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Acceso a la cueva de El Mazo

"Sospechando que en esta provincia pudieran existir algunos objetos procedentes de las épocas prehistóricas, y a pesar de no tener antecedente alguno conocido, según los informes que he tratado de adquirir, aguijoneado por mi afición a estos estudios y excitado muy principalmente por las numerosas y curiosísimas colecciones de objetos prehistóricos, que tuve el gusto de contemplar repetidas vedes durante la Exposición Universal de 1878 en Paris, me resolví a practicar algunas investigaciones en esta provincia, que ya que no tuvieran valor científico, como hechas por un mero aficionado, desprovisto de los conocimientos necesarios, aunque no de fuerza de voluntad, sirvieran al menos de noticia primera y de punto de partida, para que personas más competentes tratasen de rasgar el tupido velo que nos oculta aún el origen y costumbres de los primitivos habitantes de estas montañas.

Guiado por tal propósito, comencé mis investigaciones a la aventura, y la verdad que no puedo quejarme del resultado. Teniendo noticia de que en el Ayuntamiento de Camargo, distante de esta ciudad de Santander seis u ocho kilómetros, existan algunas cuevas, me dirigí desde luego allá, y con tal fortuna, que en la primera en que se practicaron excavaciones, tropecé con cuanto podía desear.

La cueva á que me refiero está en el término del pueblo de Revilla, en la ladera S, y como a dos tercios de altura de una eminencia no muy elevada, con subida no muy elevada, y es de dimensiones más bien pequeñas que grandes"

Trascribiendo este pequeño fragmento de "Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander" de un tal Marcelino Sanz de Sautuola (1880) me ha recorrido un pequeño escalofrío por todo el cuerpo. Además, por muchos motivos: El primero de ellos es que, salvando la grandísima diferencia histórica, económica y mundial que su figura representa hoy a nivel planetario, empezó de un modo humilde, como un mero aficionado "desprovisto de los conocimientos necesarios, aunque no de fuerza de voluntad". A buen seguro que después de estas palabras algún iluminado diga "mira el tontainas de Regio Cantabrorum, comparándose con una figura mundial del arte rupestre..menudo flipao". Y en lo arqueológico no les faltará razón la verdad. En el contexto de mis palabras, todos sabemos que hay más "Ángel de los Rios" en el siglo XXI que en el XIX cuando vilipendiaban el ímpetu de un mero aficionado igual que en nuestros días, por eso me suelo descojonar de todos ellos. Y el segundo motivo, y más importante: Marcelino Saenz de Sautuola estaba comenzando a hablar de la cueva de El Mazo, el primer yacimiento prehistórico excavado y documentado en nuestra región. Si, si, el primero.

Años más tarde, entre 1907 y 1908, sería Lorenzo Sierra quien sondearía en su interior, encontrando una importantísima estratigrafía del Paleolítico Superior. Poco después, y debido a que estaba siendo destruida por la cantera (hoy se ve al lado de la carretera), el padre Jesús Carballo la excavó nuevamente. A partir de esta época, se da por desaparecida hasta que en el año 1981 es redescubierta por el C.A.E.A.P. (Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica). A partir de entonces, se incluye en la Carta Arqueológica de Camargo (1992) por Emilio Muñoz Fernández (¿De verdad nadie va a reconocer el brutal trabajo de este hombre a nivel institucional?) y Belén Malpelo García, actualizándose la información de esta cueva también en la carta arqueológica del mismo municipio en el año 2007.

No cabe duda de que estamos ante una cueva especial, independiente de que su valor arqueológico sea superado por otras muchas cavidades en Cantabria. Fue la que abrió un camino increíble, nunca habrá otra igual, aunque tengamos nuevos hallazgos en el futuro que maravillen al mundo. Eso sí, mientras tanto, la cueva de El Mazo espera su momento totalmente abandonada, sin mayor protección (sin verja y sin señalización) que la que le otorga el Inventario Arqueológico de Cantabria. "¡Mucho entonces!" pensarán los eruditos que citaba arriba..claro, como la protección del INVAC de la Huerta de Quintana (Parking Blendium) o la "no señalización" de la cueva de Morín por si vienen los malos..claro, como no.

