
La verdad es que no os imagináis las ganas que tenia de estar sentado delante del ordenador transportándome de nuevo al pasado. Cierto es que durante estos últimos dos meses, entre biberón y pañales, he querido completar un poco más el mapa de Regio Cantabrorum hasta llegar a las 100 publicaciones o yacimientos, objetivo personal de 2014 que casi cumplí (96). De todos modos, siempre pensé que la suma lógica de 1 1 en cuanto a hijos se refiere también tendría un resultado más o menos lógico, tal vez con algún decimal extraviado o sumándole el IVA..¡Ayyy torpe de mí!, tuvo que venir un buen amigo con una reveladora y mística realidad que aún hoy se me enquista entre sueño y sueño de hora y media..1 y 1 no son 2, son 11.
Partiendo de la base de que estoy feliz con mis ojeras de mapache, cansado pero encantado, me dispongo a escribir sobre un tema que ya me apasionó en agosto de 2014 y al que sigo la pista desde entonces. Cierto es que ya por aquel entonces me comprometí a escribir sobre él, pero todo aquel que me conozca sabe que soy un malqueda por antonomasia (menuda carta de presentación). De todos modos, creo que es un tema lo suficientemente importante y relevante como para perder un momento leyendo las siguientes líneas (las anteriores son menos serias, son para explayarme). El título de esta pequeña noticia creo que no desmerece ni mucho menos lo que ha significado y significará durante los años venideros este increíble proyecto: Año I d.S. (después de SIGAREP). ¡Alaaaa!, ya están los escépticos cerrando la noticia, pensando que son capaces de hacer lo mismo con programas informáticos (hace no mucho lo leí en un grupo del Facebook), o incluso con el Paint..seamos serios. Aquí lo que vale son los resultados, y en este caso estamos hablando sin lugar a dudas de un antes y un después en la interpretación del Arte Rupestre, algo totalmente desconcertante y a la vez apasionante. ¿Los artífices?. Apuntad: GIM Geomatics. Todo cambiaría para esta empresa en 2012, año en el que dentro de la convocatoria “Ayudas a empresas para proyectos de Patrimonio” del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte reciben el premio a años y años de trabajo en forma de subvención para su proyecto estrella: “Sistema Gestor para la protección del Arte Rupestre y Estaciones Prehistóricas” - SIGAREP.
A groso modo, se trataba de recoger las coordenadas exactas de algunas estaciones de arte rupestre de toda la Península y poder obtener una reproducción perfecta de las mismas en 3D del abrigo o cueva correspondiente. Gracias a las técnicas de fotogrametría y a un escáner laser, se consiguieron almacenar estos patrones con un margen de error de apenas dos milímetros. Es decir, investigadores y arqueólogos podrían acceder a las cuevas sin siquiera estar en ellas con una perfección casi real de cada uno de sus recovecos y grietas. Y no solo eso, sino que que gracias a un complejo sensor multiespectral se pueden descubrir pinturas prehistóricas inapreciables al ojo humano..¿Cooomoo? Así es, esta metodología ha sido aplicada hace no muchos meses en la cueva del Castillo, sacando a la luz más de 250 (como mínimo) nuevas pinturas “ocultas” por el paso de los siglos. Otro fascinante resultado, que se dio a conocer en el Congreso de la Unión Internacional de Ciencias Prehistóricas y Protohistóricas (UISPP), celebrado en Burgos a comienzos de septiembre del año pasado, nos habla de las dimensiones de la cueva de Altamira. Gracias a SIGAREP se sabe que la cavidad es más grande de lo que se pensaba, incluso que su mundialmente Sala de Polícromos es mucho más pequeña. No solo eso, sino que se pudo descubrir en una pequeña fractura de roca otra pintura que estaba prácticamente desaparecida para el ojo humano..sencillamente increíble. Si esta información ya de por sí sola es de incalculable valor, el proyecto SIGAREP va un poco más allá procesándose los miles de datos obtenidos y aplicándolos una serie de parámetros geográficos (altitud del yacimiento, cuenca visual, cercanía de fuentes de agua, orientación, etc) hasta conseguir lo que podríamos llamar un mapa de enclaves que potencialmente podían albergar arte rupestre. Ni mucho menos hablamos de una ciencia cierta a este respecto, sino de un mapa de simulación donde las probabilidades de encontrar un yacimiento fuesen exponencialmente altas..y vaya si lo son. Gracias a este sistema se han hallado, solo en la provincia de Segovia, cinco conjuntos pictóricos que no estaban inventariados.
¿Y todo esto en dónde? ¿En Harvard? ¿En Yale?..pues no, en Torrelavega. Sus socios, Vicente Bayarri y Jesus Herrera, y el increíble equipo que los rodea son los artífices de uno de los cambios más importante en décadas (tal vez me quede corto) sobre el estudio del arte rupestre a nivel internacional. ¿Valedores del proyecto? Evidentemente mis humildes palabras de poco o nada valen. Tal vez las de eminencias como Sergio Ripoll, doctor en Prehistoria por la UNED desde 1988 y uno de los mayores exponentes mundiales en arte rupestre, sean suficientes. Desde hace tiempo uno más dentro del proyecto que considera, deberá de replantear el arte rupestre en todas las cavidades conocidas. Tal vez el nacimiento real del SIGAREP se produjese en 2012, pero la eclosión del proyecto el año pasado me hace titular este pequeño artículo “Año I d.S.”
