
Nos adentramos hoy en el territorio que, tanto Pomponio Melo en primera instancia como Plinio el Viejo posteriormente, atribuyeron a la tribu cántabra de los autrigones. Estamos en uno castro que, aun dando a entender su gran tamaño (ocupa unas 10 hectáreas, uno de los más grandes de Burgos) la más que posible importancia del mismo, apenas has sido estudiado. Tanto Ramón Bohigas, quien documento a finales del siglo XX cerámica a mano (decorada), como Eduardo Peralta Labrador en su obra "Los Cántabros antes de Roma" (2003) citan este maravilloso enclave que además atesora una enorme belleza paisajística.
Todo ello unido a que el castro de Brizuela posee dos épocas de ocupación principalmente documentadas: La Edad del Hierro y La Edad Media, sin tener la certeza material (al menos publicada) de ocupaciones intermedias. Existe una hipótesis respecto al bajo o nulo nivel de destrucción de las estructuras que han llegado a nuestros días, lo que puede llevar a pensar que en época romana y visigoda pudiese tener ocupación y continuidad. Hablando de "destrucción" como asedio por incendio o confrontación bélica por ejemplo, evidentemente las estructuras están derrumbadas por el paso de los siglos. Además, se hace referencia al hallazgo fortuito de monedas romanas a los pies del cerro, en tierras de labranza. O incluso a una de las puertas de acceso que aun hoy se conserva en el cierre Oeste. Todo ello nos hace pensar en su posible ocupación en época romana, pero no existe la certeza material. Ya en el año 1011 se hace referencia a "Villa Castro", y por ejemplo en el Becerro de las Behetrías (documento del año 1352) se sitúa a Brizuela en la Merindad de Aguilar de Campoo perteneciendo a la Merindad de Castilla Vieja. En el interior del castro se han encontrado cerámicas de esta última época, lo que constata presencia humana en el medievo.
En definitiva, todo nos lleva a pensar que el castro de Brizuela oculta aún más secretos de los que realmente sabemos. Incluso la zona, que en los últimos años está dando mucho que hablar en relación a nuevos enclaves relacionados con las "Guerras Cántabras", será uno de los lugares muy a tener en cuenta si pueden ser estudiados en el futuro.
Se encuentra ubicado en lo alto de un espolón natural que domina visualmente el desfiladero del Nela entre Cigüenza y Puentedey, además de parte del valle de Valdebodres. Una atalaya natural perfectamente ubicada. Posee dos sectores perfectamente diferenciados por diferentes tramos de derrumbe de muralla, los cuales en algún punto poseen una anchura de unos tres metros y una altura conservada (en la actualidad) de metro y medio. El primero de los dos sectores, el Sur, es la parte más alta del recinto castreño y se cree que aquí pudo estar ubicada la zona de hábitat ya que aún teniendo una inclinación a tener en cuenta, podría perfectamente ser acondicionada para ello. En Cantabria tenemos yacimientos similares en cuanto a esta inclinación como puede ser el castro de Las Lleras (también con su espigón orientado al Sur).
Por otro lado, en el sector Norte, se han encontrado también restos de murallas si bien no se tiene muy claro que papel pudieron desempeñar en el antiguo recinto. El sistema constructivo de la muralla (secciones) distribuidas por parte del yacimiento es típico de recintos castreños: paramentos con piedra asentada en seco entre sí (a "hueso") con relleno de roca menuda en su interior. En el Sector Oeste posee una puerta de acceso por donde incluso en nuestros días se sigue entrando en su interior (el camino llega por allí). Se ha llegado a identificar por su morfología como una puerta de estructura campamental romana. Esto unido al bajo nivel de destrucción de las murallas encontradas, y al descubrimiento (en aumento) de yacimientos en torno a Peña Dulla relacionados con las Guerras Cántabras, da a entender que tal vez el yacimiento estuvo ocupado en la Edad del Hierro, se abandonó, y fue ocupado por alguna dotación militar. ¡Ojo!, esto tan solo se confirmaría con hallazgos materiales que sustentasen esta teoría.
Respecto a los materiales, aparecieron restos de cerámica a mano con digitaciones, bordes de vasija y fragmentos de molinos barquiformes. Lo que nos traslada directamente a la II Edad del Hierro.
Todos podemos disfrutar del castro de Brizuela, ya que aún sin ser un yacimiento visitable (refiriéndonos a un arqueo-sitio como tal) podemos recorrerlo a píe. Desde Regio Cantabrorum te pedimos que respetes el yacimiento y su entorno, ya que es deber de todos mantener viva la historia de Burgos.