 

Hacha pulimentada de El Mazo. Fuente: Facebook GAEM Arqueólogos (2016)

La cueva de El Mazo tal y como la conoció Sautuola ya no existe. La presencia de la cantera y la destrucción de la primera parte de la cueva (unos dos metros) y el yacimiento situado al pie de su boca, han hecho que gran parte de su potencial desapareciese por completo. Originalmente, El Mazo tenia unos 9 metros de longitud (ahora 7) y presentaba una amplia boca de unos 2,5 metros de alto por 4 de ancho.

Orientada al Sur, la cueva se va estrechando a medida que nos adentramos en ella, ascendiendo nuevamente en su final hasta desembocar en una diminuta boca. A la derecha del vestíbulo principal tiene dos pequeñas bocas también. Respecto a la estratigrafía de la cueva, estamos ante un yacimiento muy completo y a la vez complejo dado el nivel de “remoción” de su interior. En el pasado, aparecieron desde la superficie materiales magdalenienses, solutrenses, auriñacienses, calcolíticos, romanos y medievales..¡menudo arco cronológico! Destaca la industria lítica (puntas solutrenses, un hacha pulimentada, azagayas, etc), cerámicas protohistóricas, metales (se sabe de la aparición de una pulsera de cobre hoy desaparecida) y abundantes restos de fauna como ciervo o caballo. Estos materiales (industria y fauna) aparecen bajo una costra estalagmítica de unos 20 centímetros de espesor de color amarillento, alcanzándose una potencia de 1 metro de suelo “fértil.

VISITAS

La cueva de El Mazo se encuentra en una finca particular de modo que pedimos respeto y prudencia, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrer su entorno a pie. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • ABRIGO DE BARCENILLA

    Un paseo por las verdes laderas de Barcenilla (Piélagos, Cantabria). Giras la cabeza a tu izquierda y te encuentras con una pared de piedra que poco a poco, tras continuar tu camino, vas dejando atrás. Este podría ser el resumen de una ruta cualquiera por las "camberas" de nuestra tierra, Cantabria. Todo normal sino fuese porque esa "pared" fue parte fundamental en la vida de los humanos que vivieron el ocaso de la última glaciación conocida hasta nuestros días (Würm) y que fueron testigos y a la vez protagonistas de uno de los cambios más importantes de la Prehistoria. Y allí, en ese pequeño abrigo, estuvieron miles de años hasta que milenios después los investigadores se dieron cuenta de que era mucho más que un bloque rocoso en las inmediaciones de la ría del Pas. Hablamos del conocido abrigo de Barcenilla, uno de los máximos exponentes en el conocimiento y transición de la época Mesolítica a la Neolítica en Cantabria, que como todos sabemos fue más "tardía" que en el resto de la Península y Europa. Un cambio cultural donde las sociedades de cazadores-recolectores (y mariscadores, como no) se fueron convirtiendo en sociedades donde la ganadería y la agricultura eran su principal modo de vida, transformación mucho más lenta en nuestra región que en el resto del territorio. No olvidemos que las primeras sociedades campesinas típicas de esta época (Neolítico) aparecieron en Próximo Oriente hace más de 11.000 años, en el Sur de Europa hace unos 8.000 años y en la Región Cantábrica hace unos 7.000 años (es decir, hacia el V milenio a.C.)

    El yacimiento existente fue reconocido en el año 1979 por el CAEAP – Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica, quienes lo incluirían en la Carta Arqueológica del municipio de Piélagos. La prospección inicial (superficial) realizada poco después daría con diversos materiales (cerámica prehistórica, un molar humano, dos lascas de silex y pequeños fragmentos de conchas) que fueron depositados en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander. En el año 1998, tras la concesión del correspondiente permiso por parte de la Consejería de Cultura, un equipo multidisciplinar liderado nuevamente por el CAEAP (quien sufragó económicamente las dataciones) realizó un exhaustivo estudio del abrigo y su entorno que permitió tener un increíble conocimiento de su estratigrafía y, en definitiva, de su milenario pasado.

