Castañera III.

Volviendo a La Peñona, fue identificada como yacimiento por miembros del CAEAP – Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica - a principios de la década de los 80 del año pasado, realizando un estudio sobre la misma en el año 1983. Su topografía y un pequeño resumen sobre el citado estudio sería publicado en el Boletín Cántabro de Espeleología (número 8) del año 1987, destacando ya por aquel entonces que la cueva de La Peñona o los Bocarones estaba ya muy revuelta y que según parecía su vestíbulo estaba ya muy excavado. A modo de anécdota (y pequeña errata), estaba "incluida" como cavidad del municipio de Penagos, territorio alejado de Santa Cruz de Bezana.

No cabe duda de que el valle de Maoño y sus cerros calizos siguen encerrando hoy en día muchos misterios en sus laberínticas galerías, quien sabe si alguna sorpresa más grande de la esperada. Las condiciones de habitabilidad de sus vegas y pequeños cerros son ideales para una sociedad que consolidaba su vida fuera de las cuevas en la Prehistoria Reciente, mientras que las cavidades seguían formando parte en muchas ocasiones de su muerte.

 

Cerro calizo donde se encuentra la cueva de La Peñona

La Peñona es una cavidad fósil orientada al Oeste que tiene un desarrollo bastante importante (cerca de medio kilómetro). Su boca y acceso no destacan por ser extremadamente amplias tal y como se aprecia en imagen, ya que si bien es cierto que su altura es importante (cerca de 8 metros) su ancho no supera los 2 metros. Desde su vestíbulo, de similares dimensiones, gira hacia la izquierda a través de una galería rectilínea donde se encontró el yacimiento

Como bien comentamos antes se encontraba bastante revuelto, motivo por el cual los materiales encontrados no ocupaban una estratigrafía concreta. Se han encontrado restos de talla de industria lítica en silex, fragmentos de cerámica a mano y a torno, restos óseos y el fondo de una gran orza con aplicación plástica. Todo ello nos hace pensar que esta cavidad, no apta como tal para haber sido un “hogar”, tuvo presencia discontinua en diferentes momentos de la prehistoria y la protohistoria, llegando hasta época Alto-Medieval.

A partir de aquí, la Peñona se extiende por una compleja red de pequeñas y estrechas galerías en las que se ha encontrado algún que otro material disperso (en superficie) pero sin mayor importancia.

VISITAS

Es imposible visitar la cueva de La Peñona, ya que se encuentra dentro de terrenos particulares. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento, su entorno y la privacidad de los propietarios de la finca, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • LA PALENCIANA

    Si conoces la cueva de La Palenciana te das cuenta de que su milenario pasado tuvo que ser fructífero. Grandes dimensiones, galerías secas y calurosas, grandes bocas que permiten que la luz del Sol entre a gran parte del espacio habitable, orientada hacía el Sur, a media ladera con grandes valles y el río a sus pies..una auténtica maravilla. Solo un problema, que a buen seguro que sus moradores resolvieron, no solo en esta cueva sino en gran parte de los valles del Miera (como así atestiguan la gran cantidad de oseras en las cuevas del Miera): Los osos de las cavernas. Hubo un tiempo en el que tanto Homo Sapiens como el Ursus Spelaeus compartieron espacio vital, y estos últimos querían hibernar en sus cuevas si o sí.

    Pero en La Palenciana nunca sabremos si ambas especies vivieron en ella dado que el vaciado sistemático de las arcillas de estas cuevas para paliar la acidez de los suelos para uso agro-ganadero han hecho que lo a buen seguro fuese un yacimiento espectacular, no deje de ser un auténtico queso de gruyere. Se intuye que sí, pero el suelo del 99% de la cueva está vaciado, de modo que pocas oseras o ninguna quedan. Lo mismo ocurre con cavidades como la cercana Palenciana II, también vaciada para los citados menesteres.

    Su interés arqueológico fue dado a conocer por el Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica – CAEAP a finales del siglo pasado y desde entonces hasta hoy poco o nada se sabe de la misma salvo que fue incluida dentro de la zona de protección arqueológica de la cueva de El Puyo en 2014 en la declaración BIC de esta última. Pero el ser incluido dentro de la zona de protección en un papel de nada vale, ya que las quemas sistemáticas de la ladera donde se ubica y el total desconocimiento de la sociedad en cuanto a que está "protegida" de nada valdrá. No en vano, se pueden apreciar calicatas actuales (hasta con una escalera de aluminio contemporánea) que dan a entender que las extracciones de arcillas de su interior se siguen llevando a cabo.

