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Castro de Lerones (Cabezón de Liébana, Cantabria). Fuente: Google Maps

Entre los arboles de una inmensa plantación forestal, a cerca de 1.000 metros de altitud, se encuentra otro de los ejemplos del abandono que sufren muchos de nuestros yacimientos por los que tanto nos gusta rasgarnos las vestiduras y así hablar de los antiguos cántabros y nuestra heredada valentía: El castro de Lerones (Cabezón de Liébana, Cantabria). Se encuentra situado sobre la localidad que le da nombre, concretamente sobre una elevación del cordal que desciende de la Sierra de Peña Porrera. Esta atalaya natural domina gran parte del valle de Pesaguero, por lo que se creé que pudo tener un papel clave a la hora de controlar la entrada en Liébana desde el valle de Polaciones o incluso desde la meseta a través de Piedrasluengas.

El recinto fue descubierto a finales del siglo pasado, concretamente en el año 1991, por Gonzalo Gómez de Casares, quien acompañado por Angel Ocejo, Raúl Molleda y Manuel Bahillo identificó las estructuras correspondientes. Posteriormente sería citado como castro por arqueólogos de renombre como Eduardo Peralta Labrador y Enrique Muñoz, aunque siempre de un modo simplificado debido a que no existen investigaciones ni estudios sobre el mismo. En los últimos años, el castro de Lerones ha pasado a formar parte del INVAC (Inventario Arqueológico de Cantabria).

Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

 

Estructuras del castro de Lerones

El castro de Lerones se sitúa sobre una cima llana con suaves pendientes en casi todas sus vertientes a excepción de la Oeste y Suroeste. El recinto defensivo está formado por un talud de una altura considerable, llegando a superar en alguno de los sectores los 2,5 metros. Complementándolo, nos encontramos con una muralla de piedra que lo rodea durante unos 750 metros para encerrar en su interior una superficie cercana a las 3, 5 hectáreas.

Tan solo se "interrumpe" para dar paso a las 3 puertas de acceso conocidas hasta nuestros días, las cuales se encuentran ubicadas en los tres sectores más "comodos" en cuanto a la accesibilidad de la cima, tal y como podemos observar en la imagen. Son estas puertas las únicas estructuras (además de la propia muralla y el talud) conocidas hasta el momento. Todas ellas están construidas bajo el mismo patrón arquitectónico, iniciándose en una pequeña rampa que nos conduce a un estrello pasillo donde la propia rampa obliga a realizar un giro a la izquierda para llevarnos al interior del castro. Recuerdan, salvando las distancias y siempre hablando de una tipología similar, a los accesos al castro del Monte Bernorio

Cronología

Su tipología castreña no deja lugar a dudas, si bien es cierto que su sistema de puertas e incluso sus defensas podrían incluso encajar de un modo u otro en el mundo campamental romano. Lo que está claro es que su ubicación y morfología, controlando perfectamente el paso entre Liébana y el citado valle de Polaciones (incluso la meseta), lo trasladan directamente a la época prerromana, con la única salvedad de que falta un estudio exhaustivo sobre el terreno para poder determinar una cronología más exacta.

De lo que no existe ninguna duda es que, en base a sus considerables dimensiones y su excelente situación, estamos hablando de uno de los recintos fortificados más importantes de Liébana, incluso de Cantabria…si, y está más que en peligro por una plantación forestal que posiblemente haya borrado ya parte de su milenario legado.


VISITAS

No recomendamos visitar el castro de Lerones, ya que se encuentra inmerso en una plantación forestal que lo cubre por completo, haciendo imposible la visualización de las estructuras. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Cantabria.

Info

   

DESTACADOS

  • CUETO DE MOGRO

    El castro del Cueto de Mogro (Miengo, Cantabria) se encuentra situado en un lugar privilegiado, concretamente frente a la desembocadura del río Pas. Fácilmente identificable por su forma cónica, domina un amplio territorio que abarca desde el vecino municipio de Piélagos hasta la conocida Sierra de la Picota, pudiéndose identificar desde aquí sin problema los altos de El Cuco, El Doblo, Tolio y Picota (que le da nombre a la sierra). Se cree, con argumentos muy válidos, que su descubridor fue el padre Jesus Carballo, ya que el año 1943 hace referencia a un castro en el Valle de Pielagos que poseía "triple parapeto" y situado "cerca de Renedo" (Carballo, 1943:187). No existe una referencia directa al castro que nos ocupa, de hecho el señor Carballo nunca se caracterizó por realizar localizaciones geográficas de gran exactitud en sus hallazgos, pero hay apenas dudas de que hablaba de él por varios motivos:

    • Su ubicación: El Cueto de Mogro se encuentra bastante cerca de la localidad que citó en su investigación (Renedo). Si bien es cierto que no pertenece al valle de Piélagos, se encuentra situado "muy en el límite", concretamente en el municipio de Miengo.

    • El aparato defensivo: Curiosamente el Cueto de Mogro posee un sistema defensivo muy poco común dentro de los castros costeros conocidos en Cantabria. Al día de hoy es muy complicado encontrar recintos similares en la zona, ya que la actividad forestal ha podido "ocultar" muchos yacimientos de tipología similar del mismo modo que lo ha hecho en este.

    Pasarían más de 30 años hasta que volviese a ser citado en alguna fuente, ya que Arredondo volvió a hacer referencia al mismo en su clásico artículo de 1976-77 (Arredondo, 1976-77:541). Metidos de lleno en pleno siglo XXI, un yacimiento como este carece de protección alguna (BIC), quedando a expensas de que la parte menos dañada del castro lleve el mismo camino que la ya destruida.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria.(Edita ACANTO)

  • CASTRO DE LOS PEÑOS

    El castro de Los Peños se sitúa entre las localidades de Fontecha y Fresno del Río (Campoo de Enmedio), concretamente en una elevación que domina un amplio territorio hacia el sur. Sus características tipológicas (fortificación amurallada) y su emplazamiento en altura (entre los parajes de "Arvejales" y "El Castro"), unido a su posición estratégica citada en el párrafo anterior, hacen de él un enclave castreño por antonomasia. Como veremos más adelante, no es un yacimiento que impresione ni por su tamaño ni por la grandiosidad de sus estructuras, pero esto no quiere decir que no tenga relevancia histórica. Fue descubierto por el arqueólogo e investigador Ramón Bohigas Roldán en la década de los años 70 del siglo pasado, aunque la primera referencia escrita sobre el mismo se produce 20 años después por tanto por su descubridor (1990: 120) como por Miguel Ángel Fraile (1990: 128-129, 627), quien lleva a cabo una recogida de materiales en superficie en la década de los 80. En este sentido destacaría la presencia de cerámicas a mano y algún fragmento de molino de arenisca, aunque no existe documentación alguna sobre los mismos a parte de la cita.

    Respecto a su cronología, Fraile y Bohigas lo atribuyen a la Edad del Hierro sin más detalles, si bien es cierto que poco se puede hacer a este respecto sin intervención alguna o sin la presencia de materiales que puedan reducir este arco temporal. En este planteamiento tanto Eduardo Peralta Labrador como Emilio Muñoz (1993: 61-62, nº 17) son de la misma opinión.

    Bibliografía: Castros y castra en Cantabria. (Edita ACANTO)

    Agradecimientos: Antxoka Martínez Velasco