    No cabe duda de que estamos ante otro gran desconocido de una época apasionante en Cantabria. Un momento en el que el modo de vida de sus gentes cambió por completo, no solo para ellos mismos sino para la evolución del ser humano. Una "pared" normal a la que todos deberíamos de mirar con ojos de admiración y que no deja de ser un testigo mudo del paso de los milenios sin que la gente de a pié sepa lo que es.

    Bigliografía:"SONDEO ARQUEOLÓGICO EN EL ABRIGO DE BARCENILLA (T.M. DE PIÉLAGOS, CANTABRIA). Kobie Serie PaleoantroPología nº 32: 79-112." - Emilio Muñoz Fernández, Jose Manuel Morlote Expósito, Silvia Santamaria Santamaria, Pedro Castaños Ugarte, Blanca Ruiz Zapata, Maria Jose Gil García y Paloma Uzquiano Ollero.

  • CUEVA DE COVALEJOS

    La cueva de Covalejos (Velo, Piélagos) es una de las grandes desconocidas de nuestra región. Mientras otras cavidades se llevan la gloria de la inmensa mayoría de visitantes y/o personalidades tanto locales como foráneos/as, este pequeño reducto del increíble yacimiento que a buen seguro fue, sigue en las sombras..visitada tan solo por rebaños de cabras y equipos científicos que se asombran a cada paso que dan en la pequeña galería. Desgraciadamente no es una cueva con arte rupestre como conocemos hoy en día, por lo que apenas suscita interés ni turístico, ni institucional ni social. Pero no olvidemos que estamos, junto con la cueva de El Castillo y Esquilleu, ante un referente para el estudio e interpretación del Paleolítico Medio en el Cantábrico. Es más, me atrevería a aventurar que ninguna de las dos citadas anteriormente tiene un nivel estratigráfico de iguales dimensiones (cerca de 4 metros en vertical) y con tantísima calidad en el registro, donde la ausencia de carnívoros hace miles de años dejaron cada pieza, cada resto de fauna..donde sus antiguos moradores lo depositaron durante milenios. Y esto, quien conozca el registro estratigráfico de cuevas como El Castillo (Puente Viesgo) o El Pendo (a escasos kilómetros), donde sí se conoce la presencia de carnívoros como hienas, sabe que es una circunstancia excepcional.

    Volviendo al yacimiento en sí, se localiza en el extremo occidental de la pequeña Sierra de Peñajorao, cerca de la desembocadura del río Pas. Llama poderosamente la atención su ubicación en el entorno, justo por encima de un pequeño arroyo que se pierde en una cueva de nombre "Covalejos-El Coterón", parte de un sumidero aún hoy activo. Esta cavidad de gran desarrollo (y prácticamente inaccesible) posee escorrentía subterránea, y a buen seguro que ha sido testigo directo, y posible causante junto al arroyo, de la pérdida de más del 80% de yacimiento por procesos erosivos que durante milenios han minado Covalejos. Si nos posicionamos a sus pies, nos encontraremos ante una inclinada pendiente que nos lleva a la galería lateral que hoy conforma el yacimiento. La morfología, y el reducido tamaño de la cavidad, poco o nada tiene que ver con lo que Covalejos pudo ser durante el Pleistoceno. Imaginemos una cueva de las dimensiones de El Pendo (por ejemplo) cuya bóveda principal se hunde y queda tan solo una pequeña galería..eso es Covalejos. Se cree que el hundimiento de la bóveda central se pudo ocasionar por un brusco descenso en el nivel freático del sistema hídrico, hoy pequeño arroyo, que la atravesaba la cueva. Esto, unido a episodios de arrastre y fuertes torrentes, han llevado a que buena parte del registro sedimentario y arqueológico se pierda hacia las profundidades de la tierra, a través del sistema de "Covalejos-El Coterón". Todo este proceso confeccionó lo que hoy conocemos y que aún hoy, en menor medida, sigue activo.

