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  • CUEVA DE LAS CASCARAS

    Nuevamente nos encontramos con una cavidad que aun pudiendo albergar un potencial arqueológico increíble, se encuentra totalmente desprotegida y al amparo de cualquier despropósito. Y hablamos de que podría en condicional porque, independientemente de sea un Bien de Interés Cultural desde el año 1985, no tiene ni cierre ni protección alguna con lo que el deposito arqueológico del vestíbulo se podría haber perdido por la desidia de décadas entre eucaliptales. Y esto sorprende en un yacimiento que ha sido estudiado desde principio de siglo XX, época en la que la prehistoria y las cuevas en Cantabria dieron prolíficos frutos.

    Y la cueva de Las Cáscaras no fue menos. El yacimiento fue descubierto por Romualdo Moro en 1890 por casualidad. El conocido capataz, que excavo en decenas de yacimientos bajo el mecenazgo del Marques de Comillas, Antonio López López, barrenó la entrada en busca del calamina (mineral del grupo de los silicatos) y se encontró con el conocido bloque de huesos que pasaría a la historia como uno de los mejores enterramientos sepulcrales del Calcolítico (albores de la Edad de Los Metales) en Cantabria. Tanto el conjunto sepulcral, de 5 individuos adultos, como la propia cavidad fue estudiada en 1910 por el padre Jesús Carballo, publicando sus resultados en el año 1924 dentro de su obra "Prehistoria Universal y Especial de España".

    Un año después (1925) el arqueólogo Juan Cabré Aguiló publicó "Las colecciones de Prehistoria y Protohistoria del Museo Cantábrico de Comillas" en la Revista Coleccionismo. Aquí ya se hacia referencia a uno de los elementos que más característicos del conjunto: Una punta de sílex con aletas y pedúnculo (similar a la de más abajo) que según parece apareció clavada en uno de los huesos. Un hallazgo excepcional, de los que no existen muchos en la Península Ibérica, y que trajo cola ya en su momento. Autores como Cabré Aguiló publicaron que esa flecha pudo causar la muerte del individuo, afirmación totalmente negada por Jesús Carballo que afirmó que dicha pieza había sido cambiada del lugar donde se encontraba originalmente, al parecer un húmero. Escribió lo siguiente: "Según afirmación de varias personas fidedignas, cuando el conglomerado llegó al citado museo (Museo de Comillas), la flecha estaba clavada en el húmero del antropólito. Más cuando he sido llamado a estudiarlos, después de tantos años que llevaba depositado allí, ya la habían arrancado del sitio dejándola hincada en otra parte donde yo la ví" (CARBALLO, 1924,220).

    Volviendo a la cueva de Las Cáscaras, fue explorada por el Grupo Espeleolígo de Cabezón de la Sal y por el CAEAP en la década de los 80, encontrando los primeros varios fragmentos de cerámica. Poco después, en el año 1993, Francisco Etxeberria Gabilondo y Lourdes Herrasti Erlogorri (ambos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y el primero de la Facultad de Medicina de la Universidad del Pais Vasco), investigan a conciencia los restos óseos. No se encuentra huella alguna en los húmeros y fémures que pueda ser atribuida al impacto de una punta de flecha. Por este motivo, no se pudo certificar de modo alguno que existiese lesión violenta relacionada con este elemento.

    No cabe duda de que hace casi un siglo se produjo un hallazgo extraordinario. El que sea publicado en este momento no es casualidad, ya que como bien hemos explicado al inicio, aún siendo una cavidad sepulcral de gran importancia arqueológica, no tiene protección ninguna. Ni siquiera está cerrada, la gente sigue entrando y garabateando sus paredes, incluso excavando ilegalmente. Esto, unido al último hallazgo de otra cueva sepulcral en Noja este mismo año 2018 (La Cueva del Copillo, ver aquí), nos da a entender que los medios de comunicación dan cabida a estas grandes noticias para engrandecer la cultura (y la Consejería de turno) …y luego, tras el paso de los años, las autoridades siguen impasibles mientras perdemos gran parte de nuestro patrimonio y nuestra historia. Una pena.

    Bibliografia: ETXEBERRIA, F. y HERRASTI, L., 1994: Informe sobre la inspección de la brecha con restos humanos procedente de la cueva sepulcral de Las Cáscaras (Cantabria). Trabajos de Arqueología en Cantabria, II, 77-78. Santander.
  • CONJUNTO DE LOS HOYOS

    Si cerrásemos los ojos y viajásemos miles de años en el tiempo, lo que hoy conocemos como Oreña (Alfoz de Lloredo) y alrededores se convertiría en una prolífica y emergente sociedad del Paleolítico Superior. La cercana Cualventí, la cueva de Las Aguas o la misma Altamira parece que con toda seguridad estuvieron "conectadas" socialmente en una época determinada: El Magdaleniense. Fueron la consolidación de miles de años de convivencia en la zona la cual, ni mucho menos, desapareció en la Prehistoria Reciente y en los albores de la Edad del Los Metales. Con la diferencia de que, en los enclaves citados anteriormente, la gran mayoría de las evidencias arqueológicas nos hablan de la vida mientras que el caso que nos ocupa nos habla también de la muerte.

    Hablamos del poco conocido conjunto de Los Hoyos, pequeñas cavidades a los pies de gran un farallón rocoso que a buen seguro fueron conocidas y en algunos momentos pobladas por la citada cultura Magdaleniense, pero que llegan a nuestros días con mayor relevancia..por los hallazgos de diversos individuos enterrados en las mismas. Salvando grandes distancias, es más que probable que nos encontremos con una "necrópolis de la prehistoria reciente" similar a la Sierra del Peñajorao (rodeada también de una "sociedad" previa del Paleolítico que evolucionó en su entorno).

    Se conocen cerca de 9/10 pequeñas cuevas con diferentes tipos de yacimiento: En algunos casos (como veremos) con restos humanos y grabados atribuibles a la Prehistoria Reciente / Protohistoria, y en otros con grandes concheros, restos de fauna y cerámicas toscas. La primera de ellas fue descubierta en los años 50 por el equipo de camineros de la Diputación, quienes darían paso posteriormente a miembros de la Sección de Espeleología del Seminario Sautuola – S.E.S.S que en este caso realizaría sondeos en el pequeño vestíbulo de la conocida como "Los Hoyos I". A finales de los años 70, miembros del Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica – C.A.E.A.P realizaron una prospección superficial, no solo de esta cavidad sino del resto, que sería fundamental en el conocimiento del Conjunto.

    Y a partir de este momento…poco o nada al respecto. Nos encontramos ante un conjunto sepulcral espectacular que ha sido (y es) utilizado para albergar el ganado en gran parte de las cavidades. Una serie de yacimientos totalmente desprotegidos, incluidos en la Carta Arqueológica de Cantabria, donde el paso del tiempo y el desconocimiento de los mismos (unidos a la insensatez en algunos casos como veremos) llevan a que la desidia administrativa sea más que flagrante. Curioso que se haya modificado la Ley de Patrimonio de Cantabria para ajusticiar a aquellos que publican según que yacimientos y que sacan a la luz pública, como en este caso, su paupérrima situación. La información parece ser, presuntamente, delito. El abandono será.."cosa de la siguiente legislatura". Cantabria Infinita lo llaman.

    Bibliografía: "Carta Arqueológica de Cantabria (1988)", Ed. Tantín (Santander). Emilio Muñoz Fernández / Carmen San Miguel.




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