Con este artículo de admiración al proyecto, en especial sus componentes más cercanos (Vicente, Jesús y Sergio) aún en la lejanía, espero haber devuelto el equilibrio al universo..tan debilitado por mi malsana costumbre de quedar en escribir una cosa a mediados de 2014..y hacerlo a principios de 2015. Por cierto, la próxima vez (a ver si me lleváis) ¡una sonrisa en la foto hombre!
Con una fecha aproximada de 40.800 años, las pinturas de la cueva del Castillo de Cantabria han sido datadas como una de las primeras realizadas por los humanos modernos, aunque también pudieron haber sido realizadas por los Neandertales. Según señala A. Pike, investigador arqueólogo de la Universidad de Bristol (Reino Unido), basando estos resultados en las dataciones realizadas por su equipo, tras estudiar docenas de pinturas de un total de 11 cuevas del norte de España.
Esta gruta es un icono de gran valor para conocer como vivían los cantabros de la prehistoria. En Europa es una de las más relevantes, no solo por la antiguedad de las pinturas que alberga, sino por cualquiera de sus elementos. Se debe destacar su nivel de estratificación, ya que posee 25 niveles diferentes, lo cual hace de esta cueva algo increíble. Su descubrimiento se produjo allá por el año 1903, por el señor Hermilio Alcalde de Río. El descubridor no quiso poner el peligro todo lo que allí acontecía, hasta que en el año 1906 comenzó ha mostrar al mundo su gran hallazgo. El patrimonio arqueológico que había en Puente Viesgo llegó a oídos del Príncipe Alberto I de Mónaco, gran amante de la prehistoria y de los yacimientos arqueológicos. Este decidió, en el año 1910, apadrinar la investigación que seria dirigida por el propio Hermilio Alcalde del Río y otros colaboradores como Herny Breuil, Paul Wernert y Hugo Obermaier. Las excavaciones iniciales durarían 4 años, descubriéndose infinidad de materiales y pinturas rupestres. La primera Guerra Mundial truncaría las investigaciones, pero hasta entonces se habían descubierto diferentes niveles estratigráficos (unos dicen que 25 y otros que 26) que demostraban la existencia de ocupación humana a lo largo de 150.000 años. Al terminar la guerra no se reanudaron los trabajos y hubo que esperar al año 1980 para que de nuevo hubiese actividad en la cueva del Castillo. En esos años Victoria Cabrera y Federico Bernardo de Quirós se pusieron manos a la obra, centrando sus investigaciones en la franja que agrupa entre los 50.000 y los 36.000 años. Sus investigaciones dieron a conocer teorías tan impresionantes como que los neandertales y los humanos modernos llegaron a coexistir, revocando así la teoría tradicional que dice que ambos no poseían interrelación. Todos estos descubrimientos se realizaron en el yacimiento encontraron en el “exterior” de la cueva, justo a la entrada que hoy en día conocemos. Las obras que se han realizado para la mejora de los accesos e instalaciones han dato lugar a una cubierta artificial sobre la cueva tal y como era en la antigüedad. Justo debajo de esta cubierta se encuentra el gran yacimiento estratigráfico, el cual posee una altura de entre 18 y 20 metros. Una vez adentrados en su interior nos encontramos una cavidad fascinante. Posee alrededor de 759 metros de profundidad, de los cuales 500 metros son de recorrido en la visita. Los restantes solo están a disposición de privilegiados investigadores. En su interior existen unas 300 pinturas rupestres, de las cuales 200 son de animales, 50 de signos y otras tantas de manos en negativo. Para realizar las manos en negativo tan solo ponían su mano y soplaban a través de pajas oxido de hierro, abundante en la zona. De ese medio centenar de manos la gran mayoría son manos izquierdas, lo que da a entender que los hombres o mujeres que lo pintaron eran diestros. En su interior cabe destacar el lugar conocido como “techo de las manos”, donde vemos una gran agrupación de las mismas junto a figuras de bisontes, caballos, ciervas, etc. Además muchas formas encontradas en su interior (una hilera de puntos de oxido o diversas formas geométricas) dejan lugar a la imaginación. Sus pinturas y grabados, con variedad de estilos y técnicas, hacen deducir a los expertos que pertenecen a varias épocas del Paleolítico Superior, entre 20000 y 13000 años de antigüedad. Esta cueva es la gran joya de todo el conjunto.
La cueva de La Lastrilla es uno de los iconos de la prehistoria, ya no solo del municipio de Castro Urdiales, sino de toda Cantabria. Esta majestuosa cavidad, conocida (como veremos a continuación) desde hace milenios por los pobladores de Samano e inmediaciones, es una maravilla tanto geológica como arqueológicamente. No en vano, hasta los antiguos moradores de la colonia de Flaviobriga (en el actual núcleo urbano de Castro Urdiales) eran sabedores de su existencia, constatándose restos de cerámica romana en el vestíbulo de la misma.
