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Boca de la cueva de La Castañera

Visitando la cueva de La Castañera no pude dejar de pensar en Marcelino Sanz de Sautuola. No por el mero hecho de que esta cavidad este casi con toda certeza conectada geológicamente con Altamira, sino porque aún en nuestros días muchos expertos en la materia nieguen incluso la hipótesis o hablen banalmente de la posibilidad de "conectarla" por fin con la capilla sixtina del arte rupestre. Décadas y décadas sospechándolo, exactamente los mismos años de controversia en el sector más conservacionista. En esencia, algo similar a lo que le ocurrió al botánico cántabro cuando presentó en sociedad el gran panel de los bisontes, donde los especialistas de la época le acusaron de haber mentido y ridiculizaron su hallazgo y teoría. Supongo que actuasen así posiblemente irritadísimos porque un aficionado había hecho el descubrimiento que la historia les tenia "reservado" a ellos. Y volviendo a La Castañera, sabiendo que ha podido haber pruebas más allá de lo geológico que así lo atestigüen, al menos de pequeñas dimensiones..

Y no será porque diferentes equipos humanos no lo hayan intentado a lo largo de la historia reciente. A finales de la década de los 70 / principios de los 80 miembros de la S.E.S.S. (Sección de Espeleología del Seminario Sautuola) se introdujeron en sus entrañas para intentar buscar la tan ansiada conexión, realizando una gran labor topográfica y de investigación pero sin el resultado final esperado. En el año 1981 Virgilio Fernández Acebo y Mª Teresa Viar (miembros de la citada S.E.S.S. y también de la A.C.D.P.S) hacen una incursión por un estrecho meandro que parte de la pared izquierda de la galería final de La Castañera, quedándose a escasos metros por "debajo" de la conocida sima final de la cueva de Altamira, ubicada en el sector de "La Cola de Caballo". Paralelamente miembros del C.A.E.A.P. - Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica - realizan una prospección por el interior de La Castañera, localizando materiales en superficie a lo largo del cauce del rio subterráneo que recorre parte de la cueva.

Y desde entonces poco más podemos decir de las investigaciones en su interior, al menos que esté publicado. Se estima que entre la parte más baja de la sima de La Cola de Caballo (en Altamira) y la parte más alta (y cercana) de la cueva de La Castañera hay una diferencia de entre 5 y 12 metros, siendo un valor más que aceptado el de 8,5 metros. Menos de 10 metros que harían que La Castañera hubiese pasado a la historia como la "puerta de atrás de Altamira", no como el vertedero y basurero que históricamente ha sido siempre. Hace no mucho tiempo, un año aproximadamente, la boca de La Castañera se cerró definitivamente después de décadas de decadencia y olvido..¿Por qué?. Quien sabe si por fin ocupará el lugar que merece, sobre todo gracias a la hipótesis formulada hace décadas a la que nadie quería prestar mucha atención..

Bibliografía: "La cueva de La Castañera. Memorias de la A.C.D.P.S. 1980-81". Virgilio Fernández Acebo y Mª Teresa Viar

 

Acceso al vestíbulo de la Castañera, aún lleno de escombros y basura

La Castañera posee una boca de cerca de 5 metros de ancho por 3 y medio de alto. Está orientada al Oeste y en la actualidad un rio (no muy grande) se adentra en ella arrastrando materiales y materiales hacia su interior. Desde la citada boca nos adentramos en un vestíbulo descendente de unos 3 metros de ancho por 27 de recorrido. En este punto gira bruscamente por una galería mucho más amplia en la que, hacia la mitad, se pueden observar galerías superiores (colgadas) de bastante entidad.

Respecto a los materiales encontrados en la citada prospección, destacan numerosas piezas de cuarcita tales como raederas y algún denticulado. Se cree que debajo de todo el material de arrastre del vestíbulo existe un yacimiento de importancia, sepultado por la acción del río contemporáneo del que se cree que no siempre paso por el interior de La Castañera. De hecho existen sectores al final de la cueva totalmente secos, donde ni la acción del río exterior ni del subterráneo han llegado nunca. Todo ello nos lleva a pensar que independientemente de si estuvo o no conectada con el sector final de Altamira, sus mismos pobladores conocían su existencia.