    La cueva fue descubierta por Eduardo de la Pedraja hacia 1872, siendo él mismo de forma más o menos continuada quien practicase varias campañas de excavación que finalizarían en 1879. Un año después sería Sanz de Sautuola quien la citase en su célebre obra, siendo esta la primera referencia escrita sobre el yacimiento. En 1881 la gruta es mencionada en una conferencia impartida por J. Vilanova y Piera en Torrelavega, haciendo referencia a la secuencia estratigráfica puesta al descubierto por Pedraja y a la presencia de hachas de mano de cuarcita. Desde entonces seria citada por famosos autores e investigadores del siglo XX: Cartailhac y Breuil, E. Harlé, H. Obermaier y un largo etc. Ya en el año 1968, A. Moure realizó una limpieza de cortes y recogió algunos materiales, además de estudiar las escasas piezas disponibles en el por entonces Museo Regional de Prehistoria de Santander. Hacia 1997, Juan Sanguino González y Ramón Montes Barquín inicial diversas investigaciones y trabajos in-situ con el objetivo de clarificar y definir la secuencia estratigráfica de la cueva, iniciada hace más de 130 antes y que, de un modo más pormenorizado habían ido completando Butzer (1981) y González Luque, Muñoz y Serna (1995) en años anteriores.

    Fuente: "Nuevos datos para el conocimiento del Paleolítico Medio en el centro de la Región Cantábrica: La Cueva de Covalejos" - Juan Sanguino Gonzalez, Ramón Montes Barquín. Museo de Altamira. MONOGRAFÍAS nº 20: 10-38. 2005. Santander
    Agradecimientos: : GAEM Arqueólogos

  • LA PUNTIDA

    La cueva de La Puntida tiene algo especial más allá de sus espectaculares dimensiones. Algo que hizo que fuese estudiada previo descubrimiento de otras cavidades del valle del Miera con renombre, incluso antes hallazgo arqueológico y rupestre de su vecina al Sur en el mismo farallón de Ajanedo: la cueva del Salitre. Para desgracia de la cavidad que nos ocupa, no se encontraron pinturas que la transportasen inequívocamente a algún momento de la prehistoria. "Tan solo" se realizaron se realizaron hallazgos de épocas posteriores, principalmente de Edad del Hierro (y medievales). Momento histórico del cual cultural y socialmente nos enorgullecemos en la actualidad y del que política y administrativamente se rehúye a la hora de invertir en su investigación.

    Las primeras noticias que se tienen de la cueva de La Puntida nos trasladan a finales del siglo XIX, donde Augusto González de Linares (importante zoólogo y geólogo cántabro) estudio su fauna fósil, si bien hoy se sabe que el hallazgo de estos lo llevó a cabo don Agustín de Hornedo, ingeniero de montes. Por aquel entonces, Linares se había convertido en indispensable para la "élite" de estudios prehistóricos de finales del XIX / principios del XX ya que en cada hallazgo se solicitaban sus servicios desde el punto de vista geológico y paleontológico, de ahí la comunicación. Existe una carta fechada el 21 de Mayo de 1899 donde don Agustín de Hornedo se dirige a Linares para explicarle su visita, exploración y recogida de materiales en una cueva de Miera situada en el lugar denominado Ajanedo, en la orilla derecha del río. A esta exploración Linares, por causas imprevistas, no puede acudir, si bien Agustín de Hornedo le informó sobre el hallazgo de restos óseos que fueron clasificados posteriormente por él mismo. Allí se encontraron restos de diferente índole, si bien nada extraordinario salvo los restos de un oso de las cavernas (muy "típico" en las cuevas del entorno del Miera). El valor arqueológico de La Puntida fue descubierto por los miembros del equipo de Camineros de la Diputación en la década de los 50 del siglo pasado, realizando por aquel entonces diferentes catas en el vestíbulo de la cueva. En esta intervención, dirigida en aquel momento por García Lorenzo, encontraron abundantes cerámicas de la Edad del Hierro. Años más tarde, en la década de los 80, miembros del Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica – CAEAP catalogarían definitivamente el yacimiento para su inclusión en el Inventario Arqueológico de Cantabria, encontrando además cerámica prehistórica y signos de arte esquemático abstracto.