    Una auténtica pena para una cueva (no solo ella sino el conjunto con La Palenciana II) y un entorno digno de poder ser admirado, respetado y al menos señalizado. Cantabria Infinita lo llaman…

    Bibliografía: "Elemento de interés arqueológico y Patrimonial en la zona del Puyo" Monografías electrónicas del Centro de Estudios Montañeses, nro 1. (2016). Virgilio Fernández Acebo.


  • CUEVA DE LAS CASCARAS

    Nuevamente nos encontramos con una cavidad que aun pudiendo albergar un potencial arqueológico increíble, se encuentra totalmente desprotegida y al amparo de cualquier despropósito. Y hablamos de que podría en condicional porque, independientemente de sea un Bien de Interés Cultural desde el año 1985, no tiene ni cierre ni protección alguna con lo que el deposito arqueológico del vestíbulo se podría haber perdido por la desidia de décadas entre eucaliptales. Y esto sorprende en un yacimiento que ha sido estudiado desde principio de siglo XX, época en la que la prehistoria y las cuevas en Cantabria dieron prolíficos frutos.

    Y la cueva de Las Cáscaras no fue menos. El yacimiento fue descubierto por Romualdo Moro en 1890 por casualidad. El conocido capataz, que excavo en decenas de yacimientos bajo el mecenazgo del Marques de Comillas, Antonio López López, barrenó la entrada en busca del calamina (mineral del grupo de los silicatos) y se encontró con el conocido bloque de huesos que pasaría a la historia como uno de los mejores enterramientos sepulcrales del Calcolítico (albores de la Edad de Los Metales) en Cantabria. Tanto el conjunto sepulcral, de 5 individuos adultos, como la propia cavidad fue estudiada en 1910 por el padre Jesús Carballo, publicando sus resultados en el año 1924 dentro de su obra "Prehistoria Universal y Especial de España".

    Un año después (1925) el arqueólogo Juan Cabré Aguiló publicó "Las colecciones de Prehistoria y Protohistoria del Museo Cantábrico de Comillas" en la Revista Coleccionismo. Aquí ya se hacia referencia a uno de los elementos que más característicos del conjunto: Una punta de sílex con aletas y pedúnculo (similar a la de más abajo) que según parece apareció clavada en uno de los huesos. Un hallazgo excepcional, de los que no existen muchos en la Península Ibérica, y que trajo cola ya en su momento. Autores como Cabré Aguiló publicaron que esa flecha pudo causar la muerte del individuo, afirmación totalmente negada por Jesús Carballo que afirmó que dicha pieza había sido cambiada del lugar donde se encontraba originalmente, al parecer un húmero. Escribió lo siguiente: "Según afirmación de varias personas fidedignas, cuando el conglomerado llegó al citado museo (Museo de Comillas), la flecha estaba clavada en el húmero del antropólito. Más cuando he sido llamado a estudiarlos, después de tantos años que llevaba depositado allí, ya la habían arrancado del sitio dejándola hincada en otra parte donde yo la ví" (CARBALLO, 1924,220).

    Volviendo a la cueva de Las Cáscaras, fue explorada por el Grupo Espeleolígo de Cabezón de la Sal y por el CAEAP en la década de los 80, encontrando los primeros varios fragmentos de cerámica. Poco después, en el año 1993, Francisco Etxeberria Gabilondo y Lourdes Herrasti Erlogorri (ambos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y el primero de la Facultad de Medicina de la Universidad del Pais Vasco), investigan a conciencia los restos óseos. No se encuentra huella alguna en los húmeros y fémures que pueda ser atribuida al impacto de una punta de flecha. Por este motivo, no se pudo certificar de modo alguno que existiese lesión violenta relacionada con este elemento.

    No cabe duda de que hace casi un siglo se produjo un hallazgo extraordinario. El que sea publicado en este momento no es casualidad, ya que como bien hemos explicado al inicio, aún siendo una cavidad sepulcral de gran importancia arqueológica, no tiene protección ninguna. Ni siquiera está cerrada, la gente sigue entrando y garabateando sus paredes, incluso excavando ilegalmente. Esto, unido al último hallazgo de otra cueva sepulcral en Noja este mismo año 2018 (La Cueva del Copillo, ver aquí), nos da a entender que los medios de comunicación dan cabida a estas grandes noticias para engrandecer la cultura (y la Consejería de turno) …y luego, tras el paso de los años, las autoridades siguen impasibles mientras perdemos gran parte de nuestro patrimonio y nuestra historia. Una pena.

    Bibliografia: ETXEBERRIA, F. y HERRASTI, L., 1994: Informe sobre la inspección de la brecha con restos humanos procedente de la cueva sepulcral de Las Cáscaras (Cantabria). Trabajos de Arqueología en Cantabria, II, 77-78. Santander.