VISITAS

No es posible visitar la cueva de La Castañera ya que se encuentra cerrada. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento, su entorno y la privacidad de los propietarios de la finca, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

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DESTACADOS

  • ABRIGO DE BARCENILLA

    Un paseo por las verdes laderas de Barcenilla (Piélagos, Cantabria). Giras la cabeza a tu izquierda y te encuentras con una pared de piedra que poco a poco, tras continuar tu camino, vas dejando atrás. Este podría ser el resumen de una ruta cualquiera por las "camberas" de nuestra tierra, Cantabria. Todo normal sino fuese porque esa "pared" fue parte fundamental en la vida de los humanos que vivieron el ocaso de la última glaciación conocida hasta nuestros días (Würm) y que fueron testigos y a la vez protagonistas de uno de los cambios más importantes de la Prehistoria. Y allí, en ese pequeño abrigo, estuvieron miles de años hasta que milenios después los investigadores se dieron cuenta de que era mucho más que un bloque rocoso en las inmediaciones de la ría del Pas. Hablamos del conocido abrigo de Barcenilla, uno de los máximos exponentes en el conocimiento y transición de la época Mesolítica a la Neolítica en Cantabria, que como todos sabemos fue más "tardía" que en el resto de la Península y Europa. Un cambio cultural donde las sociedades de cazadores-recolectores (y mariscadores, como no) se fueron convirtiendo en sociedades donde la ganadería y la agricultura eran su principal modo de vida, transformación mucho más lenta en nuestra región que en el resto del territorio. No olvidemos que las primeras sociedades campesinas típicas de esta época (Neolítico) aparecieron en Próximo Oriente hace más de 11.000 años, en el Sur de Europa hace unos 8.000 años y en la Región Cantábrica hace unos 7.000 años (es decir, hacia el V milenio a.C.)

    El yacimiento existente fue reconocido en el año 1979 por el CAEAP – Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica, quienes lo incluirían en la Carta Arqueológica del municipio de Piélagos. La prospección inicial (superficial) realizada poco después daría con diversos materiales (cerámica prehistórica, un molar humano, dos lascas de silex y pequeños fragmentos de conchas) que fueron depositados en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander. En el año 1998, tras la concesión del correspondiente permiso por parte de la Consejería de Cultura, un equipo multidisciplinar liderado nuevamente por el CAEAP (quien sufragó económicamente las dataciones) realizó un exhaustivo estudio del abrigo y su entorno que permitió tener un increíble conocimiento de su estratigrafía y, en definitiva, de su milenario pasado.

    No cabe duda de que estamos ante otro gran desconocido de una época apasionante en Cantabria. Un momento en el que el modo de vida de sus gentes cambió por completo, no solo para ellos mismos sino para la evolución del ser humano. Una "pared" normal a la que todos deberíamos de mirar con ojos de admiración y que no deja de ser un testigo mudo del paso de los milenios sin que la gente de a pié sepa lo que es.

    Bigliografía:"SONDEO ARQUEOLÓGICO EN EL ABRIGO DE BARCENILLA (T.M. DE PIÉLAGOS, CANTABRIA). Kobie Serie PaleoantroPología nº 32: 79-112." - Emilio Muñoz Fernández, Jose Manuel Morlote Expósito, Silvia Santamaria Santamaria, Pedro Castaños Ugarte, Blanca Ruiz Zapata, Maria Jose Gil García y Paloma Uzquiano Ollero.