El yacimiento de La Ceja de Las Lombas (Arenas de Iguña) se encuentra en pleno corazón del valle del Besaya, tierra de Blendios. Inicialmente fue conocido como castro de Cueto del Agua, pero años más tarde se corregiría esta denominación por no ser del todo adecuada. Se encuentra ubicado en un cordal/sierra que delimita los valles de Cieza e Iguña, justo en un espacio de suaves pendientes que hacen de este enclave un lugar idóneo para el hábitat castreño. Fue A. Arredondo quien coloco este yacimiento en el panorama arqueológico regional en la década de los 70. Como apuntamos previamente, fue citado como castro de "Cueto del Agua" en los orígenes (Arredondo, 1976-77:551-552). Tendrían que pasar 20 años hasta que el yacimiento volviese a saltar la palestra informativa, ya que E. Peralta y A. Ocejo dieron a conocer una fíbula de torrecilla de tipo celtibérico allí encontrada, complementando este increíble hallazgo con la interpretación de una posible necrópolis de túmulos y la aportación de la documentación fotográfica del lugar (Peralta y Ocejo, 1996:32-34). Gracias a sus investigaciones La Ceja de las Lombas fue identificado cronológicamente como castro de la II Edad del Hierro. Como último apunte, destacar que sería el propio Peralta Labrador quien aportaría el topónimo actual del yacimiento pocos años después (Peralta Labrador, 2003:73-75).
La estructura principal encierra un espacio rectangular de unas 5.4 hectáreas aproximadamente, aunque con algún que otro matiz que veremos más adelante. Posee unos 170 metros de anchura máxima por unos 470 metros de largo, aunque en muchos de los puntos del mismo resulta bastante complicado "cerrar" el recinto rectangular, pudiendo albergar otras pequeñas estructuras por las cuales no se puede afirmar rotundamente su área sea la citada previamente. Si esperamos encontrar un muro de grandes dimensiones como en otras fortificaciones, este no es el castro indicado, ya que las dimensiones del mismo son bastante discretas en cuanto a alzado se refiere. Concretamente, el cierre del flanco Este es el mejor conservado y visible, pudiéndose apreciar un muro consistente con grandes areniscas y alrededor de un metro de alzado conservado que parece contener una terraza o escalón "excavado" en la ladera. No parece haber derrumbe de muralla a sus pies, algo bastante característico en otros recintos fortificados y que en La Ceja de Las Lombas brilla por su ausencia en muchos sectores. En el sector Sur-Este existe un espacio abierto en el cierre de aproximadamente 60 metros, el cual parece aterrizado en pequeños escalones y que puede interpretarse como el acceso original al castro.
El castro de Las Varizas (San Felices de Buelna) es otra de las joyas ocultas de la Sierra del Dobra. Como ocurriese con otros recintos fortificados de esta formación montañosa como por ejemplo el castro de Las Lleras, fue protegido de la acción minera de la zona (cantera MITOSA-SOLVAY) gracias a su declaración de Bien de Interés Cultural como figura de Zona Arqueológica. Aún así debemos destacar que en el entorno inmediato al yacimiento, al norte, la actividad de la cantera sigue en marcha, de modo que tal vez sigamos perdiendo parte de nuestra historia sin saberlo..en fin..Situado sobre la localidad de Sovilla a unos 515-530 metros de altura, esta atalaya natural se alza imponente sobre el valle de Buelna, justo en el epicentro del antiguo pueblo de los Blendios. El nombre del castro bien podría relacionarse con las estructuras que remataban el vallado de la muralla existente, de ahí que derive del latín "vara" (madero largo y delgado). De todos modos, existen otras teorías igual de válidas que lo asocian a la avellaneda de la cara norte del yacimiento.
La primera cita de este yacimiento se publica en la prensa en el año 2000, concretamente por Federico Crespo García Barcena. Nativo del valle y concejal de Cultura del Ayuntamiento de San Felices de Buelna, es también conocido por ser quien identifico en primer término el campamento romano del Campo de Las Cercas. Cierto es que lo hizo erróneamente (como castro cántabro) y que fue Eduardo Peralta quien lo asocio correctamente a su origen, pero su nombre ahí queda. Volviendo al castro de Las Varizas, tenemos que destacar que otros arqueólogos como Ramón Bohigas o Pedro Miguel Sarabia tenían conocimiento de las estructuras del recinto incluso antes de su publicación en el año 2000, pero la difusión del mismo públicamente no se produjo, dato que no tiene por qué determinar que no se conociese anteriormente.
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