    Y desde entonces hasta hoy…silencio. Nada más se sabe al respecto de La Puntida. Decenas y decenas de enigmas relacionados con Edad del Hierro en el valle del Miera, espectaculares yacimientos relacionados con esta apasionante época (Abrigo del Puyo, cueva de La Palenciana, El Covarón, Cigudal, Las Regadas, etc) y una gran pregunta al respecto: ¿Dónde vivían los antiguos cántabros de la Edad del Hierro en la comarca del Miera?. Verdaderamente estamos ante un reto arqueológico bestial, que podría dar para décadas de investigación..pero no de titulares. Y hoy, en la politi-arqueología de nuestra comunidad, eso no interesa. Cantabria Infinita lo llaman…

    Bibliografía: "El karst de Miera. Estudios, Patrimonio e inventario de las cavidades del Municipio de Miera". Virgilio Fernández Acebo. Boletín Cántabro de Espeleología nº 10 (1988) Santander.

    "Excursión científica de 1899 a la cueva prehistórica de La Puntida (Miera, Cantabria, España) y anotaciones a la historiografía de la inmediata cueva del Salitre, y de Covalanas y El Haza (Ramales de la Victoria, Cantabria)". Virgilio Fernández Acebo. Sautuola XIX. Instituto de Prehistoria y Arqueología "Sautuola" Santander (2014).


  • EL COVARON

    La cueva de El Covarón, conocida también como cueva del Haya o La Covarona, es uno de los máximos exponentes de Cantabria en cuanto a la Edad del Hierro se refiere. Y curiosamente en un entorno donde podemos encontrar infinidad de ejemplos sobre hallazgos en cuevas en este periodo (Abrigo del Puyo, cueva de La Puntida, cueva de Cigudal, Las Regadas…etc) pero donde aun no se ha encontrado ningún hábitat relacionado con las mismas. Este aire de misticismo (dado el enorme desconocimiento al respecto) hace que tanto El Covarón como todo el entorno de la Peña de Yagos sea aún una auténtica incógnita arqueológica de un puzzle del que solo se tienen cuatro o cinco piezas (cuevas).

    Tanto la cavidad como el valor arqueológico de la misma fue descubierto por miembros del Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica - CAEAP en el año 1982, momento en que recogerían en superficie la gran mayoría de los materiales conocidos en nuestros días. Pocos años después, en 1988, sería incluida en la Carta Arqueológica de Cantabria además de ser incluida en diferentes publicaciones de referencia como en el "Catálogo topográfico de las cavidades con interés arqueológico: Besaya-Miera (Zona II)" del Boletín Cántabro de Espeleología nº8 del año 1987 (redactado por Emilio Muñoz, Carmen San Miguel y José Gomez Arozamena) o "Estudios, patrimonio e inventario de las cavidades del municipio de Miera" del Boletín Cántabro de Espeleología nº 10 del año 1994 (redactado por Virgilio Fernández Acebo) entre otras. No obstante, independientemente de haber sido incluida como cueva de referencia en cuanto a la Edad del Hierro en Cantabria en diferentes publicaciones / artículos, nunca se ha realizado ningún tipo de intervención en la misma.

    No cabe duda de que nos encontramos ante una auténtica maravilla aún por descubrir. El mayor problema en este tipo de cavidades es que "el titular" que pueden arrojar no interesa al político de turno, más preocupado de justificar la paupérrima inversión arqueológica en Cantabria con hallazgos de "pinturas rojas", guerreros visigodos (aunque para ello tengan que ocultar y mentir con un hallazgo de hace 6 años) o algo con lo que poder contentar en su editorial del Diario Montañés. La Edad del Hierro no cuenta ni dentro ni fuera de las cuevas..bueno si, solo para publicitar a los cántabros como un pueblo aguerrido al igual que sus antepasados a los que, ciertamente, tienen abandonados. Cantabria Infinita lo llaman..

    Bibliografía: "Carta arqueológica de Cantabria". Emilio Muñoz Fernández y Carmen San Miguel Llamosas. Editorial Tantín (1988).