  • CUEVA DE LAS CASCARAS

    Nuevamente nos encontramos con una cavidad que aun pudiendo albergar un potencial arqueológico increíble, se encuentra totalmente desprotegida y al amparo de cualquier despropósito. Y hablamos de que podría en condicional porque, independientemente de sea un Bien de Interés Cultural desde el año 1985, no tiene ni cierre ni protección alguna con lo que el deposito arqueológico del vestíbulo se podría haber perdido por la desidia de décadas entre eucaliptales. Y esto sorprende en un yacimiento que ha sido estudiado desde principio de siglo XX, época en la que la prehistoria y las cuevas en Cantabria dieron prolíficos frutos.

    Y la cueva de Las Cáscaras no fue menos. El yacimiento fue descubierto por Romualdo Moro en 1890 por casualidad. El conocido capataz, que excavo en decenas de yacimientos bajo el mecenazgo del Marques de Comillas, Antonio López López, barrenó la entrada en busca del calamina (mineral del grupo de los silicatos) y se encontró con el conocido bloque de huesos que pasaría a la historia como uno de los mejores enterramientos sepulcrales del Calcolítico (albores de la Edad de Los Metales) en Cantabria. Tanto el conjunto sepulcral, de 5 individuos adultos, como la propia cavidad fue estudiada en 1910 por el padre Jesús Carballo, publicando sus resultados en el año 1924 dentro de su obra "Prehistoria Universal y Especial de España".

    Un año después (1925) el arqueólogo Juan Cabré Aguiló publicó "Las colecciones de Prehistoria y Protohistoria del Museo Cantábrico de Comillas" en la Revista Coleccionismo. Aquí ya se hacia referencia a uno de los elementos que más característicos del conjunto: Una punta de sílex con aletas y pedúnculo (similar a la de más abajo) que según parece apareció clavada en uno de los huesos. Un hallazgo excepcional, de los que no existen muchos en la Península Ibérica, y que trajo cola ya en su momento. Autores como Cabré Aguiló publicaron que esa flecha pudo causar la muerte del individuo, afirmación totalmente negada por Jesús Carballo que afirmó que dicha pieza había sido cambiada del lugar donde se encontraba originalmente, al parecer un húmero. Escribió lo siguiente: "Según afirmación de varias personas fidedignas, cuando el conglomerado llegó al citado museo (Museo de Comillas), la flecha estaba clavada en el húmero del antropólito. Más cuando he sido llamado a estudiarlos, después de tantos años que llevaba depositado allí, ya la habían arrancado del sitio dejándola hincada en otra parte donde yo la ví" (CARBALLO, 1924,220).

    Volviendo a la cueva de Las Cáscaras, fue explorada por el Grupo Espeleolígo de Cabezón de la Sal y por el CAEAP en la década de los 80, encontrando los primeros varios fragmentos de cerámica. Poco después, en el año 1993, Francisco Etxeberria Gabilondo y Lourdes Herrasti Erlogorri (ambos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y el primero de la Facultad de Medicina de la Universidad del Pais Vasco), investigan a conciencia los restos óseos. No se encuentra huella alguna en los húmeros y fémures que pueda ser atribuida al impacto de una punta de flecha. Por este motivo, no se pudo certificar de modo alguno que existiese lesión violenta relacionada con este elemento.

    No cabe duda de que hace casi un siglo se produjo un hallazgo extraordinario. El que sea publicado en este momento no es casualidad, ya que como bien hemos explicado al inicio, aún siendo una cavidad sepulcral de gran importancia arqueológica, no tiene protección ninguna. Ni siquiera está cerrada, la gente sigue entrando y garabateando sus paredes, incluso excavando ilegalmente. Esto, unido al último hallazgo de otra cueva sepulcral en Noja este mismo año 2018 (La Cueva del Copillo, ver aquí), nos da a entender que los medios de comunicación dan cabida a estas grandes noticias para engrandecer la cultura (y la Consejería de turno) …y luego, tras el paso de los años, las autoridades siguen impasibles mientras perdemos gran parte de nuestro patrimonio y nuestra historia. Una pena.