No obstante, su valor arqueológico fue puesto en valor a mediados del siglo pasado. Concretamente en la década de los 50 y 60, donde La Lastrilla se prospectó por el equipo de Camineros de la Diputación. Años más tarde sería prospectada y excavada por Felix Gonzalez Cuadra, quien localizaría el primer panel de grabados (además de excavar los enterramientos que citaremos más adelante). No debemos olvidar que, gracias al ego y la titulitis universitaria y administrativa del sector más "académico" de Cantabria, nos hemos visto privados de recuperar para la ciudadanía la colección Gonzalez Cuadra (ya fallecido). Esta colección estuvo a punto de ser recuperada y expuesta en Castro Urdiales y finalmente no se pudo llevar a cabo. No olvidemos que esta colección privada alberga increíbles piezas que ni siquiera alberga el propio Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria posee. Además, se perderá y diluirá por completo (en subastas y ventas privadas) dada la ineptitud e ineficacia de aquellos que quisieron (y quieren) demonizar todo aquello que hizo Gonzalez Cuadra hace ya más de 50 años. Volviendo a las investigaciones, a partir del año 1975 se encarga de su exploración el Grupo Espeleológico La Lastrilla (G.E.L.L.), quienes han realizado diferentes hallazgos tanto de manifestaciones de arte rupestre como de materiales arqueológicos de gran interés. A finales del siglo pasado, gracias al trabajo de divulgación y documentación realizado por Juan Tomás Molinero Arroyabe y Jose Francisco Arozamena Vizcaya, se publican diferentes documentos donde se indaga aún más en las investigaciones de la cavidad. Por último, ya en este siglo XXI, se ha llevado a cabo un gran proyecto de documentación y estudio global de las manifestaciones artísticas de la cavidad (Molinero y Arozamena 1993; Molinero 2000; Molinero et ali 2002; Montes et ali 2007; Garcia Diez et ali 2007), además de alguna que otra pequeña intervención arqueológica en el vestíbulo de la misma (Rasines, P.; Morlote, J.M. 2006).
No cabe duda de que nos encontramos en una cueva espectacular prácticamente desconocida fuera del ámbito académico. Una cueva que, incluso (dada su ubicación), podría ofrecernos algo más en relación a poder mostrar al público algo más que una "verja". No obstante, en Cantabria nos gusta mucho más presumir de trenes que nunca llegan, de minas de zinc que no existen…y en definitiva, de mucho humo y poca inversión cultural más allá de los proyectos de cabecera "afines" (que tapan mucho, por cierto). Cantabria Infinita lo llaman…
La cueva de El Juyo es uno de los grandes tesoros ocultos de nuestra región. Siempre ha permanecido a la sombra de otras grandes cavidades con evidencias coetáneas a su periodo de ocupación, quedando su nombre y relevancia social lejos de lo que realmente merece. Pero no nos equivoquemos: Estamos casi con toda certeza ante el yacimiento del Magdaleniense Inferior más importante de la Península Ibérica. La excelente conservación del mismo permitió acceder a un espacio prácticamente virgen donde todas las evidencias arqueológicas habían permanecido intactas durante milenios.
Se sitúa en el barrio que la da nombre, en el fondo de una dolina a la cual se accede a través de un camino asfaltado que termina en una explanada (ver mapa). La entrada actual es de pequeñas dimensiones, actuando además a modo de sumidero parcialmente activo por donde transcurre un pequeño riachuelo que ha formado en la roca un nivel subterráneo. A diferencia de sumideros activos como el de la Cueva de Covalejos, donde el agua sigue arrastrando evidencias prehistóricas sin que nadie ponga remedio, en El Juyo tenemos la inmensa suerte de que el agua ha creado su "camino" inmediatamente por debajo del nivel habitado. Quiere decir esto que su estratigrafía se ha conservado a la perfección, quedando el "cauce" muy por debajo del nivel fértil del yacimiento. Si nos situamos en su entrada actual y miramos hacia la izquierda, podríamos ubicarnos virtualmente en lo que fue el acceso primitivo. Al acceder a su interior por dicha boca (de un modo figurado) llegaríamos vestíbulo, el cual se encuentra parcialmente colmatado por desprendimientos y coladas estalagmíticas. Adentrándonos en sus entrañas nos encontraremos con galerías de proporciones considerables que zigzagean hasta reducirse en su tramo final. Habremos recorrido un total de 300 metros aproximadamente.
Como veremos a continuación más en detalle, nos encontramos ante una cueva con evidencias que abarcan desde los periodos Magdaleniense Inferior y Medio (17.000-14.000 años) hasta la época Altomedieval (siglos VIII-X), pasando por la Edad del Bronce (3.500 años) y por épocas visigodas (siglo VII).
Destacar por último, que el Museo Altamira presentó una monografía sobre el increíble trabajo de investigación de Echegaray y Freeman que tituló "Excavando la cueva de El Juyo. Un santuario de hace 14.000 años", que podéis encontrar adjunto en el artículo. ¿Alguien da más?
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