    Bibliografia: ETXEBERRIA, F. y HERRASTI, L., 1994: Informe sobre la inspección de la brecha con restos humanos procedente de la cueva sepulcral de Las Cáscaras (Cantabria). Trabajos de Arqueología en Cantabria, II, 77-78. Santander.

  • CUEVA DE COFRESNEDO

    La cueva de Cofresnedo (Matienzo, Ruesga) es uno de los yacimientos más impresionantes de nuestra región, ya que la variedad tanto material como cronológica que abarca es prácticamente inigualable. Si a eso le sumamos sus increíbles formaciones de estalagmitas, estalactitas, concreciones pavimentarías y un gran número de elementos morfológicos de gran belleza, nos encontramos ante una cavidad difícil de igualar. Su ubicación, a unos 235 metros sobre el nivel del mar y con unas excelentes vistas sobre el valle de Matienzo, hicieron de Cofresnedo un hábitat idóneo para sus antiguos pobladores, quienes enseguida se dieron cuenta de los recursos de los que disponían.

    La primera cita sobre cavidades en su entorno inmediato se produjo en el siglo XIX, concretamente en el diccionario de Madoz (1848). No obstante, tendría que pasar cerca de un siglo hasta que se realizasen las primeras prospecciones en la zona. A principios de los años 60, el equipo de camineros de la Diputación Provincial dirigidos por García Lorenzo realizaría esta labor, de la cual desgraciadamente no tenemos hoy en día ningún tipo de documentación. Seria a partir de entonces cuando la actividad arqueológica en la zona se disparase gracias a las diferentes expediciones espeleológicas en esta cueva y otras del entorno, llegando incluso hasta nuestros días. A modo de curiosidad, fue tal la relevancia de estas tareas que en incluso aparecieron en el noticiario NO-DO, concretamente en Septiembre de 1965. En ese mismo año la conocida S.E.S.S. (Sección de Espeleología del Seminario de Sautuola), grupo creado por el antiguo director del Museo Provincial de Prehistoria Miguel Ángel Guinea, recogió gran cantidad de fragmentos de cerámica prehistórica y algunos restos humanos. Del mismo modo, se sondeó el vestíbulo de la cueva (que veremos más adelante), pudiéndose apreciar incluso hoy en día parte de la cata realizada por aquel entonces. Ya en los años 70, las expediciones espeleológicas británicas (E.E.B.) comenzaron su labor en el entorno de Matienzo, produciéndose casi de inmediato hallazgos relevantes ya no solo en Cofresnedo sino en cuevas como Ruchano (espada de bronce), Los Emboscados (arte rupestre), la torca de Seldesuto (punta de lanza) y un larguísimo etc. Serian ellos, en colaboración con el Grupo de Espeleología e Investigaciones Subterráneas “Carballo/Raba” quienes en el año 1981 descubriesen el arte esquemático-abstracto de la cueva, siendo este el punto de partida de una serie de hallazgos conjuntos que nos trasladan hasta principios del siglo XXI.

    Estamos, en definitiva, ante una cavidad única en Cantabria. Sus diferentes niveles de habitación, de momentos antiguos del Paleolítico, del musteriense y del auriñaciense, paneles con pinturas paleolíticas, restos de un yacimiento mesolítico en su boca, enterramientos de la Edad del Bronce, restos de urnas de la Edad del Hierro e incluso su utilización ritual en la tardoantigüedad y en la Edad Media, convierten a Cofresnedo en un elemento icónico de nuestra región. Desde hace años tenemos la gran suerte de que su cierre/vallado preservan parte de su milenario pasado, aunque desgraciadamente ha sufrido algún acto de vandalismo posteriormente (ver imagen adjunta). Esperemos que estos incidentes en el futuro sean aislados y permitan a generaciones futuras seguir estudiándola.

    Bibliografía: La cueva de Cofresnedo en el Valle de Matienzo - Jesús Ruiz Cobo / Peter Smith (Edita: Gobierno de Cantabria)

    Documentación gráfica y agradecimientos: The Matienzo Caves Project